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Full text of "La demagogia radical y la tiranía (1916-1919)"

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Doctor LUÍS REYNA ALMANDOS \^ 

Ex Asesor de Gobierno de Buenos Aires 



LA DEMAGOGIA RADICAL 

Y 

LA TIRANÍA 

(1916-1919) 



CON PROLOGO 

DE 

JOSÉ CITRINITT 

Autor de 
El Momento PoUlico 



SEGUNDA EDICIÓN 



«EL ATENEO» 

Lilirería Cientiíica y Literaria, Florida 371 

Sucursal: Córdoba 2099 

Buenos Aires 

in-io 



BQSTOEí EÜBLIC LIBRARV 



«OSrON PUBUC LIBRAR. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 

Y 

LA TIRANÍA 

(1916-1919) 



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S 



DEL MISMO AUTOR 



Dactiloscopia Argentina, 1 vol. 

Origen del Vucetichismo. 1 vol. 

Ciudadanía Nacional y Sufragio de Provincia. 1 vol. 

Hacia la Anarquía, (1* ed. 1918, 2=^ ed. 1919), 1 vol. 

Mar y Cielo (poesías), 1 vol. 

Rama Florida (poesías), 1 vol. 

El Ultimo Señor Feudal (poema), 1 vol. 



Doctor LUIS REYNA ALMANDOS 

Kx Ase."*or de Go])¡onio áe Diionos Aires 



LA DEMAGOGIA RADICAL 

Y 

LA TlEANlA 

(1916-1919) 



CON PROLOGO 

DK 

JOSÉ CITRINITÍ 

Autor de 
Kl Momento Politirtt 



SEGUNDA CniCION 



«EL ATENEO»^ 

Lihreria CientíQcA y Literaria, Florida :{71 

Sucursal: Córdoba 2099 

Buenos Aires 
1920 



A 

^0 



Propiedad del aiitoi- 
Lev 11 úm. 7092. 



Talleres Gráficos, Olivieri y Doniínpuez. i7 y O — La Plata 



índice 



Página 

Prologo vii 

Introducción 3 

PRIMERA PARTE 
categorías sociales 

Capítulo I. — Resurrección de Facundo ..... 11 

Capítulo II. — Patricios y Plebeyos 27 

Capítulo III. - Los intelectuales 35 

Capítulo IV. — Los equidistantes 59 

Capítulo V. — Los candidos 69 

Capítulo VI. ' — La plebe radical 79 

Capítulo VIL — Los "regeneradores" de la República. 97 

Capítulo VIII. — Los comités 10 1 

Capítulo IX. — El comité en palacio Ill 

Capítulo X. — El comité y la deliberación .... 123 

SEGUNDA PARTE 

caracteres 

Capítulo I. — Los "Incontaminados" 137 

Capítulo II. — Arrogantes y dogmáticos 155 

Capítulo III. — Doctores y Maestros 167 



VI LUIS REYNA ALMANDOS 



Página 



Capítulo IV. - Violentos y aduladores 183 

Capítulo V. — Los tenebrosos 199 

Capítulo VI. Los filibusteros 205 

TERCERA PARTE 

MÉTODOS DEL GOBIERNO DESPÓTICO 

Capítulo I. — Los métodos clásicos 223 

Capítulo II. — El sistema de mentir 231 

Capítulo III. — La delación y la persecución . . . 247 

Capítulo IV. El tráfico del perdón 263 

Capítulo V. Los Jueces 285 

Capítulo VI — El sistema del terror 299 

CUARTA PARTE 

ADVENIMIENTO DE LA DICTADURA 

Capítulo I. — La Dictadura 329 

Capítulo II — Cómo debemos defender la República . 345 



PROLOGO 



MEDITEMOS . . 



La moralidad de las acciones no 
es un negocio de cálculo.— 

Balmes: fu. Fund., T. II, pág. 485. 



I. 



Hacia la Anarquía tiene en este segundo libro su comple- 
mento definitivo. Aquél nos trajo desde el fondo del viejo 
hogar porteño, algo así como la vibración iracunda de un 
reproche que nos llamaba al cumplimiento del deber, en 
momentos en que el escenario político semejaba una vasta 
necrópolis. ¡Ni una palabra! ¡Ni un gestol Hubiérase dicho 
que en esa vasta necrópolis había quedado sepultada para 
siempre la dignidad ciudadana. 

Y nos llegó aquel libro. Y pudimos decirnos: la calma no 
es, a veces, sino el síntoma precursor de la borrasca. Ese. . . 
¡ese es el primer relámpago que anuncia la condensación de 
las fuerzas espirituales de la República! La dignidad ciuda- 
dana no está muerta ni dormida. ¡No! Se ha recogido en 
silencio para reconstruir sus huestes disp'ersas, y afilar la 
espada que ha de restablecer el imperio de las instituciones 
sobre los escombros acumulados por la ineptitud triunfante, 
en tres años de disolución y de anarquía, 



X LUIS REYNA ALMANDOS 

La condensación de fuerzas, — que se opera como un pro- 
ceso ignorado en el fondo de las conciencias individuales 
hasta que asoma como inesperado fenómeno colectivo,— em- 
pieza a producir sus primeros síntomas reflejos. Acaso sin 
comprenderlo, Reyna Almandos está traduciendo en este se- 
gundo libro un anhelo indeñnido que estalla en él por pre- 
sión de ambiente. Y ya sabemos lo que eso significa: en el 
orden físico, la tempestad desvastadora que enciende el rayo 
de las iras celestes; en el orden político, la guerra civil, — 
que es la reacción masculina contra la dictadura, - o la violen- 
cia de la tiranía, que apoya el taco de su bota enlodada so- 
bre la frente de una sociedad inerte, digna de su destino, 
por renunciamiento de su honor y de su libertad. 

Aristóbulo del Valle estudiando los orígenes del gobierno 
representativo inglés, hizo suya la fórmula de Pascal: la 
multitud que no se reduce a la unidad, es confusión. La 
unidad que no es multitud, es tiranía. Y nos repite, con 
Guizot, aquellas bellas expresiones con que el elocuente pro- 
fesor del Colegio de Francia definía la estructura del go- 
bierno representativo: la multitud, es la sociedad; la unidad 
es la verdad. Si la sociedad queda en estado de multitud, si 
las voluntades aisladas no se reúnen bajo el imperio de le- 
yes comunes, no hay sociedad sino confusión; si la sociedad 
no sale del seno de la multitud, si es impuesta con violen- 
cia por uno o por muchos, es la tiranía. El gobierno repre- 
sentativo tiene por objeto impedir, a la vez, la tiranía y la 
confusión. 

No obstante el carácter unitario de la Constitución del 
'año 1819, el ideal del gobierno representativo constituye su 
pensamiento dominante. Cuando el Soberano Congreso hizo 
conocer al pueblo de la República los fundamentos de las 
instituciones adoptadas por las Provincias Unidas, definió con 
caracteres tan precisos, con tan enérgico relieve el gobierno 
representativo que constituía el alma, por así decirlo, de 



LA DEMAGOGIA RADICAL XI 

aquellas instituciones políticas, que puede afirmarse sin va- 
cilar que no habrá cuerpo legislativo capaz de acentuar, con 
mayor firmeza, las garantías a la libertad y al orden plas- 
madas en la Constitución sancionada en aquellas horas de 
zozobra para la independencia americana. 

Los legisladores del año 19 se muestran, en el manifiesto 
con que la acompañan, respetuosos de la historia del dere- 
cho público, porque aún sin conocer "todas las instituciones 
humanas en su origen y desenvolvimiento", eran hombres su- 
periores. Dudaban de las concepciones propias, porque aus- 
cultaban con inquietud patriótica la visión del porvenir que 
estaban modelando entre sus manos. Tenían las vacilaciones 
que son naturales en hombres cuyo equilibrio y lucidez 
de conciencia les advierte la noción precisa de sus respon- 
sabilidades y les impone circunspección. Ajenos a las seduc- 
ciones de los éxitos fugaces, ponían su actuación al amparo 
de la historia y se refugiaban en ella como el creyente en la 
serena esperanza de una justicia superior, porque, unitaria o 
federal, el pensamiento básico de aquella Constitución era el 
gobierno representativo, instituido como tributo a las ideas 
de democracia y de libertad nacidas al calor de la Revolución 
Francesa y del gobierno glorioso de Carlos III. 

Así pudieron decirle a la sociedad de su tiempo, que sin el 
socorro de la historia habrían estado expuestos atraicionar la , 
confianza del pueblo que les había conferido el mandato de 
formular las bases fundamentales de nuestro derecho público- 
Y así pudieron decirle, también, que ese derecho no consa- 
graba ni la democracia fogosa de Atenas, ni el régimen mo- 
nacal de Esparta, ni la aristocracia patricia, ni las eferves- 
cencias plebeyas de Roma, ni el absolutismo de Rusia, ni el 
despotismo de Turquía. 

Los hombres de aquellos tiempos trataban de hacer efec- 
tiva la fórmula de Pascal: la multitud reducida a la unidad, 
para destruir la confusión; la unidad fundada en la multitud, 



XII LUIS REYNA ALMANDOS 

para destruir la tiranía, — respetando así el ideal de libertad 
que palpitaba \igorosamente en la sociedad de aquellas horas 
heroicas, y haciendo conciliable esa libertad con el orden que 
se instituía, pues la democracia, — esto es, la multitud,— 
quedaba reducida a la unidad del gobierno, y a su vez el go- 
bierno se fundaba en la multitud, es decir, en la voluntad de 
la Nación. El equilibrio de estos resortes, creaba un estado 
intermedio entre la convulsión democrática, la injusticia de 
la aristocracia y el abuso del poder ilimitado. 

Ha transcurrido un siglo desde entonces, y a través de 
diversas tentativas y ensayos formales, el gobierno represen- 
tativo ha seguido dominando en las líneas directrices de nues- 
tras instituciones, como una aspiración cada vez más defi- 
nida. Consagrado en las Bases del 53, y fortalecido y acentuado 
por la Convención del 60, ejerció su imperio, lento pero fir- 
me, en la depuración de nuestros hábitos políticos. A su am- 
paro la República pudo dar al mundo la sensación de un 
pueblo definitivamente incorporado a la civilización, sirvien- 
do el alto ideal humano que persigue sin descanso una fór- 
mula de equilibrio que realice en los hechos la aspiración de 
justicia que es algo así como la imagen motriz de las institu- 
ciones políticas y civiles de todas las edades. 

La trayectoria se ha interrumpido bruscamente. El poder li- 
mitado que costó un siglo de dolorosos esfuerzos para imponer- 
se como hecho efectivo, se ha desvanecido de pronto. Moreno 
y Rivadavia han caído del pedestal en que los ha emplazado 
la historia, y la dictadura ha vuelto a sustituir al régimen 
legal que era la fórmula de nuestro gobierno representativo. 

¿Qué pensamiento mueveala dictadura? ¿Qué fuerza lasus- 
tenta? ¿Qué secreto designio la agita? 

Analizando el por qué de la caída del pueblo hebreo bajo 
la garra de los Césares, se ha dicho: pueblo anarquizado y di- 
vidido, busca un conquistador. Y el Imperio Romano le im- 
pone al fin sus leyes y sus dioses. 



LA DEMAGOGIA RADICAL XIII 

No nos empeñemos en buscar en causas distintas el origen 
de todas las tiranías. Preguntemos a los anales de Atenas 
en qué pudo apoyarse la acción invasora de los tiranos de 
Macedonia, y nos dirán: en la decadencia del pueblo griego 
La decadencia del espíritu público, hizo caer a pedazos el Im- 
perio Romano bajo el sable germánico; la decadencia co- 
menzada en tiempos de Carlos II, y llegada a su apogeo con 
la conquista francesa y la caída de la dinastía borbónica, res- 
tó a España su imperio colonial americano; dio a Inglaterra 
un Oliverio Cromwell, un triunvirato sangriento a Francia, 
y a la América del Sur todos sus déspotas restauradores. 

Los síntomas de la decadencia los he enunciado en El 
Momento Político. No debo insistir. Pero a manera de sín- 
tesis, creo útil recordar una afirmación hecha por Sarmiento 
en 1875: "He tomado mi cruz y seguido adelante con paso 
firme como lo imponía el deber y la posición que he aceptado". 
Si cada ciudadano se sintiera capaz de repetir esa ofrenda 
ante el altar de la patria, antes de seis meseí el gobierno iri- 
goyenista sería un cadáver insepulto. 

Y vuelvo a preguntarme: ¿Qué pensamiento mueve a la 
dictadura? 

La respuesta es fácil: el pensamiento simplista y primario 
de toda organización mental y psíquica inferior. Preguntad 
a un niño de cinco años qué desea ser, y os dirá que quiere 
ser institutriz o vigilante. Como él siente la potestad en una 
y en otro, si bien confusamente, su anhelo se dirige a desear 
esa potestad. No advierte que la institutriz educa y no manda 
ni que el vigilante cumple un deber de orden público en be. 
neficio común de la sociedad. Vé el hecho externo, y como 
carece todavía de aptitud de análisis, anhela la potestad, sin 
pensar en la capacidad que requiere ni en el sacrificio que 
impone; la desea porque en el fondo de todo ser hay siem- 
pre una tendencia latente a la tiranía, un culto a la fuerza, 
que no se morigera sino cuando la cultura y la reñexión le ha- 



XIV LUIS REYNA ALMANDOS 

cen comprender toda la grandeza del postulado cristiano "no 
hagas a otro loque no quieras que te hagan a tí", que encierra 
en su enérgica brevedad todos los elementos que entran en 
la definición práctica de la libertad. 

Supongamos esa mentalidad embrionaria, por un fenómeno 
de inhibición cualquiera, -liroideoprivo, por ejemplo,— en 
un hombre maduro, y ya tenemos el tirano. Incapaz de avanzar 
en el proceso intelectual, e incapaz de sentir por anestesia 
moral, vive cristalizado en su idea fija: quiere ser institutriz 
o vigilante. ¿No sabe leer o no entiende lo que deletrea? ¡Qué 
importa! El cómico de Larra no había visto un teatro, pero 
sabía hablar mal de los críticos teatrales y vilipendiar a los 
autores. Es bastante. Si ese hombre maduro vive en un medio 
social de gente digna y prudente, concluirá por ser un Tata 
Dios, un iluminado cualquiera, digno de la compasión desús 
semejantes, y acaso, también, de la burla de los pilluelos. 
Un microbio puede vivir latente durante muchos años en un 
organismo robusto, sin dañarlo. Pero cambiad la escena. 
Transformad ese medio social de gente digna y prudente en 
una sociedad de abúlicos; rodeadlo de secuaces dispuestos a 
secundar la acción del Tata Dios como medio de salir de la 
oscuridad en que viven. Creada la secta, dejadle hacer pro- 
sélitos libremente en la multitud ignorante, pero entusiasta y 
generosa, y veréis crecer la ola gradualmente. Hoy se agrega 
el funcionario A para protestar de la injusticia que lo llevó 
a la cárcel por robo; mañana es B, hombre de espada, que 
también tiene una injusticia que vengar: lo postergaron en 
su ascenso porque vivía perpetuamente ebrio y a veces se ju- 
gaba la caja del Cuerpo. ¡Pretexto ridículo! ¡Como si el sa- 
cerdote pusiera agua filtrada en el cáliz, y el robo fuera una 
cosa del otro mundo! Sumad todos estos desgarramientos a 
través de veinticinco años y poned la secta frente a un enfer- 
mo que también quiere ser Tata Dios. Agregad a todos estos 
factores, la avaricia de unos, el egoísmo de otros, el con- 



LA DEMAGOGIA RADICAL XV 

curso intelectual de los ávidos, las pusilanimidades de los me- 
dradores, la prostitución moral de los usufructuarios de pre- 
bendas y comprenderéis cuál puede ser el pensamiento de 
esa mentalidad embrionaria, — tiroideoprivo, — hecha dicta- 
dura, y cuál la fuerza que la sustenta. Tendréis explicado 
también el fenómeno de las sublevaciones de las cárceles a 
medida que los apóstoles de la nueva doctrina llevaban el 
verbo de su credo redentor a las provincias conquistadas. 

Por el concurso de factores negativos que convirtieron 
^a multitud en confusión porque había muchas unidades irre- 
ductibles, esa mentalidad ya es institutriz y vigilante. Ya 
manda en Córdoba aunque apenas deletrea una jerigonza 
que tiene algo de castellano. Y como al fin el que tiene 
una potestad siente la necesidad de ejercerla, el claustro 
de Trejo, — cuna de la intelectualidad' argentina, — cae des- 
hecho bajo la piqueta de la omniciencia regeneradora. 
Y la institutriz lleva el desorden a la instrucción pública, 
fomenta la indisciplina estudiantil, desaloja a los capaces, 
mancha el aula con la bota del tahúr de comité, como si 
quisiera nivelar el país a la altura de su insignificancia pre- 
suntuosa. 

Un filósofo ilustre decía a principios del siglo pasado: se 
halla en el espíritu humano un gusto depravado por la 
igualdad que hace que los inferiores quieran que los supe- 
riores desciendan a su nivel; ya que ellos no pueden ele- 
varse, prefieren la igualdad en la servidumbre, a la desi- 
gualdad en la libertad. 

El tiroideoprivo ya es vigilante, también. La fiereza de la 
mirada aterra a las gentes en Salta, en Tucumán y en 
Mendoza: allí la cárcel para el hombre libre; aquí la cár- 
cel, el destierro y la agonía para hombres y mujeres. ¡Ca- 
ramba ! La peregrinación de las caravanas llagadas y ham- 
brientas a través de los médanos, emerge como la sombra 
de los vencidos del Quebracho y tiene todos los contornos 



XVI LUÍS REYNA ALMANDOS 

de un grabado de Navarrete. Pacheco ha vuelto a entrar 
en Mendoza, Oribe en Tucumán. Y los nuevos vencidos del 
Quebracho si ya no siguen al ejército de Oribe en su pe- 
regrinación agónica rumbo a Córdoba, van en cambio ha- 
cia San Juan escoltados por el sayón, — que es el instru- 
mento indigno de todas las tiranías, — para encontrar, no 
el descanso que necesitan, sino el tumulto de otro pueblo 
enardecido que se revuelve airado como en las horas heroicas 
de Aberastain, al sentir sobre la espalda el látigo ultrajante 
de la tiranía. Y el juez Ezpeleta, templado por los años, 
sonríe para no repetir aquella su letanía: "la inmunda san- 
gre de esos m.alvados, salvajes, asesinos" etc., que ha reco- 
gido la historia como un baldón de ignominia. 

¿ Es que la tiranía, lepra de Lázaro que deforma y hace 
pútrido cuanto toca, es aún posible en un país dei cual se 
ha dicho que tiene esqueleto de montañas y por cuyas ve- 
nas circula sangre ardiente de volcanes ? 



II. 



¿Qué secreto designio agita a la tiranía? Uno solo: con- 
solidarse, — acentuando el proceso anárquico que la hizo 
posible, aún a trueque de que la sociedad se desmorone en 
el caos. 

La tiranía es astuta porque es instintiva. Siente las pri- 
meras vibraciones de la reacción, y se prepara a defenderse. 
Un ejemplo reciente permite sintetizar todo el proceso: 
Alemania vencida, se propuso envenenar el mundo para no 
desprenderse de la hegemonía con que soñaba. No impor- 
ta reinar sobre cadáveres; lo esencial es reinar. Y así, 
el ejército que había sido la admiración del mundo por su 
contextura y su precisión gallarda en los campos de ma- 
maniobra, se tranformó en horda de bandoleros sin ley ni 



LA DEMAGOGIA RADICAL XVII 

Dios. Se vence regularmente, si se puede; y sino, se trata 
de vencer como se pueda. Esa es la moral de las tiranías. 
Ya la practicaban los pretorianos en tiempo de Tiberio. 
\ Cuánto no han aprendido desde entonces ! 

El irigoyenismo nació de dos pasiones que se comple- 
mentan: la ambición que crea ansias torturantes, y la in- 
triga que forja sus instrumentos de realización. El primer 
fruto de este connubio abominable, fué la tragedia del doc- 
tor AIem que enarbolando la bandera de la Unión Cívica, ha- 
bía paseado el romanticismo de su figura legendaria entre 
los caídos del Parque. 

La astucia instintiva y no la circunspección inteligente, 
creó la sombra y el silencio en derredor suyo. La acción 
es luz; la luz "desvanece los fantasmas. La abstención es 
sombra; la sombra los agiganta y les da la forma con que 
corporiza su delirio el cerebro enfermo de cada creyente. 
En la lucha por la vida, los seres inferiores sienten instin- 
tivamente la necesidad de vivir ocultos. Desde el bacterio 
que escapa a los filtros, hasta la pantera que busca el mis- 
terio de la selva, todos están sometidos a esta inmutable 
ley biológica, y el irigoyenismo no podía sustraerse a ella. 

La acción franca y resuelta de Alem que sabíamos lo 
que valía porque se mostraba tal cual era sin afectaciones 
en el gesto y sin pliegues en el alma, fué sustituida por la 
actitud meditabunda, el silencio impenetrable, la media 
frase anfibológica entregada, como la parábola del evange- 
lista, a la interpretación de los apóstoles del nuevo verbo. 

Para crecer necesitaba valores intelectuales y morales, y 
a falta de valores efectivos recurrió a la simulación. Con 
estos elementos esenciales, inició su trayectoria y vivió su 
largo proceso evolutivo nutriéndose en la* sombra como el 
ovario fecundado de un murciélago. 

Fundado en apetitos incontenibles y carente de ideales, 
abrió sus filas a dos grupos de hombres. Los que forman 



XVIII LUIS REYNA ALMANDOS 

el primer grupo han sido definidos por Roosevelt. El hom- 
bre de lo mejor irrealizable, ha dicho el gran presidente 
americano, es el enemigo común del bien posible. Espíritus 
atormentados que se nutren de utopías, viven al margen de 
la vida y no alcanzan a comprender la diferencia que me- 
dia entre la teoría y la práctica del gobierno. Los teóricos, 
esto es, los hombres de lo mejor irrealizable, encontraban 
mala la actuación del " régimen " porque era imperfecta, 
hasta que la práctica les ha demostrado que la de la 
" causa " sobre ser imperfecta llega a ser intolerable. 

Como la República no era Jauja bajo el imperio del " ré- 
gimen", ni cada "oprobioso" un Marco Aurelio, el "régi- 
men" era además de "oprobioso'', detestable. Los teóricos 
no conciben la República moderada- de Thiers, sino la anar- 
quía que define Webster, — esto es, la libertad borrascosa, 
violenta, que las armas sostienen y que las armas aplastan. 

Poco importa que el "régimen" haya quintuplicado la 
población; que haya llevado con el riel y el telégrafo, la 
civilización al desierto, suprimido el indio, mantenido el 
honor nacional, la estabilidad de la moneda, el crédito; ex- 
tendido la enseñanza, desde lo elemental hasta lo universi- 
tario; depurado gradualmente la justicia; afianzado el sis- 
tema federativo a despecho de las chuzas ensangrentadas 
de la montonera semibárbara, que asomaban bravias a es- 
paldas del Congreso de Paraná. 

El "régimen" pudo hacer algo mejor y no lo ha hecho. 
Esa es su culpa en concepto de los teóricos. Ellos dieron 
a la "causa" el prestigio de su nombre y el concurso de 
su dinero. Los "otros" simularon idealismos, aunque a so- 
las se burlar; n de los candidos con el excepticismo irónico 
de Voltaire. Como son los más activos porque tienen más 
urgencia en llegar, formaron la vanguardia de la " causa ' '. 

Movido por ansias incoercibles, el irigoyenismo abrió sus 
filas a todos los odios dispersos, y no hubo rencor despla- 



LA DEMAGOGIA RADICAL XIX 

zado de la actividad social y política que no fuera a refu- 
giarse en él, como en un punto de concentración en que 
se secaba la pólvora para asaltar el gobierno a mano ar- 
mada. 

No pudiendo conquistarlo con títulos legítimos, disimuló 
su incapacidad en la abstención y especuló con el miedo. 
Necesitaba una bandera e inventó las " reivindicaciones po- 
pulares"; una tradición, y se apropió "el 90"; un ídolo, y 
consagró a Irigoyen. 

Toda la sabiduría política del irigoyenismo, estriba en la 
hipocresía: simular ideales, mansedumbre, desinterés, ta- 
lento, virtudes. Sugerir la impresión y sustraerse al examen. 
Guardar silencio para no comprometer la obra de los cori- 
feos traductores de parábolas, que suelen hacer, más que 
el elogio, la caricatura del caudillo. 

El interés espectante lucha bravamente para hacer pro- 
sélitos. Especula con tal cual episodio, lo magnifica, lo de- 
forma y si no existe lo inventa para difundirlo. Puesto que 
no se puede esperar el triunfo de las cualidades propias, 
cree honrado esperarlo del desconcepto del " régimen " y 
confía al tiempo la realización de sus afanes. 

El tiempo vence con su resistencia pasiva. Las grandes figu- 
ras del "régimen" desaparecen; sus lugartenientes, en plena 
decadencia, no tienen ya el vigor que se necesita para con- 
servar una herencia que es título de honor puesto que ha 
consolidado la nacionalidad y elaborado todas las conquis- 
tas que forman el patrimonio de la civilización argentina. 
Entretanto, llega Sáenz Peña. El mismo Sáenz Peña que 
ocho días antes de asumir el gobierno pide la prisión de 
Irigoyen por radiograma expedido desde el crucero "Buenos 
Aires'', al llegar aquí pacta con la demagogia ofreciendo a 
Irigoyen la mitad de su ministerio. 

El miedo y la indolencia completan, así, la obra del 
tiempo. 



XX LUIS REYNA ALMANDOS 

Tengamos el coraje de confesarnos la verdad. Digamos 
siempre la palabra que salva y no la palabra que lisonjea, 
pues que al fin no nos dirigimos a un pueblo de mujeres 
enfermizas: el gobierno de Irigoyen es el producto del 
miedo y de la indolencia, desenvolviéndose libremente en un 
medio social incapaz de refrenarlos por depresión del ca- 
rácter y una absoluta anarquía en materia de principios 
morales. 

El ambiente de la tiranía está formado: sólo falta el ti- 
rano, — llámese Petronio Bizantino o llámese Irigoyen Sans- 
culotte. El primero pudo hacer un Trianón de lo que fuera 
asiento de las autoridades republicanas y hasta coronarse 
emperador. No habría faltado quien lo encontrara ele- 
gante . . . Irigoyen puede llevar a esa misma casa el alma 
de los sectarios y de los sans-culotte. La tiranía de Nico- 
lás II no difiere de la tiranía de Raspoutín. Allí la preemi- 
nencia sensual y cortesana, el libre desenvolvimiento del 
sibaritismo, en medio de una clase dirigente debilitada y 
silenciosa que se disputaba un asiento en el festín de Balta- 
zar; aquí la hipocresía, la resurrección de períodos inorgá- 
nicos, el maximalismo en el gobierno, el instinto en todo 
su vigor primitivo, algo así como la figura de Orlando 
con el palo enarbolado y en trance de iconoclasta. 

Con diferencias de grado, la tiranía es la misma en cuanto 
a sus caracteres fundamentales. Poco importa que la liber- 
tad desaparezca éntrelos esplendores de un gobierno bizan- 
tino o entre las manos sucias de un Lenín; que se le llame 
tolerancia amable o violenta imposición; culto al César o 
miedo a Rosas. Entre Nerón y Quiroga, entre Richelieu y 
Trotzky, no hay más distancia que la que media entre Faus- 
tina y una esclava de lupanar. Si el principio republicano 
ha muerto, ¿ qué más da que al cadáver se lo amortaje con 
túnica de oro o con harapos, si una u otros no cubren, al 
fin, más que despojos de lo que fuera orgullo del alma 



LA DEMAGOGIA RADICAL XXI 

argentina en su afán incesante por asegurar los beneficios 
de la libertad a todos los hombres de la tierra ? 

A un Dios, decía Píndaro en su oda a Gerón, no hay 
que atribuirle extravagancias. Nuestra sociedad practicó el 
principio frente al bizantinismo absolviendo, como lo prac- 
tica frente a Irigoyen callando. Con el primero, el someti- 
miento por especulación; con éste, el sometimiento por 
miedo; genuflexiones ante aquel, — vencida la austeridad re- 
publicana por las seducciones bizantinas; silencios de laca- 
yos ante Irigoyen, — vencida la dignidad por epicureismo. 

Cuando Sáenz Peña llegó al gobierno, el radicalismo era 
más una tradición que un hecho; un fantasma galvanizado 
en Irigoyen. La carta admonición de Sáenz Peña al gober- 
nador de Córdoba fué el primer toque de llamada a los 
cultores del éxito. La disolución del Partido Autonomista, 
aconsejada por Ezequiel Ramos Mexía y decretada por Sáenz 
Peña; la intervención a Santa Fe; la disolución de la Unión 
Nacional, proclamada por Indalecio Gómez en el Congreso, 
fué la consagración de que el gobierno del orden había 
capitulado. 



III, 



Alberdi, el cerebro más robusto y más lúcido de su 
época, escribió en 1841 una interesante farsa con el título 
de El Gigante Amapolas, " a ver si enseñando a conocer la 
verdad de las cosas sucedidas, se aprende a despreciar el 
poder quimérico de la opresión". 

El Gigante Amapolas, como se comprende, no era sino 
Rosas. Tenía tres varas de alto, un puñal de hojalata de 
dimensiones enormes, y estaba cubierto de sangre. 



XXII LUIS REYNA ALMANDOS 

Un soldado que hace de centinela oye el toque de alarma; 
piensa que habrá lucha, y descontando el miedo de los ene- 
migos, se hace la siguiente reflexión: " Acaso necesitan de 
que nadie los derrote ? Ellos no más son los autores de sus 
disparadas: puede uno ser un gigante de paja y con sólo 
estarse quieto, vencerlos a cada instante, como verbi-gracia 
(haciendo una guiñada al gigante)". 

La mujer del tambor de órdenes, anuncia la llegada del ene- 
migo. Mandan las fuerzas: el capitán Mosquito, el teniente 
Guitarra y el mayor Mentirola. Los tres tienen aspecto fiero; 
forman tres divisiones y no tienen general porque ninguno 
de ellos quiere ser subalterno. Traen tres cañones,— uno para 
cada división; tres banderas, tres escarapelas, tres divisas y 
tres causas. Son tan independientes uno de otro, "que se 
dan de balazos entre sí" (')• 

Se oyen tiros; entran soldados engrillados. Un oficial em- 
pieza así su proclama: "Hijos de la libertad, hombres que 
jamás habéis conocido cadenas ni ataduras, . . etc." Da ór- 
denes: no moverse; el Gigante los guiará a la victoria; imi- 
tarlo es triunfar por el generoso comedimiento del adver- 
sario. 

Toques de marcha. Vivas a la libertad. — Aparece el ene- 
migo. Sus tres jefes se reúnen para elegir al que debe dirigir 
la acción. Monologan. Cada cual cree ser el único candidato 
posible. Como no se le elija a él, se pierde la batalla. Nadie 
se atreve a lanzar nombres. Mosquito insinúa la convenien- 
cia de elegir al que tenga un nombre retumbante y temible; 
verbi-gracia, el de un insecto punzante. . . 



(1) Esta farsa diríase escrita para poner en evidencia las causas 
del triunfo radical. He creído necesario dar una ¡dea de ella, porque el 
pueblo no la conoce, a estar a las manifestaciones de algunas per- 
sonas de positiva ilustración que también me manifestaron no co- 
nocerla. 



LA DEMAGOGIA RADICAL XXIII 

Mentirola advierte la treta y vota por Guitarra, éste por 
Mentirola; y Mosquito, perdida la esperanza de elección, se 
abstiene de votar y se marcha con su división a paso redo- 
blado, irritadísimo. 

Como la acción durará dos horas, Mentirola y Guitarra se- 
rán jefes una hora cada uno. Corresponde la primera a Men- 
tirola. Manda a vanguardia la división de Guitarra; éste 
desobedece: quiere formar a retaguardia. Amenazas de Men- 
tirola, protestas de Guitarra y retirada de su división. 

Mentirola se alegra de recoger sólo la gloria de vencer 
al gigante. La proclama que Alberdi le atribuye es de un 
sabor tal, que creo justificada su transcripción: 

"Desde lo alto de estos tejados, treinta meses os están con- 
templando; el último de ellos se ha helado de miedo al Ve- 
ros la cara: y el sol de mañana no saldrá para no morir de 
envidia al ver el brillo de vuestras armas. Los siglos pasarán 
uno tras otros como hormigas y los guerreros de la poste- 
ridad dirán: Oh, quien hubiese pertenecido a la División 
Mentirola, en la jornada memorable contra el Gigante Ama- 
polas". 

La división forma, pero ningún soldado quiere ir adelante. 
El jefe les halla razón; pero salva la dificultad dando a uno 
de ellos una caña muy larga para que auna distancia conve- 
niente toque con suavidad al Gigante, para descubrir, por 
sus movimientos, su plan de defensa. El se colocará a reta- 
guardia muy lejos, y con un anteojo de campaña, observará 
los movimientos del enemigo. 

Tocan al Gigante, y no se mueve. 

¡Malo, malísimo! — exclama Mentirola. El soldado, por el 
contrario, cree que es un síntoma excelente para atacar, y 
la primera parte de la farsa concluye así: 

Ment- Todo lo contrario. . . eso prueba que debemos huir. . . 
ino es nada el síntoma! ¿Con que inmóvil, eh.? 

Sold. — Como un cadáver, general. 



XXIV LUIS REYNA ALMANDOS 

Mcnt. — (dándose un golpe en la cabeza). ¡Estrella fatal!. . . 
Estamos perdidos. A ver, hombre de Dios, a ver, tóquele un 
poco más recio. 

Sold. — (le toca). Como un tronco. . . Yo sería capaz de 
apostar a que este Gigante que tanto miedo nos mete, es de 
palo. 

Mentirola ordena retirarse precipitadamente, mientras los 
soldados del enemigo se desternillan de risa, pero glorifican 
su triunfo y el genio militar del Gigante. 

De la exposición se infiere el final. 

Entretanto realízase con iguales elementos una nueva ten- 
tativa. Mientras los soldados ven que el Gigante está solo y 
dormido, Mosquito ve sesenta piezas de artillería, — veinte de 
a ocho y cuarenta de a treinta y seis; Guitarra ve treinta 
escuadrones de caballería, y Mentirola ocho mil infantes si- 
tuados hacia la izquierda. 

Nuevo consejo de guerra y nueva orden de retirada. Los 
soldados se niegan a contramarchar. Obedecen para batirse y 
no para huir.— Un sargento asume el mando; los tres jefes se 
retiran. El sargento manda cargar, toma al Gigante que se des- 
hace entre sus manos, por que es de paja, y rinde a todo el ejér- 
cito enemigo: un tambor y su mujer. 

La filosofía de esta farsa la sintetiza Alberdi en el discurso 
final en que el sargento rehusa el título de libertador. Yo no 
soy grande ni glorioso, dice, porque no hay ninguna gloria en 
ser vencedor de Gigantes de paja. He tenido el buen sentido 
del pueblo, y el valor insignificante de ejecutar una opera- 
ción que se dejaba comprender de todo el mundo. 

El Gigante de la primera parte de la farsa de Alberdi de- 
rrotó a las fuerzas adversarias, y la ''causa" se hizo gobierno. 

No tiene la elocuencia arrogante, casi militar de Alsina y de 
Pellegrini; la oratoria atildada y meticulosa de Avellaneda, ni 
la palabra robusta y viril de Mitre, ni las turbulencias incon- 
tenibles de Sarmiento que desataba tempestades alrededor su- 



LA DEMAGOGIA RADICAL XXV 

yo. No importa. Suprimiendo el "régimen", la "causa" cree 
que puede suprimir la historia y reemplazar nuestra tradición 
de cultura con los fugitivos de Saynuco o con las afirmaciones 
rotundas del "Apóstol". 

Avellaneda el "oprobioso", como el presidente Teyler de 
la gran República del Norte, ofreció al Congreso su corres- 
pondencia privada para que pudiera examinarse su conducta 
de gobernante. La "causa" impide la designación de una co- 
misión parlamentaria y se opone a que se investiguen los ne- 
gocios del oro dq las legaciones; suprime la publicación de los 
decretos del Boletin Oficial; modifica el protocolo para po- 
der callar al recibir a los diplomáticos extranjeros; declama 
honestidad pero se abstiene de explicar al país el negocio tur- 
bio del "Bahía Blanca", de la leña, de los metales, de la emisión 
clandestina de Mendoza, de la expropiación del Casino de Tu- 
cumán. Y este gobierno, que ofreció ser cabildo de abierto, res- 
tablece en Salta la censura previa, suprimida de nuestro dere- 
cho público por el Reglamento de i8ll, y ultraja a las muje- 
res de Mendoza como en los mejores tiempos del federalismo 
rojo del año 40. 

La decadencia y la tiranía han sido en todos los tiempos 
dos elementos inseparables. Hé aquí porque nadie se admiró 
de las biografías del irigoyenismo, como nadie se admiró de 
que Valerio Máximo escribiese en el prefacio de su libro: 
"Las otras divinidades no existen más que en la opinión, pero 
tu divinidad la vemos y tocamos en ti; hemos tomado 2I 
mundo el resto de sus Dioses, y le hemos dado los Césares". 

Suetonio, estudiando elcesarismo, nos dice que no hay razón 
para sorprenderse de que los emperadores concluyeran por 
creerse dioses en medio de aquella sociedad prostituida y pa- 
gana, y de que no hubiese César que al fin no se creyese 
¡gual a Saturno. 

¿Porqué no tomar en serio la "Apoteosis", si los vasallos 
prosternados a sus pies les levantaban templos? 



XXVI LUIS REYNA ALMANDOS 

Domiciano sellando sus decretos con el título de "Vuestro 
Señor y Vuestro Dios"; Calígula disputando con la estatua de 
Júpiter, o soñando en su locura que tenía amores nocturnos 
con la luna; Heliogábalo que adoptó el título de "El Señor 
Sol", — ¿en qué son diferentes de los presidentes republicanos 
que hacen de la austeridad de la Casa Rosada una mansión de 
sibaritismo, que dicen "mi ejército" en los Mensajes; que gas- 
tan un millón en un banquete y hacen de su residencia pri- 
vada un campamento militar? ¿En qué son diferentes de los 
que llegan a calificarse "la más nítida y pura probidad de que 
haya mención en los anales de la vida pública"? 

Los corifeos de la dictadura fueron a buscar en las páginas 
de Armand Renaud la definición del genio, capaz de resistir 
en medio del triunfo el vértigo de la dominación y la embria- 
guez de la gloria, para crear sobre' la base de un tirano de 
segundo orden el hombre providencial de Carlyle o el hom- 
bre eminente de Emmerson. De grado en grado, esos corifeos 
pudieron llegar a la blasfemia, comparando a Irigoyen con 
Cristo,— porque la estatua de Julio César, de Alejandro, de 
Napoleón, no definía toda la grandeza acumulada en él, co- 
mo no lo definía tampoco la grandeza espiritual de Confucio, 
de Sócrates y del sublime sembrador de Nazaret. 

Estudiando esta época a través de las páginas de Reyna 
Almandos, hay que convenir en que cuando los hombres pier- 
den hasta ese punto la medida de los valores; cuando la so- 
ciedad no fulmina con el desprecio colectivo estas explosio- 
nes del satanismo sectario; cuando escucha sin protesta ese 
lenguaje indigno de hombres libres, es porque el soplo de lo- 
cura que agita la frente atormentada de la tiranía puede 
buscar expansión sin que nada lo contenga, porque la sociedad 
callada e inerte, servil o simplemente epicúrea, es incapaz 
de refrenarla por degeneración gradual de todo sentimiento 
de hombría y de dignidad. 

Reyna Almandos salva del naufragio esos atributos, en 



LA DEMAGOGIA RADICAL XXVII 

cuanto traduce en sus dos libros un anhelo indefinido que sa- 
tura el ambiente y lo sacude. En el primero nos demostró 
los fenómenos de la anarquía; en éste los de la dictadura. 
Sigue en su exposición una correlación lógica con los aconte- 
cimientos, pues la anarquía es el elemento preparatorio de 
la dictadura. Ya lo dijo Maquiavelo en su breve fórmula: di- 
vidir para reinar. ¿Cómo hacerlo? jEsgrimiendo la intriga! 

La intriga solapada exacerbó el odio de clases, para 
ahondar distancias sociales e impedir concentraciones posi- 
bles de fuerzas afines. La huelga tumultuosa fué provocada 
para poner a los representantes de la industria en el camino 
de reacciones extremas, frente a las agitaciones obreras, ca- 
da vez más ardientes, pues que Maquiavelo manejaba el fue- 
lle de la fragua midiendo cautelosamente la altura de la 
llama. 

Asustaba a la sociedad, mostrándole el horror del socialis- 
mo, para volcar votos pusilánimes en la alforja radical. Tran- 
sigía con la revuelta para propiciarse la voluntad del ele- 
mento obrero no adherido a agrupaciones determinadas, con 
idéntico propósito. Las notas reservadas dirigidas a la Aso- 
ciación del Trabajo, prometiendo la fuerza coercitiva contra 
los obreros, según lo denunció en el Congreso el diputado 
Demaría; las conferencias, también reservadas con los agi- 
tadores, develadas por la impunidad de las depredaciones 
y la abstención del gobierno a todo acto público que signifi- 
cara definir un propósito o concretar un pensamiento, nos 
muestran al maquiavelismo haciendo sumas y restas en la 
sombra; preparando los factores de las elecciones de Marzo- 
Y frente al caos de la semana trágica de Enero, el país de- 
sarmado por falta de gobierno, y obligado a dar extensión a 
la Liga Patriótica, esto es, un otro gobierno como organismo 
defensivo de la sociedad, restando fuerzas a las distintas 
agrupaciones opositoras en nombre del patriotismo exacer- 
bado por el recuerdo de los excesos de las masas obreras qu® 



XXVni LUIS REYNA ALMANDOS 

Maqiiiavelo aguijoneaba; acentuando la confusión y el des- 
orden que la minoría radical necesitaba para triunfar de una 
inmensa mayoría anarquizada e incoherente. 

A la lucha de clases el maquiavelismo agregó la lucha 
religiosa. Mieles y promesas sigilosas a creyentes y paganos. 
Hé aquí una nueva división. Es la regla de tres compuesto 
que escapa a la rapidez del examen y en la que la solución 
definitiva no es sino el resultado indirecto de operaciones 
preparatorias que parecen no tener relación con lo que se 
busca. 

Liberales y creyentes cayeron en el lazo. Unos engañados 
por patriotismo, otros por sentimientos religiosos, sintieron 
horror por el socialismo extranjero y por el socialismo incen- 
diario; y los radicales sacaron su fórmula triunfante. En otras 
condiciones habrían sufrido un descalabro sin ejemplo, por- 
que, libres de la presión de amenazas inmediatas, las agru- 
paciones políticas habrían encontrado,— por combinaciones 
y transacciones recíprocas que son comunes en las democra- 
cias coherentes, -el camino del triunfo, y desmentido la afir- 
mación de los plesbiscitados. 

El país no ha debido creer en el peligro socialista. No 
debe creer en él. La estructura de la sociedad argentina 
hace imposible su predominio y tendrá que ser un simple 
resorte de control mientras no cambie fundamentalmente 
el molde en que está vaciada el alma argentina. Tal como 
el socialismo debe actuar entre nosotros, es una agrupación 
indispensable. Del choque de los intereses que representa y 
que combate, ha de nacer el equilibria que buscamos todos, 
para templar el dolor humano, reparando injusticias y re- 
duciendo privilegios. 

El socialismo es ateo porque sufre. La sociedad ha ins- 
truido a los hombres, pero no los ha educado; ha enrique- 
cido la imaginación del pobre mostrándole el camino de 
ser feliz por la libertad, pero no ha fortificado su carácter 



LA DEMAGOGIA RADICAL XXIX 

para hacerlo resignado cuando por circunstancias varias no 
alcanza la fortuna. 

Los creyentes, y yo soy un profundo creyente, si bien 
a mi modo, aceptan el dogma y rechazan la moral. Si 
pensaran que atenuar un dolor es más grato a Dios que le- 
vantarle un templo; que la caridad se ejerce con más efica- 
cia reduciendo las ganancias que aumentando las dádivas; 
que la caridad ultraja y deprime el carácter de aquel a 
quien se hace, en la misma medida en que lo eleva y for- 
tifica la justicia, el socialismo no habría forjado el fan- 
tasma que, llegado a sus últimos extremos, está aterrando 
al mundo. 

Sépalo el país: Ni la Iglesia ni el Socialismo necesitan 
de la coacción irigoyenista para sustentar lo que hay de 
legítimo en sus aspiraciones. Si bien por distintos caminos, 
persiguen un objetivo común: levantar el nivel del espíritu 
humano; uno por el predominio de ideas morales abstractas 
que la sociedad admite pero no practica; otro por aplica- 
ción de fórmulas concretas de economía política, impuestas 
en la legislación por la presión de los hechos. Pero am- 
bas tendencias concluirán por fundirse y amalgamarse, a 
despecho de cualquier exaltación sectaria. La aproximación 
comienza, y se encuentra en el primer punto de coinciden- 
cia: ni la extrema opulencia ni la extrema miseria. Entre 
esas dos injusticias hay una fórmula de conciliación y de 
armonía social que asomó como una aurora en medio del 
estrépito de una sociedad licenciosa y pagana, y que ha 
necesitado veinte siglos para abrir un surco fecundo en el 
corazón de los hombres. 

Alguna vez he dicho que la civilización evoluciona de la 
forma exterior que la supone al hecho efectivo que la con- 
sagra. Será la consagración del ideal que junto con su san- 
gre derramó el Hijo del Hombre, impuesta por la con- 
ciencia universal,— que no necesita dictadores para seguir 



XXX LUIS REYNA ALMANDOS 

SU marcha hacia Dios y hacia el hombre; para fundirse en 
un anhelo de fraternidad y de paz. 

No necesitan la dictadura, porque esta especula con Dios 
y con el Diablo para afianzar sobre la confusión y la anar- 
quía su predominio utilitario. No hubo déspota que no fuese 
enemigo del género humano. La razón es simple: en todo 
déspota hay un anormal con demencia más o menos carac- 
terizada, que es incapaz de ser instrumento de perfecciona- 
miento social porque actúa para sí y contra todos. Cuando 
se inclina a uno u otro lado, lo hace movido por el mismo 
instinto de conservación que empuja al acróbata en el sen- 
tido de su propio equilibrio. Tiene la sensación del vacío 
y reacciona para evitar la caída. 

La dictadura se apoya hoy en los maximalistas, y se incen- 
dian los templos; mañana en los creyentes, y se fusilan 
obreros en las calles; en el socialismo, y empieza la jornada 
sangrienta de Vasena que remata en dos meses de huelga 
portuaria; en el patrioterismo, y la ciudad de Buenos Aires 
asiste aterrada a la caza del ruso, con todo su cortejo de 
horrores y de vergüenzas, porque se enciende el instinto 
brutal de la soldadesca y de la canalla enardecida que mu- 
tila inocentes y mancilla hogares. 

Si la masa obrera hubiese tenido la visión clara de que 
estaba sirviendo de instrumento a la dictadura, no habría 
dejado vacíos los altares ni profanados los templos; ni el 
patrioterismo se habría dedicado a cazar hombres y a ul- 
trajar criaturas. 

A ser posible sumar todos los dolores provocados por la 
anarquía en que fundó el irigoyenismo su triunfo electoral 
de Marzo, la sociedad sentiría vergüenza y espanto de su 
torpeza; comprendería, también, que unos y otros deben 
miputar la suma de esos dolores a la mano siniestra que 
movía los hilos en la sombra, haciendo del pueblo de la 



LA DEMAGOGIA RADICAL XXXI 

República un inmenso teatro de autómatas^ en trance de 
recíproca destrucción. 

Si en medio de la anarquía que el radicalismo provocó 
no fué fácil orientarse, por razón de la sorpresa, recojamos 
sus enseñanzas. 

Vivimos en un momento en que cada cual debe tener 
bien abiertos los ojos del espíritu para rechazar la copa 
empozoñada. El irigoyenismo no es creyente ni es ateo; 
no es conservador ni es socialista. Con una mano llena el 
bolsillo de los azucareros de Tucumán, y con otra deja va- 
cío el de los armadores marítimos; filtra el engaño en el 
espíritu del alto clero, y derrama petróleo inñamado en el 
de los agitadores; declama moralidad, y se enternece con 
los tenebrosos; habla de justicia, y paraliza el brazo de la 
ley que se levanta contra los descuartizadores; es clemente 
con los presidiarios, e implacable con las maestras mendo- 
cinas; dice tener por dogma la honradez, y no explica los 
negocios turbios; enciende la tea que destruye los altares 
en el Caballito; las pasiones que destruyen la libertad en 
cada provincia intervenida. Es la voluntad que arma el 
brazo de Santos Pérez y de los Reynafc en Barranca Yaco, 
y que luego se exhibe como ejecutor de la vindicta pública 
fusilando a los cómplices. Es, en una palabra, la sombra 
trágica de la tiranía, clara y completamente develada en 
las páginas de este libro. 



IV. 



Las altas clases sociales que son, en último análisis, las 
que hacen la política, porque gobiernan dirigiendo, — o como 
decíamos al principio, reduciendo la multitud a la unidad, 
están obligadas a redimirse del error. Y el "régimen" que 
comprende a esas altas clases sociales, tienen una deuda de 



XXXIl LUIS KEYNA ALMANDÜS 

honor que cumplir, reivindicando, por los medios legales si 
es posible, o por los hechos si los medios legales le fueran 
negados, lo que es el patrimonio de todos los argentinos: el 
imperio de la Constitución como garantía de la libertad, 
como instrumento de orden, como fórmula comprensiva de 
civilización y de cultura. 

La reacción, repito, está en marcha. La prensa ha vuelto 
a tomar su puesto de vanguardia, para unir la fuerza de la 
palabra a la fuerza de la acción. El claustro universitario 
convoca a los ciudadanos a orar por la patria. Las oposi- 
ciones empiezan a batirse, si bien dispersas todavía. Parece 
que no encuentran el camino, pero concluirán por encon- 
trarlo. Si las manifestaciones no adquieren todavía un va- 
lor de evidencia, es porque el "régimen", es decir todo el 
país, excepto el irigoyenismo, está incurriendo en el mismo 
error en que éste se debate, si bien en sentido inverso. El 
irigoyenismo sigue siendo demagogia en el gobierno, mien- 
tras el "régimen" sigue siendo tolerancia en la oposición. 
Cada cual conserva la característica respectiva, sin ad- 
vertir la diferencia de deberes nacidos de situaciones tan 
opuestas. Que el irigoyenismo no modifique su actuación, es 
perfectamente racional. Incapaz de pensamiento y de acción 
constructiva, al día siguiente de la victoria se encontró 
perplejo ante este dilema: seguir lacerando al 'régimen" o 
declarar su fracaso. Partido, — y más que partido, tempe- 
ramento de rebelión, que hizo de la crítica despiadada el 
secreto de su fuerza, no puede vivir sino mientras tenga 
qué destruir, — porque el "régimen" es a la "causa" lo que 
la obra de arte al crítico: su razón de ser. 

Se le pidió una vez a Ricci, célebre general de los jesuí- 
tas, que evitase la disolución de la orden modificando de- 
terminados puntos de su constitución. Ricci paralizó con 
una frase las solicitaciones que se le hacían: Sin ut siint, aut 
non sunt, - serán lo que son o no serán. Esa frase contiene 



LA DENtAGOGlA RADICAL XXXTII 

en su enérgica brevedad la esencia del irigoyenismo com- 
probada por tres años de destrucción incesante. 

Nacido para el motín, no vivirá sino en tanto tenga ma- 
teria destructible. Así ha pasado tres años, y se engañan 
los que aún conservan un resto de esperanza sobre su ac- 
tuación futura: seguirá destruyendo mientras el país lo deje, 
o mientras tenga algo que destruir. Cuando todo haya con- 
cluido, caerá como cayó del cielo la bestia hirsuta del 
Apocalipsis. 

No podemos apartarnos al examinar una tendencia polí- 
tica, de ciertas verdades que en todas las épocas se mani- 
fiestan del mismo modo. Al trazar las líneas que conver- 
gen al cesarismo incubado en las entrañas de las revolu- 
ciones democráticas, Estrada pinta el tipo del faccioso, como 
sólo él pudo hacerlo. Y agrupándolo para caracterizarlo en 
su acción colectiva, nos dice: "irrespetuosos por todo lo que 
es noble y sagrado avanzan ... y puestos en acción por 
grupos sacados de la última esfera de la sociedad y capi- 
taneados por visionarios o por malvados, luchan y son ven- 
cidos, o consiguen transitoriamente dominar a los elementos 
conservadores. Entonces imperan sin tener capacidad de 
gobierno suscitando resistencias sordas y reacciones extre_ 
mas que vuelven a la sociedad a puntos peores > más du- 
dosos todavía de aquellos de que quisieron arrancarla por 
medio de la violencia, o de lo contrario se fatigan, se re- 
vuelven en su impotencia, y al cabo incurren en la abyec- 
ción y se entregan en manos de un dictador". 

No es posible trazar en menos líneas, un cuadro más 
vivo y más real de la actuación del irigoyenismo, entre- 
gándose inerme en las manos del Supremo Regenerador 
Forma lo que Tocqueville llama "los partidos pequeños", ca- 
rentes de fe política. Dados al ímpetu, de lenguaje violento 
marcha incierta y cautelosa, y cuyos medios son tan poco 

elevados como los fines que persiguen. 

ni 



XXXIV LUIS REYNA ALMANDOS 

En la síntesis brillante con que Chateaubriand fija las 
condiciones en que hallaríase el mundo sin la influencia del 
cristianísimo, ha recogido, sin proponerse hacer psicología, 
uno de los caracteres distintivos de los tiranos. Tiberio, 
dice, despreció demasiado a los hombres, y sobre todo, 
hizo demasiado alarde de este desprecio. Este es el único 
sentimiento que expresó con franqueza. Era a modo de una 
exclamación de alegría, un alarido que no podía reprimir, 
al ver al pueblo y al Senado romano más humillado que la 
propia bajeza de su corazón. 

Si observamos la actuación de nuestros déspotas meno- 
res, veremos que ese rasgo distintivo aparece en ellos tan 
acentuado y que se manifiesta con tanta viveza y claridad, 
que concluye por darles un relieve peculiar. 

Rosas y Quiroga despreciaron a los hombres tanto como 
Tiberio. Irigoyen ha generalizado ese desprecio al punto de 
no escapar de él ni los hombres de su propio círculo. En 
condiciones opuestas, es decir, fuera del gobierno, fué algo 
así como el Timón de Atenas de la tragedia de Shakespea- 
re. Felizmente la República no tuvo ningún Alcibíades, y 
acaso ello fué una de las preocupaciones del misántropo a 
quien la pasión sectaria ha pretendido levantar altares. 

Las humillaciones toleradas por el Congreso son dema- 
siado conocidas. Su profundo desprecio por los demás y 
por las opiniones ajenas, está en razón directa de su egola- 
tría, que es de donde ha tomado la fuerza que se traduce 
en la unidad de su actuación. Simulaba ser superior a todos 
sus contemporáneos, porque sólo a ese título podía justifi- 
car su tendencia a sustituirlos. Reconocer que había un 
hombre de mérito, hubiera importado inutilizarse para la 
conspiración y para la intriga. Admitir la legalidad de un 
gobierno, significaba declarar que no tenía razón de ser su 
acción de demagogo. Compartir las responsabilidades de 
ese gobierno, suponía entregarse al examen en posiciones 



LA DEMAGOGIA RADICAL XXXV 

débiles y amenguar el prestigio que fortalecía el silencio, 
la sombra, en acecho permanente de la posición fuerte que 
permite actuar sin control, cuando se va a ella con entra- 
ña de tirano y dispuesto, por consiguiente, o centralizar la 
suma del poder público. 

De ahí su desprecio o desinterés por las posiciones pú- 
blicas; su desprecio por nuestros estadistas más destacados 
como demagogo, y su desprecio por la sociedad argentina 
como Presidente. 

El propio radicalismo ha sido víctima de ese desprecio. 
La composición del Ministerio lo dice bien. Los Ministros 
han descendido del nivel de Secretarios de Estado con una 
resignación equivalente a su incapacidad. Y Ministro hubo 
que soportó en silencio el ultraje público de un subalterno, 
como hubo candidato a puesto electivo que sufrió durante 
meses la angustia del silencio presidencial, porque compla- 
cía al tirano hacer visibles las genuflexiones del aspirante. 

Examinando fríamente ciertas similitudes históricas, la 
mente-se turba observando que el espíritu de un Calígula, 
con traje más o menos a la moda, puede hacer su resurrec- 
ción en las democracias modernas, para burlarse de los 
hombres que viven perpetuamente agitados para crear la 
estructura de una sociedad que disminuya las angustias que 
trae a la vida, a manera de mole de Sísifo. 

El desprecio se manifiesta en el irigoyenismo, no sólo 
por lo que dice sino por lo que calla. No siempre es exac- 
to que el que calla nada dice. Cuando hay la obligación 
de hablar y se calla, el silencio tiene algo más que un valor 
negativo. La actuación del Dr. Alem fué tan preponderan- 
te, que su nombre no puede excluirse de la historia de los 
sucesos radicales. Empero, los biógrafos del- irigoyenismo, 
excluyen hasta el nombre del Dr. Alem. El silencio des- 
pectivo, la supresión de la figura creadora del radicalismo, 
tiende a centralizar en la del "apóstol", una obra, un pen- 



XXXVI LUIS REYÍÍA ALMANDOS 

Sarniento y una tendencia que fué anterior a él y que, bue- 
na o mala, no le pertenece. 

Cuando el desprecio alcanza a los muertos, es útil que 
los vivos recojan sus enseñanzas, y que se preparen a afron- 
tar la obra que les espera,— que es de inmediata recons- 
trucción, a poco que se piense en el derrumbamiento del 
sistema federativo, en el desorden de las finanzas, en la 
anarquía de la instrucción pública; en la inversión de los 
principios morales que permite la libertad de asesinos rein- 
cidentes y entrega al ludibrio a magistrados que supieron 
salvar la integridad de su investidura. Y por sobre todo 
eso, la ineptitud y la inmoralidad triunfantes, y pendientes 
de las solicitaciones del sectarismo las decisiones del go- 
bierno. 



V. 



En medio de este horrendo naufragio, alienta y conforta 
la certidumbre de que nos aproximamos a soluciones. En 
física hay una ley, según la cual los líquidos transmiten con 
igualdad, en todos sentidos, las presiones ejercidas en un 
punto cualquiera de su masa. Esta ley tiene sus compro- 
baciones en política, con idéntica exactitud. La muerte de 
Aberastáin, que para defender la autonomía de San Juan 
salió al frente de las fuerzas enviadas por Derqui para in- 
tervenirla, dio lugar a la sublevación de Buenos Aires, 
concluida en Pavón. 

La presión de la dictadura comienza a producir sus efec- 
tos. Su garra ha sentido el dolor de su primer contraste 
en Córdoba. Buenos Aires por obra de la fracción conser- 
vadora de la legislatura, ha detenido el segundo zarpazo 
defendiendo su autonomía federativa. El claustro cordobés 
de Trejo ha demostrado al país que el altar del naciona- 



LA DEMAGOGIA RADICAL XXXVIÍ 

nalismo no está vacío; Buenos Aires, volviendo por sus 
tradiciones, ha de ratificar la actuación cívica de la pro- 
vincia de Córdoba, demostrando que las instituciones no 
pueden depender de la voluntad de un hombre, cuando hay 
detrás de ellas un pueblo resuelto a sustentarlas. 

Corrientes, por su parte, sigue alistada en las filas liber- 
tadoras. Provincia heroica que estampó su garra en el pen- 
dón sangriento de la tiranía, y que conserva el molde fuerte 
y clásico de la raza americana sin aleaciones que la enerven, 
tenía que ser lo que fué. Un escultor argentino, en un rapto 
de inspiración feliz, plasmó el nervio de esa raza en "El 
Alma del Quebracho". Y así nos muestra a través de un 
símbolo, un pueblo sufrido y vigoroso que se yergue pujan- 
te como si fuera el alma misma de la selva enmarañada 
y hosca, y que en su serena magestad de estatua, diríase 
que sugiere advertencias . . . 

Todos los estados argentinos, en suma, han sentido el lá- 
tigo de la dictadura. ¿Qué hacen? La calma, ya lo he dicho, 
suele ser el síntoma precursor de la borrasca. No ha de 
ser tempestad de' sangre la que se desplome sobre la Re- 
pública, porque el irigoyenismo tiene temperamento pero le 
falta envergadura de tirano. Si la tuviera, no habría perdi- 
do tres años en consumar el asalto premeditado un cuarto 
de siglo. Obra cautelosamente, luego teme. Es la sombra 
oscura del 4 de Febrero de que nos hablara el Senador 
Iturraspe, Sabe Dios que extrañas y divertidas historias 
pudieran referirnos los sótanos del Hotel España, si los só- 
tanos sirvieran para algo más que para esconder "integrida- 
des culminantes". 

Por natural fenómeno de asociación, se levantan en la 
memoria la figura del gigante de la farsa de Alberdi y su 
festivo desenlace. 

Entramos en la reacción. ¿Síntomas? Los que se deducen 
de este libro, en cuyas páginas, llenas de calor republicano, 



XXN!vni LUIS REYNA ALMANDOS 

se agita la democracia de la provincia de Buenos Aires,— 
la democracia sana y fuerte que guiada por la visión cer- 
tera de Mitre, impuso la libertad entre los espasmos de la 
anarquía, y afianzó los principios esenciales de nuestro ré- 
gimen político en la Convención Constituyente del 6o. 

Un pueblo que tiene una tradición tan legítima de alti- 
vez, tiene que ser el baluarte en que han de estrellarse los 
liberticidas de todas las épocas, a despecho de los palafre- 
neros de las dictaduras, que sin consideración a la digni- 
dad humana, saben inclinar la frente y uncirse al carro 
triunfal de los tiranos. 

En el espíritu de esa democracia hay una gran fuerza 
dinámica latente, que a manera de instinto le advierte la 
proximidad del peligro y le imprime reacciones salvadoras. 
Ese instinto es en gran parte obra de Mitre, que le infun- 
dió las vibraciones de su alma patricia en dos fechas me- 
morables: cuando segregó el Estado de Buenos Aires de 
la Confederación, y lo sustrajo a la dictadura guiado por 
el dios de las batallas, y cuando presidió la organización 
definitiva de la República al amparo de ías instituciones 
más libres de la tierra. 

Yo siento vibrar el espíritu de Mitre en las páginas que 
me dictan estas impresiones tumultuosas. Diríase que la 
augusta silueta del patricio cruza por entre ellas como una 
sombra silenciosa, para ofrecernos ya que no aquella su 
espada que quebró en Pavón el avance de una dictadura 
naciente, ni el calor reconfortante de la palabra avasalla- 
dora con que retemplaba el alma argentina, cuando menos 
el ejemplo de su vida vigorosa y austera, intensa y diáfana, 
incontaminada y grande. Diríase que la sombra augusta del 
patriarca se sustrae al reposo del sepulcro como otrora a 
los halagos de la vida sin inquietudes, y viene a presidir 
nuestras deliberaciones en horas de incertidumbre en que 
se escuchan, como rumores de tormenta, los primeros va- 



XXXXI LA DEMAGOGIA RADIGAL 

gidos de la reacción que entre el desborde de la anarquía 
triunfante inicia su jornada para restablecer el imperio del 
orden y de la libertad. 

Meditemos sobre las enseñanzas que se desprenden de 
este libro. Si en él palpitara alguna pasión, no sería nunca 
la pasión de partido, sino la que caldeaba la mente de Sar- 
miento cuando en sus ensueños de patriota veía la enseña 
azul y blanca acaudillando doscientos millones de argenti- 
nos hacia el trono del Dios de las Naciones. Y meditando, 
fortifiquemos nuestro carácter y repitamos aquella su ora- 
ción: "he aceptado mi cruz y seguido adelante..." 

José Citriniti. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 



Northumberland. — [Es el más dege- 
nerado de los reyes! Señores, estamos 
oyendo los mugidos de la tempestad 
y no buscamos un abrigo para guare- 
cernos. ¡Vemos que el viento hincha 
nuestras velas, y en vez de arriarlas 
perecemos por exceso de confianza! 

/?í)ss.— Grandes males nos amena- 
zan y el naufragio es inevitable por la 
indolencia con que soportamos al que 
los causa! 

Northumberland.—\No será así! ¡Aun 
en las cuencas vacías de la muerte 
entreveo yo la esperanza de la vida! 
¡Pero no me atrevo a augurar cuándo 
llegará el momento de la salvación! 

Shakespeare: Ricardo II. 



INTRODUCCIÓN 



En una obra precedente — Hacia la Anarquía — 
escrita en 1918, hice el examen de la política 
radical para advertir al pueblo de la República 
el gran peligro que esta significaba para la es- 
tabilidad de sus instituciones. 

Al escribirla inspirábame el sentimiento de 
que era un deber de ciudadano poner en claro 
la verdad de esa política, sin pretender produ- 
cir — aunque deseándolo — un rápido movimiento 
de reacción en la opinión general. 

Comprendía entonces, y sigo comprendiéndo- 
lo ahora, que mis palabras debían haber sido 
pronunciadas por uno de esos maestros altamen- 
te reputados, conocidos y alabados durante lar- 
go tiempo. Pero como a los errores, transgre- 
siones y faltas del partido y gobierno de la 
Regeneración se respondía con el silencio, la vaga 
ironía, el eufemismo o la complacencia; no me 



4 LUIS REYNA ALMANDOS • 

pareció digno de ciudadano libre callar lo que 
en mi entender no podía callarse ni dejar de 
advertir lo que era urgente revelar. 

Dije entonces, en definitiva, que el gobierno 
en manos de demagogos y revolucionarios nos 
llevaría al caos de la anarquía, sin ocultárseme 
un resultado ulterior más grave, si la opinión 
pública no despertaba a tiempo de su ma- 
rasmo. 

Ese resultado más grave no ha podido impe- 
dirse, pues nuestro país, en estos momentos, 
marcha sin detenerse hacia un gobierno de fuer- 
za, unipersonal y resueltamente decidido a pre- 
ponderar sobre todos los valores. Ese gobierno, 
resultado lógico de un proceso de largos años, 
desenvuelto a la par de una regresión de virtudes 
en la masa consciente de nuestra sociedad, tiene 
todos los caracteres del mando dictatorial; y a 
estas horas ningún ciudadano que se precie de 
tal puede cerrar los ojos a la evidencia ni pres- 
tar oídos de mercader a sus responsabilidades. 

De una parte la demagogia que da en despo- 
tismo, y de otra la oposición anarquizada que no 
encuentra el rumbo definitivo; de un lado el 
radicalismo en dispersión condensándose en el 
mando presidencial y de otro, diferentes agru- 
paciones políticas más o menos regulares, ac- 
tuantes en la Capital y en las Provincias, des- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 5 

vinculadas unas de otras, anhelosas de unión 
pero recelosas entre sí; he ahí el cuadro actual 
de nuestro país en cuanto a la política se re- 
fiere. 

Mientras el círculo de hierro del gobierno fuer- 
te se va estrechando, los prestigios de la ley 
disminuyen; mientras la fuerza policial se enso- 
berbece, el parlamento y la judicatura se debi- 
litan. Nuestro país, que había conseguido hacer 
de las fuerzas armadas elementos protectores 
de la ley y .del derecho, asiste rápidamente 
al temible cambio: un gendarme no es hoy un 
protector del pueblo sino un enemigo porque 
presta obediencia a gobernantes empeñados en 
destruir la libertad en todos sus órdenes. 

Este cambio regresivo se ha ido consumando 
en poco tiempo, pues tres años son pocos días 
para tan extremos acontecimientos. Este libro 
es el examen del proceso político que precede 
al advenimiento del gobierno dictatorial. En él 
estudio la causa que lo origina y los hombres 
que lo producen. En error o en verdad, atribuyo 
la primera a la resurrección del espíritu gaucho: 
los hombres que lo representan son hoy los que 
entonces fueron y son en toda clase de gobier- 
no surgido de la multitud engañada. 

Verá el lector, primeramente, los grupos o ca- 
tegorías sociales que constituyen el partido que 



6 LUIS REYNA ALMANDOS 

triunfa en 1916; luego los individuos o caracteres. 
Digo así porque no representan valores aislados 
sino comunes a varios: un falsario, por ejemplo, 
no es tal cual falsario sino toda una clase; lo 
mismo un delator e igualmente un plagiario. 

La conducta de todos estos grupos y caracte- 
res, incidiendo en un solo punto, obedecen a 
una fuerza de sujeción irresistible: todos se so- 
meten de grado o por fuerza a la voluntad pre- 
sidencial, la robustecen, la sustentan y apoyan. 
Grupos y caracteres constituyen así los elemen- 
tos espirituales y materiales de un gobierno de 
fuerza, alzado contra el país y sus leyes, sus 
tradiciones y sus insignias. Hasta este momento 
no se ha levantado contra esa prepotencia ini- 
cial una voz unánime, grande y poderosa: no 
existe un partido libertador contra la huestes 
opresoras; no existe un ciudadano ante cuya pa- 
labra se conmueva al unísono la conciencia de la 
patria. Los Senadores y Diputados del pueblo 
han hablado pero no han conmovido, han acu- 
sado pero no han podido condenar, han dicho 
pero no han convencido, sin duda porque no ha 
llegado la hora. Los atentados de Mendoza son 
contemplados por la Capital con indiferencia, 
pues los cinco mil manifestantes del Teatro Nue- 
vo son cantidad mínima entre la inmensidad de 
la metrópoli. No hay hombre contra hombre. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 7 

idea contra idea; el brazo que se alza para la 
libertad contra el brazo que se levanta para 
oprimir. Y el problema consiste, precisamente, 
en la acción de un hombre que obedeciendo a 
las inspiraciones de la verdad y de la justicia 
se oponga a la injusticia y el error. He ahí to- 
do. El grande y virtuoso ciudadano es hoy una 
incógnita porque mientras la oposición se man- 
tiene dispersa es porque le falta el lazo de unión, 
y este es el hombre esperado, el vocero de una 
idea común, de un sentimiento común. Será tal 
vez necesario que se cierre definitivamente el 
proceso que examino en las páginas siguientes 
para que se abra el que debe seguirle; será me- 
nester que la República sufra lo que deba su- 
frir para que sienta en carne viva, profunda y 
dolorosamente, lo que es olvidar la justicia pa- 
ra clamar por ella, lo que es prestar oídos a la 
mentira para saber lo que vale la verdad. Hoy 
por hoy las cosas van por mal camino. Los 
hombres ilustrados, los patriotas sinceros, los 
maestros de la idea tienen la palabra: sobre 
ellos pesa desde hace tiempo la más grande de 
las responsabilidades. 

Los representantes de los partidos opositores 
de la Capital y las Provincias; los de las agru- 
paciones independientes; los maestros de la ju- 
ventud; los periodistas, los oradores, los literatos, 



8 LUIS REYNA ALMANDOS 

en una palabra, todos los que representan en este 
país un valor útil, una capacidad apreciable de 
construcción y sustentación, están obligados a 
impedir la destrucción de la República como 
estado orgánico, quitándola de las manos que 
la combaten y la oprimen. Si algo vale la pala- 
bra bien inspirada y la acción uniforme de los 
elementos ilustrados'y conscientes; si hay prensa 
libre, Universidad libre y pensamiento libre, há- 
gase entender al pueblo entero, clara y decidi- 
damente, cuáles son sus enemigos y cuáles los 
recursos más legítimos para la defensa común. 

L. R. A. 

La Plata, Julio - Noviembre de 1919. 



PRIMERA PARTE 

CATEGORÍAS SOCIALES 



CAPITULO I. 
Resurrección de Facundo 



¡No! ¡No ha muerto! ¡Vive aún! ¡El vendrá!. 
¡Cierto! Facundo no ha muerto.... 

Sarmiento. 



El "gobierno ejemplar" que pesa sobre nues- 
tro país desde el 12 de Octubre de 1916, aparte 
de su condición característica de gobierno elector, 
se destaca plenamente por dos aspectos bien 
definidos y enteramente lógicos. El primero, su 
odio contra todo lo que representa cultura y dis- 
tinción; el segundo, su predilección por los de- 
lincuentes, los amorales y los desconocidos. 

Desde ambos puntos de vista la nueva orga- 
nización administrativa y política, lo constituye 
en fuerza disolvente de la sociedad legal. Es el 
destructor de la ley y de la moral social, porque 
de un lado da en castigar a los hombres ins- 



12 LUIS REYNA ALMANDOS 

truídos y capaces, y de otro en fortalecer, ani- 
mar y elevar a los individuos que viven en guerra 
contra la ley, debilitada y vencida hoy por las 
malas artes de una política pérfida y misteriosa. 

En poco menos de tres años el radicalismo ha 
arrasado la República, es decir, la construcción 
política y legal de nuestro país. La destrucción 
material no ha comenzado todavía, aunque el 
"no hacer" es el principio de la catástrofe de 
las cosas. La catástrofe de las ideas es completa, 
y también la de las instituciones. 

Hablando de las cosas no podremos decir que 
la "piqueta de los empujes" haya demolido nin- 
gún edificio público, pero los países no se des- 
truyen solamente porque haya gobernantes que 
imiten el esclavo de Efeso. 

Se destruyen las cosas de un país cuando se le 
hunde en la bancarrota, cuando, como bajo el 
mando del Señor Irigoyen, se le endeuda en cien- 
tos de millones sin saberse en qué se han invertido; 
cuando los recursos económicos que le son pro- 
pios se dispersan sin razón, cuando se dispone de 
ellos sin autorización legal o contra la ley. Se 
destruyen las cosas cuando se las entrega a ma- 
nos inhábiles o incultas, o se las deja en poder 
de personas sin escrúpulos. Se destruye un país 
cuando se le da al abandono y la incuria; cuando 
el interés particular de los empleados deja de 



LA DEMAGOGIA RADICAL l3 

lado el interés público; cuando la política elec- 
toral es resumen, norte y único móvil del gobierno; 
cuando para favorecer la intriga del comicio no 
se vacila en dañar la industria de los laboriosos, 
olvidar el trabajo útil a la comunidad y dar en 
perseguir y castigar sin ley y sin fuero bienes 
ajenos, derechos y libertades. 

Se destruye un país cuando, como ocurrió du- 
rante la época de los caudillos sanguinarios e 
ignorantes, la actividad fecunda de los hombres 
quedó paralizada: entonces las ciudades de la 
República próspera con Rivadavia, se despo- 
blaron, fueron abandonados los talleres, las ha- 
ciendas cayeron en poder de los señores de horca 
y cuchillo, las minas en el de ladrones, los ca- 
minos envolvieron en polvo no las tropas de los 
ganaderos sino la mesnada salvaje, la mon- 
tonera que llevaba consigo las alas rojas de la 
matanza entre alaridos de exterminio. 

Se destruye.un país cuando el miedo llega a la 
entraña social porque el látigo de la tiranía zumba 
en el aire y la saña de la injusticia se muestra 
victoriosa. 

Y se destruye, en fin, un gran pueblo cuando se 
perjura habitualmente, cuando se difama y se 
deshonra con la calumnia; cuando los magis- 
trados se inclinan ante los déspotas, cuando los 
maestros corrompen con sus debilidades a sus 



14 LUIS RFYNA ALMANDOS 

discípulos y cuando por la puerta sagrada del 
hogar pretenden penetrar los ** incontaminados ". 

Lo que me induce a dar a mi pluma el tor- 
mento de la angustia es la catástrofe de las ideas, 
V el derrumbamiento de las leyes. En setenta años 
de vida orgánica la pluma del escritor no te- 
nía, en cuanto a ese tema, sino una época pre- 
térita: la de la tiranía de Rosas, la del fana- 
tismo federal, ejemplo de barbarie, de cinis- 
mo, de degradación social. Escritores y esta- 
distas, periodistas y poetas hallaron copioso ve- 
nero en esa época tenebrosa. La seducción del 
drama hizo que aquella época tuviera una pléyade 
de cultivadores. Gomólas tempestades requieren 
grandeza para sufrirlas, exigen también genios 
para describirlas, y pues son de profundos y lar- 
gos efectos, hé aquí cómo la literatura de la tira- 
nía es siempre hondamente sugestiva. 

Las leyes de la Naturaleza no se derogan ja- 
más: disponen que de tanto en tanto surjan del 
campo del talento, como los grandes árboles, 
los Tácitos y los Salustios, porque esas mis- 
mas leyes parecen disponer que de la lobre- 
guez de la perversidad surjan los grandes 
monstruos y los grandes revolucionarios: un 
Nerón para Tácito, un Catilina para Salustio, 
para el primero un tirano, para el segundo un agi- 
tador. El mal y el bien en su incansable contienda 



LA DEMAGOGIA RADICAL 15 

todo lo enriquece: la historia por sus déspotas, 
el arte por sus artistas. El crimen y las lágrimas 
son los fecundos temas del gran drama de la vida 
social. 

En el gran drama de nuestra historia, en las dos 
largas décadas que terminaron el 3 de Febrero de 
1852, el crimen y las lágrimas empaparon la pluma 
de Sarmiento y la lira de José Mármol, cuyas mag- 
nas obras, como terribles mazas, cayeron sobre la 
frente del tirano con potencia más avasalladora 
que todas las fuerzas unidas de políticos y guerre- 
ros. La lira de hierro y el arpa de oro cumplieron 
la grande obra, y son inmortales. Los clamores del 
Facundo y las imprecaciones del poeta ahogaron 
la grita insolente de los sicarios de la tiranía; cor- 
taron la mano delictuosa, espantaron el espectro 
del terror, atemorizaron a los delatores y dieron 
aliento a la virtud humillada. Los proscriptos sal- 
varon la patria, abatida por la catástrofe de las 
leyes, el derrumbamiento de las ideas y el desen- 
freno de la violencia. El mal, que oprimía la gar- 
ganta de los ciudadanos, no pudo triunfar. Hizo su 
obra, siempre incompleta, imperfecta siempre, 
porque jamás triunfa. Después de la contienda de 
1852, las ideas arrojan de sí la capa del miedo, las 
leyes tornan a su función constructiva, y poco a 
poco la violencia pierde su impulso. Desde esa fe- 
cha memorable, tal vez la más gloriosa de núes- 



I6 LUIS REYNA ALMANDOS 

tros anales tempestuosos, se abre en la República 
la era de nuestros Antoninos: el despotismo había 
terminado. Comenzaba la de los grandes gober- 
nantes, desde Mitre hasta Quintana, la era de la 
construcción legal y moral y de la perfección ma- 
terial del país. Las ideas bajo la égida de la ley y 
esta bajo el amparo de la libertad, caracterizan 
nuestra época antonina. No tiene esta última la 
fascinación del drama, pero sí la magnificencia 
del progreso, los esplendores de la justicia. Con- 
tra los héroes de la destrucción venían los ada- 
lides de la construcción. 

Hay la heroicidad del constructor como la 
del destructor. Héroes de la destrucción son los 
Atila y los Rosas; héroes de la construcción los 
sabios que ponen sus manos sobre las piedras cal- 
cinadas para removerlas y colocar en los álveos 
del cimiento el pórfido de las nuevas columnas. 
Contra esos sabios la murmuración, arma de los 
envidiosos; la calumnia, arma délos perversos. Los 
héroes del mal fueron vencidos por los héroes del 
bien desde el día de Caseros; y al fin de la jornada 
constructiva no habrían sospechado, tal vez, que 
a su turno volverían a ser vencidos, y que la 
historia reclama un nuevo José Mármol y otro 
Facundo, la lira de oro para despertar la concien- 
cia y la lira de hierro para sacudir la indiferencia, 
pálida sombra madre de malos hijos. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 1/ 

Durante más de sesenta años se había ido 
conformando el alma argentina a la sana suje- 
ción de las leyes y, por lo tanto, debilitándose 
el espíritu de rebeldía contra las normas del de- 
recho. La gente baja fué perdiendo poco a po- 
co, por el freno legal, los bríos del corcel indo- 
mable que la llevaba victoriosa por todas partes. 
El gaucho había muerto, y el montículo de su 
tumba pampeana iba desapareciendo al paso del 
trabajo. En las ciudades el arrabal callaba y 
su multitud parecía dominada para siempre. Esa 
multitud estaba sometida por la cultura preva- 
leciente, y bien pocos, con fina observación, po- 
dían sospechar que, precisamente, de ella había 
de surgir otra vez el héroe de la destrucción, 
seguido de su turba demoledora. Después de la 
gran labor legislativa y materialista, vino la fa- 
tiga, la indiferencia y el regalo; y entonces, el 
montículo de la pampa, que había sido arrasa- 
do por el viento propiciatorio de la civilización, 
comenzó a moverse, y el alma del muerto, el 
alma del gaucho, en su nueva reencarnación, 
buscó el cuerpo del plebeyo, y lo halló, agitólo 
otra vez, dirigiéndolo hacia el camino que con- 
duce al palacio y a la escuela, al uno para man- 
charlo y a la otra para corromperla. El alma 
del gaucho, desprovista de su grandeza primi- 
tiva, menos humilde, menos hospitalaria y me- 

2 



1 8 LUIS REYNA ALMANDOS 

nos poética; el alma del campesino semiárabe, 
semiindio, reencarnada en la plebe híbrida de 
hoy, se enseñorea de la multitud popular y con 
bríos apenas reprimidos pretende, y lo consi- 
gue, echar a la sombra de la historia la era de 
nuestros Antoninos para entregarnos al azote 
de los treinta tiranos. 

El gaucho que en los días de la epopeya cie- 
rra los pasos de las cordilleras con sus pechos 
y sus lanzas contra los ejércitos de España, 
volvió a sus pagos tristes y desolados con el 
olvido de sus glorias guerreras en el alma, el 
cansancio y la miseria en el cuerpo y dispuesto 
a someterse a la voluntad del más fuerte. Ho- 
jas del gran árbol de la patria, cuando el vien- 
to de la libertad sopló sobre ellos, fueron rec- 
tamente a los campos de la batalla santa; pero 
cuando volvieron y se hallaron en medio del 
turbión de la anarquía y la guerra civil, se re- 
volvieron en el vórtice obedientes a las fuerzas 
violentas que se entrechocaban implacables. 

Los gauchos fueron los brazos ciegos de la 
tiranía, porque, roto el aliento de la epopeya, 
no encontraron al regresar más ocupación que 
la lucha fratricida. Su escuela fué el no hacer y 
su afán el pelear: durmieron a la sombra del 
rancho miserable, los unos, y se agitaron los otros 
bajo los estandartes de la Santa Federación. 



LA DEMAGOGIA RADICAL ^ I9 

Tal fué, en pocas palabras, la historia de ese 
tipo social desaparecido. 

Pero su alma no había muerto: dormía oculta 
en el seno de nuestra sociedad. El alma vio 
desde su sueño cómo a la tierra de sus hazañas 
acudían otras gentes, otros hombres de países 
remotos, de Italia y España principalmente. Vio 
cómo se esparcían por campos y ciudades, có- 
mo penetraban en la sociedad que los acogía y 
de qué manera se iba formando un tipo especial, 
semejante espiritualmente al de su ascendencia 
directa. El descendiente del gaucho sin contac- 
to extranjero, y el descendiente que mezcla su 
sangre con el italiano y el español expatriados, 
en general gente de cuna ignorada, reciben del 
paisano de la pampa de ayer el espíritu empo- 
brecido, sumiso al señor de la tiranía y por lo 
tanto, alzado contra el orden, el derecho y la 
ley. Inadaptable a todo ambiente culto, es en las 
ciudades algo a^sí como el cerco huraño de un 
huerto floreciente, no inerte sino agresivo, no 
fácil al cultivo sino dispuesto a clavar las es- 
pinas en las manos de los labradores progresis- 
tas. Viven en torno, libres de la idea de con- 
vivencia y adaptación y dispuestos a avanzar 
sobre el cultivo para despojarlo. 

El nuevo tipo social, semejante al bajo fondo 
de cualquier país, es el compadrito, sea el in- 



20 LUIS REYNA ALMANDOS 

contaminado con la sangre extranjera, sea el que 
resulta de su mezcla. Tanto el descendiente del 
gaucho cuanto el heredero del inmigrante en 
unión con aquél, forman las dos faces del com- 
padre de arrabal, clase bien definida, caracterís- 
tica e inconfundible corporal y espiritualmente. 
En una multitud, aún bajo el hábito del hom- 
bre culto, la mirada certera del estudioso des- 
cubrirá fácilmente ese tipo social. Hablando con 
él a menudo lo hallaremos amable, pero su ama- 
bilidad, con frecuencia excesiva, raramente es 
de buena ley. En las inflexiones de su voz la 
palabra acusa deformaciones fonéticas, como su 
cuerpo movimientos particulares nunca observa- 
dos en el hombre realmente civilizado. El com- 
padre es un palurdo casi siempre maligno, aun- 
que haya frecuentado las aulas universitarias. 
Impermeable a la influencia de la ilustración, al 
arte, a la ciencia y a las ideas de justicia; re- 
fractario a la moral severa, desprovisto de lealtad, 
con una noción bárbara del honor y del valor, 
tiene por la ley y la justicia el odio que se des- 
pierta en todo ser limitado en su voluntad y 
movimientos por una fuerza que se le opone. 
Esa envidia roedora lo impulsa a contrarrestar 
por medios torcidos la influencia de los estu- 
diosos, gustando de atribuirse, sin embargo, ca- 
lidades de doctorado, que son casi en totalidad 



LA DEMAGOGIA RADICAL 21 

la simulación o falsedad con que fácilmente en- 
gañan ai pueblo, porque saben que éste se im- 
presiona con la exterioridad de las cosas supe- 
riores. Como en nuestro país no hay títulos de 
nobleza, ellos los instituyen, o tratan de susti- 
tuirlos por los conferidos por las Universidades; 
y es así como a falta de condes y marqueses 
gustan de hacerse doctores. La simulación de 
la cultura es una de las formas de engaño de 
cierto grupo inferior. Esa simulación, influyen- 
do en las multitudes, las ha catequizado: los 
catequizadores saben perfectamente la enor- 
me influencia que en los ignorantes ejercen los 
hombres de título; y pues es necesario o por lo 
menos útil poseerlo, se lo atribuyen sin escrú- 
pulo. 

Cuando por tales o cuales circunstancias el 
hombre de la plebe surge sobre la multitud es 
absolutamente probable que sustituirá al elegido 
por mérito reales para dirigir a los pueblos. 
Cuando esta sustitución de valores se produce, 
inviértese el gobierno de las repúblicas, el or- 
den se altera, la ley, como concepto, se va de la 
conciencia, y avasallando todas las resistencias 
clava el bárbaro su lanza sobre la cumbre do- 
minadora y amenazante. 

El espíritu del paisano de la pampa y los Lla- 
nos no había muerto. La leyenda que lo da por 



22 LUIS REYNA ALMANDOS 

vencido era sólo una leyenda. Esta había pues- 
to sobre la sepultura de su héroe una inscrip- 
ción definitiva, pero el que la hizo vio única- 
camente el cuerpo muerto y no supo seguir el 
camino del alma que de aquel se desprendía. 
Esa alma velaba. Ella siguió infundiendo esa pe- 
tulancia grosera que castigaba con desprecios al 
extranjero trabajador, al mismo tiempo que bla- 
sonaba de representar la patria. La patria era la 
tierra de su pasado, una comarca infinita po- 
blada por la venganza y el exterminio, abatida 
por la discordia y la tiranía, conmovida des- 
pués por el embate de una larga tempestad que 
necesitó treinta años para tranquilizarse. Ese 
espíritu, que fué un día todo virilidad con San 
Martín y honradez con Belgrano, fué después 
el tormentoso hálito de la anarquía y el servi- 
lismo; y éste es el que después de haber sido 
olvidado vuelve a cargar de nubes nuestro ho- 
rizonte. 



* 
* * 



La plebe de nuestras ciudades, especialmente 
la de la gran Capital, no es únicamente la que 
ha conservado el espíritu del gaucho, el mal 
espíritu, por muerte del sentimiento de hospita- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 23 

lidad y condiciones viriles. El tipo híbrido del 
argentino de cuna humilde, hijo de extranjero, 
y el descendiente del gaucho, pasadas algunas 
generaciones, no es ni hospitalario ni valiente; 
es egoísta y provocador, falto de iniciativa y 
de adaptación; gusta de la política en su más 
bajo sentido y vive de ella. Constituye la capa 
inferior de la ciudad, la más considerable, y 
por lo tanto, la más peligrosa bajo el amparo 
del sufragio universal. Según el dicho. vulgari- 
zado él representa la democracia porque confun- 
de la grosería con las formas llanas de la re- 
pública, creyendo por incultura que no se ar- 
monizan con los principios de la igualdad la 
dignidad exterior, ni la cortesía, ni la mesura 
característica de la buena educación. La degra- 
dación y la mentira son para él la democracia 
misma, verdad cumplida y prueba de justicia. 
Cierto gobernante placíase en departir *'democrá- 
ticamente" en un mercado para hacer creer que 
descendiendo hasta el nivel plebeyo realzaba su 
condición de mandatario del pueblo, como si 
éste estuviera compuesto íntegramente de gente 
baja. El vivir un gobernante republicano en ca- 
sa modesta y no del todo limpia, gusta a la 
muchedumbre iletrada porque no cuadra a esta 
ni el palacio ni la limpieza. La modestia en el 
modo de vivir es una virtud que se trueca en 



24 LUIS REYNA ALMANDOS 

vicio cuando quien la practica es un alto repre- 
sentante del gobierno. Tal modestia es engaño. 
Para las personas cultas lo que es tolerable en 
un ciudadano cualquiera es intolerable en un 
gobernante; y entre los dos extremos, es pre- 
ferible siempre el que gusta del palacio, aunque 
sea impertinentemente suntuoso, y no el que 
conserva la falsa humildad para impresionar al 
populacho. 

En las épocas de degeneración social, de des- 
concierto moral y de miedo colectivo, especial- 
mente miedo culto, aparecen de ignorados rinco- 
nes, de asilos misteriosos esos '^humildes" asal- 
tantes de las cumbres sociales. Desde las alturas 
del poder, que es para ellos simplemente mando, 
o lo que es lo mismo, violencia, tienden a domi- 
narlo todo, no para perfeccionarlo sino para des- 
truirlo. En medio de la destrucción, del perjuicio 
inútil, de la injusticia irritante, ellos se muestran 
satisfechos. En ese placer no hay ninguna no- 
bleza porque es placer de villanos. En la con- 
tienda armada, en la lid cuerpo a cuerpo fulge 
siquiera la majestad del valor, la sublimidad 
siniestra de la vida y la muerte en pugna he- 
roica; pero en el asalto de las cumbres polí- 
ticas por la plebe ignorante, y, en nuestro caso, 
por el gaucho reencarnado en el tipo social 
someramente descripto, falta todo cuanto em- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 2$ 

bellece el cuadro. De un lado la soberbia 
del incapaz; de otro la inteligencia y el ca- 
rácter en fuga, vencidos por su propia impo- 
tencia. 

En los momentos actuales las diferentes cla- 
ses de herederos del gaucho desaparecido, desde 
el malevo de arrabal al más refinado del salón, 
acostumbrado más o menos a la blanda alfom- 
bra, pero sintiendo la vanidad que nace de esa 
blandura; en los días corridos desde el funesto 
12 de Octubre de 1916 el alma del gaucho se 
agita activamente con procaz altanería, mien- 
tras que el espíritu valeroso de Sarmiento y de 
José Mármol vuelve a sentirse proscripto y mal- 
decido. Desde ese día nebuloso siguen resonan- 
do los ecos de una fiesta en que se mezclaron 
a los vítores de los sinceros los clamores de 
una muchedumbre desordenada. Desde entonces 
prevalece la culpa sobre la rectitud, desde en- 
tonces aquella se hace virtud y la virtud culpa. 
Desde esa hora en que la mano de la venganza 
azota el rostro de la ciudadanía, la patria en- 
grandecida por nuestros príncipes de la idea 
vencedores de la barbarie, se convierte en campo 
de despojo, ante el atonismo de los ilustrados. 
Desde entonces vuelve la guerra social sin el 
estruendo^ — hasta hoy — del choque de las armas, 
la guerra de la idea contra la ignorancia, la con- 



26 LUIS REYNA ALMANDOS 

tienda del deshonor contra el honor. Si las fuer- 
zas ponderadas de nuestra república no consiguen 
rápidamente tender sus barreras, habremos per- 
dido quizá por largo tiempo el título que había- 
mos conquistado en la opinión de las naciones. 



CAPITULO II. 
Patricios y Plebeyos 



Basta tu autoridad para persuadir a 
los demás, aunque defendieras peor 
causa, porque las palabras de villanos 
y nobles, siendo las mismas, no tie- 
nen igual valor. 

Eurípides: Hécuba. 



Sin contar las clases intermedias, en todas 
partes la sociedad se divide en dos grandes cla- 
ses extremas, inconfundibles y bien definidas: 
la culta y la inculta. Si con algo pudieran ser 
comparadas diríamos que son los blancos y los 
negros de la especie; contraste del color, opo- 
sición de calidades con arreglo a la ley de la 
variedad. El mundo se rige por esa ley inde- 
rogable, que aplicada a la vida social, anhelosa 
de justicia por la igualdad, siempre triunfa. La 
igualdad de todos los hombres es imposible, 



28 LUIS REYNA ALMANDOS 

hasta en la misma ley, porque entre dos virtuosos, 
el uno culto y el otro inculto, habría injusticia 
en juzgar al primero con el mismo criterio que 
al segundo, y lo mismo entre dos criminales. 

No hay, según mi entender, en ningún caso, 
igualdad entre esas dos grandes divisiones de 
seres humanos desde el punto de vista social; 
y este hecho no puede ser desconocido ni discu- 
tido. 

Coexisten, pues, la clase de los ilustrados y la de 
los ignorantes; hay la alta burguesía y el bajo 
pueblo, la cumbre y el llano. Las cumbres son, en 
la tierra, puntos aislados pero dominantes; los lla- 
nos son la inmensidad. En la sociedad los mejores 
son los menos, los inferiores los más, como que el 
oro se cuenta por adarmes en los senos de la mon- 
taña y son infinitos los granos de arena del de- 
sierto. 

Conveniente o inconveniente, justa o injusta la 
división social en las dos clases indicadas, su 
existencia y persistencia son absolutamente 
reales. 

Si todos somos iguales ante la ley, no lo somos 
en la vida; sería injusto admitir que lo fuéramos, 
y en pretenderlo habría error. Por lo pronto nega- 
ríamos el bien y el mal, poniendo al bueno en el 
mismo nivel del malo, y al contrario, al sabio a la 
altura del analfabeto, al laborioso en la condi- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 29 

ción del vagabundo. Hay salones y tabernas, ta- 
lleres y cubiles. ¿Porqué tantas diferencias, por- 
qué la excelsitud y la degradación, la cultura y 
la barbarie.'^ Por la misma razón que hay jardi- 
nes y desiertos, huertos y pantanos. La división 
de los hombres en esas dos grandes categorías 
es, pues, un hecho de la Naturaleza; y aceptán- 
dolas como son habremos de examinar los pro- 
blemas que de ellas surgen no con el prejuicio 
hoy muy en boga de que es injusta la miseria 
de los incapaces sino con la idea de que con- 
viene que estos sean menos y que mientras exis- 
tan no lleguen jamás a regir el destino de los 
pueblos. 

Esto último es lo fundamental: evitar que la 
''justicia" de los inferiores destruya el poder de 
los ilustrados para que el mundo no se precipite 
en el infierno del escándalo. 

El problema actual de los pueblos es de susti- 
tución, uno de los tantos casos de demagogia que 
la historia registra. Espartaco pretende una nueva 
resurrección, y esa pretensión, en pocos meses, 
ha puesto en las manos del terror armas espan- 
tosas. Esto, en Europa, maestra del mundo, don- 
de obreros y soldados, clamando libertad, pan y 
justicia, forjan la cadena de la esclavitud en la 
fragua de la anarquía. Han resuelto en parte el 
problema de la sustitución social porque han 



30 LUIS REYNA ALMANDOS 

puesto, quizá sin quererlo, en manos de multitudes 
el gobierno de las naciones. La plebe hace pro- 
gresos. El error, como un veneno sutilísimo, per- 
turba el sentido de los hombres, que en carrera 
desenfrenada van estrellándose y haciéndose pe- 
dazos, vencidos y desesperados contra las mu- 
rallas de lo imposible. Caen los imperios, donde 
la justicia era terror, y se organizan democracias 
donde el desorden y el delito alzan sus látigos 
sobre las espaldas de la humanidad desorien- 
tada. La palabra democracia es ahora el espanto 
universal. Sin embargo, democracia significa en 
lenguaje filosófico gobierno de inteligentes y de 
probos, no régimen de ignorantes y deshonestos, 
ni prepotencia de sectarios y criminales. Demo- 
cracia es en verdad gobierno de clase, una se- 
lección organizada para contener los espasmos 
de las multitudes. La democracia no es otra cosa 
que el gobierno de la selección del mérito, en 
contraposición al gobierno de la selección por 
herencia. 

Al cabo de siglos de lucha los pueblos conclu- 
yeron por abatir el poder de la selección heredi- 
taria para sustituirlo por el del mérito: la nobleza 
de cuna ha sido desalojada y casi destruida, por- 
que los hombres no aceptan tutelajes impuestos 
por la tradici*ón. Han pensado que es más justo ser 
gobernados por la inteligencia que por el blasón, 



LA DEMAGOGIA RADICAL 3 1 

y toda la política europea desde el 14 de Julio 
de 1789 tiende a ese fin: reyes y príncipes des- 
aparecen poco a poco, los unos mediante cam- 
bios más o menos pacíficos, los otros a fuerza de 
tremendas batallas. Desde 1914 los privilegios de 
los aristócratas de Europa sufren una mengua 
profunda, y la palabra democracia' es ahora el 
santo y seña de millones y millones de seres. 
Pero tal vez porque en medio déla contienda el 
pensamiento se ofusca y extravía y el primer 
impulso va más allá de toda reflexión, la verdad 
es, que hoy por hoy, en vez de una evolución 
prudente se ha llegado a una sustitución peligro- 
sísima, a un extremo tan grave que ha penetrado 
enlo más hondo del vértigo. La gran borrasca 
de cinco años sigue extremeciendo la tierra, ba- 
rriendo el mundo y abatiéndolo: si antes eran 
autócratas los verdugos ahora son demócratas 
los que reproducen centuplicado el gran odio 
del 93 en Francia. La lucha del presente es lu- 
cha de clases, la de la baja contra la alta. Es cier- 
to que están en juego las nacionalidades, los in- 
tereses mercantiles, la hegemonía de unas nacio- 
nes sobre otras; es verdad que el hambre castiga, 
pero se destacan en ese cuadro trágico, como con- 
tendores, de un lado la minoría selecta que pugna 
por regir y dominar, y de otro la mayoría popu- 
lar fascinada por las predicaciones de audaces y 



32 LUIS REYNA ALMANDOS 

siniestros demagogos. La lucha de hoy es entre 
patricios y plebeyos, la clásica pugna de los po- 
bres con los poderosos. Aquellos pretenden or- 
ganizar los pueblos con arreglo a principios que 
esconden en sus pliegues la falacia de la igual- 
dad, porque al punto aparecen las tiranías, pri- 
meramente la de concejos inorgánicos e incapa- 
ces, en segundo término la de los agitadores, lobos 
disfrazados de redentores. La minoría selecta se 
ve hoy frente a frente de la mayoría fanatizada, 
como ante una irrupción incontenible y avasalla- 
dora. Esa mayoría, al correr tras las ilusiones 
imposibles, ya no distingue ni su propio interés: 
brega furiosamente y se hiere a sí misma. 

En nuestro país se agita, como en el Viejo 
Mundo, el espíritu de la demagogia intolerante. 
Aquí, a causa de que nuestras multitudes se 
componen de elementos aborígenes y de facto- 
res exóticos, la demagogia, disfrazada de de- 
mocracia, tiene, de un lado, las armas Kde los 
revolucionarios de la ciencia económica euro- 
pea, desde Marx hasta Lenín, y de otro el lema 
de los caudillos electorales hechos gobernantes 
constitucionales por obra de un engaño ya des- 
cubierto. El bajo fondo popular engrosado a su 
tiempo con elementos más calificados, más o 
menos responsables por haber sido más o me- 
nos sinceros, ha pretendido y conseguido ven- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 33 

cer a la minoría pensante, imponer la ley de 
sus violencias sobre la ley escrita. La multitud 
extranjera de un lado, revuelta y procaz, alza 
estandartes a la igualdad injusta e imposible; 
la multitud radical, de otro, arroja sus denues- 
tos contra los que antes gobernaron y llena el 
aire de proclamas sin sentido, se siente alen- 
tada por una serie de concesiones oficiales que 
la hacen sediciosa, y, arrogándose con petulan- 
cia la soberanía popular, echa por tierra los 
principios que dieron vida y acción a los pre- 
ceptos salvadores de nuestra organización cons- 
titucional. 

Organizada en comités, de cuyo aliento cá- 
lido nació la imprecación y estalló el insulto, 
impone al país en un momento de desconcierto y 
debilidad la dominación del actual Presidente; 
y desde ese instante la demagogia que cercaba 
inquieta y agresiva tanto el foro como el con- 
sulado, los conquista, y al punto se divide. La 
demagogia plebeya anterior al 12 de Octubre 
de 1916 que vociferaba en los comités y ace- 
chaba en el silencio — de un lado el populacho, 
de otro su caudillo inspirador — sufre el ine- 
vitable cambio: hoy no es ya, en realidad, sino 
el gobierno mismo, todo el gobierno, con ten- 
dencia evidente a convertirse del todo en un 
poder tan fuerte y tan omnímodo que ahogará 

3 



34 LUIS REYNA ALMANDOS 

sin remedio — que ha ahogado ya — hasta la 
misma demagogia de que ha surgido. 

Los comités no son, por consiguiente, sino 
puentes tendidos sobre el abismo que separaba 
la república libre de la dictadura opresora; son 
la revolución incruenta que nos conduce por el 
camino de la perdición. 

Me propongo estudiar la DEMAGOGIA RADI- 
CAL y la tiranía irigoyenista, que es su inevita- 
ble consecuencia. 

Demagogos y déspotas desfilarán ante nues- 
tros ojos como las figuras de un siniestro gran 
guiñol. 

Sus hombres y sus hechos nos servirán, lo 
espero, de inspiración para la defensa de la 
sociedad argentina. 



CAPITULO III. 
Los intelectuales 



jOh, soberanos dioses! ¡Y que sea ver- 
dad que no hay bien que dure un día! 
¡Parecíame que este Panfilo era el su- 
premo bien de mi sueño, amigo enamo- 
rado, marido aparejado para todo tiem- 
po, y ahora, mira qué disgustos tiene 
por él! 

Terencio: La Adriana. 



Por donde quiera que miremos, especialmente 
en los palacios del gobierno, hallaremos a cada 
paso tipos inconfundibles y ejemplares sospe- 
chosos de la secta radical, hoy en franca deri- 
vación hacia el despotismo. 

Al comenzar, hace apenas tres años, su do- 
minación en todo el país, no subieron a la su- 
perficie descaradamente y sin escrúpulos, ni 
ejercieron decidida prepotencia: aparecía en el 
primer plano del gobierno lo más selecto y '*doc- 



36 LUIS REYNA ALMANDOS 

torado" de ese pueblo que gritaba '*regenera- 
ción", cómo*'restauración" las facciones rosistas. 
Manteníanse no en espectativa sino en actividad 
hacia el ascenso; pero mientras el caudillo per- 
petuo, que las había manejado a su antojo, no 
se quitaba la máscara ni el guante para dejar 
el rostro y la mano al descubierto, obraban con 
relativa prudencia. Esto duró muy poco: pronto 
se pudo ver que el elenco superior no era lla- 
mado a colaborar en el gobierno. Si algunas 
funciones públicas eran confiadas a los mejores 
contábanse como excepción y a guisa de pan- 
talla para lo que habría de venir. No era pru- 
dente, sin duda, mostrarse al desnudo; las co- 
sas irían apareciendo a su tiempo. Los notables 
llamados a colaborar en la tarea de adminis- 
trar y 'Snoralizar" con arreglo a los "postula- 
dos" imaginarios del radicalismo, empezaron a 
retirarse, los unos por haber comprendido en 
pocos días la enorme extensión del oculto pen- 
samiento encerrado en la mente hermética del 
patriarca: utilitarios o convencidos de la san- 
tidad de las "buenas intenciones", echadas al 
viento de la opinión para sorprender la buena 
fe del pueblo, debieron sobrecogerse de temor 
al comprender el gesto del dominador que co- 
menzaba a descubrirse. Los otros, si no atemo- 
rizados por la responsabilidad de coadyuvar en 



LA DEMAGOGIA RADICAL 37 

obra tan temeraria, se vieron al margen de la 
nueva administración porque no fueron llamados: 
las buenas .formas sociales, la honradez y el 
pundonor, la ilustración más o menos vasta y el 
buen nombre debían quedar al margen de ese 
camino que durante treinta años habían perse- 
guido con tenacidad digna de mejor causa. Así 
pues, los que no quisieron complicarse en el 
gobierno ejemplar por miedo, y los que fueron 
olvidados, dejaron un vacío que debía ser ocu-. 
pado por otros. 

Estos últimos eran y son aún en gran parte 
los que esperaron, con cierta desconfianza, ser 
desalojados por los más distinguidos y que se 
creyeron en inminente trance de gobernar. Com- 
ponían el grueso electorado, la masa de los 
comités, el conglomerado de los audaces y el de 
los que nada tienen que perder: lobos de la 
codicia en constante acecho de la presa inde- 
fensa. 

Será útil saber quiénes son los que tuvieron miedo 
y los que no fueron llamados a colaborar en la em- 
presa regeneratoria y cuál es la composición de los 
triunfadores en el reparto del botín. 

A decir verdad, aquí como en todas partes 
ocurren fenómenos sociales semejantes, y no 
hemos de contarnos entre las excepciones. Pero 
como q1 fenómeno e§ sin duda trascendental y 



38 LUIS REYNA ALMANDOS 

dará mucho que pensar y que decir a las ge- 
neraciones estudiosas del futuro, será conveniente 
penetrar ahora un poco en las capas sobre las 
que se alza, en estos momentos, la masa ame- 
nazadora del bajo pueblo en ademán de abatir 
la frente de la ley y la figura de la justicia. 

* * 

El grupo de los que tuvieron miedo de com- 
plicarse en una dictadura cuyos fines no veían 
con claridad, es muy pequeño, pero por eso 
mismo nos da la medida exacta de la menta- 
lidad y moralidad del gran conjunto. Para un 
tímido por conciencia de una responsabilidad 
actual o histórica hay mil que no han sentido el 
escalofrío de semejante responsabilidad; hay una 
enorme suma de gente que no creyó jamás que 
los decantados '^postulados", "credos", etc., eran 
palabras vanas y fementidas. Los que entre el 
clamoreo de los victoriosos oyeron las adver- 
tencias del raciocinio y supieron comprender lo 
falso de la predicación enfática y de la cen- 
sura intolerante apenas suman una centena, si 
es que se llena esa cantidad. Pero esta mínima 
porción podría tal vez haber salvado de la ban- 
carrota al buen sentido y a las instituciones y 
quizá impedido el entronizamiento de los infe- 
riores. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 39 

Los tímidos por buena conciencia y por vi- 
sión clara se reducen a silencio, porque, con 
pocas excepciones, la timidez que los aparta 
del peligro de responder de una colaboración 
en la dictadura se vuelve contra ellos, en nueva 
forma, desde que son incapaces de oponerse a 
que la dictadura se haga avasalladora. El miedo 
los domina, porque cuando esta se ha perfilado 
claramente y alza el brazo para fustigar, ellos 
no tienen bastante carácter para oponérsele: ca- 
llan, huyen, se ocultan, sufren la censura de los 
opositores. Semejante conducta ha sido útil a 
la violencia porque el callar y el consentir pres- 
tan alientos. 

Los tímidos distinguidos pertenecen a la clase 
superior, y la responsabilidad del resurgimiento 
de la clase baja les corresponde íntegramente, 
porque el miedo les acomete demasiado tarde 
y tarde viene el arrepentimiento. 

Los que después de comenzada la '^regene- 
ración" dicen ver con espanto cómo resurgen 
del fondo de la historia los fantasmas de la ti- 
ranía, no pueden como el Juez de Jesús lavarse 
las manos ni blasonar de buenos: i Pilatos es 
más grande que ellos ! Los hombres inteligen- 
tes que dieron nueva vida a los espectros de 
ayer, no pueden esperar la benevolencia de los 
ofendidos, ni la consideración de los ciudad^* 



40 LUIS REYNA ALMANDOS 

nos. Los que forjan las cadenas de la opresión 
y templan las armas de una lucha menguada, 
merecen el anatema de la historia, de esa his- 
toria, evocada por ellos alguna vez para dis- 
culparse. Esos "distinguidos", conscientes e ilus- 
trados, pudientes y bien nacidos, alentaron re- 
cónditas ambiciones creyendo que al ascender a 
la altura serían llamados. Ellos subirían las gra- 
das del Senado; tendrían la balanza de los 
Jueces; serían conductores de la moral social; 
haríanse los voceros del pueblo; serían los pri-- 
meros, los elegidos; heredarían las sillas enru- 
les de nuestros grandes cónsules. ¡ Se equivo- 
caron ! 

Teniendo conciencia de que los hombres que 
siempre callan esconden el arma de su ambi- 
ción en los sospechosos pliegues del silencio, 
labraron, a pesar de todo, la escala de su as- 
censión al poder. Tal vez no sospecharon que 
aquella arma podría herirlos cuando *'el silen- 
cioso" se viera libre de la necesidad de callar, 
y sacrificaron la paz de la nación vislumbrando 
honores y beneficios. 

¡Tarde, demasiado tarde para protestar de que 
las sombras funestas de nuestra historia vuel- 
van desde el fondo del tiempo a repetir su obra 
de disolución! Esas sombras han vuelto porque 
ellos, entre otros, las h^n traído y re^nirnado, 



LA DEMAGOGIA RADICAL 4I 

poniendo en jaque una civilización conseguida 
en sesenta años de concordia. 

Los ilustrados que eludieron las responsabili- 
dades ulteriores, después de dar alientos al ra- 
dicalismo y de conferir a su director perpetuo 
el más grande honor que puede recibir un ciu- 
dadano, son en las Universidades maestros q'ie 
enseñan las virtudes cívicas, castigan con la 
palabra a los tiranos, hablan de libertad y pa- 
triotismo. La juventud que recoge de ellos la 
cosecha de la buena doctrina, todo lo recibe 
menos la noción del carácter, base de aquellas 
virtudes y de aquella libertad. 

Es fácil, demasiado fácil repetir las histo- 
rias de Tácito y la Catilinaria, porque no 
se alzará contra ellos la plebe que amenazaba 
a Roma cuando el Senado vibraba bajo la pa- 
labra de Cicerón, ni los sicarios de los empera- 
dores pueden salir de sus sepulcros para per- 
seguirlos. Veinte siglos de muerte borran el mie- 
do, y la palabra de los historiadores puede ser 
repetida impunemente ahora. Es también fácil 
decir de Rosas que era un tirano, porque la or- 
ganización de» la secta de la Santa Federación ya 
no existe y ha pasado el peligro de disgustarla. 

La enseñanza de la libertad por los ejemplos 
del despotismo es altamente útil, porque de sus 
arbitrariedades surge inmediatamente la necesi- 



42 LUIS REYNA ALMANDO? 

dad de organizar la justicia. Pero esa enseñanza 
pierde prestigio en la cátedra cuando sus maes- 
tros, ante acontecimientos definidos y actuales, 
eluden la responsabilidad de la franqueza, por- 
que encaminan a los discípulos por la senda de 
la debilidad. Ellos les enseñan a usar del eufe- 
mismo, blando y artero, disfraz con que la ver- 
dad temorosa se encubre para evitar el contra- 
golpe. Tal enseñanza hace del carácter materia 
maleable que sirve al vicio eficazmente, no sólo 
en la vida política sino en la vida familiar, y 
corrompe las costumbres públicas. 

Quien emplea el eufemismo recorre toda la es- 
cala del miedo desde la amabilidad suave que 
se llama cortesía hasta la calumnia encubierta, 
la más vil y degradante. En esa escuela se' pre- 
para la degeneración social porque la audacia 
de los ambiciosos no encuentra t)bstáculos en su 
camino. El error se disculpa, sonriese ante cual- 
quier habilidad malsana, préstase oídos de mer- 
cader a las acciones deshonestas, tolérase la in- 
justicia; y en ese tren de perdón y claudicación 
vase perdiendo de la conciencia el concepto del 
honor y del derecho hasta llegar al extremo 
inevitable de tener por honrado al delincuente, 
darle ilegítima libertad y hasta poderes de go- 
bierno. Pocos son los que temen a los maestros 
d^l eufernisn^o y muchos . los consideran como 



LA DEMAGOGIA RADICAL 43 

prototipos de prudentes; pero si sondamos lo 
profundo del alma veremos que la prudencia es 
en realidad cobardia o egoísmo. 

Llamar, por ejemplo, gobierno personal — como 
lo hace uno de nuestros maestros más afama- 
dos — a un gobierno tiránico, es un eufemismo 
destinado a fortalecer la tiranía. En los países 
regidos por instituciones republicanas no puede 
haber ese "gobierno personal", porque en ellos 
el gobierno es de ley y no de perso^jas, y 
cuando este prevalece sobre el otro el gobiefrno 
es tiránico, contrario a la ley, y sólo se explica 
que el maestro hable con ambages por temor de 
perder posiciones. 

Los maestros tímidos duplican en cada discí- 
pulo la timidez y, por lo tanto, agostan la alti- 
vez y marchitan el valor. La virtud de la fran- 
queza, tan hermosa cuando es equilibrada, se 
trueca en cinismo, porque es cínico aquel que 
en presencia de un hecho inmoral o delictuoso 
calla, disculpa o disimula; y el cinismo multi- 
plicado llega hasta lo inconcebible. 

Por lo general cuando el eufemismo endulza 
la palabra de los maestros crece en la lengua 
de los inferiores el áspero silbar de la injuria. 
Cualquiera que observe la conducta desordena- 
da de una clase en la escuela, verá al instante 
que el maestro carece de energía, aunque sea 



44 LUIS REYNA ALMANDOS 

plenamente versado en su ciencia: todo su saber 
se malogra porque el vaso que la contiene está 
rajado. Lo mismo ocurre en la vida política 
cuando los más ilustrados no tienen carácter: 
al punto son burlados por los inferiores. 

Cuando los grandes callan los pequeños gri- 
tan, y el silencio en el Senado despierta los 
clamores de la calle. Luis XVI arrastrado por la 
inconsciencia de los nobles, encerrado en el 
cerco ^del orgullo de clase, no sospechó durante 
muchos meses que la grita de los peíiueños, he- 
chos multitud, lo llevaría a la muerte. En nues- 
tro país hemos visto de qué manera los más dis- 
tinguidos flotaron sobre lasólas de la tempestad 
anárquica hasta que perdiendo fuerzas se entre- 
garon inermes y temblorosos a los embates de 
la tiranía de Rosas. 

Los tiranos no aparecen en las épocas en que 
prospera el carácter sino en los tiempos de de- 
cadencia, es decir, cuando hay desequilibrio de 
la inteligencia y la moral; mejor dicho, cuando 
la moral es más débil que la inteligencia. Ro- 
ma se perdió no porque la propiedad de la tie- 
rra hubiera caído en manos de unos cuantos 
poderosos, sino porque mientras las mujeres se 
prostituían los hombres abandonaban las virtudes 
republicanas. Cuando los emperadores domina- 
ron los sabios ya no hablaban como en los ticm- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 45 

pos catonianos, en los cuales la elocuencia pudo 
sofrenar las furias de los enemigos de la ciu- 
dad. La ciencia perdía su prestigio, el arte su 
grandeza, la oratoria cedía el pensamiento a la 
sonoridad y la claridad al balbuceo. Después de 
Cicerón la lengua enmudece; después de Hora- 
cio la musa se esconde. El filósofo se convierte 
en el tímido maestro de Nerón y todas las lec- 
ciones de los moralistas se truecan en cantos 
saturnales. La historia, por conocida, es de cita 
vulgar, pero su ejemplo es tan perfecto que nun- 
ca sobra. Esa historia de hace veinte siglos se 
reproduce ahora, aquí, porque aquí los hombres 
que saben han callado y permitido que nuestro 
bajo fondo social nos manche con su lodo. 

Cuando se escriba la historia de esta época 
y se distribuya la culpa entre los que han co- 
rrompido la república; cuando se sepa claramen- 
te que hubo un grupo de hombres capaces de 
cerrar los ojos para no ver y permitir que al- 
gunos satisficieran sus ambiciones de poder 
despreciando y violentando los mandatos de 
nuestras leyes; cuando se sepa de qué manera 
ese grupo contribuyó a la elevación de un hom- 
bre a costa de la candida credulidad de un 
pueblo; el mayor peso de la responsabilidad his- 
tórica caerá inexorablemente sobre los ciudada- 
nos que no podían por su elevada condición 



46 LUIS REYNA ALMANDOS 

confundirse con los engañados, porque no tie- 
nen la excusa de la buena fe. Para ellos no era 
un misterio el misterio del jefe radical; no era 
un enigma su espíritu revolucionario; no era un 
embolismo el embolismo de su estilo gramatical, 
ni oscuridad .la oscuridad de su acción. 

Dícese que la sedución de la palabra de aquel 
en conversación privada les fué irresistible; pues 
bien, precisamente esa misma seducción debió 
ser para ellos — seres inteligentes— el signo claro, 
el aviso oportuno de que era un peligro para 
las instituciones el halago de la palabra amis- 
tosa y el enigma en público, la promesa reser- 
vada y el cumplimiento desmentido. Los inte- 
lectuales que rodeaban al caudillo y jefe perpe- 
tuo de su partido tenían a la vista la historia de 
su actuación como director único de una facción 
violenta que amenazaba constantemente con re- 
voluciones y motines el orden público, alzando 
como estandarte "el vago e indefinido anhelo 
de reparación instituctonar. Los ciudadanos ilus- 
trados debían temer ante todo y sobre todo la 
perpetuidad al frente de las filas radicales del 
hombre que por arte singular se hacía y perma- 
necía dueño de todas las voluntades, porque no 
era de buen augurio para el futuro gobierno de 
la nación ofrecer al pueblo a un candidato que 
practicaba en un partido la perpetuidad de su 



LA DEMAGOGIA RADICAL 47 

omnímoda influencia. Sobre esto aquellos no 
podían engañarse: habían vivido sometidos al 
mando absoluto de una sola persona, acudiendo 
para toda deliberación a su consejo, renuncian- 
do a su propia libertad. No tenían otro pensa- 
miento que el de El, ni más iniciativa y vo- 
luntad que la de El. Amasaban de antaño a 
una especie de ídolo omnisciente y todopoderoso 
que no pronunciaba palabras definidas y claras 
sino frases de efecto, buenas para embaucar a 
la masa candorosa pero jamás a los hombres de 
conciencia. 

Esos intelectuales veían que la "reparación 
institucional" tenía por sistema la revuelta y el 
escándalo en vez de la práctica de las leyes; 
asistían al desarrollo de un programa vago de 
"restauración moral" mediante la violencia con- 
seguida por soborno, no por la influencia de una 
indignación espontánea, nacida, alimentada y 
producida en el partido mismo, porque jamás 
este sintió ni pudo sentirla con sinceridad. 

La revolución de Julio de 1890 no fué hecha 
por el partido radical, pues este se organizó en 
1891: hay que restarla de las glorias rojas de la 
regeneración. La revolución del 93 le pertenece; 
volcó al gobierno de Buenos Aires y ensangre- 
tó a Tucumán y Córdoba. Alem, creador del 
radicalimo; del Valle, Ministro de Luis Saénz 



48 LUIS REYNA ALMANDOS 

Peña, en el cual este había confiado, y don Hi- 
pólito Irigoyen fueron los autores. La revolución 
se hizo por iniciativa del segundo con el objeto 
de apoderarse de la Nación. El golpe de esta- 
do fracasó por haber sido descubierto horas an- 
tes del estallido. Desde ese momento la figura 
de del Valle se eclipsa para siempre y la de 
Alem entra en definitiva decadencia. 

Esa segunda gloria roja del partido fué una 
sombra bajo la cual este se oculta hasta la re- 
volución del 4 de Febrero ie 1905, tercer gloria 
roja radical, de la que ningún ciudadano ni 
ningún militar pueden vanagloriarse sin rubor. 
El sobreviviente del triunvirato de 1893 la pre- 
para contra el Presidente Roca, pero' la hace 
estallar contra el Presidente Quintana antes del 
cuarto mes de su gobierno. Estas tragedias 
deshonras, donde hay más puñales que fusiles 
y más sicarios que guerreros, son los blasones 
de nuestros actuales mentores de moral, restau- 
radores de la nación y ''apóstoles de la regene- 
ración del país". 

Los intelectuales sabían demasiado bien, pues 
no podía ser un problema para ellos, que son 
propias de la demagogia solapada las conjura- 
ciones tramadas en el misterio, cuanto las de- 
clamaciones de vagos postulados y principios 
inciertos, porque nunca los inspira la verdad 



LA DEMAGOGIA RADICAL 49 

sino la ambición. ¡Y, sin embargo, obedecían y 
propalaban entre la multitud confiada, entre los 
estudiantes generosos y creyentes y entre la plebe 
miserable la necesidad de "restaurar la nación"! 
' Esbs ciudadanos distinguidos que permitían 
el mando de uno solo para su partido, deberían 
temblar ante sus propias obras y saber que las 
desventuras de nuestra patria vinieron cuando 
en 1835 los ciudadanos se entregaron a la dis- 
cordia hasta llegar al extremo del servilismo. 
Profesores de derecho constitucional, habituados 
a la enseñanza de la historia nacional, ¿qué les 
dice la constitución cuando fulmina el anatema 
contra los que formulenj consientan o firmen actos 
en que se concedan a gobiernos o personas faculta- 
des extraordinarias, sumisiones o supremacías o la 
suma del poder público? ¿Qué les enseñaban los 
veinte años de tiranía, comenzada en medio de 
desórdenes sociales, autorizada más tarde por la 
ley más monstruosa que haya recibido sanción 
en nuestra tierra y maldecida al fin por las ge- 
neraciones que la sufrieron? A pesar de saber 
que de la demagogia no surge jamás otro gobier- 
no que la dictadura, porque es la simiente per- 
niciosa de la traición definida y proscripta por 
la ley suprema de la República, ellos la alen- 
taron, la hicieron y la sostuvieron, sin prever, 
quizá, que serían pagados como pagan los que 

4 



50 LUIS REYNA ALMANDOS 

se alzan sobre los demás apoyándose en los que 
los alientan con miras de beneficio personal. 



* * 



Otro de los grupos que contribuyeron a la 
resurrección del alma plebeya está compuesta 
de ciudadanos ilustrados oportunistas y timo- 
ratos. Mientras aquellos se apartan del círculo 
que manda porque temen verse arrastrados al 
campo de los errores y las culpas, los otros te- 
men perder su influencia política y siguen apo- 
yando la acción disolvente del gobierno. Con- 
siderándose cada uno como valor activo com- 
prenden que si renuncian al partido deben per- 
der toda esperanza de seguir conservando ese 
valor. Han sido despreciados o humillados pero 
colaboran en la obra de disolución a que se 
entrega el gobierno. Esgrimieron contra los go- 
bernantes del pasado las armas vedadas a los 
caballeros y saben que estas se volverán con- 
tra ellos cuando los que disponen del poder se 
debiliten y dispersen. Es, pues, para ese grupo, 
una necesidad mantener la bandera, a pesar de 
haber sufrido la pena del desprecio. Encubren 
el vejamen de su desmedro tras un débil es- 
cudo: dicen que entre los dos males, el de la 
''causa*' y el del ''régimen", prefieren aquel, 



LA DEMAGOGIA RADICAL 51 

porque nada más grave para los intereses **del 
país" — según ellos — que la restauración del 
"régimen". Con semejante argumento no se es- 
conde, sin embargo, la verdad, porque faltos 
originariamente de sinceridad en la prédica par- 
tidista sus palabras carecen de mérito. El miedo 
de perder la posición política, fuente di sus 
recursos, oblígalos a presentarse ante la opinión 
con la insignia borrosa de sus "postulados" para 
continuar haciendo méritos ante el dispensador 
de favores. Pero se engañan, porque como re- 
presentan inteligencia y buen nombre serán som- 
bra del "apóstol", y este no mira con simpatía 
nada que lo disminuya. 

Los comités actuales cuentan con ese grupo 
de utilitarios no fanatizados. Digo así porque 
no creen en los "postulados" ni en la "regene- 
ración" ni "en la pureza del sufragio", ni en 
ninguna de las frases que han servido para 
desacreditar a los gobiernos anteriores a 1916. 
De ese grupo salen de vez en cuando ciertos 
comisionados que esperan medrar y ganar al- 
guna posición, pero muchos han vuelto cabiz- 
bajos y convencidos de que los brazos del des- 
potismo golpean de preferencia a sus más in- 
mediatos servidores. 

Esos hombres venden su conciencia en el 
mercado de la antesala, lugar donde se pierde 



52 LUIS REYNA ALMANDOS 

casi siempre la esperanza, pero que nunca está 
vacío. El hombre de antesalas es un tipo de 
disección. Lágrimas ocultas, odios escondidos, 
anhelos siempre en espectativa. Una prebenda, 
un negocio, una vanidad, una intriga; manos 
que se tienden pidiendo una moneda, inteligen- 
cias que ruegan a los pies de la ignorancia. 
Detrás el fuerte disgustado en medio de su or- 
gullo, quejoso de los demás y de todos necesi- 
tado. Los que no fueron llamados han recogido 
algo, pero han mordido la fruta y casi siempre 
les ha sabido a acíbar. Los demás, al pozo del 
desprecio, y aún despreciados son incapaces de 
despertar! 

En los momentos actuales ese grupo que co- 
labora en las desgracias nacionales, se siente 
desahuciado, porque el círculo oficial está com- 
pleto: domina el comité. El comité del bajo fondo, 
conjunto numérico del desmérito social, pesa 
sobre ellos definitivamente. Los blasones uni- 
versitarios, como los prestigios familiares, están 
en manos de la plebe insolente. El orgullo del 
apellido sufre la humillación de un nombre os- 
curo. El doctor, frente a frente del lustrabotas, 
baja la mirada. La lección de derecho vale me- 
nos que la práctica de un oficio servil. El abo- 
gado honorable es vencido por el prevaricador; 
el legista inspirado en la moral profesional se 



LA DEMAGOGIA RADICAL 53 

enreda en la trama de la intriga ante magis- 
trados débiles, capaces de vender su concien- 
cia ante la amenaza de los truhanes. El polí- 
tico de buena ley, ayer, el que, una mañana, 
advertido por su conciencia, teme a los espec- 
tros "que se alzan del fondo de la historia", 
cambia a la noche de modo de pensar y se hace 
senador, se hace dos veces catedrático, y desde 
su silla de marfil o desde su sitial de maestro 
dicta lecciones de civismo a la noble juventud 
mientras en otra parte da su voto a leyes des- 
tinadas a conceder veladas supremacías o calla 
cuando se trata de otorgar sumisiones. 

Ese político al permitir sin protesta que ven- 
gan a ocupar sitios eminentes individuos desco- 
nocidos y terratenientes ignorados y hasta per- 
sonas que ayer prestaron servicios serviles o 
inconfesables, contribuye con la suya a la hu- 
millación de las clases elevadas, entregando de 
esta manera y poco a poco, ya por temor, ya 
por interés, el gobierno a los comités de la plebe, 
y la suma del poder público al Presidente de la 
República. 

La demagogia, que es, según se ha dicho, "el 
reparto inaudito y la pulverización del poder", 
ha sido y es alentada por los intelectuales que 
conservan a toda costa cargos de nombramiento 
o de elección o los obtienen por la intriga. Con- 



54 LUIS REYNA ALMANDOS 

vienen en el sistema de humillación, conocido 
en la historia del mundo y en la nuestra y que 
es parte o aspecto del sistema de terror y de 
''centralización descarada" de personas y de 
territorio. 

Por ser oportuno diré cómo en estos tiempos 
se han producido algunos acontecimientos ca- 
racterísticos de la humillación de personas, bas- 
tando citar la práctica intervencionista para 
demostrar la "centralización descarada" del te- 
rritorio nacional como medio de ejercer la dic- 
tadura. Cuando, en 1918, fué muerto en pelea 
el herrero Leoni, en la Magdalena, el Presi- 
dente de la República se hizo representar en la 
ceremonia fúnebre; y en la Cámara de Diputa- 
dos de La Plata un Diputado adicto a la Pre- 
sidencia pronunció un discurso lleno de frases 
panegíricas en homenaje a aquel ciudadano os- 
curo por su oficio y censurable por su conducta. 
Lo que hasta entonces no había hecho ningún 
gobierno, lo hacía el actual: ¡ Leoni, pobre ejem- 
plar social, recibía de esa suerte el homenaje 
de la Nación ! 

Pero cuando, contemporáneamente, fallecía en 
la Capital, siendo Gobernador de Santiago del 
Estero, el doctor Cabanillas, no adicto a la po- 
lítica presidencial, el gobierno de la Nación 
permitía que el cadáver de aquel fuera velado 



LA DEMAGOGIA RADICAL 55 

sin concurrencia en un lugar ignorado de la 
metrópoli. Mientras la muerte elevaba la per- 
sonalidad del quídam, echaba más olvido y más 
desprecio sobre la del gobernante: ¡ Leoni, el 
herrero de la Magdalena, ocho veces procesado, 
se hacía más notable que Cabanillas, goberna- 
dor de Santiago! 

Los intelectuales callan y consienten en este 
sistema de humillación puesto en práctica desde 
el 12 de Octubre de 1916. Por todas partes la hu- 
millación del mérito desde el infausto día del 
cambio de nuestros valores políticos. Así van 
apareciendo los Cleontes atenienses y los Crisó- 
gonos de Roma; el demagogo encanallado y el si- 
cario feroz, ante la ausencia de los Aristófanes 
y Calístratos y el silencio de los Cicerón. A la 
elevación del mérito sucede la ignorancia del 
plebeyo; a la distinción y el talento la grosería 
y procacidad de los indignos. 

Así como llegaron del Oriente a Roma, 
ávida de corrupción y orgía, los esclavos que 
ejecutaron las proscripciones, de Syla, llega 
ahora, con la complacencia de nuestros in- 
telectuales, la difundida cohorte de los vicio- 
sos. Así como "Roma los deseaba porque 
traían el vicio de Oriente", así, hoy, Bue- 
nos Aires acoge a sus villanos y les hace brazo 
de persecución y humillación porque lo han que- 



56 LUIS REYNA ALMANDOS 

rido los intelectuales. Pero entre la Roma del terrible 
proscriptor y la Buenos Aires de ahora hay una di- 
ferencia. Mientras afluían de los caminos de Siria, 
de Egipto y de Grecia "hábiles obreros en ar- 
tes delicados, agentes de especulaciones, de in- 
trigas, de comercios vergonzosos, de corrupcio- 
nes seductoras; insinuantes por la cultura amable 
de su espíritu, ignorados siervos, maestros de moli- 
cie y de sensualidades orientales"— como dice 
Ibarguren; — mientras en la última época de 
aquella república fastuosa y corrompida se pre- 
paraba con los libertinos, ante la desesperación 
de Tácito, el advenimiento de los emperadores; 
aquí, en nuestro país, aprovechándose de la dis- 
cordia de la clase alta, los violentos y los dís- 
colos alzan nuevamente, en la historia, la espada 
autoritaria, el látigo del mando, mejor dicho, y 
pasan sobre las ruinas de la ley abatiendo ciega- 
mente honores y riquezas, orden y civilización. 
El autoritarismo insolente, infecundo y odioso, 
alza su cabeza provocadora en todas partes, sin , 
respetar derechos ni intereses, ni sexo, ni edad, 
ni condición social. En Mendoza, caída por la 
voluntad del Presidente de la República bajo la 
férula de hombres crueles, las maestras son en- 
carceladas y vejadas en las prisiones, a don- 
de son conducidas por orden del Gobernador y 
sus policías, y los niños que concurren a las es- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 57 

cuelas, lo mismo que sus maestras, sufren igual 
suerte. Kl hdbeas corp lis, institución secular que el 
país conquistó; la defensa en juicio, la libertad 
de pensar y decir, el derecho de comerciar y el 
de entrar y salir, el derecho de defender el honor 
y la buena fama, el hogar y la familia; la libertad 
civil, en una palabra, sin cuya realidad sagrada 
no hay patria sino feudo, bandera sino azote, 
abundancia sino miseria; es el resultado de un 
renunciamiento culpable de que son responsables 
en mucho los ciudadanos que consintieron en la 
preeminencia de un corto grupo de ambiciosos 
de origen ignorado y de tendencias definidas. 

Los abogados, los médicos, los ingenieros; los 
profesores délas Universidades y Colegios déla 
República; en una palabra, los intelectuales que 
alimentaron las ambiciones de aquellos que hoy 
nos tiranizan, son los herederos de aquel grupo 
de notables que impusieron al pueblo argentino 
el monstruoso plebiscito de 1835, padrón de igno- 
minia y mancha de nuestra historia. Sobre sus 
nombres cae ya el anatema de la Constitución, 
porque sobre ellos pesa la responsabilidad de 
"los infames traidores a la Patria", tal cual lo 
dice con dureza merecida aquel artículo 29, ol- 
vidado pero viviente. 



CAPITULO IV. 
Los equidistantes 



¿Adonde, adonde os despeñáis, mal- 
vados? 

¿Os arrebata la fuerza del destino 
o vuestras culpas? ¡Respondedme! 

Horacio: Los Epodos. 

Las multitudes han sido estudiadas por cono- 
cidos psicólogos: yo no pretendo ni siquiera imi- 
tarlos. Sólo busco hacer distinciones de grupo, 
para proceder a su tiempo a una disección más 
sutil, es decir, individual. 

Al grupo directivo intelectual responsable se 
unen o se unieron dos más, inculpable el uno, 
el de los crédulos, menos inculpable el otro, el 
de los independientes, pero culpables. 

En toda colectividad electora hay indepen- 
dientes y crédulos, y si en nuestro caso no me- 
diaran caracteres especiales no valdría la pena 



6o LUIS REYNA ALMANDOS 

ni siquiera de citarlos Pero como el partido se 
apoyó principalmente en ambos grupos, sin con- 
tar la muchedumbre ignorante, creo necesario, 
hasta para la distribución de la culpa, saber cuá- 
les eran los independientes y cuáles los crédulos. 

El partido combatido que gobernaba antes de 
1916 fué en la exageración de sus defectos, ima- 
ginados y agrandados por los intelectuales, la ra- 
zón de la efervecencia de los independientes y la 
causa del entusiasmo leal y sincero de los in- 
cautos. Para vencer al adversario hay siempre dos 
sistemas: el sobrepujarlo en buenas obras y el 
abrumarlo a calumnias. El radicalismo optó 
siempre por el segando; y de esta manera hizo 
del leal entusiasmo índice de acusación, de la 
lengua injuria, y de la indiferencia de los iner- 
tes una agitación insultante. 

Es el modo de obrar de los falsos demócratas, 
el modo de ser de los pretendidos protectores del 
pueblo. En esto no hay nada nuevo; y a pesar 
de ser un procedimiento muy antiguo, impre- 
siona, convence y decide, porque la candidez co- 
mo la indiferencia son tan humanas como la 
suspicacia y la decisión. 

Para ir recorriendo en la| escala de la culpa 
estudiemos a los independientes, después a los in- 
genuos. Más tarde veremos la plebe. 

Cuando el radicalismo se abstenía so pretexto 



LA DEMAGOGIA RADICAL 6l 

de falta de libertad electoral — en lo cual estaba 
demostrando su incapacidad política absoluta y 
su total ausencia de virtudes, — no contaba sin 
duda con el poder de los ineptos, de los pesimis- 
tas y descorazonados, de los sibaritas y nego- 
ciantes, de los tímidos e irresolutos, entre todos 
los cuales pululan los lobos; en una palabra, de 
esa gran capa social que por egoísmo o falta de 
\^oluntad fluctúa en la indecisión o acecha la 
oportunidad. 

El radicalismo abstemio no tenía más palanca 
que a los amotinados ni más inspiración que un 
declarado anhelo de manda'r. Programa de go- 
bierno, ninguno, pues todo en él eran vagueda- 
des, puerilidades y promesas. Su única virtud fué 
la perseverancia en perseguir el vellocino de oro 
a costa del porvenir de la nación. 

Cuando llegó la hora de la libertad, cesó el mo- 
tín, terminó el soborno de los militares y se hizo 
más intenso el programa impreciso, la ^'incorrup- 
tibilidad", la "integridad". Amplióse más y más 
el abuso de la difamación; y con estos métodos, 
garantizados en su éxito por la ley corruptora del 
voto secreto, y desmonetizados los adversarios, 
llega el momento de la acción de los equidis- 
tantes. 

Este tipo de ciudadano indeciso, el pesimista 
que no cree en nada, el decepcionado y el irre- 



62 LUIS REYNA ALMANDOS 

soluto, hízose heraldo de la causa. Tras ellos apa- 
recen los que viven envidiando, alimentándose 
de su propio rencor, criticando a los preeminen- 
tes pero sin ofrecerá nadie, en cambio, ninguna 
idea útil y práctica, generosa ni noble. La infe- 
cundidad de su envidia, de su odio y de su inca- 
pacidad agregó un factor más de disolución a la 
secta política promisoria, que necesitada de triun- 
fo y de mando aceptaba a cuanto incapaz y mal- 
habido se le adhería. 

Ciudadanos que permanecían alejados de 
toda opinión política, negando capacidad o 
cargando la medida de las injurias contra 
las autoridades del "régimen" pero sacán- 
doles provecho, y al mismo tiempo manteniéndose 
apartados de la nueva secta; se pliegan a esta 
última cuando la ven invencible, y muchos de 
ellos desalojan a los más meritorios. Obtenidas 
las posiciones, son los que medran y dañan, los 
que deshonran sus empleos y deprimen el ca- 
rácter de la ciudadanía. El pesimista de ayer se 
hace creyente, el que negociaba con el ''régimen" 
niega su tráfico y negocia con la "causa", el que 
envidiaba a los antiguos se apresta a envidiar 
a los recien llegados. 

Los irresolutos, timoratos e hipócritas que ja- 
más declaran opinión, suerte de incapaces que 
dificultan siempre la acción franca y decidida, 



LA DEMAGOGIA RADICAL 63 

convirtiéronse a la causa cuando la vieron po- 
derosa. Esos hombres que no saben habitual- 
mente elegir un camino, hallaron en las decan- 
tadas maravillas de los demagogos la senda del 
Eldorado, sin sospechar que al poco tiempo ha- 
brían de saber lo que vale el menosprecio y la 
ingratitud. 

Los negociantes de todo género que calcula- 
ban pérdidas durante el '^régimen" creyeron en 
conquistas óptimas, ignorando en su avaricia 
que las conquistas prometidas por demagogos 
son palabras que se lleva el viento, no el del 
olvido sino el de la tempestad, y que la tem- 
pestad para el que trafica es madre del nau- 
fragio. 

El aluvión de los equidistantes colmó los co- 
mités y las urnas del comicio, hizo el plebiscito, 
fomentó la demagogia y, sin quererlo tal vez, 
preparan ellos su propia ruina y la de la Repú- 
blica. Menos conscientes que los intelectuales 
de título coadyuvaron en la obra de disolución 
social a que se entregaron los diversos gobier- 
nos radicales, desde la Capital hasta Mendoza, 
desde Buenos Aires hasta Jujuy; y en la dis- 
tribución de Ja culpa tienen una parte apre- 
ciable. 

Intelectuales y utilitarios figuran en todas las 
épocas y en todos los partidos, pero en las cir- 



64 LUIS REYNA ALMANDOS 

cunstancias del momento cobran extraordinaria 
significación. Si el partido gobernante no estu- 
viera dirigido virtualmente por un ciudadano 
que tiene de sí mismo tan extraordinaria admi- 
ración y no se mostraran, aquellos, inclinados 
decididamente a rendirle los homenajes que le 
rinden, áerían un mero accidente; pero como fo- 
mentan el peligroso fanatismo, infiltrándolo en 
la masa heterogénea del pueblo y del populacho, 
unos y otros, por la sumisión que conceden y la 
supremacía que otorgan, caen bajo el anatema 
de traidores, pronunciado por la Constitución. 
Ya no se trata de un simple utilitarismo indi- 
vidual sino de una amenaza institucional, un 
cambio absoluto de gobierno que de republi- 
cano se hace monárquico, dictatorial o des- 
pótico. 

Ya no se trata de fortalecer el poder público 
sino de convertirlo en poder único, en mando 
omnímodo e incontrastable, en pugna abierta 
y rabiosa contra los derechos y las garantías 
de todos. Se trata lisa y llanamente de destruir 
a fuerza de fanática acometividad la construc- 
ción legal de nuestra nación, arrebatándole el 
carácter de estado orgánico para convertirlo en 
un feudo sin más ley que el capricho del dés- 
pota, ni más justicia que la arbitrariedad del 
dictador. 



La demagogia radical 65 

Intelectuales y exitistas, al favorecer las am- 
biciones personales de los que gobiernan, disgre- 
gan la federación, por un lado, y funden por 
otro las partes en un todo, preparando por aquel 
medio la guerra civil y por este la unidad de 
la tiranía. 

¡Todo esto se consumaba en nombre de la li- 
bertad y se cumple ahora en nombre del Pre- 
sidente de la República, que es para los secta- 
rios y los traidores toda la libertad, la nación, 
la patria; la conciencia, la virtud y la honra de 
los argentinos! 

El consentimiento de semejante atentado por 
el callar de la gran mayoría del país, que ve 
sin inmutarse la resurrección de la Mazorca en 
Mendoza, en Tucumán, en Corrientes, en Ca- 
tamarca y hasta en la propia ciudad de Buenos 
Aires; esa indiferencia mahometana de una me- 
trópoli colosal, rica, fastuosa, ilustrada y enno- 
blecida por su pasado, paréceme síntoma de un 
mal terrible difícil de curar. ¿Cómo es posible 
que mientras los ciudadanos y habitantes de las 
ciudades andinas son perseguidos y vejados por 
las policías y comités radicales, sin respetar sin 
la dignidad de las mujeres y la debilidad de los 
niños, la urbe poderosa permanezca indiferente? 
Mientras la prensa publica día a día los tele- 
gramas que anuncian los desmanes y crímenes 



66 LUIS REYNA ALMANDOS 

de aquellos, solamente hay expresiones aisladas 
de indignación, pues en ningún momento se 
han reunido los ciudadanos en ese plebiscito 
grandioso de la dignidad y del honor que ahora 
sólo concebimos los que odiamos la tiranía. 

Prontos estamos para celebrar sin verdadero 
entusiasmo el pretendido e impolítico día de la 
raza', nos echamos a la calle durante una semana 
para dar libre curso a la alegría del armisticio del 
II de Noviembre — y es esta una demostración 
de nobleza ingénita — pero aceptamos en silen- 
cio, casi en silencio, el atentado del 13 de No- 
viembre, las iniquidades del 12 de Enero, la 
barbarie de las provincias, la destrucción del 
federalismo, la humillación del Congreso, las 
afrentas contra las escuelas públicas, la parali- 
zación de las industrias, la persecución indivi- 
dual, el despojo del tesoro, la clandestinidad de 
los actos de gobierno, la procacidad de los 
desconocidos, en una palabra, la demagogia 
desenfrenada y el autoritarismo sobre la ley, 
sobre la libertad, sobre la patria! 

¡Pobre República que ayer celebraba con faus- 
to oriental su primer centenario de pueblo libre! 

Porque llegaron de lejanas tierras, como a la 
Roma de Cicerón, los esclavos del Asia, vemos 
cómo son acogidos en la urbe magna y ávida 
de placer los vicios refinados de una corrupción 



LA DEMAGOGIA RADICAL 6/ 

profunda. Libertinos y sibaritas vierten el ve- 
neno sutil de la indiferencia por todo lo que es 
noble y digno y paralizan en nuestros mento- 
res el brazo que advierte y la lengua que ense- 
ña. El veneno mata la conciencia del deber 
cumplido. Como por una arteria rota vuélcase 
la sangre que mueve los viriles corazones, e in- 
vade, en cambio, al cuerpo social la deletérea 
ponzoña que deprime la voluntad y turba la 
conciencia. Por eso vemos con angustia cómo 
enmudecen los magistrados ante la inocencia 
perseguida y cómo fallan sin dilación, absol- 
viendo, en procesos escandalosos. El ocio de 
los potentados y la molicie de los aristócratas, 
esclavos de sus pasiones y sus riquezas, consu- 
man la parálisis de la voluntad. 

Si alguna vez un pueblo corrompido se salvó 
del cataclismo y la disolución, todos los demás 
desaparecieron o fueron esclavizados. Desde Ba- 
bilonia y Nínive hasta Atenas y Roma; desde 
las ciudades de jaspe y oro de la India hasta 
las colonias griegas del África, todas se hun- 
dieron para siempre cuando llegó hasta ellas el 
terrible halago del vicio, precursor de la muerte. 

Es la historia que manda, el pasado que se pre- 
senta siempre en el camino de los pueblos nue- 
vos, y que se salvan si advierten la señal o que 
perecen si la menosprecian. 



CAPITULO V. 
Los candidos 



Polonio.— ¿Qué es lo que te ha dicho, 
Ofelia? 

Ofelia.— Autorizó cuanto me decía con 
los más sagrados juramentos. 

Polonio.— Redes son esas para conse- 
guir codornices. 

Hamlet: Acto I, Escena IX. 



El núcleo de los incautos fué enorme: ellos 
creían de buena fe en la verdad de la mentira, 
es decir, en que la grita de los violentos ence- 
rraba el verbo de la democracia verdadera y las 
inspiraciones de nítidas virtudes. Así como cre- 
yeron en esto, consideraron que lo existente era 
una suma de errores dignos de fulminante con- 
denación. Perdiendo el sentido de las palabras, 
confundieron al demagogo con el demócrata, al 
f^lso con el veraz; tornaron las cosas al revés, 



70 LUIS REYNA ALMANDOS 

desconocieron la historia, los que la conocían — 
que eran pocos — y dieron paso a los audaces. 

El pueblo fué engañado, empujado a consumar 
su propio suicidio, porque prestó fácil oído a la 
falacia de los que se decían sus* protectores 
cuando en realidad no eran sino sus explota- 
dores. En esos días Coriolano habría sido la- 
pidado, porque entonces prevalecían Junio Bruto 
y Sicinio Veluto, y se perfilaban ya las figuras 
de los ciudadanos que tenían por tribunos a 
aquellos dos plebeyos. 

Crecía en el alma inconstante del pueblo el 
desprecio por los hombres que gobernaban, atri- 
buyéndoles todos los males, reales o imagina- 
rios, contra los cuales clamaban los comités 
ante el estudiado silencio de su jefe. Este, in- 
citando al pueblo a despreciar a los ciudada- 
nos ilustres del pasado y del presente, exhi- 
biéndose él como "probidad nítida" y sapiencia 
única, al par que destruía el prestigio de la 
historia por la disminución del mérito, se im- 
ponía por su falsa grandeza moral e intelectual. 
El pueblo hace león de un ratón cuando faltan 
leones. Tartarín es un prodigio en el país de los 
candorosos. 

Los ciudadanos de buena fe, desde la san- 
ción de la ley del voto secreto, hicieron en 
menos de dos años lo que en treinta no ha- 



LA DEMAGOGIA RADICAL Jl 

bían podido realizar los conspiradores que mo- 
lestaron al país con sus violencias. Semejantes 
espíritus, generalmente tímidos e irresolutos, se 
decidieron sin convenios expresos a favorecer 
la política del "hombre silencioso" que empe- 
zaba a alzarse y a agitarse desde el día en 
que el Congreso dictó aquella ley, llamada de 
libertad electoral, y que en resumen no ha sido 
sino un medio de entregar el país a la anar- 
quía y a la corrupción. 

Desde el momento en que rigió e inicióse con 
ella el gobierno popular de Santa Fe, vióse 
que entraba en el palacio la medianía intole- 
rante por un efecto lógico e inevitable del cam- 
bio de la forma del voto: el "pueblo" tenía liber- 
tad, y comenzaba a hacer lo que podía hacer: 
corromper y destruir, porque era empujado por 
la mano de un falso credo. 

Los resultados de la iniciación gubernativa de 
los antiguos conspiradores fué el de toda cons- 
piración contra los gobiernos estables: una nueva 
conjuración contra el orden, la ley y la riqueza 
pública. A pesar de ello, la masa popular revo- 
lucionaria, descontenta, cuya composición he tra- 
tado de examinar hasta este momento, en vez de 
disgustarse de haber investido de poderes de 
gobierno a sus demagogos, en vista del desastre 
que causaban^ se sintió impulsada a mayores con-» 



72 LUIS REYNA ALMANDOS 

quistas, no contentándose ya con el dominio de 
una parte, porque desde entonces lo quiso todo. 
Gran número de los creyentes de buena fe no per- 
cibieron desde entonces la línea de separación 
del bien y del mal, sea porque el principio de 
la ''reparación institucional" sonara a precepto, 
sea porque se despertaron los apetitos con el pri- 
mer banquete, o también, y es lo más cierto, 
porque se sintieron dominados por la vaguedad 
mística de los "postulados" radicales, reproduc- 
ción auténtica de los mismos que sedujeron en 
otra época al pueblo anarquizado sometido a la 
formidable pujanza de Rosas, hecho Dios por 
ignorancia y amo por cobardía. 

La influencia del simulado misticismo del dic- 
tador del partido, hecho fe sincera en la masa 
de los ingenuos, y convertida después en fana- 
tismo; la influencia de la prédica sibilina y de 
la grita contra el ''régimen", es una de las cau- 
sas de la fácil conquista de la demagogia ac- 
tual sobre los gobiernos caliñcados de usurpa- 
dores. 

Es cierto que desde hacía años el país, en su 
organismo gubernativo, perdía en calidades y 
que el partido que lo manejaba se había anar- 
quizado. Esto daba pie al descontento y visos 
de verdad a los principios regeneradores. Pero 
^s un hecho bien probado en la historia que, 



LA DEMAGOGIA RADICAL 73 

en momentos especiales, una idea que se vul- 
gariza y se agita con persistencia como una 
arma incansable, hace al fin su obra sin que 
haya reflexión capaz de contenerla. 

En nuestro país ha ocurrido ahora el fenó- 
meno de la palabra mística, preñada de sono- 
ridad y de fingida unción. Pero no es el fenó- 
meno que dio en tierra con la nobleza de Fran- 
cia, ni es el jacobinismo con sus principios de 
igualdad y de soberanía popular, que cambia- 
ron en días el modo de sentir del pueblo fran- 
cés; porque si es cierto que aquí, como allá en- 
tonces, se echó al viento caldeado del descon- 
tento la especie de que el pueblo gemía bajo 
el peso de iniquidades y de abusos, el hecho 
positivo es que en la Francia de entonces la 
obra fué colectiva y científica y que aquí sólo 
ha sido personalísima, no colectiva ni científica. 
Allá la revolución fué un resultado de una ela- 
boración intelectual que hace crisis; aquí, en cam- 
bio, lo fué de influencias personales. 

Aunque el jacobismo y el radicalismo, tal 
cual se perfila como expresión de anhelos po- 
pulares, tienen parecido, distínguense uno de 
otro en que aquel tuvo trascendencia, mientras 
que este no la tiene, en el sentido de cambio 
favorable en la organización del estado, porque 
ni U dictadura ni su§ admiradores han cam- 



74 LUIS REYNA ALMANDOS 

biado esas bases: todo lo que han conseguido 
y conseguirán es conmover y destrozar, arrojar 
por algún tiempo al populacho y a los grupos 
distinguidos pero amorales sobre los hombres 
superiores. Eso y nada más es el actual sis- 
tema de gobierno, no una regeneración sino un 
alzamiento del bajo fondo, a lo que contribu- 
yen los grupos que se caracterizan, todos, por 
fallas morales claramente definidas. 

El radicalismo, reencarnación del espíritu gau- 
cho, tiene, como el jacobismo, la pasión des- 
tructora, esa pasión que se mueve por odio, en- 
vidia y menosprecio a todo lo permanente y ge- 
neroso; en resumen, un modo de ser antisocial. 

Una de las falanges más eficaces de la de- 
magogia radical fué constituida por jóvenes y 
estudiantes: sus generosos impulsos, sus ideas 
ingénitamente encaminadas hacia todo lo nuevo 
y lo elevado, aparte del prurito de contrariar 
las reglas de toda disciplina, aportaron a las 
filas turbulentas de la causa una pléyade innu- 
merable de ciudadanos inexpertos, seducidos por 
palabras vibrantes. Universidades y colegios 
del país, en mayoría, eran entusiastas de la 
**causa de la reparación institucional" y pocos 
eran los ciudadanos en edad electoral que no 
desearan sustituir la claudicante vejez de los 
"usurpadores" — como decían — por la §angre 



IlA DEMAGOGIA RADICAL 75 

"nueva" de los héroes del motín y la revuelta, 
y mirados por ellos como paladines de una gesta 
gloriosa. 

Llevaban en la imaginación un altar, sobre él 
un ídolo y en los labios un credo: no sospechaban 
que aquel sería la piedradel sacrificio de la ley y 
el ídolo el sacerdote sacrificador. 

Han contribuido sin sospecharlo a entregar 
la patria en manos de utilitarios y faná- 
ticos y fortalecido por engaño la mano de 
hierro del autoritarismo. Odiando a Aldao per- 
miten su reencarnación en Lencinas y en Bas- 
cary, tipos acabados de esos tiranuelos de pro- 
vincia cuyo recuerdo atroz perdura todavía. Por- 
que no hay diferencia entre las iniquidades del 
Fraile y los atentados de uno de aquellos más 
conspicuos ejemplares de nuestro radicalismo. 
Peor aún: nuestra época agrava la barbarie 
autocrática. El Fraile monstruoso no tenía ante sí 
nada que lo detuviera. Levantar el brazo y cla- 
var el puñal era casi costumbre; ahora semejante 
signo es emblema de crimen. 

La ley dispone que el que mata va a pre- 
sidio; pero ahora el que asesina ejerce altas 
magistraturas. Es la inversión, de valores, la 
absoluta subversión de las ideas, a la cual 
coadyuvaron los jóvenes de mi país. No tie- 
nen culpa, como no la tuyo el glorioso defen- 



76 LUIS REYNA ALMANDOS 

sor de Sexto Roscio— Cicerón, — que habiendo 
cooperado a la grandeza de Syla, clama después 
ante el pueblo romano: **Los que me conocen — 
decía — saben que desde mi modesta posición 
deseé la concordia de los partidos, y ante la re- 
conciliación imposible estuve del lado de los ven- 
cedores. Pero si la aristocracia ha reconquistado 
por las armas sus derechos para soportar la domi- 
nación de un vil liberto, si se da a los esclavos de 
los nobles los medios de apoderarse, cuando les 
plazca, de nuestras vidas y nuestras fortunas, 
confieso que me equivoqué cuando hice votos por 
el triunfo de su causa y unf mis sentimientos a 
los'de ella. Las primeras proscripciones castiga- 
ron a los que habían tomado las armas; el Se- 
nado no las autorizó porque no quizo sancionar 
públicamente esos actos de rigor, y ahora, si vos- 
otros no condenáis esta nueva proscripción que 
amenaza a todos, veréis los males que abrumarán 
a la República. ¡Jueces, poned término a las 
crueldades y no permitáis que ellas reinen por 
más tiempo en el seno de nuestra patria!" 

Estas palabras, que hicieron la gloria de Cice- 
rón, no salvaron, sin embargo, a la República, 
porque esta moría entre orgías y'crímenes. El tri- 
bunal que, impresionado por la elocuencia 'ava- 
salladora de aquel abogado veraz, absuelve al 
¡nocente Roscjo pero no condena a los asesinos 



LA DEMAGOGIA RADICAL TJ 

de SU padre, era el reflejo fiel del caos social de 
una sociedad destinada a desaparecer como de- 
mocracia para caer en poder de los emperadores. 

Ahora, entre nosotros, se repiten esos ejemplos. 
Los jóvenes universitarios que dieron, como Cice- 
rón, sus votos a los vencedores, pueden cercio- 
rarse de que fueron engañados por los que querían 
vencer y que vencieron. No tuvieron la fortuna de 
recibir de sus maestros, constantemente, lecciones 
de viril elocuencia, ejemplos tan eternos como los 
del defensor de Sexto, joven de veintisiete años, 
que se atreve en medio de sicarios y jueces cobar- 
des a levantar la voz contra la tiranía, al pie 
mismo del palacio y casi a las puertas de la pri- 
sión Mamertina. No tuvo miedo y fué por eso in- 
mortal. 

Yo espero que nuestra juventud se ennoblezca 
ahora diciendo la verdad y pidiendo justicia, 
no con palabra vacilante sino con la seguridad 
del convencido. 



CAPITULO VI. 
La plebe radical 



¿Conocéis bien la mano que os castiga? 
VÍCTOR Hugo: Hernani. 

Pero la semilla del mal es más fecunda que 
la del bien y halla campo propicio en la capa 
inferior de la sociedad. Allí donde llega fatigo- 
samente la luz del sol, viven y se reproducen los 
gérmenes de la sombra, que al aparecer a la su- 
perficie se esparcen como el hálito deletéreo de 
los pantanos. 

Busquemos en el campo de la literatura dramá- 
tica al maestro que nos describe la naturaleza de 
la plebe de todos los pueblos y todos los tiempos; 
su lección es eterna porque es exacta, y demuestra 
rotundamente que la sociedad humana se ha divi- 
dido, se divide y se dividirá en dos clases defini- 
das e inconfundibles: el populacho y el pueblo 



8o LUIS REVlíA AL MANDOS 

en las repúblicas, el plebeyo y el noble en las mo- 
narquías, el brahmán y el sudra en la India, el se 
ñor y el siervo en la Edad Media; el bárbaro y el 
civilizado en todas partes, y siempre. 

Asistiremos, pues, a las escenas de Coriolano, 
en cuya acción Plutarco es a Shakespeare lo 
que Virgilio al Dante en su excursión por el 
campo del arte. 

El poeta del corazón humano nos ofrece dos 
retratos de funcionarios plebeyos, en oposi- 
ción al del patricio orgulloso: Sicinio Veluto y 
Junio Bruto, de un lado; Cayo Marcio, del otro. 
Allí el tribunado, aquí el patriciado. Ningún 
claroscuro más perfecto, ni tampoco más útil 
para nuestro fin. 



* * 



Es en la época de la democracia antigua, en- 
tonces, como ahora, exigente y desconfiada — se- 
gún la frase de Boissier; — es en los tiempos de 
aquel Catón que 'Veunía sin cesar a los electores 
para referirles detalladamente lo que había hecho, 
decirles su opinión con el lenguaje truhanesco que 
tanto agrada a la multitud, llamando libertinos y 
bribones a los adversarios, mientras por su parte 
no agotaba los elogios acerca de su sobriedad y 
su desinterés". 



LA DEMAGOGIA RADICAL 8l 

"Pocas cosas podéis hacer solos" — dice a aque- 
llos personajes (Sicinio y Junio), Menenio Agripa, 
amigo de Coriolano. — "Siempre necesitáis ser 
numerosos, pues sin esto son insignificantes vues- 
tros actos. Vuestras habilidades son torpes y no 
pueden manejarse por sí mismas. Si pudierais mi- 
rar la alforja que lleváis a la espalda y examinar 
vuestro interior, descubriríais un par de magis- 
trados orgullosos, violentos y atrabiliarios, un par 
de tontos como jamás se han visto en Roma". 

"No puedo decir que vuestras excelencias han 
hablado con sensatez si encuentro el espíritu de 
un asno en la mayor parte de vuestras palabras; 
y aunque, mal de mi grado, tenga que sufrir las 
impertinencias de los que dicen que sois cuerdos 
y sesudos, no mienten por eso con menos descaro 
los que suponen que tenéis buena cara. 

"No me conocéis a mí, ni os conocéis a vos- 
otros, ni a nada de lo que se encierra bajo la capa 
del cielo. No hacéis otra cosa que mendigar saludos 
y cortesías- Perdéis toda una mañana oyendo una 
cuestión de poca monta y aplazáis para una 
próxima audiencia el fallo de una controversia de 
tres óbolos. 

"Cuando mejor habláis todo lo que decís 
no vale un pelo de vuestra barba, y eso que 
vuestra barba no merece el honor de rellenar el 
cojín de un remendón ni la albarda de un asno. 



82 LUIS REYNA ALMANDOS 

Sin embargo, tenéis la desvergüenza de decir que 
Marcio es orgulloso, siendo así que, estimado él en 
su más bajo precio, vale por sí solo lo que todos 
vuestros predecesores a contar desde Deucalión. 
Muchos de ellos — que probablemente serán los 
mejores — fueron sucesivamente verdugos de padre 
a hijo. ¡Buenas noches a vuestras señorías! ¡Pas- 
tores del rebaño de plebeyos, una conversación 
más larga con vosotros apestaría mi cerebro! ..." 

Las palabras lapidarias que el poeta pone en 
boca del anciano Agripa, menos orgulloso que 
Marcio, más conciliador y justo, pudieran ser to- 
madas como expresión de ese menosprecio que 
universalmente sienten los hombres de , espíritu 
cultivado por los Sicinio del mundo entero; mas 
quien observe la realidad y aparte de la verdad 
la exageración apasionada; quien se detenga 
cuidadosamente a estudiar la materia de su ob- 
servación, convendrá necesariamente que la na- 
turaleza del inculto no ha cambiado en un ápice 
desde los tiempos más remotos: es hoy lo que 
fué entonces. 

Tampoco han cambiado los Sicinio de anta- 
ño, ni los Agripa, ni los Marcio; la ignorancia 
y la baja humildad, el orgullo y la hosca al- 
tivez. Entre estos enemigos irreconciliables, en- 
tre estas manos que se arañan y se retuercen 
en eterna pelea, la Justicia, pugnando por triun- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 83 

far, luchando por la conciliación y la distri- 
bución equitativa, siente su carne lacerada, des- 
pedazada su túnica, pero nunca mortalmente 
herida. 

"Siempre necesitáis ser numerosos, pues sin 
esto son insignificantes vuestros actos". 

He aquí, para comenzar, la primera exactitud. 
Un hombre solo del populacho vale menos que una 
brizna de paja, menos "que un pelo de su barba"- 
Un hombre solo dotado de condiciones superiores, 
basta, en cambio, para transformar los campos de 
la humana actividad. Hasta en el vicio es gran- 
de. Así, por ejemplo, el orgullo del plebeyo es 
maligna insolencia; acaso el orgullo, que se basa 
en la altivez, aunque sea injusta, es inconcebible 
en el de condición humilde; en cambio, el que 
se muestra en el rostro del inteligente resplan- 
dece con soberano esplendor. Sarmiento era un 
orgulloso, un impetuoso; pero sus ñeros impul- 
sos eran más fecundos que las aguas del Nilo, 
que hicieron la civilización egipcia: del Nilo 
surgieron las Pirámides inmortales; del torrente 
del altivo genio de Sarmiento se hizo el evan- 
gelio de la libertad argentina con los anatemas 
del Facundo. La altivez del plebeyo es una ame- 
naza, un ademán provocador que repugna o da 
miedo, cuando no produce la carcajada; el or- 
gullo del sabio suspende el ánimo, pero jamás 



^4 LUIS REYNA ALMANDOS 

da risa. Las montañas son el orgullo de la tie- 
rra y quien se riera de ellas será un demente. 

El hombre de arrabal no significa ningún va- 
lor cuando está solo: por eso hay hombres más 
instruidos que los congregan y los halagan. En 
sus comités, sin embargo, no se fabrica la ver- 
dad, ni se amasa el pan de la justicia: ellos 
son el cubil de la demagogia, engendro del 
desorden y la anarquía. 

El populacho en comité es para los gobiernos 
opresores la abundante proveeduría de los ele- 
mentos de que estos se valen para oprimir la 
libertad. Para poder llegar al gobierno los pa- 
triotas fingidos se dedican a halagar al bajo 
electorado hasta convertirlo en base momentá- 
neamente inconmovible de seguro triunfo, y este 
conseguido, y adueñados aquellos de las fuer- 
zas armadas regulares, sumisas por disciplina 
cuando no por convicción, reclutan entre la gen- 
te más inferior aquellos individuos cuya con- 
ducta normal es vivir de mala manera, ya de- 
linquiendo, ya cometiendo acciones inmorales 
de todo género. Este reclutamiento de la peor 
estofa social es tanto más activo cuanto más 
viva es la oposición de la masa consciente del 
pueblo, porque creciendo correlativamente el 
miedo en los opresores, se hacen más y más 
agresivos. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 8$ 

Los gobiernos impopulares se alejan del pue- 
blo y se apoyan en la plebe. No es fácil obtener 
de aquél elementos dispuestos a la arbitrariedad; 
lo es, por el contrario, obtenerlos de aquélla. 

El pueblo está animado normalmente de sen- 
timientos conservadores; el populacho, en cam- 
bio, se presta a servir a los déspotas, tanto más 
si se inclinan a extremas violencias. 

En la iniciación de todo despotismo apare- 
cen los corifeos del tirano en los cuerpos del 
ejército, en los puestos de policía, en la barra 
de las legislaturas, en las asambleas políticas, 
en las manifestaciones callejeras. Son colecti- 
vidades regimentadas para la vociferación y la 
agresión. No actúan por espontánea voluntad 
sino de orden superior. Interrumpen a gritos la 
palabra de los oradores desafectos al poder fuer- 
te, tienen contra cada razón un ¡viva! estentóreo, 
contra cada argumento un dicterio. 

Esto no es el pueblo, repitámoslo; esto es la 
fuerza del gobierno impopular. Si del pueblo 
surge, da contra el pueblo. Este se compone de 
trabajadores, en el amplísimo sentido de la pa- 
labra; y de holgazanes, viciosos y delincuentes. 
De ilustrados, industriales y comerciantes no 
salen los sicarios: por eso el gobierno impopular, 
lanzado a la tiranía, trata de apartarlos e in- 
timidarlos; en cambio, busca y halla entre los 



86 LUIS REYNA ALMANDOS 

Otros SUS brazos, el Sejano d^ Tiberio, el Peren- 
nis y el Cleandro de Cómodo, secretarios del 
crimen. 

Hemos de cuidar mucho de hacer aquella dis- 
tinción fundamental: el pueblo y el populacho, 
el todo y la parte. En el caso político actual 
una porción de pueblo hizo el triunfo de 1916; 
ahora de esa porción sólo aparece la parte más 
inferior; la facción criminal, la policía brava, la 
Mazorca: es la que a los gritos de ¡Viva el Presi- 
dente Irigoyen! llama traidor al Diputado radical 
Caracoche (Noviembre de 1919) porque tiene la 
valentía de arrostrar el temible resentimiento 
presidencial al poner en evidencia las transgre- 
siones y arbitrariedades del Poder Ejecutivo; es 
la que vocifera contra el diputado Sánchez So- 
rondo cuando pide el juicio político contra el 
Presidente en la sesión del 7 de Noviembre del 
año citado; la que espera a las puertas del Con- 
greso al Diputado Moreno para insultarlo y ame- 
nazarlo de muerte por el delito de querer ser 
libre en una patria libre. Es la misma turba 
anónima que apostada bajo los balcones protec- 
tores de *'La Época", diario presidencial, atenta 
el 13 de Noviembre de 1918 contra la vida de 
ciudadanos regocijados, impide hoy y mañana 
las reuniones públicas a gritos y amenazas, al- 
tera en todas partes el orden, en Mendoza apa- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 87 

lea periodistas, afrenta mujeres y castiga a los 
niños; en Catamarca es elemento electoral del 
Presidente y "suprime" a caudillos opositores, 
multa y provoca a los paisanos, viola domicilios, 
persigue, daña y atemoriza; en Tucumán sirve 
de brazo al gobierno dictatorial ... en una pa- 
labra, reencarna el alma díscola, fanática y ase- 
sina de las policías mazorqueras de 1840. 

El pueblo de 1916 tiene ya claramente defi- 
nida la parte de populacho encargado de las 
proscripciones. Ese pueblo, cuando, en su deli- 
rio del 12 de Octubre, arrastró, con el consenti- 
miento del Presidente, el coche de la victoria, des- 
cendiendo de su condición de hombres para 
servir de algo menos que de esclavos, no sabía 
que desde ese instante comenzaba la expiación 
de su extravío: había hecho de un hombre un 
ídolo y puesto en manos de su multitud más 
oscura las armas de los asesinos. 

Intelectuales, exitistas, candidos y equidistan- 
tes labraban entonces la piedra del sacrificio. 
Los laureles que puso en la sien del victorioso 
bien pronto serían dogal de la justicia. El ''ple- 
biscito" de aquel día vendría necesariamente a 
dar en lo que fatalmente concluyen las agita- 
ciones demagógicas. Ahora ya no manda el pue- 
blo, ahora es la plebe pobre y cruel la que aparece 
imponiéndole la ley de su natural condición. 



LUIS REYNA ALMANDOS 



* 



Puesto el ejercicio del gobierno, que es di- 
rección, en manos de quienes no conocen la ley 
ni conciben la justicia y el honor, el desquicio 
de las instituciones se produce inmediatamente, 
tal cual el desorden en el hogar cuando por 
condescendencia del padre, por debilidad, en- 
gaño o violencia, es admitido en aquél un ca- 
nalla, un vicioso o un degenerado cualquiera. 
Como que la patria entera es el hogar de todos; 
como que el honor para que exista en la patria 
debe conservarse o reconcentrarse en el cora- 
zón de sus mandatarios. 

Cuando un gobernante no ha nacido ni se 
ha criado al calor de la llama del honor fami- 
liar y ha acostumbrado sus ojos a ver la in- 
moralidad bajo su techo, dispuesto está a co- 
rromper la sociedad que por sufragio universal 
se le ha confiado, a afrentarla un día y otro 
día, a marcarla con el estigma de su propio 
desdoro. 

''Vivo en casa de piedra — dice el ex Presi- 
dente Pellegrini en su célebre carta del 2 de 
Setiembre de 1894 al doctor Alem — y allí he 
formado un hogar, conocido, respetado y ho- 
nesto. Es este requisito indispensable para man- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 89 

tener una posición social que corresponda a la po- 
sición política^'. 

El olvido de esta máxima de moral familiar 
abre las puertas de los hogares a la disolución 
y deja pasar por los arcos de los palacios del 
gobierno a verdaderos malvados entre las pal- 
mas de mil y mil hipócritas encargados de mez- 
clar las calidades, bastardeando las buenas y 
dando carta de indemnidad a las malas. El hom- 
bre deshonesto asciende por la complacencia de 
los demás, sube, se encarama, se envalentona, 
porque sabe que empezando por ser tolerado 
sigue por ser admitido y termina siendo el do- 
minador. 

El rebaño popular, dirigido por semejantes 
pastores, cuando dice ¡queremos! amenaza a to- 
dos con la cólera de sus instintos. El ¡queremos! 
de la plebe fué en Francia el exceso de la re- 
volución, la mancha de la bandera de su igual- 
dad y de su fraternidad. El pueblo quiso y or- 
ganizó el delito legal, la guillotina incansable, 
alimentada durante tres años por los acusado- 
res del Tribunal Revolucionario, por los delatores 
de los comités, por los amotinados, por los con- 
vencionales, por los pasquines, por los traidores, 
por los carniceros, ¡y hasta por la Universidad! 

También en la Universidad flota el espíritu 
del abismo, porque el instinto no se aparta nunca 



90 LUIS REYNA ALMANDÜS 

de la vida, y en ciertas épocas es rey de re- 
yes. Sigue constantemente a la razón y cla- 
va en los hijares de la reflexión sus espue- 
las de acero. El alma tenebrosa del suburbio se 
apodera de siglo en siglo del cuerpo del arte y 
de la ciencia, como el limo del río invade las 
orillas frondosas, y lo que fué jardín es luego 
pantano. Sabemos lo que es el templo donde 
habla un sacerdote grosero, y lo que es un par- 
lamento donde se sienta un representante au- 
téntico del pueblo bajo. Casi siempre, en este, 
cuando ese representante habla, se extremece 
el buen sentido y su impertinente ¡querernos! es 
una imposición de lo arbitrario sobre lo regular. 
" ¡Queremos! " — clama Coriolano — . '' I Habéis 
oído su despótico ¡queremos!}^' "¡Oh, patricios 
virtuosos, pero imprevisores ! ¡ Oh graves, pero 
imprudentes senadores, que habéis permitido a 
la hidra popular elegirse un magistrado, que, 
órgano de los cien baladros del monstruo, se 
atreve a deciros imperiosamente ¡queremos!^ de- 
clarando con insolencia que torcerá el curso de 
vuestra autoridad, sustituyendo su corriente a 
la vuestra ! Si tal poder tiene ese monstruo, do- 
blegad en su presencia la cerviz de vuestra 
ignorancia; pero si no lo tiene, despertad y abju- 
rad vuestra fatal indulgencia. Si sois hombres 
ilustrados no obréis a guisa de insensatos. Si 



LA DEMAGOGIA RADICAL 91 

no lo sois, dejad que los plebeyos se sienten a 
vuestro lado. Vosotros sois plebeyos si ellos son 
senadores, y lo son desde el momento en que, 
mezclando su voto con el vuestro, es el suyo el 
que prevalece. Ellos se procuran magistrados 
de la clase del que acaba de pronunciar ese 
¡queremos! lanzando al rostro de un Senado más 
augusto que los que pudo ver Grecia. ¡ Por Jú- 
piter, que hay en eso algo que envilece vues- 
tros consejos ! Me da inmensa pena ver frente 
a frente dos autoridades rivales, sin que nin- 
guna predomine. Temo que la anarquía va a 
surgir, y que una de las dos acabará con la 
otra". 

Este clamoroso discurso se pronunciaba ante 
el pueblo hace dos mil quinientos años, y hoy 
se repite, porque la vida social es ahora la 
misma, en su esencia, que hace veinticinco si- 
glos. La educación no ha perfeccionado todas 
las partes del inmenso cuerpo: la insolencia del 
mayor número pone a menudo miedo en el alma 
del Senado. El patricio romano, en su irreduc- 
tible altivez y su justo aunque acalorado razo- 
namiento, reprocha a los venerables ancianos 
"haber rebajado la dignidad de sus sitiales" y 
les advierte que ''ese populacho que califica de 
miedo la paternal solicitud de los senadores, 
acabará un día por forzar las puertas de sus 



92 LUIS REYNA ALMANDOS 

deliberaciones y sus consejos. *Xos cuervos ven- 
drán a perseguir a las águilas". 

Sigamos oyendo su arenga. 

**Más diré aún. Tomo por testigos de la ver- 
dad de las palabras que, en conclusión, voy a 
decir, a todas las potestades divinas y huma- 
nas. En un organismo político en que el poder 
está dividido en dos fracciones — de las cuales 
una puede con razón desdeñar a la otra, la 
cual, a su vez, pero sin razón, insulta a la pri- 
mera; — en que la nobleza, el rango, el saber, 
no pueden resolver nada sin el st y el no de 
una muchedumbre ignorante, hay necesariamente 
un olvido completo de las necesidades reales, 
hay ligereza e instabilidad, y con semejantes 
trabas no puede hacerse nada provechoso". 

Después de este discurso debieron desenca- 
denarse y se desencadenaron contra el patricio 
los furores de las tribus. 

— *'¡Ha hablado como traidor!" — grita Si- 
cinio. 

— ** i Traición! ¡ Traición ! " — exclama Bruto. 
Este va en busca del pueblo; y el pueblo llega. 

Ante el pórtico del Capitolio los dos bandos 
disputan furiosamente, y se pide el suplicio pa- 
ra el que se ha atrevido a insultar la sobera- 
nía popular. ''¡A la Roca Tarpeya! ¡Muera, 
muera el traidor! ¡Apoderaos de él! ¡Abajo, 



LA DEMAGOGIA RADICAL 93 

abajo! ¡Estamos a punto de perder nuestras 
libertades!" 

Así gritan de un lado. — Y los sesudos senado- 
res, y el noble general, y el depuesto cónsul, per- 
dido el equilibrio en la contienda, se dan los unos 
al denuesto, los otros a la conciliación, aquellos 
al terror, estos a la ira. — "¡Vete, podredumbre, 
si no quieres que haga volar tus fueros bajo tus 
vestiduras! . . . ¡Tribunos del pueblo! . . . ¡Coriola- 
no! . . . ¡Conteneos! . . . ¡Hablad, Sicinio! "... *'¡Por 
este camino la ciudad se hundirá en la anarquía 
y desaparecerá el orden bajo un montón de es- 
combros!" 

Y luego, vencedores los ciudadanos de la plebe, 
arrebatan a Marcio el Consulado que ese mismo 
día le habían conferido por haber dado su san- 
gre por la patria, y le arrojan al destierro. 

Ahora, aquí, el gobierno popular, organizado, 
como entonces, por el sí de los ignorantes, cate- 
quizados por sus explotadores, persiguen a los tipos 
consulares del Congreso, (^) mientras abren las 
puertas de los presidios a los homicidas y los 
defraudadores. Tenemos también nuestra Roca 
Tarpeya en la acusación de los fiscales contra 



(U Consúltese, para comprobación, el Diario de Sesiones de la 
Cámara de Diputados de la Nación correspondiente a Noviembre 
de 1919, o las crónicas de la prensa de ese mes . 



94 LUIS REYNA ALMANDOS 

los que defienden la ciudad; la tendremos siem- 
pre mientras "el rango y el saber no puedan re- 
solver nada sin el sí y el 710 de la muchedumbre". 

El levantamiento que dio causa al destierro del- 
legendario general romano fué el repartimiento 
del trigo traído de Sicilia por orden del Senado 
para aliviar la carestía. El pueblo pagó con ingra- 
titud la condescendencia de los Senadores. Esta 
fué calificada de miedo, y en tal suposición creció 
el coraje de las tribus hasta el extremo de la re- 
vuelta. 

Tal ejemplo se aplica a todas las revoluciones. 

Lo que nosotros sufrimos ahora, sin que has- 
ta este momento se haya batallado con hierro 
y con fuego, tiene un origen;parecido. En efecto, 
durante largo período nuestros grandes varones 
trataron de repartir en todo el país el trigo de 
la cultura. Pero el anciano Sicinio, que no podía 
ser Cónsul porque no tenía ni rango ni saber, 
quería serlo, sin embargo, y para conseguir tan 
elevada posición hizo decir por otros que todo 
cuanto habían hecho los argentinos desde Mi- 
tre hasta que Sáenz Peña asumió el mando, 
era un engaño y un abuso. Ese pertenece a la 
clase de ''los que han adulado al pueblo despre- 
ciándolo y de los muy amados por el pueblo sin 
saber porqué"; un caso harto conocido, y que los 
ilustrados que lo conocían cuidaron de ocultar ba- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 95 

jo la capa del disimulo y de engrandecerlo me- 
diante la lente de la adulación para medrar ellos 
aun a costa de la felicidad de la patpia. 

La dádiva de trigo traída de Sicilia para el 
pueblo es en nuestro caso la labor de setenta años, 
desconocida por la conspiración de los rencorosos 
y los audaces. La república democrática de los 
constituyentes del 53 y del 60 era la ofrenda del 
saber y del rango al pueblo entero, al rico y al po- 
bre, al grande y al pequeño, al altivo y al humil- 
de; era la escuela y el teatro, el camino y la casa, 
la máquina y la nave; era la civilización bajo la 
custodia de los magistrados de la ley. ¡Y contra 
esa magna labor de artistas y de sabios, la ra- 
biosa legión de pigmeos, azuzados por quien 
nunca pudo igualarlos en altura, reproduce la 
escena pasada hace veinticinco siglos ante los 
pórticos del Capitolio! 

Tal es la demagogia, engendro de la tiranía. 
Mientras se mantiene la democracia, o sea, el pre- 
dominio del ilustrado, la república existe, porque la 
distribución del bien y del mal es más equitativa 
en la sociedad que no quiere monarcas ni dictado- 
res; pero cuanto se atreven los hombresMel subur- 
bio a decir ¡queremos! y consiguen lo que quieren, 
entonces la república desaparece, porque la dis- 
tribución de las cosas, en lugar de obedecer a la 
equidad y a la ley, se cumple con tremenda des- 



96 LUIS REYNA ALMANDOS 

igualdad. Desde ese instante la sedición abate 
inevitablemente el orden social, y se amasa con el 
barro del suburbio esa suerte de gobierno que 
hunde en el escándalo a los pueblos mejor orga- 
nizados. 

Tal es el radicalismo que en tres años de 
gobierno niega la dádiva del talento, injuria 
nuestra historia, y, destrozándose contra su pro- 
pia intolerancia, dividiéndose en banderías y 
facciones, permite que de él salga el irigoye- 
nismo fanático y amenazante. 



CAPITULO VIL 
Los ''reg^eneradores" de la República 



¿Quién ha de ser, respondió el 
barbero, sino el famoso don Quijo- 
te de la Mancha, desfacedor de agra- 
vios, enderezador de tuertos, el am- 
paro de las doncellas, el asombro 
de los gigantes y el vencedor de las 
batallas?— Eso me semeja, respon- 
dió el cabrero, a lo que se lee en 
los libros de los caballeros andan- 
tes. . . pues para mí tengo. . . que 
este gentilhombre debe de tener va- 
cíos los aposentos de la cabeza. 
Don Quijote: 1." Parte, Cap. Lll. 

El mando es el ejercicio del gobierno contra los 
hombres y las leyes; el gobierno es el ejercicio de 
la ley en beneficio de los hombres. 

La diferencia es extrema, y, sin embargo, el 
vulgo confunde mando con gobierno. El mando 
es el ¡queremos! de los tribunos de la plebe; el go- 
bierno es el ¡juzgamos! de los jueces; palabras 
absolutamente opuestas. 

La palabra ¡queremos! es la expresión de la ti- 



98 LUIS REYNA ALMANDOS 

ranía de la masa popular, y el ¡quiero! del cau- 
dillo o del gobernante lo es de la tiranía de uno 
solo. Después del ¡queremos! de la multitud viene 
el ¡quiero! del dictador: ambas son las sentencias 
de muerte de la libertad. 

La palabra gobierno significa siempre distri- 
bución de cargas y beneficios; para lo cual se re- 
quiere en el distribuidor un delicado sentido de 
equidad, un equilibrio espiritual perfecto, un ca- 
rácter capaz de no sentir el vértigo de las alturas, 
una voluntad que pueda ahogar el ¡quiero! auto- 
ritario cuando pugna por estallar. 

Nosotros, como tantos otros pueblos, hemos sido 
atormentados por el ¡yo mando! de los dictadores; 
pero también hemos sentido el bien de aquellos 
hombres que antes de ejercer autoridad tenían pre- 
sente el consejo de Trajano: "No te hagas dema- 
siado César". 

El hacerse o creerse demasiado César es el mal 
que detuvo la marcha de los argentinos hasta 1852 
y lo que ahora paraliza nuestro progreso, porque 
siembra discordia, crea rencores, produce cismas, 
organiza violencias, debilita los caracteres, aplas- 
ta y arruina. 

Desde 1916 caduca la ley para el bien y se for* 
talece para el mal; porque la dura ley se aplica 
para el sometimiento de los reprobos del dogma y 
se invierte para el fervor de los elegidos. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 99 

Por eso de un lado se perdona a los uxoricidas 
en Buenos Aires y de otro se encarcela a las maes- 
tras en Mendoza. ¡Las cárceles abiertas; las escue- 
las cerradas! Es lo que pasa hoy porque nuestros 
gobernantes han olvidado el consejo de Trajano; 
mejor dicho, no lo han conocido. 

No obstante esta realidad, abonada con hechos 
repetidos y públicos, los que mandan aparecen 
ante la patria como salvadores de la República, su- 
poniendo que esta debería morir sin su socorro. 

La República, ciertamente, sufría de uno de 
esos males profundos que se van mostrando len- 
tamente en síntomas muy vagos. Hay en ello una 
sutileza de mal, como hay sutileza en el veneno. 
Aquel mal se llama debilidad de carácter; mal 
que no puede curarse con palabras sibilinas, sino 
con la medicina de la justicia aplicada con prudente 
buen juicio: no hay otra, venga de Dios, venga del 
hombre. 

Pero la demagogia fué en nuestro caso, y en el 
nuestro como en todos, la gran medicina de las 
palabras, aplicada por profesionales de audacia 
tan grande como de probada ineptitud. 

Los demagogos vendrían a salvar la patria, y 
vinieron; están dentro de ella, y la patria va mu- 
riendo como república y debilitándose como 
tierra de labor. El enemigo que se presenta en 
calidad de salvador la ha tendido sobre la mesa 



100 LUIS REYNA ALMANDOS 

del hospital, del que desaparecen los médicos y 
donde algunos practicantes sin lectura la dise- 
can miembro a miembro con esa impía petulan- 
cia del suficiente que corta lo que el mal no 
ataca y descuida lo que el mal carcome. 

¡Con qué arrogancia, con qué desmedida va- 
nidad desempeñan su oficio aquellos titulados 
regeneradores de un pueblo cuya enfermedad se 
traduce en inercia, en pasividad y en indiferencia 
de sí mismo! 

En torno de la mesa operatoria del hospital 
donde agoniza la república gira una suerte de 
personajes cuyo examen es muy necesario, por- 
que corresponde conocerlos para evitarlos. 

Todos pertenecen al gobierno del mando, actúan 
en la administración y rigen los comités. Los ca- 
racteres examinados anteriormente les son comu- 
nes; veamos los demás. 



CAPITULO vm. 

Los comités 



¿Y qué? ¿Ha vuelto a aparecer aque- 
lla cosa esta noche? 



Hatnlet, Acto í, Escena I. 

Los comités son la concentración de la clase 
baja, no al solo efecto de votar sino con el fin 
de mantener contra todos la demagogia, la se- 
dición, el lucro, la revolución, bajo el amparo 
de los gobiernos. Con ellos se pretende perpe- 
tuar lo que se dio en llama plebiscito, es decir, 
la opinión total, algo así como la efectividad 
de la soberanía popular jacobina. 

En los comités más intelectuales, donde la di- 
rección debiera estar en manos de estos y don- 
de figuran abogados y médicos, la presidencia 
recae en personajes desconocidos de extracción y 
vida modestas, con la aceptación de aquellos: la 
Universidad, de suyo orguUosa, se despoja de 



102 . LUIS REYNA ALMANDOS 

SUS atributos rindiéndose a estos con culpable 
sumisión. 

Los comités acostumbran distinguirse por nom- 
bres de personas, en general segundas partes de 
la comedia política, cabecillas de motines, jefes 
de revoluciones, anteriores a la formación de la 
secta. El partido que se decía impersonal y prin- 
cipista no puede, sin embargo, sustraerse al per- 
sonalismo, porque careciendo de ideales supe- 
riores es fuerza llenar ese vacío con enseñas 
que llamen la atención. Y estas responde a la 
única idea, mejor dicho, al único instinto que lo 
anima: la violencia. Los nombres de amotinados 
que perdieron la vida en las asonadas y escánda- 
los sucesivos que el partido consumó de tiempo 
en tiempo, señalan los lugares donde celebran 
sus conjuraciojies y asambleas turbulentas. Hay 
nombres de politicastros anónimos, brazos de la 
indisciplina, y nombres de militares sobornados 
que pusieron la espada de la defensa de la na- 
ción al servicio de sediciosos. La exhibición de 
nombres ignorados es una seña clara del valor 
ideológico del partido y da la exacta medida de 
su valor: medianía, anónimo y admiración por 
todo lo insignificante. El desecho social, la escoria 
del magisterio y del ejército, la hez universita- 
ria sirven de arco al paso de los ignorados con 
pretensión de redentores, 



LA DEMAGOGIA RADICAL I03 



* 



Otro de los caracteres exteriores del comité es 
el uso, en ocasiones solemnes, de ciertos atri- 
butos de indumentaria, algo así como una divi- 
sa: la boina vasca. La elección de este adita- 
mento del traje es todo un símbolo; responde a 
una mentalidad obtusa, a la testarudez diaman- 
tina. La boina es un objeto desprovisto de es- 
tética: chata y redonda. Mientras el chambergo 
adorna la frente, la boina se adapta al testuz, 
no a la cabeza. No tiene alas, no priva del sol, 
ni da sombra. Es la degeneración del fez, que 
tampoco es estético. ¿Qué inspiración puso so- 
bre el cráneo radical semejante distintivo? No 
es fácil saberlo; pero fué una inspiración acer- 
tada, pues nada más equivalente que el cráneo 
del sectario y la redonda boina vascuence. Ba- 
jo esa boina no podrá sospecharse jamás una 
idea creadora sino una obstinación irreductible, 
un instinto, no un sentimiento. 



* 
* * 



Los comités constitutivos del partido en pro- 
vincias forma?! grupos separados por el hecho de 
responder 4 la federación, aunque obedientes í^ 



104 LUIS REYNA ALMANDOS 

la dirección central, esta más o menos influyen- 
te y poderosa para mantenerlos en orden. Esos 
grupos, sin deliberación alguna, en vez de de- 
nominarse, por ejemplo, radicales de Córdoba, 
de Buenos Aires, de Mendoza, se dan extraoficial- 
mente el nombre de radicales rojos y azules, radi- 
cales overos y hasta radicales negros. Estos son los 
de Tucumán y Jujuy. Podría creerse que en el 
país todos los de un color responden a la mis- 
ma tendencia, mas no es así: porque los azules 
de Córdoba no son los de Tucumán ni los rojos 
de la Capital son los rojos de Córdoba. 

La elección del color es inconsciente, porque 
los rojos en tal provincia responden a instintos 
agresivos, y en tal otra estos corresponden a 
los azules. 

El color como distintivo político, adoptado 
por las banderías, es no solamente índice de 
indigencia mental sino también de anarquía. Si 
buscáramos algún antecedente o ejemplo histó- 
rico sobre este aspecto ostensible de la secta, 
lo hallaríamos fácilmente en los anales rosistas; 
pero encontraremos en estos una superioridad 
evidente. En efecto, en aquellos tiempos el ro- 
sismo no tenía sino un color, el rojo, el co- 
lorado, y este equivalía a sentimientos de agre- 
sión y de odio contra el azul o el celeste de los 
unitarios, mientras que ahora el odio contra lo§ 



LA DEMAGOGIA RADICAL IO5 

antiguos, que no tienen distintivo cromático, 
tanto viene de los rojos y azules como de los 
overos y negros. 

Habría ahora dificultad en imponer una di- 
visa, pero en tal caso seguramente sería color 
de sangre porque los partidos populares de todos 
los pueblos se placen en ella. 

Aunque no para la denominación de las frac- 
ciones en que se ha dividido el partido, el color 
blanco ha servido de emblema accidental en cier- 
to momento: el 12 de Enero de 1919 aparece en 
Buenos Aires organizada la Guardia Blanca en 
franca actividad contra la turba anónima alza- 
da contra el orden y las leyes. Cometió un sin- 
número de depredaciones y crímenes en nombre 
de la patria amenazada y a los gritos caracte- 
rísticos de su fanatismo personal: "¡Viva el Pre- 
sidente Irigoyen!" El nombre de Guardia Blanca 
viene por imitación, y su recuerdo no respon- 
dería a nada práctico sino fuera que la elección 
del color en la leyenda es una de las modali- 
dades del espíritu revolucionario. 

El nombre de estas agrupaciones esporádicas 
no tiene jamás autor conocido; alguien lo pro- 
nuncia y todos lo adoptan instintivamente; lo 
mismo que las denominaciones de color, porque, 
como lo dice Ramos Mejía, "ciertas personas 
caracterizan sentimientos e ideas por medio de 



I06 ' LUIS REYNA ALMANDOS 

colores, así como las condiciones morales de los 
hombres". C) 

* * 

Si el color como distintivo llena el vacío de 
la convicción política, si es un sustitutivo de la 
idea porque falta esta y sobra el impulso, ob- 
servaremos en el fenómeno un hecho muy nota- 
ble que no tiene, sin embargo, nada de extraño 
porque es enteramente lógico. Me refiero a la 
anarquía que se produce en el partido al poco 
tiempo de actuar en el gobierno. 

El radicalismo de 1916 había llegado hasta 
el ''plebiscito", quimera de un día. El Presiden- 
te, que consiguió su triunfo por la discordia de 
los jefes de los partidos conservadores y la unión 
de última hora de los electores disidentes cuanto 
por el deseo general de cambiar de mandatarios, 
inventó el plebiscito de 1916 más ilusoriamente 
que el de 1835, porque mientras el primero sólo 
residía en la imaginación este constaba de un 
pronunciamiento legal. 

Pero el "plebiscito" del 16, obra de la arro- 
gancia, aunque lo hubiera sido de la ley, habría 
de tener el destino de todos los artificios; ha- 
cerse pedazos al peso de su propia instabilidad. 



(I) Véase Facundo, Capítulo IV, 2*. Parte, 



LA DEMAGOGIA RADICAL 10/ 

En efecto, el radicalismo, a cuyo triunfo, como 
he dicho, contribuyeron de un lado la discordia 
y decadencia del partido gobernante y de otro 
el vocerío de los demagogos, laboraba su propia 
muerte a fuerza de exageraciones de todo orden. 
Siendo amigos antes del triunfo y todos ambi- 
ciosos — excepto los candidos — la división anár- 
quica era inevitatable, porque, como dice un ilus- 
tre jurisconsulto, *'las amistades formadas por la 
ambición concluyen siempre con rencores". (^ 

El radicalismo ideal, el que soñaban y sueñan 
algunos generosos, sinceramente convencidos de 
que la patria renacía con ellos y que cuentan 
la vida de la República como la contaron en 
Francia los fanáticos y aquí los federales; el 
radicalismo ideal — digo — no tenía ni colores ni 
nombres individuales; pero desde el instante en 
que tocaron la llave de oro altercaron entre sí 
dándose a la disputa. 

El hombre que más ha contribuido a la dis- 
cordia de esos amigos ambiciosos es el Presi- 
dente de la República, que desde la casa de gobier- 
no, como antes desde su silla de preside perpetuo 
de los radicales, maneja a los hombres co- 
mo cosas para preponderar él sólo. En tres 
años de dominación radical, de un lado tenemos 



(1) Ortolán, His. de la Ug. Rom, 



I08 LUIS REYNA ALMy^NDOS 

una variada gama de colores, innumerable fac- 
ciones de un partido antes compacto, y de otro 
al Presidente y un reducido círculo que hacen 
en el gobierno absolutamente todo lo contrario 
de lo que prometieron. 

La unidad plebiscitaria se ha hecho pedazos, 
no en el choque contra el partido vencido, sino 
en la lucha intestina. Ellos solos se han des- 
trozado y se destrozan implacablemente, los co- 
mités porque pretenden dominar, los funcionarios 
porque los resisten o no los contentan; unos 
porque han conseguido lo que buscaron, los más 
porque no lo han conseguido. 

Del radicalismo de 1916 nace el irigoyenismo 
de 1 9 19; y de este la razón de estado, es decir, 
la ley de la sinrazón, la Ipy de la fuerza, la ley 
del capricho, la ley del hastío imperial, que 
pone fuego a Roma y hace andar durante la 
noche los fantasma de la orgía 'en la Suburra. 

Hay, pues, ahora, radicalesTque han olvidado 
por completo los postulados imaginarios, la **cau- 
sa" y la 'degeneración". Las fracciones sustituti- 
vas del partido son irigoyenistas, crottistas, basca- 
rystas, lencinistas, caballeristas, menchaquistas, 
voces cuyaraízes un enigma para todo aquel que 
ignore quién es Crotto, Bascary, Menchaca, Lenci- 
nas y Caballero. Más aún, encada ciudad se en- 
ciende la discordia y aparece el personalismo. 



LA DEMAGOGIA RADICAL IO9 

Entre denominaciones cromáticas y nombres 
personales se deshace el partido popular, mien- 
tras los partidos conservadores, más fortaleci- 
dos ahora, pugnan por fusionarse. La ola del 
radicalismo, al estrellarse contra la roca de su 
intolerancia, se desmenuza, pero el país se abate 
bajo esa lucha de pasiones e intereses contra- 
dictorios, donde todo se ha olvidado, menos el 
odio y todo se ha empequeñecido menos la co- 
dicia. 

Esta división irreductible de los hombres con- 
duce necesariamente a una situación política y 
social muy peligrosa: la visión de un Méjico 
convulsionado por la guerra civil aparece ante 
nuestros ojos, porque allá como aquí los acon- 
tecimientos que precedieron a la guerra son pa- 
recidos. Es cierto que en Méjico dominó un 
dictador durante casi treinta años y que aquí la 
sucesión presidencial ha sido regular; pero es 
verdad también que aquí, desde hace tres años, 
pesa sobre el país una dictadura velada, a estas 
horas claramente definida y que bien podría ser 
declarada por simple decreto. En tres años, como 
sabemos, el gobierno anarquiza al partido po- 
pular y trata de destruir al partido conservador 
(denomino así a los partidos provinciales anti- 
rradicales, sin particularizarme con el Partido 
Conservador de Buenos Aires); convierte en par- 



lio LUIS REYNA ALMANDOS 

cialidades lo que era conjunto, despierta pasio- 
nes violentas, y se dice él mismo dueño único 
de todas las excelencias. Ha ofendido al ma- 
yor número, quitado facultades a los goberna- 
dores, autonomía a los estados, transgredido to- 
das las leyes y disminuido y hasta desconocido 
el fuero de los jueces. De cada uno de estos 
golpes nace una reacción; y así no es de ex- 
trañar que se hable hoy de revolución. Tenemos, 
pues, un Méjico en perspectiva, un nuevo es- 
cándalo en Sud América, pudiendo haber ha- 
bido, sin embargo, sin el error de Abril de 1916, 
una sociedad que siguiera maldiciendo de la 
razón de estado. 

Veamos ahora de qué manera actúa el comité 
en los palacios del gobierno. 



CAPITULO IX. 
El comité en palacio 



El espectáculo de Cartago irritaba 
a los Bárbaros. Lo admiraban, lo exe- 
craban; hubieran querido a la vez ani- 
quilarlo y habitarlo. 

Salammbó, Cap. IV, 

Los pueblos tienen sus grandes fechas, y el 
nuestro la suya. Veremos cómo en nuestros días 
se van sustituyendo aquellas por otras sin im- 
portancia. 

Antes celebrábamos la fecha de la Liber- 
tad y la de la Independencia, dos recuerdos 
amados por todos. Durante un siglo esos recuer- 
dos conmovieron nuestros corazones, pero así 
como pierde en emoción la oración que, repe- 
tida, se convierte en rezo hasta morir a flor de 
labio, así las evocaciones a la libertad y a la 
independencia se han ido convirtiendo en pa- 
labras de ritual. El tiempo, al volar, se lleva 



112 LUIS REYNA ALMANDOS 

todo amor, y mientras el vacío no se llena el 
espíritu vaga desorientado. Eso nos pasa a nos- 
otros ahora. 

El partido gobernante, sus comités, tienen su 
día sagrado: salen a la calle y van a rendir 
homenaje a los muertos del Parque: el 26 de 
Julio de 1890 es el día magno de los radica- 
les, pudiendo, sin embargo, con más lógica, 
haber elegido para sus procesiones el 3 de Fe- 
brero de 1852, día de la muerte de la tiranía, 
pues ellos han ascendido al poder maldiciendo 
del despotismo. Pero el radical necesita de las 
explosiones revolucionarias, y nada, al parecer, 
más adecuado que la fecha del Parque. 

De orden superior, no confesada pero sen- 
tida por la conciencia general, se organizan en 
la capital manifestaciones públicas de turba- 
multa orillera y de empleados sumisos, en que 
el gobierno se afirma. Entonces es el momento 
de contemplar el conjunto plebiscitario; enton- 
ces es la hora de examinar la indumentaria y 
el aspecto individual y de conjunto de esa gran 
columna "democrática". 

Vemos pasar, entonces, a la "democracia"; y 
si creyéramos que indefectiblemente es la de- 
mocracia verdadera la que va pasando, levan- 
taríamos al cielo nuestras manos para pedir 
a nuestros padres, rayos de indignación para 



L^ DEMAGOGIA RADICAL II3 

fulminarla. Esa democracia es la representa- 
ción del harapo, el mal aliento de la ciudad, la 
deformación de la línea en el rostro, la torpeza 
en el movimiento y en la palabra. ¡ Son los *^in- 
contaminados", los héroes, los voceros y los he- 
raldos de la '^regeneración institucional ! " 

Hacen irrupción en los salones del palacio, 
sobre las alfombras mullidas, entre tapices de 
seda, ante pinturas y mármoles; rozan los cris- 
tales de las bibliotecas; llenan las arquerías; 
tocan la caoba de los muebles y se emboban 
en la dorada decoración de los techos. Los ad- 
miran y los desprecian porque sienten que to- 
das esas cosas bellas sólo les pertenecen por 
un momento. Por eso también las manchan, por- 
que la envidia despierta siempre para dañar lo 
que no puede poseer. 

Los comités, en efecto, son recibidos en el 
palacio donde jamás entró la turba antes del 12 
de Octubre de 1916. El Salón Blanco fué para 
la diplomacia, no para el mercado. Poco antes 
ese recinto había perdido su carácter de salón 
republicano para transformarse en sala de mo- 
narca, lo cual era de mal augurio, porque cuando 
en una república como la nuestra se da en ex- 
tremar la forma de la solemnidad palaciega es 
porque debe nacer y prosperar la llaneza del 
bajo pueblo. Los extremos se tocan . 



114 Í-UIS REYNA ALMANDOS 

Cuando el Presidente Sáenz Peña estableció 
en la casa de gobierno el ceremonial de las 
antiguas cortes de Europa, el calzón corto y 
hasta la peluca del lacayo, cualquier suspicaz 
habría sentido que tras de esa vanidad se per- 
filaría la figura de un emperador, siendo así 
que apenas había la de un sibarita. Pero de un 
modo o de otro el hecho respondía a un de- 
caimiento moral en la república, que tanto ha- 
bría de aceptar el cambio de sus costumbres 
sencillas, pero dignas y adecuadas, para con- 
vertirse ya en corte de aristócratas ya en di- 
plomacia de suburbio. Lo que podremos llamar 
costumbres de la alta burguesía, adoptadas por 
la república, que repudia a los nobles como a 
los plebeyos, se transformaba rápidamente, va- 
cilando entre el refinamiento cortesano y la im- 
pertinencia del demagogo, entre la solemnidad 
ridicula de un gran señor disfrazado de mar- 
qués y la llaneza ruda de un estanciero. 

En tiempos de los grandes presidentes el pue- 
blo habría clamado contra la corte y la estancia 
en el gobierno, habríase ante todo asombrado de 
que un Mitre o un Avellaneda hubieran vestido 
con el disfraz Luis XV a sus sirvientes y permi- 
tido a los ciudadanos invadir los despachos mi- 
nisteriales, habitual o accidentalmente, para re- 
cibir sus homenajes o hacer peticiones en forma 



LA DEMAGOGIA RADICAL 115 

plebiscitaria. Ellos habrían entonces alterado la 
misma esencia de la democracia verdadera que 
repudia las costumbres cortesanas tanto cuanto 
la ruindad villanesca. Porque si hay algo exce- 
lente en la república democrática es el justo 
equilibrio entre el refinamiento y la llaneza, en 
razón de que en la república democrática no pre- 
valece ni el aristócrata ni el plebeyo sino el se- 
ñor de su propio mérito, negando privilegios le- 
gales al uno como al otro. 

Pero ya las cosas iban por mal camino; al cabo 
del cual hemos dado en el peor de los extremos. 

Si volviéramos a comparar las épocas, diríamos 
con verdad que ahora hemos descendido a un ni- 
vel inferior. En el tiempo de Rosas, si bien este 
se sirvió para su política de los guarangos, hom- 
bres y mujeres, y humilló así a los unitarios y a 
las unitarias, nunca les concedió más derechos 
que los que quiso darles, porque los despreciaba, 
y apesar de sus concesiones era demasiado al- 
tivo para descender hasta ser el camarada de los 
negros de que se servía. El no se mostró jamás 
tutor de esa gente, ni se tituló nunca su padre y 
protector, ni se dolió de sus miserias; ni les conce- 
dió el honor de'darles la mano. Eran sus instru- 
mentos no sus'iguales; eran sus sirvientes no sus 
conciudadanos. Estaban a disposición de su 
crueldad, de sus intrigas y de sus burlas, pero 



Il6 LUIS REYNA ALMANDOS 

la distancia entre la blancura de sus manos y la 
oscuridad de las de los otros nunca se acortó 
hasta confundirse. Los que castigaron con su 
insolencia a la alta sociedad de entonces eran 
profundamente despreciados por aquel Apolo de 
alma felina: fueron su palanca en el periodismo 
bajo su censura omnipotente; sus ejecutores en la 
persecución, sus tenientes en la guerra civil; hi- 
cieron lo que hicieron dentro de límites marcados, 
mas no subieron en la escala social ni en grados 
de milicia. Así lo dice el historiador. 

Ahora no pasa lo mismo. Los tipos étnicos que 
sirvieron al déspota de entonces han cambiado 
mucho, pues los negros son pocos, los mulatos son 
en número limitado aunque se siente mucho el 
influjo de su vileza. Abunda el tipo indígena, el 
chino, descendiente de indio, puro o mezclado 
con meridional Europeo. Son los compadritos, 
ejemplares híbridos refractarios al medio culto, 
enemigos del orden, dados a la holganza y al 
juego; cursis cuando consiguen instruirse y reñ- 
narse, insolentes y provocativos: y cuando parecen 
humildes, dispuestos a mostrar su mala entraña 
en cualquier momento. 

No he de cometer el error de atribuir a todos los 
radicales los caracteres morales, físicos y étnicos 
que distinguen al compadrito, puesto que en el 
partido figuran personas de costumbres, fisonomía 



LA DEMAGOGIA RADICAL II 7 

y origen elevados; pero tampoco he de callar 
una observación común a muchos en cuanto a 
aquellos signos sociales en el individuo afiliado 
a la causa. 

Como en todas las cosas y los seres, hay en el 
radical matices diversos que lo acercan o lo alejan 
del modelo, tanto en lo moral como en lo corpo- 
ral; pero no es aventurado poder atribuir en una 
reunión neutral cualquiera tal cual opinión política 
a un individuo determinado. Quien asiste a un tea- 
tro—lugar neutral — podrá calificar de radical a 
todo mal vestido que use melena o se conduzca 
groseramente o con excesiva humildad. En lugares 
no neutrales el tipo plebeyo radical es inconfun- 
dible: las taras del espíritu aparecen en el ros- 
tro y en los movimientos del cuerpo. El arte de 
Dios no ha colaborado en la anatomía de ese 
hombre. Dios es poeta, escultor y pintor, al mis- 
mo tiempo que fisiólogo. A unos seres dedica su 
afán de poeta de la forma; a otros, cual si los 
despreciara, les concede un alma imperfecta, que 
se imprime después en los rasgos del cuerpo. La 
naturaleza, que estigmatiza el rostro de los crimi- 
nales, hace también de ciertas clases sociales un 
renunciamiento de la belleza. 

No se trata aquí de distribuir el mal y el bien 
sino de la creación de tipos sociales inferiores, 
desprovistos de delicadeza y hermosura. Hay 



Il8 LUIS REYNA ALMANDOS 

compadritos de buena índole, educados y has- 
ta talentosos, pero inevitablemente y en mo- 
mentos determinados, cuando se ponen a prueba 
los instintos y las pasiones, aparece en el fondo 
del vaso roto la bastardía de la sustancia espi- 
ritual. 

En cuanto al tipo físico que responde a una 
tendencia política la historia se repite. En 1840 
existían el tipo unitario y el federal, inconfun- 
dibles. Han sido descriptos por los escritores de 
la época, y el asunto es demasiado conocido. 
Ahora, dividida nuestra sociedad entre conser- 
vadores y radicales, las tendencias políticas ini" 
primen en unos y otros sellos diferentes, que se 
irán acentuando más y más a medida que la di- 
visión sea más profunda, más hondo el rencor y 
más irreductible la contienda. 

Es probable que bajo la dictadura iniciada el 
mismo día 12 de Octubre de 1916 ambos con- 
tendores libren "la partida final que se juega 
entre los nietos de los degolladores y los nietos 
de los degollados" — según la expresión del Dipu- 
tado Costa en la Sesión de la Cámara de Diputa- 
dos de la Nación del 6 de Noviembre de 1919; — 
mas hoy por hoy entre radicales y antirradicales 
los rasgos físicos no se comfunden. Y no se con- 
funden por una razón bien simple, por aquello 
de que la mirada del generoso no es la mirada 



LA DEMAGOGIA RADICAL 1 19 

del mezquino, ni la palabra del hombre franco 
vibra como la del hipócrita, ni se conduce el 
leal como se mueve el traidor. 

Jamás se confunden esos dos extremos, esos dos 
espíritus opuestos. Los traidores y sicofantes 
nunca miran de frente ni dicen palabras de sen- 
tido recto: el sesgo de la idea pone en la fisono- 
mía un estigma característico. Cuanto más ama- 
bles más temibles. La palabra "amigo" es en sus 
labios una trampa. La dádiva aparatosa es en 
ellos los treinta dineros de Judas, un soborno 
bajo apariencia de caridad o protección que 
corrompe a los incautos y satisface a los igno- 
rantes. Hasta en sus furores mienten. La verdad 
en ellos es una moneda falsa, la lealtad una cosa 
desconocida. Quienes los rodean, si fueron lea- 
les y sinceros un día, conviértense bien pronto 
en falsos y mentirosos, y es sabido que los in- 
genuos y los de espíritu pobre, sobornados por 
los tiranos, son sus secauces más temibles: Cui- 
tiño era un hombre bueno antes de ser el jefe 
de los mazorqueros degolladores. 

Este es, acaso, el peor de los efectos de las 
tiranías: la degradación del alma social. Un dés- 
pota hace ciudadanos viles y hogares viles tam- 
bién. La mancha de aceite se extiende y no se 
borra. 

Si los hombres de un país se dieran cuenta 



120 LUIS REVNA ALMANDOS 

de que la deslealtad de un tirano es un peligropara 
sus particulares intereses lo resistirían por egoís- 
mo, ya que no por patriotismo; pero hay en los pue- 
blos una suma tal de ignorancia y de candor, ba- 
jo apariencias de cultura, que se dejan manchar 
y corromper, creyéndose festejados y amados. 
¡Ay, entonces, de ese pueblo! Ni fortuna, ni 
justicia, ni derecho dejan de sentir la influencia 
del despotismo: todo cae al peso de sus desma- 
nes, de sus odios y sus maquinaciones. Entonces 
los hombres no sólo cambian su alma sino tam- 
bién su fisonomía. Se hacen autómatas y despre- 
ciables muñecos; se mueven a voluntad del dés- 
pota, que tira de los hilos de sus debilidades y 
sus pasiones porque ellos han perdido la habili- 
dad de moverse por sí mismos. Acostúmbranse 
a obedecer, no a la ley que salva sino al dicta- 
dor que ordena, castiga o mata, según su capricho. 
Ya no son hombres, son cosas, pobres muebles 
de carne y hueso, sin alma, sin fe, sin más dios 
que el gigante creado por su miedo o por su es- 
tulticia al rendirle serviles homenajes. 

La demagogia radical, que tuvo principio in- 
mediatamente después del cisma de la Unión 
Cívica (1891), es la causa de la repetición en nues- 
tra historia de la diferenciación de los hombres en 
tipo radical y tipo antirradical, correlativos de 
federal y unitario. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 121 

No podría ser de otra manera en razón de que 
el radicalismo se hizo poderoso porque bajo su 
bandera se acogió la baja muchedumbre, cuyo 
tipo físico responde fielmente, en una proporción 
considerable, al tipo moral. 

Ahora bien, si el radicalismo, en vez de seguir 
manteniendo y alentando a ese mal elemento, dán- 
dole empleos y autoridad, lo hubiera mantenido en 
su plano natural, no habría llegado el momento 
de fatigar la pluma para hacer notar los es- 
tigmas que lo marcan irremediablemente. Pero 
pues los gobiernos plebiscitados dan preemi- 
nencia a ese aluvión deleznable, es un de- 
ber de todo ciudadano que se respete y ame 
a su patria el advertir a todos cuan peli- 
groso es el fenómeno que ahora me preocupa. 

Mientras la población consciente comienza a 
sentir la ausencia de la protección legal, se for- 
talece, halaga y protege descaradamente a los 
que turban la paz pública haciéndoles desfilar 
por las calles para que muestren su insolencia 
eligiendo entre ellos, preferentemente, al hombre 
ignorado 3' acogiéndolos paternalmente en las 
salas que siempre habían sido reservadas a per- 
sonas de estima y distinción. 

Pero estos fenómenos, no políticos sino sociales, 
son propios de gobiernos que imposibilitados de 
subsistir por el instintivo repudio de los buenos^ 



122 LUIS REYNA ALMANDOS 

echan mano del desecho popular para poder pre- 
ponderar siquiera un día: si hicieran lo contra- 
rio caerían al instante, y acaso nunca habrían po- 
dido ser lo que son. 



CAPITULO X. 
El comité y la deliberación 



Se alza un clamor en todo el circuito 
de los muros. ¡Qpn qué ardimiento se 
tienden los arcos y se lanzan las fle- 
chas! El suelo se cubre de dardos. Cas 
eos y broqueles resuenan al choque de" 
las armas. 

La Eneida, Libro IX. 

La intolerancia conduce fatalmente al desquicio 
de las instituciones y al desorden social; la igno- 
rancia va con ella inseparablemente llevando en 
pos todos los rencores y todos los vicios. 

El partido radical desde su origen está ani- 
mado de esas pasiones y perturbado por esas 
incurables taras, porque se ha constituido con 
el desecho de todos los partidos disueltos y 
anarquizados y con .los elementos expulsados 
durante muchos años de las administraciones 
de gobierno de todo el país. 

Al partido, como a un refugio, acudieron cuan- 
tos individuos expulsa la sociedad pacífica y 



124 LUIS REYNA ALMANDOS 

culta por inadecuados y peligrosos. El vicioso 
que no encuentra asilo lo halla en el comité; el 
ignorante inerte y el agresivo van completando el 
número de adherentes: desde ese día se hacen 
pupilos del Jefe perpetuo, que les llama *'¡mis 
hijos!" *'¡mis amigos!" Gran número de entre ellos 
son criminales vulgares y temibles: esos son 
destinados a la seguridad pública; a los alcoholis- 
tas se les promete cómodos hospicios; los ladrones 
reciben el perdón y luego una tesorería fiscal; 
los literatos — que los hay — tejerán una corona 
al superhombre y serán ensalzados; los poetas, 
que también los hay, cantarán las virtudes del 
gaucho de ayer. 

Como la ignorancia no admite la colaboración 
de los ilustrados y se ha de organizar el gobierno 
con la ralea, hé aquí cómo entran en los cuerpos 
colegiados y en las reparticiones administrativas 
todos esos innumerables desconocidos que salidos 
del fondo del desorden aparecen en el primer 
plano imbuidos de una soberbia y una vanidad 
temibles. Llegan del campo, salen del arrabal, 
"tales como los hongos en un terreno que fer- 
menta", según la expresión de Taine. 

Cuando los cuerpos colegiados llegan a cons- 
tituirse con semejantes componentes, sale la de- 
liberación y penetra la disputa. Ya no vibra en los 
labios la palabra serena del raciocinio sino el 



LA DEMAGOGIA RADICAL 125 

clamor áspero e hiriente del insulto, la irreve- 
rencia injuriosa o el disparate. Los hombres que 
los pronuncian se convierten en objeto de risa y 
en figuras desagradables. 

Y lo más grave es que a la reyerta son arras- 
trados los prudentes. 

Una discusión ordenada es imposible: para en- 
cauzarla un tanto es menester ahogarla bajo el 
estridor de la alarma. Es esto, entonces, para 
el demagogo, el colmo de la democracia libre, 
una victoria sobre la tranquila reñexión de los re- 
públicos verdaderos. 

Como creo haberlo dicho en otro lugar, no 
hay negocio difícil que pueda ser resuelto en ese 
maremágnum de pasiones pequeñas, ni negocio 
fácil que no se convierta en enigma indescifrable 
en ese infierno de la intransigencia intolerante y 
de la bajeza suburbana. Es frecuente oír tremendas 
palabras en asambleas donde en otro tiempo vi- 
braba el entusiasmo patriótico de nuestros ilus- 
tres oradores. La palabra robo va y viene por el 
recinto cruzando el rostro. La difamación mancha 
la honradez, y ya nadie distingue desde entonces 
si el difamador calumnia o dice* la verdad y si 
el difamado debe resignarse o responder. 

En la primera época del radicalismo, allá por 
el año 93, se hizo sistema de discusión el adop- 
tar aptitudes caballerescas: el guante arrojado al 



126 LUIS REYNA AL MANDOS 

rostro del contrincante era cosa de todos los días. 
Los que el pueblo ungió voceros de sus opinio- 
nes y guardianes de sus derechos se hacían pa- 
ladines de la espada o la pistola: entendían su 
misión llenándose de insultos, provocándose vio- 
lentamente. ¡Y entonces el radicalismo no era, en 
su dirección, un partido de plebe! La causa de 
que desde la primera época toda deliberación 
fuera una disputa entre las primeras partes de la 
comedia es que el alma del partido ha estado ani- 
mada de una intemperancia ingénita. Y hoy como 
ayer, ese impulso irresistible arrebata a los hom- 
bres que habiendo ofrecido al país los bienes del 
cielo, lo hunden bajo el peso de sus pasiones. 

Cuando se agria una discusión y sube al tono 
de la reyerta, oscurecido el juicio, aparece el 
coraje retando a duelo o invitando al pugilato. 

"¡Aquí y en cualquier parte! — grita este furio- 
so. — **¡Soy tan hombre como usted!" le responde 
el adversario. Estas frases que brotan de labios 
trémulos son bravatas de valentones cuya razón 
se reconcentra en los crispados puños y sus 
argumentos en la fisonomía descompuesta por 
la ira. Espectáculo frecuente en nuestros con- 
cejos y legislaturas. Los retratos de nuestros 
proceres lo contemplan inmóviles y olvidados. 
Son los presidentes honorarios de corporaciones 
donde la patria sufre la agonía de su dignidad. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 12/ 

El culto al coraje reaparece ante ellos, de pala- 
bra, porque rara vez esos representantes de la 
soberanía popular miden frente a frente sus sin- 
razones ni con la espada ni con los puños. Cul- 
to al valor incitado por la codicia, es más bien 
subterfugio, modo de encubrir apetitos que no 
pueden ser confesados. 

Cuando esos hombres quieren justificar una 
mala acción dicen cosas inconcebibles, pero en- 
teramente concordes con su modo de ser. Con 
motivo de haber sido destituido de cierto em- 
pleo administrativo un hombre de alta reputa- 
ción científica, el destituyente, para justificarse, 
dijo que la repartición a su cargo no podía pagar 
la ciencia de aquel maestro. Era preferible susti- 
tuirlo, como lo había hecho, con un modesto 
ciudadano, dispuesto a someterse a las regla- 
mentaciones que a un hombre de ciencia, por 
ser tal, y según él, no le cuadraban. El saber 
era, pues, un obstáculo, y él lo había removido. 
La labor científica del sabio incomodaba; valía 
más, en cambio, la sedentaria inercia del des- 
conocido. 

Otro ejemplar político llega, en cambio,|al 
panegírico de un delincuente, correligionario su- 
yo. Se trataba de un herrador convertido en cau- 
dillejo de cierto pueblo de campaña. Fué muer- 
to a consecuencia de sus provocaciones por un 



128 LUIS REYNA ALMANDOS 

policía del bando contrario al del diputado de 
esta cita. Tomóse el homicidio como bandera, 
el muerto como víctima propiciatoria de la "San- 
ta (3ausa"; la mentira manchada de sangre se 
hacía estandarte, lábaro y talismán. 

Oigamos a ese paladín de nuestra actual de- 
mocracia. 

Está encolerizado de antemano. Va a hablar; 
tiene un discurso aprendido de memoria ... ¡y, 
sin embargo, está encolerizado! ¡Va a hacer y 
hace el elogio de un correligionario que ha teni- 
do seis procesos por desorden, uno por desacato 
a mano armada y otro por lesiones, y que, 
por lo tanto, es verosímil que haya sido muerto 
en su ley! {^) 

Estos dos episodios son otros tantos ejemplos 
de la mala fe demagógica: de un lado la anu- 
lación de los maestros, de otro el ensalzamiento 
de los desordenados; allá el castigo para los 
hombres útiles, aquí la corona fúnebre para los 
peligrosos. La sociedad, para el fanático, se ha 
conmovido hasta el sollozo porque un herrador 



(1) Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados de la Provincia 
de Buenos Aires, 4 de Junio de 19»9, nüm. XII. 

A pesar de esto el orador, en pleno parlamento, dice que la socie- 
dad de aquel pueblo se ha conmovido hasta el so/Zozo y sobrecogida 
e indignada ha empapelado las paredes de las casas con retratos 
de la víctima y un epitafio que decía: "Francisco Leoni, asesinado 
por la policía en el primer afJo del gobierno del Doctor Crotto". 



LA DEMAGOGIA RADICAL ng 

desconocido muere en su ley; esa misma socie- 
dad ve con indiferencia la expulsión de sus 
hombres de talento. 

Es que los hombres de talento no tienen ca- 
bida en el gobierno de los pueblos durante el 
imperio de los demagogos, y desaparecen de la 
escena cuando de la demagogia se levanta un 
déspota de alma preñada de rencores y de inte- 
ligencia sin cultivo. 

No todos los tiranos han sido ignorantes y ren- 
corosos; muchos han habido que a la par de 
someter a su férrea voluntad la libertad de sus 
subditos, llenaban las ciudades de monumentos, 
los campos de vías y acueductos, de estatuas 
los templos, ceñían de laureles la frente délos poe- 
tas y poblaban de naves el mar y de grandeza y 
esplendor las bacanales. Muchos fueron filóso- 
fos, legistas y literatos; arquitectos, ingenieros y 
tácticos. Sin embargo, eran tiranos . . . pero te- 
nían talento, no un alma miserable henchida de 
odios pequeños y de pasiones rastreras. 

La historia nos ofrece ejemplos de esas dos 
clases de déspotas: de un lado Augusto, bajo 
cuyo gobierno, fundado sobre las ruinas de la 
República, florecieron las artes, las ciencias 
y las letras; más tarde Adriano y Trajano, 
cuyas columnas se alzan todavía en las pla- 
zas de Roma como testimonios de su gran- 



130 LUIS REYNA ALMANDOS 

deza; después Marco Aurelio, cuyos siete libros 
debieran ser como otros tantos templos para la 
inspiración de los buenos. Los siglos, llevando 
al correr tempestades de destrucción, han pa- 
sado sobre la memoria y las obras de aquellos 
hombres todopoderosos respetándolas: ¡no se han 
atrevido a destruirlas! 

En cambio, todos los caudillos de América, 
que han castigado nuestra libertad, no han de- 
jado al pasar sino degradación. Rosas en vein- 
te años de dominación no fué capaz de alzar 
un solo edificio, no trazó un solo camino, no 
fundó una sola escuela, no hizo dictar ni una 
sola ley . . . ime equivoco! . . . hizo sancionar la 
ley de su barbarie haciéndola jurar a sus infe- 
lices conciudadanos. Mientras aquellos, hace 
veinte siglos, sembraron la historia de esplen- 
dores, nuestros bárbaros le echaron el manto de 
sus lúgubres cavilaciones; mientras los viajeros 
esparcen hoy su espíritu evocando la grandeza 
antigua ante los monumentos imperiales, nos- 
otros, en excursión por nuestro pasado, no te- 
nemos sino una tragedia para extremecernos, un 
largo drama de sangre, de odio y de muerte 
para maldecirlos! 



LA DEMAGOGIA I^ADICAL I3I 



* 

* * 



Reanudando el hilo de la idea, observaremos 
que muchos radicales actuantes creen deliberar 
cuando disputan y tienen por grande hombre 
al que alza mucho la voz y se muestra valiente. 
Confunden la razón con el grito. Ha pasado el 
tiempo en que las ideas convencían por sí solas 
sin más vibración que la de una oratoria bien 
medida. El ruido vence al sonido. Aquel que 
habla de su honorabilidad lo hace con acritud, 
como si respondiera a una imputación. Aquel 
otro que blasona de probo ha sido sin duda 
compañero de Leoni. El apellido de un tercero 
es un caos fonético; pero ese, con justo recelo, 
huye de la prueba de identidad. Pero todos se 
atreven a tratar los asuntos públicos; protestan 
contra malversadores y logreros, y se presentan 
"como personajes de Plutarco". 

Cuando la disputa estalla crúzanse los insultos 
y se crispan los puños; el gobierno plebeyo está 
entonces en el apogeo de su acción. El pugi- 
lato es el desiderátum de la democracia del bajo 
fondo, porque a falta de ideas sobra de brazos. 

Jamás hay pugilato por un negocio importan- 
te: nace de la nada, como el Caos. La insig- 
nificante biografía de un quídam es suficiente 



132 LUIS REYNA ALMANDOS 

para desarrollar esas tempestades infecundas. 
Si entrara Dios en el recinto aquellos hombres 
reirían a carcajadas. Gustan de lo pequeño y 
lo acumulan contra el adversario: las cosas rui- 
nes son los manjares del banquete a que asisten 
por obra de la varia fortuna. A mayor ruindad 
mayor dedicación: ¿no habló tres días seguidos 
cierto charlatán para cargar sobre las espaldas 
del régimen todos los crímenes de nuestra his- 
toria ? ¿ No se acaba de imprimir, en La Plata, 
semioficialmente, un grueso volumen lleno de 
sandeces, a guisa de corona fúnebre, en home- 
naje a un pobre hombre que tuvo la suerte de 
morir arrastrando la toga de una diputación re- 
generadora.'* 

Los radicales prudentes, que comprenden estos 
males, no han provocado contra ellos la reacción 
saludable y oportuna ; y los adversarios, arras- 
trados por la fuerza de las circunstancias, no 
pueden sustraerse a la influencia de las palabras. 

Todo llega a su turno ; todo tiene su hora, y 
esta es la del comienzo de la reacción de los in- 
juriados contra los ataques de los injuriosos. 

La ''causa" injurió al "régimen"; volcó so- 
pre éste, durante treinta años, cuanta blasfemia 
puede brotar de una lengua envidiosa; y ahora, 
colmada la medida, los ciudadanos que hoy 
asumen la defensa de las instituciones amena- 



LA DEMAGOGIA RADICAL I33 

zadas, abren la campaña que habrá de destruir 
la demagogia radical. 

Las armas de la "causa" son ahora las de 
los hombres que, atacados, se defienden : palabras 
contra pala-bras, ofensas contra ofensas. 

Pues bien, esta reacción tan lógica como ine- 
vitable, sorprende a los injuriadores de treinta 
años, quienes, olvidándose de sus métodos, no 
los admiten en los otros. No sufren que los 
conservadores en el Congreso y la tribuna pú- 
blica pronuncien discursos en que se ataque al 
Presidente de la República y a los diputados y 
partidarios radicales ; y cuando aquéllos, en el 
Parlamento Nacional, analizan la obra del Pre- 
sidente, acusándolo de tirano, la barra llevada 
ex profeso estalla en gritos de escarnio y arroja 
en la sala proyectiles y papeles insultantes. 

En la sesión del 12 de Noviembre de este año 
(1919), en que se proseguía la del 7 del mismo 
mes para tratar el juicio político promovido por 
los Diputados Sánchez Sorondo, Moreno y Es- 
cobar contra el Presidente Irigoyen, uno de 
aquellos volantes decía así: 

/ Injuriar al Presidente ! ¡ Sólo a torpes, sólo 
a necios y sólo a imbéciles — ocurrí rseles pudiera cosa 
igual — sólo a infames mercaderes, a muñecos y a 
bufones — habitantes del fangal ! 

Los que tomaban el decadente estilo de Al- 



134 LUIS REYNA ALMANDOS 

mafuerte — poeta de la chusma, según él mismo 
se decía — y echaban al viento proceloso del odio 
político semejantes blasfemias, no se conocían 
a sí mismos, ni por sí mismo obraban : obede- 
cían a orden superior, y salían — ellos única- 
mente — del fangal suburbano; eran la barra 
organizada por los que sienten en lo profundo de 
la entraña el espanto de la reacción de los hom- 
bres libres, el pavor de los que saben que en los 
pueblos la paciencia tiene un límite, pasado el 
cual la serenidad que espera se convierte al 
cabo en furor. 

La paciencia que se acaba — esta paciencia 
que tenía visos de agonía de la dignidad cívica 
e individual de nuestro pueblo — es índice de 
vida nueva. 

La paciencia que se acaba estallará en vio- 
lencia, porque día a día fué acumulando disgustos 
y resentimientos; y hecha acusación hoy, acción 
viril mañana — porque va arrastrada por la fuerza 
del destino o por el designio de la justicia so- 
cial — volcará quizá pronto, quizá tarde, ese ídolo 
enigmático y someterá, debe someter, a perpe- 
tuo silencio a la secta de los que no saben de- 
liberar porque nunca supieron ser justos. 



SEGUNDA PARTE 

CARACTERES 



CAPITULO I. 
Los " Incontaminados 



No hablo de conducirse mal, Miguel; 
pero yo soy un hombre precavido. Es 
verdad que pareces tan dorado como una 
serpiente que acaba de mudar de piel en 
primavera; mas esto no basta para que 
entres en mi Paraíso. 

Walter Scott: Kenilworth. 

Al iniciarse las diferentes administraciones 
radicales, las primeras ^figuras se presentaron 
alabando sus propias personas y salpicando sus 
alabanzas con los manchas del dicterio para los 
vencidos. El^ irritable 'genio del fracasado no 
hallaba paliativo ni siquiera en el momento de 
la satisfacción. El labio acostumbrado a zahe- 
rir, zahiere hasta 1 en el momento de la muerte: 
el hombre mal educado jamás deja de serlo^ 
aunque vista la púrpura de los príncipes. Cual- 
quiera creería que porque el remendón sube las 
gradas de mármol del palacio cambia §u torpeza 



138 LUIS REYNA ALMANDÜS 

al llegar a la altura, y que quien es de la pasta 
de los ignorantes se torna sabio por asistir al 
aula magna de la Universidad. 

No : la ley es otra, la ley es la de la identidad 
de sí mismo. Porque si hay excepciones, éstas 
no son la ley. Al decir así no niego el pro- 
greso: afirmo solamente que si el progreso es un 
hecho positivo, también lo es que consiste en una 
lenta y difícil ascensión. El ciudadano que no 
se educa en la escuela del orden, no puede aspi- 
rar a una transformación inmediata : es y será 
un inculto, y le está vedado el gobierno de los 
pueblos, porque el gobierno está hecho para la 
cultura de la educación y no para la siembra de 
la barbarie. 

Sería tal vez útil analizar los diferentes dis- 
cursos que han pronunciado las primeras figuras 
en la iniciación de sus actividades gubernativas ; 
pero siendo conocidos, sólo fundaré y apoyaré 
mi análisis sin referirme a los textos publicados. 
Bien es verdad que los discursos son pocos, por- 
que los hombres que acostumbran a esgrimir la 
injuria no saben manejar la razón : sus argu- 
mentos son adjetivos, sus razonamientos sofis- 
mas, eficaces en la plaza pública pero inade- 
cuados en las salas del debate. 

La esencia de las declaraciones políticas de 
Iqs personajes que me sirven de modelo vivo 



LA DEMAGOGIA RADICAL 139 

para esta descripción, sin duda cornplicada, es 
la de todo espíritu de valor mínimo que se expo- 
ne ante el pueblo sin tener conciencia de la 
responsabilidad que asume. En ellas se dice que 
lo harán todo, porque lo que fué antes ha sido 
el producto del error y del abuso; aseguran que 
lo reformarán todo, porque los que antes pensa- 
ron, trabajaron y gobernaron, eran usurpadores 
de la ''soberanía popular". En efecto, lo harán 
todo, lo reformarán todo, pero a la manera de 
los aprendices y los inconscientes incapaces de 
comprender toda la extensión, toda la fatiga que 
exigen en la vida las obras trascendentales. 

Jamás esa suerte de personajes se negará a 
sí misma, porque la modestia declarada será 
para ellos la caída irremisible. Para mantenerse 
en equilibrio, necesitan apoyarse en las bases 
espirituales que hacen viable la figuración de los 
mentecatos ; y esas bases son las que no se en- 
cuentran en las almas selectas. La vanidad, el 
amor propio, la envidia^ la perfidia, la suficiencia, 
la arrogancia, la infatuación, la desconfianza, el 
dogmatismo ; tales son esas bases espirituales, 
con las cuales se crean de vez én cuando las 
personalidades políticas en los tiempos de inmo- 
ralidad colectiva. En épocas de fortaleza espi- 
ritual rige la sinceridad, el talento, la acción 
creadora, el orgullo de las grandes concepcio- 



140 LUIS REYNA ALMANDOS 

nes, el florecimiento de las ideas bellas, la labor 
fecunda, la palabra elocuente, la bondad en la 
rectitud ; en las edades decadentes prevalece 
la deslealtad, la medianía, la inactividad, la 
estéril pedantería; empalidecen las ideas artís- 
ticas, tartamudea el orador y los jueces dejan 
de distinguir en la ñsonomía de los reos la sin- 
ceridad de la inocencia y la avilantez de la 
degradación. 

Estos fenómenos no ocurren solamente cuando 
hay decadencia : suceden también cuando por 
diversas circun«;tancias cambian los hombres 
del gobierno, sustituyendo los inferiores a los 
superiores. En todo gobierno plebeyo aparecen 
las deformaciones del alma colectiva, porque en 
el fondo de las sociedades es donde se guarece 
el delito. 



■5?- 
■ * 



Nunca se ha hablado tanto de "probidad" co- 
mo desde el 12 de Octubre de 1916. Desde 
ese día entraron los virtuosos en la sala de los 
reprobos. 

La "probidad" de los radicales jamás había 
sido puesta a prueba, porque hasta entonces la 
llave del tesoro de la República no había es- 
tado en sus manos. Ellos tenían la virtud de 



LA DEMAGOGIA RADICAL I4I 

Camila y necesitaban de la curiosidad imperti- 
nente de Anselmo para saber hasta qué punto 
resistiría la virgen, " incontaminada " hasta el 
momento de la tentación. Cervantes debería 
vivir ahora para gozarse de su propia sabiduría. 

Los "virtuosos" del nuevo gobierno se apo- 
yaron, para hacer creer en sus ''probidades", 
no en las propias, pues no las tenían, sino en 
la supuesta inmoralidad de sus antecesores. Era 
lógico que la masa adicta, enorme y confiada, 
habituada a clavar el dardo de la calumnia en 
el nombre de sus mandatarios, midiera la hon- 
radez de los nuevos por la inmoralidad de los 
antiguos, y que la ''causa" apareciera ante ellos 
como un bruñido espejo porque el ''régimen" 
se les mostraba lleno de manchas. ¿Quién, de 
primera intención, no supone virtud en el que 
nos habla con indignación de la mala conducta 
de tal o cual persona? Al punto no solamente 
le prestamos crédito, sino que tanto lo elevamos 
en nuestro concepto como rebajamos la fama 
del otro. La indignación supone censura de los 
actos ajenos, y no es verosímil,, no es natural 
que sean censuradas las acciones honestas. Por 
eso fué fácil a los radicales vestir la toga blan- 
ce de los Senadores. 

La honestidad hablada atribuida a sí mismos 
en toda ocasión, sólo fué sospechosa para los 



142 LUIS REYNA ALMANDOS 

que sabían que quien se da de puritano a cada 
paso es porque necesita ocultar sus excursiones 
por la antesala de la codicia. Mi **honorabiii- 
dad", mi "escrupulosidad", mi "decencia", "mi 
nombre": a eso se reduce la honestidad del des- 
honesto; una formidable simulación, una trampa 
en que caen y han caído sinnúmero de candidos 
en esta triste gesta republicana. 

La palabra virtud ha producido ahora una 
profunda revolución en los asuntos públicos, co- 
mo la palabra "integridades", que para la jerga 
significa el resumen de todas las excelencias, 
reconcentradas en la persona presidencial, in- 
ventor de la frase. Fué aquélla el título que se 
hizo valer en la propaganda para desmonetizar 
a los "oprobiosos" y hacer deseables a los "re- 
generadores". Pero los efectos reales fueron una 
enorme estupefacción de los candidos y la. con- 
firmación de la sospecha en los conscientes y 
los desconfiados. 

En efecto, los virtuosos se decretaron a sí mis- 
mos títulos de interventores federales, apoderán- 
dose de los gobiernos de provincia durante las 
vacaciones parlamentarias y se pusieron, de pa- 
labra^ a investigar los desaciertos de los derroca- 
dos, sus dilapidaciones y dolosas combinaciones. 

¡Con qué satisfacción veíase a honorables bri- 
bones revolver los archivos de aquel tan colosal 



LA DEMAGOGIA RADICAL 143 

como supuesto escándalo de medio siglo, enorme 
cúmulo de prevaricación y robo! ¡Con qué frui- 
ción perversa contemplaban la caravana de acu- 
sados que cobardemente se sometían al escarnio 
de la burla! ¡Cómo se satisfacía el sentimiento 
público ante el espectáculo de tanta miseria 
moral, ante ese silencioso acatamiento a la acu- 
sación de los "incorruptibles"! 

Hoy, por ejemplo, es la denuncia de que las 
tierras públicas concedidas a particulares du- 
rante largos años lo habían sido sin derecho y 
con transgresión de las leyes que las regían; 
mañana el examen de la inversión de las rentas 
de varios períodos; después la concusión y el 
peculado; más tarde malversaciones, compra de 
conciencias, faltas de delicadeza y cuantos actos 
son susceptibles de quebrar la vara frágil de la 
honorabilidad. 

El público estaba atento ante aquellos jueces 
de las cosas pasadas, que en su afán de apare- 
cer lo que no eran ni habían sido nunca, no va- 
cilaban en crear para el país la fama de los 
pueblos degradados. Pero desde entonces hasta 
hoy el gobierno de los virtuosos no ha publicado 
ni uno solo de los informes en que sus interven- 
tores debieron consignar los resultados de sus 
acusaciones, ni uno solo de los balances en que 
necesariamente habrían de aparecer las '^filtra- 



t44 Í-ÜIS REVNA ALMANDOS 

ciones" de la renta, ni una sola de las pruebas 
que habrían de abrumar para siempre a los 
escandalosos del ^'oprobio" Y cuando algún 
informe fué imparcial y favorable a los acusa- 
dos, permaneció para siempre oculto, porque no 
es conveniente para el que asegura un hecho 
falso la comprobación pública de su falsedad: 
desde ese día se vuelve contra él el dedo de la 
acusación; pero manteniendo el secreto se puede 
continuar por algún tiempo blasonando de ca- 
tón i a no. 

Cuando algún nuevo mandatario, al recibirse 
de su empleo, ha hecho crítica del "régimen" 
pasado, preguntándose qué seria de nosotros en 
semejante camino, ha obrado inmediatamente en 
el sentido opuesto al de sus censuras, porque si 
el "régimen" iba aumentando los gastos públi- 
cos, él los acrecentó sin pérdida de tiempo. 

Este sistema de simular virtud, echando sobre 
los demás la carga de las inmoralidades, justifica 
ante la mirada de la multitud inconsciente la 
múltiple y constante depravación. El robo de 
hoy se compensa con el robo de ayer; el tahúr 
ahora se apoya en la trápala de su antecesor. Así 
se forma la jurisprudencia de la deslealtad; así 
se echa a rodar por los caminos de la infamia 
el carro de la fortuna entre las palmas de la ver^ 
güenza. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 145 

Los ladrones ^Virtuosos" no se creen ladrones 
porque roban, puesto que otros robaron antes: 
castigan el latrocinio en cabeza ajena y se sien- 
ten redimidos al cometer el suyo. Sin embargo, 
ascienden, precisamente porque se sienten mo- 
ralistas, porque dijeron y aseguran al pueblo que 
habiendo sido esquilmado, ellos tenían por mi- 
sión redimirlo. Tal es la creencia de la *'reden- 
ción" de nuestra República, de la "reparación 
institucional" que ha servido de lábaro a los 
organizadores del nuevo gobierno. 

Ilegal y clandestinamente se manejan millones 
y millones, y cuando los diputados llaman a 
cuentas a los administradores, éstos callan, opo- 
nen evasivas o les niegan la palabra, arguyendo 
que no es acusable la malversación en un palacio 
"donde cada ladrillo es un escándalo adminis- 
trativo." (O 

Así pues, porque se cometieron inmoralidades 
en la construcción del palacio, cinco, diez o 
quince años antes, no se reconoce al Congreso 
el derecho de pedir cuentas del manejo actual 
de la hacienda pública! Esta siniestra puerilidad 
hace del deshonor de ayer la absolución de las 
culpas de hoy. ¡Formidable extravío de la con- 



(1) Sesión de la Cámara de Diputados deí 20 de Agosto de 1919. 

10 



146 LUIS REYNA ALMANDOS 

ciencia, vértigo funesto en que se hunde sin re- 
medio la concepción de la moral universal! 

Esta siniestra puerilidad sella todos los actos 
del radicalismo actuante y todas las ideas de 
sus adictos. El maldecido ''régimen" es así el 
asiento más firme de esa política de 'dogmatis- 
mos absolutos" y de apotegmas enigmáticos, 
pero que han revuelto el orden espiritual de los 
individuos y trastornado el sentido común de 
nuestra sociedad. ¡Cosa extraña tener por base 
de la política un ''régimen" sobre el cual se mal- 
dice; singularísima aberración que niega perti- 
nazmente el único punto de apoyo de la acción 
presente! 

Sin embargo, es así. 

Se nos ofrece desde este momento la curiosa 
consecuencia de que el delito pasado es un enor- 
me delito, sobre el cual pesa el anatema de la 
historia, y que el delito reciente es una acción 
disculpable. La justicia, que tiende al olvido 
de lo pretérito, cierra entonces los ojos al pre- 
sente, lo disculpa, lo proteje, se hace su cómplice 
ó encubridora; y en cambio se anima de ardiente 
venganza contra lo que fué y que ya no puede 
ser objeto de sus sanciones. Su espada se hunde 
en el vacío, da contra fantasmas, y el buen pue- 
blo parece satisfecho de semejante demencia. 
Es porque ha dejado la justicia positiva y eficaz 



LA DEMAGOGIA RADICAL I47 

por el dogma abstracto, una cosa real y buena 
por una teoría sin sentido, pero en la cual cree 
como en las verdades no reveladas. 

La simulación de la virtud da origen a los 
impecableSy a los infalibles y a los incorruptibles, 
suerte de personajes ora ridículos, ora peligrosos, 
según la posición que ocupan* Hacen prosélitos 
y con éstos se forman un círculo de admiradores 
que, apoyados en el fetiche, entran a mansalva 
en el campo ajeno para devastarlo. La devas- 
tación se cumple en nombre de la infabilidad y 
de la más severa rectitud, y sólo caen de su error 
los que los admiran, cuando no quedan en tierra 
sino los despojos de sus desmanes, para caer 
ellos también en el derrumbamiento. 

"De un extremo a otro de la Revolución — dice 
Taine — Robespierre será siempre, a los ojos de 
Robespierre, el único, el solo puro, el infalible, 
el impecable; nunca hombre alguno ha tenido 
tan constantemente bajo sus narices el incensa- 
rio de sus propias alabanzas". 

Es el tipo acabado de esa clase de convenci- 
dos cuya misión en la vida ha sido, pasado el 
largo período de oscuridad bibliográfica, dividir 
la sociedad en bandos y degradarla por el terror. 

"Siendo él la virtud, no se le puede resistir 
sin crimen— sigue diciendo aquel autor. Inter- 
pretada por él, la teoría divide a los franceses 



148 LUIS REYNA ALMANDOS 

en dos bandos: de un lado, los aristócratas, los 
fanáticos, los egoístas, los hombres corrompidos, 
en una palabra, los malos ciudadanos; del otro, 
los patriotas, los filósofos, los hombres virtuosos, 
es decir, las gentes de la secta". 

Este modo de ver condujo al Incorruptible a 
tener a los asesinos y a los ladrones en alta es- 
tima, organizando con ellos los tribunales san- 
guinarios que hicieron de Francia un inmenso 
cadalso y un- infierno de persecución. La his- 
toria es demasiado conocida para insistir en ella. 

En nuestro caso, íj por ahora, los sectarios vir- 
tuosos no han organizado esa clase de tribunales, 
no porque carezcan de sobrados elementos para 
ello, sino porque es difícil transformar la orga- 
nización judicial del país a su capricho. Pero 
hay una división política definida, causada por 
la teoría de la virtud monopolizada, que hace de 
la República dos bandos: el de los usurpadores, 
los egoístas y los corrompidos, opuestos al de los 
patriotas, los buenos, los honestos, es decir, las 
gentes de la secta. 



Si la virtud se simula echando a la espalda 
de los demás la pesada alforja de la corrupción, 



LA DEMAGOGIA RADICAL 149 

se disimula la ineptitud por la censura y apro- 
piación de las obras ajenas. 

El fracasado, incapaz de triunfar porque lo 
es de iniciar, proseguir y terminar nada que 
tenga valor, no vacila, como el falso virtuoso, en 
censurar a los demás, encontrando defectos, 
impropiedades y mala fe en todo cuanto se ha 
hecho hasta ahora. Así como el deshonor falsa- 
mente atribuido a otro, crea la virtud en el des- 
honesto, así también la negación de la aptitud 
ajena presta apariencia de capacidad a la inep- 
titud del que fracasa. 

Es uno de los medios de engaño de que nues- 
tro pueblo ha sido víctima. 

El otro medio es aprovechar la obra ajena 
para presentarla como propia ante el sinnúmero 
de candorosos y de ignorantes de que está po- 
blado el mundo. 

El desprestigio de los demás, por una parte, 
y el plagio por la otra, son dos disfraces de que 
se valen los ineptos sin escrúpulos para ocultar 
su falta de aptitudes. 

El árbol radical ha conseguido hacerse fron- 
doso porque ha tenido por raíces esas dos for- 
mas de deslealtad: desprestigiar y plagiar. En 
épocas normales la calumnia y el plagio ha- 
brían hundido bajo el desprecio al más encum- 
brado de los personajes; pero ahora esas dos 



150 LUIS REYNA ALMANDOS 

máculas del honor son otros tantos títulos de 
dignidad. 

Los mensajes dirigidos al Congreso, los pro- 
yectos de ley iniciados por el P. E. y algunas 
ordenanzas y reglamentaciones de la Intendencia 
Municipal de la Capital Federal, son, los unos, 
la expresión acabada de la censura a los hombres 
del pasado, y los otros una cosecha en campo 
vedado, cuando no la expresión de impropieda- 
des jurídicas, concepciones de megalomanía de- 
lirante, simulaciones para esconder y disfrazar 
propósitos de codicia y de inmoralidad. Por 
ejemplo, el proyecto de impuesto a la renta y 
al trabajo no sólo convierte en materia imposi- 
tiva la labor útil de cada persona, sino que ins- 
tituye la inquisición de secretos de familia: los 
agentes del fisco entran en el hogar como los 
cuestores de Roma y los colectores del diezmo, 
para consumar la espoliación y dejar el rastro 
en la honra privada. La reciente reglamenta- 
ción de la prostitución pública en Buenos Aires 
concede el monopolio del lenocinio a un limitado 
número de empresarios, con lo cual se fomenta el 
clandestinismo y la persecución callejera. 

Al cabo de tres años de gobierno, la acritud 
de la expresión verbal de los mensajes es tan 
habitual que a ciegas puede asegurarse, sin 
verlo, que en algún lugar del texto aparecerá 



LA DEMAGOGIA RADICAL 15I 

el dicterio más o menos velado. Es una inquina 
incurable, un afán de echar lodo sobre los se- 
pulcros, como si con ello se quisiera dar nueva 
muerte a los que murieron. 

El dicterio tiene casi siempre la misma base 
abstracta, grata al populacho, que se mueve por 
el instinto y no es apto para el razonamiento. 

"La acción desquiciadora ejercida en tiempos 
pasados por gobernantes refractarios al recono- 
cimiento de la voluntad de los pueblos", es la 
frase de que se vale el P. E. en el mensaje en 
que propone la creación de la Provincia de Mi- 
siones. 

Si hiciéramos la colección de la censura es- 
crita oficial, llenaríamos un volumen. Para la 
historia que ha de escribirse, para la negra pági- 
na de nuestros anales, bastará rememorar las 
frases lapidarias, ásperas y rencorosas con que 
ha afeado el Poder Ejecutivo los documentos 
oficiales en su trato con el Congreso y las agru- 
paciones políticas del país que no creyeron ja- 
más en las virtudes y excelsitud de los apóstoles 
e inspirados del partido regenerador. 

Los actos públicos que corresponden a la In- 
tervención en Buenos Aires, por ejemplo, abun- 
dan en frases parecidas. Son la amarga hiél 
de los impotentes, la ponzoña que estremece los 
nervios del epiléptico. Esta, infiltrada en la san- 



152 LUIS REYNA ALMANDOS 

gre del pueblo, produjo efectos maravillosos; pero 
ahora el mal infiltrado quema las manos de 
quienes lo compusieron. 

Al radicalismo en el gobierno no le conviene 
descubrir su crónica ineptitud, y debió nece- 
sariamente cohonestarla de alguna manera: dijo 
que haría tantas cosas y tantas otras y el pueblo 
permaneció embobado durante larga expectativa. 
Entonces aparecieron proyectos como simples 
enunciados: un banco agrícola, un puente de nueve 
leguas sobre el Paraná, una fábrica gigantesca 
en el Iguazú. Ni banco, ni puente, ni fábrica, 
aunque todo eso ya estaba, sin embargo, pensado 
hacía medio siglo. Pero el buen pueblo esperó 
el banco, creyó en el puente y en la electricidad 
venida desde trescientas leguas de distancia. Hu- 
bo incapacidad para hacer el articulado de la ley 
bancaria, fantasía en el puente monumental y.una 
explosión de vanidad en el proyecto de canaliza- 
ción eléctrica. 'Porque la vanidad y la falacia van 
a menudo juntas por el camino de la ambición. 

El plagio es la forma dolosa de los que care- 
cen de equilibrio entre la ambición y la capa- 
cidad; echan mano de las obras ajenas, atribu- 
yéndose la calidad de autores. Los proyectos 
de ley del Ministerio de Instrucción Pública son 
exhumaciones de otros que fueron propuestos 
años antes y que no recibieron sanción legisla- 



LA DEMAGOGIA RaDICAL 153 

tiva. Estas maniobras de fraudulencia intelec- 
tual llegaron inmediatamente a descubrirse, pero 
la publicidad de la apropiación clandestina no 
pareció avergonzar a sus autores. 

La gravedad del caso no consiste tanto en el 
apoderamiento inmoral, sino en la aquiescencia 
del magisterio con el plagiario. Hubo algo más: 
hubo una exteriorización de entusiasmo por parte 
de los encargados de encaminar el carácter de 
los niños y los jóvenes hacia el campo de la 
virtud verdadera. Llevaron a sus discípulos 
hacia el acatamiento de la deshonestidad inte- 
lectual, y trazaron, o, mejor dicho, ahondaron 
el cauce por donde se van al mar, perdidos, los 
valores más preciosos del alma social. 

¿Qué podremos esperar de una generación for- 
mada bajo la dirección inmediata de personajes 
que juegan con la buena fe para defraudarla? 
¿Qué esperanza depositar en estudiantes que reci- 
ben de sus maestros enseñanza de aduladores? 

Por eso la ineptitud que trata de disimular su 
indigencia exhibiendo obras usurpadas y que 
recibe galardón en vez de censura, es un aten- 
tado contra la dignidad de la Nación, acaso más 
inquietante que la dilapidación del tesoro, porque 
éste se rehace, y aquélla, una vez dañada, no es 
susceptible de compostura sino a costa de gran- 
des calamidades. 



CAPITULO 11. 
Arrogantes y dogmáticos 



Don Hermcfgenes.--\/éanse los dramas 
griegos, y hallaremos que Anaxipo, Ana- 
xándrides, Eiípolis, Antiphanes, Philípi- 
des,iCrat¡no, Grates, Epicrates, Menecra- 
tes y Pherecrates... 

Moratín: La Comedia Nueva. 

El análisis psicológico del radicalismo nos ha 
dado hasta este momento dos de sus más desta- 
cados caracteres: la falsa virtud y la ineptitud 
disfrazada. Penetrando más y más encontrare- 
mos nuevos temas de estudio. 

Nos hallamos ahora sometidos al peso de una 
arrogancia sin ejemplo: *'¡Yo, sólo yo, y nadie 
más que yol" 

Nada puede hacerse ni nada pensarse sin la 
intervención de ese genio extraordinario, cuya 
universal versación en los infinitos campos de 
la sabiduría, convierte a los demás en una mu- 
chedumbre de inconscientes. 



I56 LUIS REYNA ALM \NDOS 

El cerebro de la República se ha reducido al 
cerebro de aquel superhombre que se nos presenta 
silencioso unas veces, otras enigmático y siem- 
pre contradictorio. 

La gente fácil a la admiración del misterio y 
el conjunto que se inclina a la explotación de 
todo poderío han llenado el templo donde el 
augur predice y el oráculo señala los caminos 
del porvenir. 

En determinados momentos la República pa- 
reció sometida a la influencia de ese personaje 
que sin haber pronunciado jamás una palabra 
sincera, turbaba el curso de la razón y confun- 
día el pensamiento de los textos legales. En 
ese instante el fastidio de Nerón habría incen- 
diado la ciudad de Roma y ésta habría sido cal- 
cinada; al estupendo gobernante le habría bas- 
tado decir: ¡quiero! para que Roma hubiera ardido 
en sus siete colinas. Pero era demasiado pre- 
maturo ese fastidio que ataca a los grandes de la 
tierra: ¡había que dejar pasar, había que probar 
el halago y el disgusto de los poderosos antes 
de incendiar a Roma! 

Los hombres se revelan por sus hechos y acaso 
más por sus palabras, como que la palabra es el 
espejo del pensamiento. Ni aun callando se 
deja de ver el fondo del alma, porque el callar 
es a menudo más elocuente que el decir. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 15/ 

Nuestro padre espiritual dice o calla, y no 
sabemos en tal alternativa qué es lo que más 
nos enseña. 

Los admiradores y obsecuentes aprendieron 
en ambas escuelas, resultando hábiles y fieles 
discípulos: callan cuando lo creen útil y hablan 
como el maestro para vanagloriarse de sabios y 
virtuosos, con el objeto inmediato de humillar 
a los adversarios y despejar el campo de cen- 
sores. 

'* Conozco todas las instituciones políticas que rigen 
a la humanidad en sus orígenes y desenvolvimiento". 
Así dijo, y la frase vibra entre la carcajada de 
los incrédulos y estremece la estultez de los 
sectarios con espasmos de religiosa admiración. 

Desde el día en que el sapiente dijo así, el 
genio de Sarmiento dejó de resplandecer y el 
espíritu de Alberdi renegó de sí mismo. Esa 
frase vulgarizada ha infundido respeto: el elec- 
tor radical no duda de que encierra una verdad 
suprema, y todo cuanto nace de su autor es pre- 
cepto sagrado contra el cual rebelarse es come- 
ter imperdonable irreverencia, una traición a la 
patria. 

Después de eso lo demás es una consecuencia 
lógica, porque el conocimiento universal, en tiem- 
po y extensión, de todas las instituciones huma- 
nas, explica todas sus jactancias. 



158 LUIS REYNA ALMANDOS 

Según ellas, su probidad es *'la más nítida y pura 
de que haya mención en los anales de la vida 
pública"; su vida ha sido consagrada 'a un pen- 
samiento de reparación histórica, indispensable 
para restaurar la nación en la plenitud de sus 
fuerzas y prerrogativas"; ha modelado su con- 
sagración en una definición de moral política 
originaria en sus concepciones ideológicas y de 
sus caracteres irreductibles", habiendo entregado 
a la nación ^'intacto y total cuanto la Divina 
Providencia le ha impreso en el alma y toda la 
irradiación de su espíritu en la efectividad de 
sus actividades"! 

¿Del pozo de qué filosofía surge esta obscura 
y asombrosa petulancia? ¡Hé ahí al "impeca- 
ble", hé ahí al mártir, al enviado providencial 
que en nombre de su moral política viene a res- 
taurar la nación! 

No es caso nuevo. Está regido por un ''dog- 
ma" que se ha creado a sí mismo y en que han 
creído las muchedumbres y en que creen ahora 
únicamente muy contados pero harto peligrosos 
personajes. El "dogma", el "dogmatismo abso- 
luto" — dicho sea de paso para usar de su propia 
frase — es una abstracción bajo cuya imprecisa 
y vaga vislumbre se confunde la'verdad positiva. 
Parece ser que el dogmatismo absoluto supone 
un estado de confusión precedente en la política 



LA DEMAGOGIA RADICAL I59 

de la República, una confusión que es necesario 
despejar. 

Por los hechos acontecidos desde el día en que 
el "dogmatismo" empezó a imperar, debemos 
deducir que el pretérito desquicio se restauraría 
no por el ejercicio de la ley sino por su constante 
violación, y, que la acción restauradora en lugar 
de corresponder a los jueces, a los parlamentos, 
a los periodistas y a los maestros^ sólo compete 
a la Divina Providencia aposentada en la sala 
minúscula de un cráneo deleznable. Porque si 
hasta ayer creíamos que el orden social se sus- 
tentaba por el ejercicio de la ley y que la liber- 
tad tenía por custodia la libre discusión y la 
enseñanza, hoy hemos de convenir en que el mé- 
todo es diferente, puesto que el *'dogma" arre- 
mete contra mentores y jueces con la violencia de 
una intransigencia de inquisidores. 

No es caso nuevo en la historia del mundo, 
aunque lo es para la nuestra, en cuanto a pue- 
blo legislado. El dogma de la Santa Federación 
era también idéntico, pero entonces el pueblo 
carecía de legislación y podría explicarse la 
prepotencia de la arbitrariedad donde la ley no 
imperaba; pero ahora la arbitrariedad es un 
fenómeno monstruoso, porque a contar de 1 85 3 
la República está regida por la ley. 

Cuando el dogmatismo jacobino echó su som- 



l60 . LUIS REYNA ALMANDOS 

bra sobre el suelo de Francia, la teoría en cuyo 
mérito la violencia sustituyó a la ley podría 
explicarse porque ese país estaba revolucionado; 
pero en un país donde se había producido el 
caso más extremo de libertad cívica, ninguna 
idea dogmática habría podido aparecer sin la 
presencia de un demagogo pertinaz, actuando 
en un ambiente saturado de descontento, y dis- 
puesto, por lo tanto, a contaminarse rápidamente 
de las ideas de reforma. 

El ^'dogmatismo absoluto" de que aparentan 
estar imbuidos los que se titulan intransigentes, 
es decir, los demagogos calificados y la suerte 
de secuaces que les sirven de brazo, no admite 
ley alguna y da contra sus defensores con el 
conocido furor. 

''Dios mediante — clama el Presidente de los 
argentinos en su conocido telegrama al ex in- 
terventor en Salta, Doctor Jiménez Zapiola — no 
habrá poder humano que me haga desistir de la 
reorganización de todos los gobiernos ilegítimos, 
detentadores de la soberanía de los pueblos; ni 
tampoco en la reconstitución de los gobiernos 
toleraré el menor menoscabo de sus bases cons- 
titutivas". 

El no toleraré^ imperativo y duro, es el ¡quere- 
mos! de la plebe que encendía la indignación 
del patricio; es el ánimo impulsado por el de- 



LA DEMAÍtOGíA radical I6I 

signio de mandar, que da contra todo lo que se 
le opone y que no cede ante ningún obstáculo. 
No toleraré que el vicio me cierre el camino; no 
toleraré tampoco que la virtud me detenga, por- 
que no hay virtud como la mía, ni verdad como 
mi dogma, ni probidad, ni talento, ni integridad, 
ni principio capaz de levantarse contra mí! ¡Yo 
mando, yo gobierno, yo sé, yo soy! ¡Y ay de 
aquel que se atreva a contradecirme! **E1 que no 
está conmigo está contra mí". Y pues el dogma 
es todo, nada hay que valga fuera de él. Y 
cuando se infiltra en la conciencia de cierto nú- 
cleo el veneno de la agresión, se dispone la tira- 
nía a la venganza y al castigo. 

Si en épocas regulares un hombre apareciera 
en la plaza pública diciendo de sí mismo cosas 
admirables, sería corrido por la burla del vecin- 
dario, o tenido por demente digno de lástima; 
pero cuando la sociedad dispone sus sentidos 
hacia el desorden, la demagogia o la revolución, 
aquel tonto puede hacerse reo o pontífice y pa- 
sear su figura de iluminado bajo el palio de la 
ignorancia entusiasmada. El histrión ha vencido 
entonces y la sociedad es desde ese momento 
un tablado de ignominia. 

El dogma inñexible es, sin embargo, la fuen- 
te más fecunda de contradicciones. Los hechos 
actuales son la prueba de esta verdad. 



102 LUIS REYNA AL MANDOS 

El dogma dice, por ejemplo, que la ley pro 
hibe disponer de los fondos públicos como si 
fueran propios, porgue lo que es del Estado no 
es susceptible de disposición privada. Pero el 
que lo practica declara que él maneja el dinero 
público como si fuera propio, y lo dice con for- 
midable aplomo. No tiene, en consecuencia^ 
obligación de publicar las operaciones reserva- 
das, ni justificar sus manejos, ni rendir cuenta 
a nadie de sus actos: él, que es todo probidad, 
no puede ser sospechado de malversación, por- 
que aquélla todo lo cubre, y ha de contentarse 
el pueblo con ella. (O 

Después de un largo período, la Provincia de 
Corrientes consigue darse un gobernador, y 
aunque el gobierno federal hizo de aquélla un 
feudo, advierte al nuevo mandatario que éste 
''debe pasar los atributos de su gobierno a su 
sucesor legítimo, con la misma pureza democrática 
con que lo recibiera". (-) 

La pureza democrática de que blasona el dog- 
mático, y que es en sí una amenaza, ha conver- 
tido, a su vez, a Mendoza en una región donde 
la prepotencia del espíritu gaucho se sobrepone 



(1) Declaración del Ministro Salaberry en el debate sobre las trans- 
ferencias a oro; Agosto de 19lf. 

(2) Telegrama al Gobernador Contte, de 22 de Agosto de 1919. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 103 

a todo principio constitucional y a los derechos 
individuales. En esta Provincia un hombre al- 
zado contra sus conciudadanos es impuesto por 
el gobierno federal contra el clamor de unánime 
protesta y no obstante las denuncias multipli- 
cadas de las personas más calificadas. Pero 
allí vibra el ¡queremos! contra maestros, publi- 
cistas y jueces; allí la soberanía de los pueblos 
se reduce a la amenaza del brazo que ordena, 
llegando en su ciega decisión a los extremos 
de privar la libertad a quienes no han sentido 
en sus venas la ponzoña del dogmatismo. (O 

Maestros, publicistas y magistrados son los 
enemigos del pueblo para los del dogma: como 
que si es este la panacea de la democracia, los que 
no la aceptan vienen necesariamente a ser de- 
tractores y destructores de la democracia misma. 
Con esta teoría, sostenida por la fuerza de que 
disponen, los gobernantes pretenden, en realidad, 
pasar los atributos del gobierno a un sucesor 
de su hechura, y en modo alguno observar en 
la futura elección los procedimientos republica- 
nos. El continuar mandando es el secreto, y 
pues no es posible confesarlo, se inventan el 
dogma y la probidad, impresionándose al pueblo 
con expresiones indefinidas. 



(1) Caso de los maestros encarcelados durante la huelga de 1919. 



I64 LUIS REYNA ALMANDOS 

El dogma de la pureza democrática, que encie- 
rra en sí tanta arrogancia como odio y tanta 
intransigencia como deslealtad, ampara a los 
creyentes y persigue a los reprobos, e invierte 
los términos del orden social y político. Todo 
cuanto hay de regular en la vida del Estado su- 
fre las más inesperadas transformaciones, desde 
la ley hasta el reglamento, comenzando por 
desconocerse ante todo el fundamento mismo de 
la democracia republicana, precisamente porque 
en ella no existe ningún dogma, a causa de que 
éste es su absoluta negación. 

Como el buen sentido no puede desaparecer, 
aún en los momentos de mayor confusión, los 
creyentes del infalible quedan al poco tiempo 
reducidos a mínima expresión, pero con un poder 
de acción disolvente enorme, en razón de haber 
ocupado posiciones públicas. Posiblemente aho- 
ra es mucho más considerable el buen sentido 
que el dogmatismo, pero, sin embargo, el país 
sufre el peso del principio abstracto, tanto por- 
que padece de indiferencia, irresolución o sen- 
sualismo, cuanto porque, depositado el poder 
del gobierno en pocas manos, éste se aprove- 
cha de aquella debilidad para mantenerse por 
medio de los sectarios de los comités, de los mer- 
cenarios de las policías y de los tribunales co- 
rrompidos. 



LA DEiM agogía RADICAL 165 

Los jacobinos fueron una mínima parte del 
pueblo francés, y consiguieron, a pesar de ser 
pocos, tiranizar la Francia en la más trágica 
forma imaginable; y actualmente, en la Europa 
Oriental, un puñado de fanáticos consuma, en 
nombre de la igualdad social, la más odiosa de 
las catástrofes, y aun consiguen llevar la pertur- 
bación de sus doctrinas a todos los países de 
la tierra. 

Los jacobinos se apoderan de la Convención, 
los maximalistas de los ejércitos, y aquí, los radi- 
cales, de todos los elementos de que pueden dis- 
poner los gobiernos. El jacobino tiene por dogma 
la soberanía pfli>ulary en cuya virtud el pueblo, de 
<iue ellos se arrogan la total representación, con 
exclusión de los demás, hace y deshace a su an- 
tojo; el maximalismo se apoya en el principio de 
igualdad de los hombres, cuya práctica es el 
despojo y el martirio de las clases ricas, en ex- 
clusivo provecho de los proletarios; y el radica- 
lismo eu el gobierno, tiene por motor la pureza 
democráticay más bien dicho, la libertad electoral 
porque para su mentalidad primitiva la libertad 
consiste en organizar gobiernos para su beneficio. 

Pero todos son un grupo pequeño, una tiranía 
irresponsable y por eso temible. En nuestro 
país no habría sido fácil organizar esa tiranía 
bajo la invocación jacobina o maximalista, por- 



I66 LUIS REYXA ALMAN'DOS 

que las condiciones sociales no son adecuadas 
para esa clase de abstracciones; aquí sólo prende 
la semilla de la política, y nada más propio co- 
mo invención dogmática que la libertad de su- 
fragio. 

El dogma, pues, se reduce a organizar para 
sus creyentes, sólo para estos, la máquina de 
mandar, y bien sabemos que la máquina de man- 
do es la que siempre ha segado la mies de la 
justicia y preparado el terreno de la guerra. 



CAPITULO III. 
Doctores y Maestros 



— Los autores que escribieron esas 
obras, dijo Lambourne, no se imagina- 
ban en qué manos iban a caer. 

— Ni para qué habían de servir, anadió 
Fóster. iMi cocinera no se vale de otra 
cosa para raspar las ollas, ni mi criado 
para encender el fuego. 

VValter Scott: Kenilworth. 



El hombre mediocre odia o desprecia las al- 
tas calidades porque las envidia en razón de 
que no las puede alcanzar. Pero la instintiva 
comprensión de su inferioridad lo impulsa a 
apoderarse de aquellas y cae e-n la usurpación 
de títulos. 

Este modo de ser ofrece formas diferentes. 
. Desde que el gobierno inva.dió las casas de 
gobierno sorpréndenos ver aparecer en todas 
partes una suerte singular de doctores sospecho- 
sos compartiendo funciones de alta significa- 
ción con camaradas cuya indumentaria, aspecto 
físico y conducta los individualizan inmediata- 



1 68 LUIS REYNA ALMANDí>S 

mente. Esos términos opuestos confúndense en 
ostensible maridaje. 

Al observar este cuadro surge la sospecha de 
la legitimidad del título del doctor y la duda 
íntima del estado moral de las Universidades. 
I Será aquél un abogado verdadero o un falsa- 
rio .'* i Habrá caído la Universidad en tal ex- 
tremo de degradación hasta hacer del patán uji 
defensor del derecho y de la justicia un ar- 
bitro 1 

Por lo pronto hay un doctorado desconocido; 
nadie sabe de dónde viene, ni él lo confiesa 
jamás. En el caso más simple se muestra irre- 
soluto, apela a la evasiva, se esconde en su 
despacho, cuyas cerradas puertas significan para 
el público una solemnidad propia de la majes- 
tad entregada al afán de problemas trascen- 
dentales. Aquel quídam es un genio para el 
criterio popular, un orgulloso para el suscepti- 
ble o un simulador para la sagacidad del- psi- 
cólogo. Por lo común no es sino un -audaz que 
se apoya en el escabel de su cinismo, uno de 
esos lobos harto conocidos en la política y en 
las esferas de las administraciones gubernativas. 

Grande o pequeño, según la suerte de su des- 
tino, su influencia en ambas actividades se deja 
sentir desde el instante en que la fortuna les 
tiende la mano para sacarlos de la sombra en 



LA DEMAGOGIA RADICAL I69 

que han vivido. En el campo de la política se 
hacen voceros de los "principios" y "postula- 
dos" con que la plebe delira, y sus proclamas 
sirven a la incitación de las bajas pasiones. 

Cuando se atreven a tocar el delicado instru- 
mento de la ley, sea para interpretarlo, sea 
para modificarlo, este se destruye. Al entrar en 
las legislaturas, ya insolentes, ya tímidos, la 
ley se extremece y espera su inevitable tor- 
mento, cuando no la agonía. El que fué procu- 
rador en el último pueblecito de campaña, ur- 
didor de pleitos pequeños en la tenebrosa au- 
diencia de la justicia de barrio, el que fué ver- 
dugo del pobre y azote de huérfanos y viudas, 
sale vestido de senador, padre de un pueblo 
sometido a la férula de los irresponsables. 

De tal fuente de pestilencia moral brota el 
abundante venero de podredumbre que mancha 
el cuerpo político de nuestro país y que exige y 
exigirá durante largo tiempo el trabajo afanoso 
de los higienistas de la ley y del orden para 
sanearlo. 

Aquellos personajes, cuya identidad miste- 
riosa es cuidadosamente oculta por ellos mis- 
mos mediante la destrucción de los rastros bi- 
bliográficos conservados en los archivos de la 
pK)licía, imprimen el sello de su prosapia hasta 
en la blanda alfombra de los salones a que el 



170 LUIS REYNA ALMANDOS 

pueblo los empuja, y convierten las mesas del 
estudio en testigos de sus maquinaciones. El 
negocio más o menos confesable, concebido por 
el desenfreno del interés, pasa sobre toda con- 
sideración respetable, y el modesto procurador 
de alcaldía hecho ''doctor" de un día para otro, 
se hace caudillo en su pueblo y diputado en la 
ciudad. 

Los falsos doctores y los malos maestros 
actúan bajo la protección de los poderosos. Ellos, 
con los universitarios segundones y los togados 
inteligentes pero corrompidos, constituyen el 
alto plano de la administración organizada por 
los autócratas. La justicia, la construcción ma- 
terial y la enseñanza pública, cuanto la activi- 
dad jurídica de la administración, han caído 
en la celada de los comités radicales. 

Cuando, por ejemplo, un consejero letrado de 
autenticidad y moralidad dudosas pone mano a 
su tarea, cree ver en cada asunto una incógnita 
irresoluble y al mismo tiempo una incógnita 
despejada: la primera es la cuestión legal para 
él indescifrable porque no la entiende; es la 
segunda su provecho ilícito manipulado por el 
cohecho. La víctima espera despacho durante 
largo tiempo; pero el "doctor" estudia, y pues 
la cuestión es delicada, el "doctor" aparece 
como hombre prudente defensor escrupuloso de 



LA DEMAGOGIA RADICAL I/I 

los intereses fiscales. Hé aquí de qué modo la 
ignorancia o la mala fe se muestran con la au- 
reola de la virtud; hasta que, descubierta la 
superchería, pero sin poder acusar, la víctima 
se entrega impotente. Idéntico proceso del que 
para prostituir pone asedio a la debilidad. La 
defensa del débil es casi siempre vencida, tanto 
más fácilmente cuando la conciencia social pierde 
su rumbo. 

Los falsos y malos doctores, al invadir los 
palacios de la justicia, son más destructores de 
la moral pública que las invasiones armadas 
entregadas al despojo. Una invasión dura poco; 
mientras que el entronizamiento de malos jueces 
importa una irresponsabilidad a largo plazo. El 
bandolero de la encrucijada sabe que tras de 
sus desmanes vuela el castigo y que debe bus- 
car la impunidad en la huida; pero el juez o 
el dignatario arbitrarios saben que pueden 
consumar sin miedo el mayor delito porque im- 
punemente aquel conviértela queja en desacato 
y este merece pena. De ahí que tras el juez 
delincuente vaya la protección social y que en 
pos de la víctima corra el castigo: un funesto 
trastrueque de valores. 

Causa estupefacción observar el modits ope- 
randi de aquella clase de funcionarios. Muchos 
de ellos, al comparecer ante las Cortes no va- 



172 LUIS REYNA ALMANDOS 

cilan en atribuirse la paternidad de teorías ju- 
rídicas ora gastadas por repetidas o tan peregri- 
nas que cuesta convencerse de que hayan surgido 
de cerebros equilibrados. Hablan diciendo "mi 
tesis" "mi teoría" y están posiblemente con- 
vencidos de que las han inventado. 

Los universitarios de títulos sospechosos son 
abundantes. Por buena fe poco se investiga la 
legitimidad y hasta la existencia del diploma; 
y así, al amparo de esta tolerancia, hoy hacen 
valer calidades que no tienen muchos audaces 
(lue si alguna vez visitaron las aulas casi nun- 
ca las frecuentaron hasta llegar al doctorado. 

El título de doctor es en los países democrá- 
tico- republicanos, el sustituto de los títulos no- 
biliarios: los condes en ellos son los doctores. 
Estos ejercen influencia en la política, pero la 
política muchas veces no se detiene a examinar 
las calidades. Ahora la noncuranza es extrema^ 
y sus efectos han salido a la superñcie. Lo 
que podría ser útil a la moral elástica del elec- 
torado ha sido aplicado en la administración; 
de ahí que el leguleyo agitador de masas po- 
pulares a fuerza de oratoria huera y sonante 
se crea con atributos suficientes para manejar 
los más delicados negocios públicos. 



LA DEMAGOGIA RADICAL IJS 



LfOS falsos y malos abogados, no son los úni- 
cos que hacen valer sus títulos ficticios o mal 
adquiridos: por otro rumbo llegan los falsos y 
malos maestros. Estos son buenos factores elec- 
torales porque por su posición y dispersión en 
el vasto país influyen en el conjunto. 

Mal pagados y peor considerados ceden por 
el dinero de cada mes a las imposiciones de 
quienes los gobiernan, o son sustituidos los me- 
jores por cuantos se disponen a m.edrar a su 
sombra. El comité invade la escuela, le imprime 
su sello, la somete a su desorden; en una pala- 
bra, la desnaturaliza y, por lo tanto, la destruye. 
Una escuela corrompida es más peligrosa para 
el bien social que una escuela vacía: ahora te- 
nemos la primera, y algunas otras van cerrando 
sus puertas. 

Ha llegado el mal hasta el punto de preten- 
der convertir la primera escuela de una gran 
Capital en asilo de vagabundos; esta época es, 
en efecto, la de la hegemonía de los holgaza- 
nes. El caso de la gran escuela propuesta pa- 
ra cárcel de vagos y degenerados es objeto de 
un proyecto de ley hecho para impresionar al 
pueblo bajo pretendido amor al desdichado. 



174 LUIS REY.NA ALMANDOS 

Porque ahora para nuestros gobiernos tiene más 
poder social el individuo peligroso que el edu- 
cando, en razón de que el niño que estudia es 
un factor electoral negativo. 

Si hay una escuela de donde emigrarán dos 
mil niños de ambos sexos para alimentar, en 
cambio, a cien degenerados, hay un colegio na- 
cional, el de Chivilcoy, donde el comité radical 
irrumpe con violencia y lo asalta como si fuera 
un reducto enemigo: once profesores desafectos 
a la "santa regeneración" son sustituidos por 
individuos de aquél, iletrados y desconocidos^ 
y el establecimiento, revolucionado, se clau- 
sura. 

Los estudiances declaran en un telegrama que 
" una banda capitaneada por el Vicerrector asal- 
tó el colegio en hiomentos que los alumnos pro- 
testaban contra la intromisión de la política en 
la enseñanza". Tal escándalo sucedió el l° de 
Setiembre de 1919. Este vandalismo pone en 
actividad al telégrafo, pues el Presidente de los 
Argentinos es felicitado por algunos vecinos,, 
altamente satisfechos de la regeneración de las 
escuelas nacionales bajo la bota del cotuitastro^ 
permítaseme la palabra. 

La ciudad de Mendoza es objeto de castiga 
y odiosas humillaciones por el miedo que infun- 
de la ilustración a todo espíritfl autoritario. Allí 



LA DEMAGOGIA RADICAL 1 75 

reina la guerra social; allí se reproducen, agra- 
vadas, las escenas del año 40. 

''Continúa detenida la maestra Angélica Men- 
doza" — anuncia un telegrama del 6 de Octu- 
bre, publicado en "El Diario" de Buenos Aires. 
" Dícese que como en un discurso pronunciado 
en Godoy Cruz aquella manifestó que los lenci- 
nistas eran unos eunucos, se hizo entrar al ca- 
labozo donde fué alojada a un agente comple- 
tamente desnudo". 

Como la mujer, para tantos, es simple carne de 
placer, dispónese deesa carne no por la seduc- 
ción sino por la fuerza pública. Las mazmorras 
de policía son salas de violación y de escarnio. 
Mayor barbarie, imposible. Por eso hay guerra 
social en este país; en Mendoza porque se vio- 
la y escarnece, en Buenos Aires porque se sufre 
y se calla todavía; pues hay guerra desde el 
mismo día que la indignación agita el pecho 
de cada hombre aunque no se manifieste en el 
conjunto por actos definidos. 

Dos meses después uno de los " profesores " 
nombrados para el colegio de Chivilcoy apa- 
rece turbando la paz escolar en Corrientes. La 
mano que lo arma en aquél lo lleva a ésta. 

Es la mano de la razón de estado. 

Porque la razón de estado, que fustiga y humi- 
lla a los pueblos durante siglos, ha sustituido 
a la razón de justicia. 



176 LUIS REYXA ALMANDOS 

La razón de estado, muerta desde 1852, vuel- 
ve a amenazarnos, y nos sorprende. 

En efecto, los estudiantes de la Universidad 
de La Plata que invitan al Presidente de la 
República, (') el 13 de Noviembre de T919, 
para darle cuenta de la huelga universitaria — 
reproducción de las de Córdoba y Buenos Aires — 
oyeron de aquél la invocación de la razón de 
estado. "El señor Irigoyen — dice El Argentino, 
de La Plata (14 de Noviembre), — explicó ex- 
tensamente su concepto sobre la autonomía uni- 
versitaria, manifestando que es contrario a toda 
intervención: sólo podría enviarla en el caso de 
que la Universidad se encontrara acéfala, y 
ello sería por una razón de estado. 

En 1918 la Universidad de Córdoba cae tam- 
bién en manos de los comités a los gritos de 



(1) El Presidente recibe a los estudiantes, y éstos visitan al pri- 
mero, sin que por la ley ni por la necesidad estén autorizadas tales 
conferencias. Los estudiantes, que protestan de toda disciplina, bus- 
can, sin embargo, la disciplina absoluta de un mandatario ostensi- 
blemente inclinado a cerrar al pensamiento y al libre aibedríc todos 
los caminos de la libertad. 

Los estudiantes quieren libertad y la van a pedir nada menos 
que al inspirador de los desmanes de Chivilcoy, de Corrientes y de 
Mendoza, en lo docente, y al autor directo de las intervenciones 
provinciales, que han destruido la organización federal. Es difícil 
entender tan enormes antinomias: sólo son explicables en estados 
de alma sometidos al vaivén de la anarquía. Esto es lo más grave 
de la hora presente; es un vaticinio sombrío para la felicidad pú- 
blica del futuro. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 177 

democracia y progreso: desde esos días en aque- 
lla casa los papeles cambian porque rector y 
profesores obedecen y disponen los alumnos: ba- 
se conseguido la libertad por un momento; al 
día siguiente reina el libertinaje. El miedo in- 
vade el alma del profesorado ante el alzamiento 
del cinismo y de la holganza. Tremendos efec' 
tos de un cambio de valores sociales que nos 
empujan hacia el abismo del desorden y de la 
degradación. 

Si seguimos la marcha de nuestra regresión 
moral recorreremos el país entero y veremos 
de qué modo en todas partes invade la corriente 
subterránea con empuje funesto. 

Sin apartarnos del asunto vemos cómo en 
Mendoza, en Buenos Aires, y en donde quiera 
que miremos, se consuman los hechos distintivos 
del actual estado moral de nuestro pueblo. Los 
maestros sufren hambre (^) y las maestras el 
asedio de su pudor y dignidad hasta dar en la 
prisión. Acabo de recordar el caso de las maes- 
tras de Mendoza encarceladas bajo la acusación 



(1) En Santa Fe los maestros no reciben sueldo durante más de 
un añc. 

En Mendoza Lencinas cierra cincuenta escuelas, porque el tesoro 
no está en condiciones de sostenerlas; pero " los amigos " de la Le- 
gislatura se aumentan las dietas. El analfabetismo fortalece la "de- 
mocracia" bajo el amparo del secreto del voto: ¡hay, pues, que fo- 
mentarlo! 



178 I^UIS REYNA ALMANDOS 

de haber caído bajo el imperio de la titulada 
ley social: fué una hornada de mujeres como 
tiempo antes, en Corrientes, lo fué de electores. 

La tiranía no respeta ni los templos, ni los 
hogares, ni bandera, ni insignia, ni derecho, ni 
ley; no tiene más dios que su furor destructivo 
ni otro talismán que la amenaza. Cuando esta 
se alza contra las mujeres que enseñan es por- 
que la bandera de la patria ha sido arriada de 
su torre; y al ver que ante tal espectáculo la 
conciencia pública no estalla en indignación 
sentimos que el miedo colectivo, al echarse so- 
bre todos, está a punto de ahogarnos bajo el 
peso de su omnipotencia. 

Cuando la educación cae en manos del comité 
las casas de estudio dejan de ser escuelas para 
convertirse en lugares de orgía. 

Todos sabemos que, dado el sistema docente que 
nos rige, hombres y mujeres comparten el magiste- 
rio, con la particularidad deque siendo estas en ma- 
yor número, la educación de los varones les está en 
gran parte encomendada. En épocas de equilibrio 
el mal de este dominio de la maestra sobre los 
varones consiste en que el carácter se debilita 
porque el alma femenina no alcanza en la es- 
cuela a formar caracteres varoniles. En épocas 
como la actual ese mal se suma a otros muchos: 
comienza la indisciplina, y la falta de respeto 



LA DEMAGOGIA RADICAL í79 

por la maestra se convierte en falta de respeto 
por la mujer: desde ese día hay menos maestra 
y más mujer; por tanto, desde entonces, no hay 
buena escuela. El ascendiente natural del hom- 
bre sobre la mujer hace que esta se vea sometida 
como tal a la pasión y como maestra a los direc- 
tores, y que en ambas situaciones, abierta la per- 
secución, caiga en manos del perseguidor. 

Podría suponerse que tan menguada lucha de 
necesidades, instintos y pasiones tuviera por 
teatro las escuelas lejanas donde el desamparo 
de la soledad y la amenaza de la pobreza cercan 
la escuela, como a la choza aislada los lobos y 
los bandidos. Pero la tragedia silenciosa tiene 
actores en las mismas ciudades porque la diso- 
lución moral comienza siempre en ellas y hoy 
está en ellas amparada por la política. 

Hombres desconocidos, con títulos falsos o ad- 
quiridos malamente, refugiados en los comités, son 
maestros, educadores y mentores, y pasan sóbrelas 
instituciones docentes no como una ola de sangre 
sino como una ola de pestilencia. 

¡Lastimoso dolor el ver de qué manera los dignos 
educadores van siendo sustituidos día adía por los 
recién venidos! Hoy uno, mañana otro, vuelven a 
sus hogares despojados de autoridad, disminuidos 
en significación, abandonando el trabajo nobih'si- 
mo de educar y enseñar en las manos incansables 



l80 LUIS REYNA ALMAN'DOS 

de politicastros sin fe, ni ley, ni Dios. ¡Con qué 
angustia asistimos al retiro forzado de una maes- 
tra respetada y la llegada de una mundana cono- 
cida! ¡Con qué amargura oímos el adiós de la pri- 
mera y la palabra de triunfo de la segunda! 

Esta decadencia no es de hoy, porque el mal es 
demasiado profundo para atribuirlo íntegramente 
al gobierno del comité; seríamos en ello injustos; 
pero el hecho real es que el comité ha concluido 
de manchar lo que empezaba a mancharse y ter- 
minado de destruir lo que amenazaba ruina. 

Estos hechos son los síntomas inquietantes del 
malestar social del presente; pensar en ellos para 
combatirlos es tarea sagrada, pero mientras no 
sople el aliento vivificante de la dignidad en el 
alma social serán vanos todos los esfuerzos. 

El P. E. Nacional dictó el 13 de Agosto de iQig 
un decreto por el cual se reclama el concurso 
de los vecindarios para contribuir a mejorar las 
condiciones de vida de los alumnos, a dotar a 
los institutos de edificio propio, a ensanchar los 
gabinetes y plazas de ejercicios físicos; fomentar 
las bibliotecas e intensificarla cultura. 

Ese decreto es virtud engañosa, palabras des- 
mentidas por los hechos: quince días después se 
consuma el asalto a mano armada en el Colegio 
Nacional de Chivilcoy, y poco antes las cárceles 
mendocinas guardan a mujeres indefensas. 



L-^ DEMAGOGIA RADICAL l8l 

El caso del Colegio Nacional de Chivilcoy me- 
rece más detenido examen; será en nuestra his- 
toria uno de los ejemplos más destacados de la 
intromisión de los comités políticos en la educa- 
ción pública. En este colegio penetran violenta- 
mente ciertos individuos de un comité organizado 
para servir la política del Presidente, empeñado 
en dominar y vencerla resistencia que le opone el 
Gobernador de Buenos Aires. El asalto tiene por 
fin poner en posesión de cátedras a once personas 
de antecedentes oscuros, en sustitución de otros 
tantos profesores. Algunos diarios han publicado 
la biografía de aquellos desconocidos, y son, se- 
gún ella, ex estudiantes reprobados, los unos, ti- 
pos ''de acción" los otros y todos faltos de título 
profesional. 

Este ingrato episodio nos ha ofrecido un nuevo 
documento presidencial, interesante como dato 
para el estudio de su mentalidad y su conducta. 
Unido a sus dichos literarios conocidos, servirá 
en lo futuro para que el historiador y el psi- 
cólogo las analicen sin error. 

El documento es la declaración siguiente, he- 
cha al Presidente de la Federación Universitaria 
Argentina el 12 de Setiembre de 1919. 

'Wo es un obstáculo para desempeuar una cátedra 
el ser menor de edad, porque yo mismo, a pesar de 
haber vivido constantemente sobre los libros, no sé 



1 82 LUIS REYNA ALMAXDOS 

ahora más de lo que afyrendí hace veinte años, excepto 
lo que me ha enseñado la experiencia' '. 

¡Un hombre que ha vivido cincuenta años sobre 
los libros, y que no ha aprendido nada, conoce, 
sin embargo, por su dicho, todas las instituciones 
de la humanidad en su origen y desenvolvimiento y 
se atreve a gobernar la República! 

Esta sabiduría espontánea ha producido sus 
efectos: los citados en este capítulo, y, por los 
acontecimientos que se suceden de continuo, la 
anarquía escolar, la ''democratización" funesta de 
las Universidades, es decir, la indisciplina de 
los alumnos ante la desorientación y desmedro 
de los profesores. Así se prepara una genera- 
ción disoluta: una amenaza, cjue ya es un pre- 
sagio. 



CAPITULO IV. 
Violentos y aduladores 



—¡Abajo Constancio! —interrumpieron 
ios legionarios. ¡Abajo el fratricida!' ¡Tú 
eres nuestro emperadorl ¡Gloria a Au- 
gusto Juliano, el invencible! 

Merfjkowsky: La Muerte de los Dioses. 



Una de las manifestaciones características del 
partido es la violencia en todos sus aspectos: 
la verbal y la de hecho, la palabra y el golpe. 
Es uno de sus privilegios, eficaz un tiempo, en de- 
finitiva una de las causas que lo abatirán irre- 
mediablemente, no sólo porque tras del insulto 
y e.l golpe viene la reacción, sino también porque 
siendo la violencia un impulso ciego, tarde o 
temprano se vuelve contra sí misma. 

Revolucionarios por naturaleza, altivos, ina- 
daptables a la benignidad de la tolerancia y de 
los dictados de la ley, organízanse para revo- 
lucionar, acrecen en número para turbar el orden 
y, dueños al fin del poder, subvierten el poder, 
mismo, que de moderado se hace agresivo. 



1 84 LUIS REYNA ALMANDOS 

Toda idea de equilibrio se quiebra u oscu- 
rece ante el instinto de la violencia, llegándose 
por ese camino a extremos inconcebibles. Los 
violentos, mezclados a los virtuosos, ya descrip- 
tos, gobiernan contra el Estado y el orden so- 
cial, porque siendo el Estado y el orden las 
vallas opuestas a sus ideas y sentimientos, ven 
en ambos dos obstáculos que los irritan. 

Es posible concebir un estilo revolucionario 
en las proclamas y discursos de los comités, 
mucho más cuando la composición de estas aso- 
ciaciones se hace con elementos inferiores des- 
contentos siempre y siempre dispuestos a salir 
de su centro natural; pero lo que no puede me- 
nos de causar asombro es ver de qué manera 
aquel estilo se imprime en la documentación 
oficial desde la más inferior hasta la más ele- 
vada. 

La impaciencia, el menosprecio, la iracundia, 
gradaciones sucesivas de una misma pasión, 
rayan el papel donde se vuelca el rencor, porque 
la pluma no sabe correr suavemente sino que 
paéa hiriendo. 

Esos documentos constituyen la expresión de 
un estado social característico: el estado de agi- 
tación de los inferiores, animado del deseo de 
destruir o vencer a cuantos se oponen o puedan 
probablemente oponerse a su dominación defi- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 1 85 

nitiva. Gobernantes y gobernados gustan del 
deleite de la venganza: la lengua y la pluma, 
incansables en la ofensa, clavan sin medida sus 
saetas invisibles en el oído que escucha, en el 
papel que dicta órdenes y en el periódico di- 
famatorio. 

Los hombres que triunfaron el 12 de Octubre 
de 191b dieron curso a la incontinencia del len- 
guaje, no sólo en las publicaciones diarias — que 
de ella se tenía ya viejos ejemplos — sino en las 
peticiones particulares ante las autoridades ad- 
ministrativas y los magistrados. La justa medi- 
da de la expresión, la cultura del decir en el 
pedir, que había sido una conquista de la bue- 
na crianza, alteráronse de un día para otro por 
una irrupción de heraldos de la mala educación 
en franco alzamiento contra los menospreciados 
gobernantes y empleados del "régimen". 

Desde ese día oficinistas y jueces hubieron de 
leerescritosinsolentes de gentes desconocidas arre- 
batadas del delirio de regeneración, en pleno ata- 
que contra concusiones y otros delitos de que 
no tenían conocimiento definido, pero que, en 
su exaltación sectaria, agrandaban desmesurada- 
mente. Aprovechábase la más insignificante co- 
yuntura para deslizar entre frases alabanciosas 
a los nuevos gobernantes el veneno sutil de la 
sospecha contra la honorabilidad y la buena 



l86 LUIS REYNA ALMANDOS 

fama de un funcionario cualquiera, sabiendo 
que, cambiado el "régimen", la "causa" era ga- 
rantía de impunidad y hasta probabilidad de 
protección. 

Buen número de gente sospechosa, que había 
vivido hasta entonces al margen de la socie- 
dad, y abundante copia de necios y desconocidos 
echaron mano del papel sellado para volcar en 
él la torpeza de sus apetitos subalternos con 
desmedro de la dignidad ajena. La huella del 
comité subía hasta el salón dejando por todas 
partes señales de su paso. 

Las peticiones reveladoras de la malignidad 
plebeya son las menos fundadas en cuanto al 
derecho reclamado; más aún, casi en su totali- 
dad son inconducentes y hasta dolosas. 

Hay en las oficinas públicas ciertos asuntos a 
que se da el nombre de fósiles, porque ya por com- 
plicados, ya porque contrarían la ley y la moral, 
permanecen durante años y años a la espera de 
una resolución que no llega nunca. Pues bien, esa 
colección de fósiles empezó a moverse inmedia- 
tamente después del gran día del triunfo electoral 
al conjuro de palabras consagradas, la "causa", 
la 'Reparación", la "probidad más nítida", va- 
ritas mágicas de la hipocresía con que se ha pre- 
tendido catequizar y se ha catequizado al pueblo, 
y que luego han seguido sirviendo de ganzúa. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 1 87 

Abogados, procuradores, merodeadores del fo- 
ro; comisionistas y corredores, rr^erodeadores de 
las arcas públicas; traficantes del perdón, que 
mediante buena paga hacen girar la llave de 
las prisiones para devolver a la sociedad lo que 
la justicia proscribió; penetran en tribunales y 
gabinetes administrativos para remover el osario 
■de los pleitos dudosos y hacer de los huesos 
viejos instrumentos animados de lucro bajo el 
amparo de complacencias y complicidades de 
calificación bien clara. C) 

Abogados y procuradores oscuros se hacen 
paladines de la Santa Regeneración institucio- 
nal, cuyo adalid mayor es "el Supremo" y cu- 
yos heraldos segundones escalónanse desde cada 
gobernador hasta el último sirviente, puesto 
que desde el más encumbrado hasta el más hu- 
milde, desde el gran señor hasta el criado vis- 
ten todos la púrpura de la "más pura y nítida 
probidad". 

El empleado del viejo régimen que había in- 
formado en los viejos expedientes, dictado re- 
soluciones, producido dictámenes, caía bajo el 



(1 ) El tiáfico del perdón es el negocio de unos pocos personajes 
de alta categoría, consistente en iniciar y tramitar el indulto de los 
criminales. El público sabe quiénes son, cómo maniobran y hasta 
dónde se enriquecen. Aseguran personas fidedignas que un solo ne- 
gocio de esta índole costó al indultado la suma de 450.000 pesos. 



1 88 LUIS REYNA ALMANDOS 

azote del improperio o bajo la sombra de la sos- 
pecha; y así, desde el día del cambio de valo- 
res, el funcionario de ayer, generalmente prác- 
tico y honesto — sin que esto importe hacer de 
todos una clase de impecables — hacíase blanco 
de perversas suspicacias. 



* * 



Los nuevos empleados salidos de los comités 
de la '^causa" llevaban consigo las taras incon- 
fundibles de la violencia y la codicia de que 
habían surgido; trasladaban a las oficinas el 
voceo de su cínica intemperancia tratando de 
obtener con imprecaciones lo que jamás obten- 
drían con razones. ¡ Y lo han conseguido ! 

El método de la imprecación, puesto en prác- 
tica por los energúmenos del comité, hizo la 
presidencia de la República, volcó las interven- 
ciones sobre las Provincias y alteró, con daño 
de ellas, las costumbres cultas de la burocra- 
cia en todo el país. 

Palabras clamorosas dan el triunfo al Presi- 
dente, porque es sabido que en la asamblea que 
lo ungió candidato un reducido grupo, con la 
complicidad del mayor número, impuso ese nom- 
bre entre vociferaciones y amenazas. Es sabido 



LA DEMAGOGIA RADICAL 1 89 

también que la intervención en Buenos Aires, 
aunque decidida de antemano por la voluntad 
presidencial, que no necesita consejos ni adver- 
tencias de nadie porque está guiada por sí mis- 
ma con menosprecio del Parlamento y de la 
opinión de los demás; es sabido que aquella in- 
tervención, repito, fué decretada pocos días des- 
pués del telegrama que le dirigió un comité 
amenazador, donde se decía al Presidente que 
si no decretaba la intervención los firmantes no 
responderían de la indignación de un pueblo deses- 
perado. (Abril de 1919). Claro está que "el pue- 
blo desesperado" no era el de la Provincia sino 
el electorado famélico, desesperado efectivamen- 
te de que siguieran ocupando el poder los con- 
trarios: era el suplicio de Tántalo que ve correr 
el agua a un palmo de la boca sin poderla 
beber. 

El populacho gusta extraordinariamente de 
las explosiones oratorias detonantes y cuando 
se siente halagado por los gobiernos no pierde 
ocasión de desbordarse. Los políticos " hábiles " 
saben cuan fácilmente vibra esa cuerda del alma 
popular y la tocan a menudo. En aquella oca- 
sión la frase "pueblo desesperado" produjo mu- 
cho efecto, como que su autor consiguió salir 
de su insignificancia para convertirse en gran 
señor. La frase aquella echó abajo los poderes 



190 LUIS REYNA ALMANDOS 

del estado, cambió la faz de la administración 
entera, y ahora, al cabo de pocos meses, la 
frase se ha convertido en una gran verdad, por- 
que realmente el pueblo consciente está positi- 
vamente desesperado. 



* 

* * 



El lenguaje de la secta es espejo fiel de la 
arrogancia del que siendo de condición humilde 
cambia sus pobres vestidos por traje de salón. 

Historia repetida, según se verá. 

El ilustre historiador de la revolución fran- 
cesa — Hipólito Taine — al estudiar la altera- 
ción del equilibrio mental del jacobino conquis- 
tador y el tono que conviene a su nueva dig- 
nidad, dice: "Nada más altanero ni más arro- 
gante que ese tono. Desde el principio estalla 
en las arengas de los clubs y en las peticiones 
a la Asamblea Constituyente. Loustalot, Fré- 
ron, Danton, Marat, Robespierre, Saint-Just, na 
abandonan jamás el estilo autoritario: es el de 
la secta, y concluye por convertirse en jerga 
usada hasta por el último lacayo. Urbanidad 
o tolerancia, todo lo que se parece a deferencia 
o respeto por otro está excluido de sus pala- 
bras como de sus actos: el orgullo usurpador 



LA DEMAGOGIA RADICAL 191 

y tiránico se hace lengua a su imagen, y se ve 
no sólo a los primeros actores sino también a 
los simples comparsas tronar en grandes pala- 
bras desde su estrado. Desde los girondinos 
a los Montañeses crece la infatuación. Simple 
particular, a los veinticuatro años Saint-Just es 
un sediento ambicioso. Creo haber agotado, dice 
Marat, todas las combinaciones del espíritu hu- 
mano sobre la moral, la filosofía y la política". 
(La Révolution; Tomo II, pág. 29). (^) 

La arrogancia del lenguaje radical aleja toda 
idea de raciocinio reposado y de razonamiento 
porque, como el del jacobino que me sirve de 
punto de comparación, sin ser igual, el radical 
realmente sectario y convencido no razona: tiene 
frente a los ojos el fanal fascinante de un su- 
perhombre en el cual concentra los rayos semi- 
divinos de todas las manifestaciones del genio 
y las sombras augustas de todas las probidades^ 
austeridades y magnanimidades de que haya men- 
ción en los fastos de la historia. Su fascinación 
no le permite distinguir ni sus propias conve- 
niencias, ni su propio egoísmo: todo lo dará en 
homenaje a ese fantasma, su ídolo o su amo. 



(1) La frase conocida: " conozco todas las instituciones políticas 
desde sus orígenes, etc. ", parece un plagio, tal es su similitud coa 
el dicho de Marat. 



192 LUIS REYNA ALMANDOS 

Abundan los ejemplares de universitarios ha- 
bitualmente disgustados con el superhombre y 
con los demás que les siguen por el camino de 
la política y el gobierno: son de los que en 
privado o en rueda de amigos se atreven a 
censurar duramente la conducta de aquellos. 
Sin embargo, en la pública actuación no pier- 
den ocasión de celebrar con frases admirativas 
la conducta del Presidente de la República, se 
solidarizan — es la palabra en uso — con su po- 
lítica de regeneración y moralidad. 

Todos sus razonamientos mueren, como se 
ve, cuando se siente el contagio de la pasión 
que ciega. Semejante aberración parece del todo 
inexplicable. 

El lenguaje violento usado en las peticiones 
políticas, mezclado a la logorrea vanagloriosa, 
es una de las manifestaciones más caracterís- 
tica de la enfermedad mental que nos atribula 
y quedará en nuestros anales como segunda 
muestra de ese mismo mal que debilitó a nues- 
tra nación en la época de la primera dictadura. 

Causa asombro leer en los documentos más 
solemnes una abundante sucesión de frases des- 
corteses, preñadas de autoritarismo y censura, 
exentas de esa serenidad fría característica del 
estilo oficial, en el cual parece ausente el hombre 
y sólo presente el funcionario. Pero leamos los 



LA DEMAGOGIA RADICAL 193 

mensajes presidenciales desde 1917, las notas y 
telegramas de su Ministerio, los decretos y pro- 
yectos de ley, y veremos cómo aparece el autori- 
tarismo en ellos, cual si se tratara de monarcas 
olvidados de que hasta la más firme corona puede 
rodar un día hacia el abismo de la nada. 

Con el uso de semejante lenguaje preténdese 
mantener en el ánimo del país la paralización 
que producen en el espíritu débil del supersticioso 
y del tonto las voces de lo alto. Amenazas humi- 
llantes contra instituciones, partidos y personas, 
el ''mando" en su extremo verbal; la infatuación 
o creencia en una superioridad que sería vana- 
gloria si no fuera un peligro; hé ahí los caracte- 
res de la actual literatura política y adminis- 
trativa. 

Durante la primera tiranía los argentinos hicie- 
ron de Rosas un semidiós; inclinábanse ante él 
trémulos de miedo, deshaciéndose en genuflexio- 
nes y frases hiperbólicas: ^'Ilustre Restaurador de 
las Leyes, padre de la patria, brigadier y capitán 
general, magnánimo, glorioso''; era lo menos. El 
pavor y la ignorancia, engrandeciendo al dés- 
pota, mataba al ciudadano. 

Ahora las cosas son tan malas o peores que 
entonces. 

En "La Época", diario presidencial, la cró- 
nica de los festejos del 24 de Mayo de 1919 

13 



194 LUIS REYNA ALMANDOS 

rebosa de adulación. Es una disparatada apo- 
teosis destinada al embobamiento del comité y la 
befa del buen sentido. 

Cuando el Presidente aparece estalla — **un 
honsanna de triunfo y de redención, mez- 
cla de rezo y de trueno ululante y solem- 
ne al gran patricio, en cuya diestra viril la 
bandera se hace espíritu y en cuya viscera se- 
lecta la patria se hace amor". 

La demencia servil del apologista se manifiesta 
en toda su plenitud. Sigue de esta manera en 
sus insoportables ditirambos: 

"... parecía como que toda la nación — como 
ana cordillera se desfoga por un sclo cráter — se 
hubiera arremolinado al paso de su hombre-ban- 
dera, de su hombre-idea, de su hombre-gloria, 
para batir sus manos poliformes, para soplar su 
frente el soplo divino que ahuyenta las fatigas y 
compensa los martirologios; toda la nación, de- 
cíamos, desde la remota Jujuy hasta el polo 
de los canales fueguinos, estaba presente ayer 
en esa reañrmación colosal en que el pueblo se 
juró a sí mismo respetarse y superiorizarse en la 
encarnación y en el acatamiento de su jefe y su 
guía; de ese hombre protesta, que fué revolucio- 
nario, que es apóstol, que es presidente y que 
será ahora, después y siempre, la conciencia mis- 
ma de la nación, su más alta alcurnia moral. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 195 

como petrificada en su yoluntad, en su carácter, 
en su patriotismo y en su talento". 

Pero hay más aún en esta infame y absurda 
reata. 

'^Cuando la multitud encaramada en los balco- 
nes, en los enormes caseríos, en las aceras — como 
un muro palpitante enardecido, — cuando la multi- 
tud divisó a su magistrado, la electrización de los 
aplausos era como rumores de oleaje, y los "¡vi- 
vas!" masculinos, articulados a millares por la- 
bios candorosos de damas y niñas — ellas como 
siempre en la vanguardia del patriotismo y de la 
fe — cuando la multitud arriba, abajo, a las espal- 
das, en todas partes irrumpía con su aclamación y 
se desbordaba en apoteosis, tuvimos como nunca, 
más que nunca, la certitud del destino de nuestra 
nacionalidad, la vimos rebalzando (sic) las enso- 
ñaciones de todos los videntes que vivieron y murie- 
ron por ella, la vimos a la cabeza de la humani- 
dad, acaudillando a los pueblos bajo la égida 
segura y protectora de Dios! 

"La multitud descubierta reverenciaba al gran 
estadista y con la rotundidad avasalladora de 
su aplauso, le decía en confidencia-, de pecho a 
pecho y de corazón a corazón, que había mere- 
cido bien de la patria. Ese hombre que pasaba — 
en la arquitectura de cuya cabeza luminosa el en- 
sueño se arrebuja como en un mármol — era su 



196 LUIS REYXA ALMANDOS 

Presidente, su gran Presidente, sereno como un 
astro, fuera de las mil pequeñas combinaciones 
de las órbitas vulgares, en cuyo tranco de titán 
la gloria descuenta su recorrido y la eficacia ja- 
lonea su avance; era su gran Presidente, proli- 
ñcado en sus entrañas, entre dolores, revolucio- 
nes, revueltas, mancillamientos, descalabros, con- 
trastes; cuando él, que pasaba, la multitud se 
iba identificando al admirar su propio ser, am- 
plificado por el mandato y superiorizado por la 
consagración. El pueblo hacía su apoteosis, en la 
apoteosis que tributaba a su símbolo vivo, a su 
bandera personificada, a su presidente legítimo. 
Pero como si esto mismo no fuera bastante, el 
pueblo lo aclamaba no con el grito circunstancial 
y transitorio de ¡Viva el Presidente!, sino con el 
de antes, con el voceo que el pueblo no ha olvi- 
dado, y que tiene la simplicidad del solo nombre, 
el concepto expreso de que no es la misión oficial, 
sino el mismo, sus anterioridades innegables, sus 
desvelos pretéritos, lo que le da esa ejecutoria 
preexistente a su cargo y que vale más que su 
cargo, porque la destaca sin retaceos en la pre- 
ferencia y en el cariño de la República". 

"La canción nacional oreaba la frente, con la 
voz grave y solemne de sus acordes inconfundi- 
bles, y la patria hecha nervio y hecha espíritu, 



LA DEMAGOGIA RADICAL 197 

hecha pensamiento y hecha acción, estaba ahí 
reflejada en el ídolo que los pueblos reclaman a 
su historia más angustiosamente que el pan en sus 
hambres o la felicidad en sus desdichas — la pa- 
tria estaba reflejada en el ídolo, que Emerson lla- 
ma el hombre representativo y Carlyle el 
héroe; en el arquetipo providencial, que nunca 
marra (sic) a las naciones, en los momentos cul- 
minantes de sus épocas — la patria estaba ahí pre- 
sente, en el blasonado conductor, cuyo espíritu 
conjuga el espíritu de todos, cuyo brazo sustenta 
la fuerza de todos los brazos y cuya mente bla- 
sona con el calor de todas las mentes; la patria 
estaba ahí, y en su avance las sombras retro- 
cedían espantadas y el futuro se cuajaba de pro- 
mesas como un árbol en flor!" 

Tal es el torbellino de pestilencia moral arro- 
jado al campo de la opinión por el diario que 
recibe, recoje y esparce las ideas del Presidente 
de la República. 

Turbión de desvergüenzas, difícilmente se .en- 
contrará en la historia de todos los tiempos su- 
cesión más acabada de bajezas bizantinas. El 
buen sentido y la decencia más elemental han 
sido sacrificadas en holocausto de un hombre 
que ha vivido desde los veinte años — según su 
dicho— sentado sobre los libros, y que, por ló- 
gico efecto, bajo su gobierno, derrumba el edificio 



198 LUIS REYNA ALMANDOS 

de la enseñanza pública, haciéndolo blanco de su 
política codiciosa. 

De cuantos males morales adolece nuestra so- 
ciedad ninguno tan peligroso como el de la adu- 
lación sistematizada: demuestra que fermentan en 
el alma social gérmenes de corrupción y de cinis- 
mo muy difíciles de neutralizar. La idea de que el 
Presidente desempeña una ''misión providencial" 
encarnada en gran número de sus admiradores, 
nos arrastra por el despeñadero de la desver- 
güenza a la pérdida de la dignidad cívica; y si 
algo sagrado debiéramos jurar es combatir esos 
desafueros de la moral individual para evitar una 
más profunda degradación. 



CAPITULO V. 
Los tenebrosos 



La bala que io hirió en la mano de- 
bería haberle atravesado la lengua! 

Palabras de una maestra perseguida. 

La .mentira generalizada da paso a tipos bien 
definidos desde el momento que la demagogia 
se apodera de un país. 

En la administración figuran numerosos ejem- 
plares de falsarios y personajes de vida oscura. 

Todo aquel que odia el trabajo tiene empleo 
durante el desorden. Esos son los que se dan el 
título de demócratas sin tener noción de lo que 
es democracia. 

Los holgazanes, los que viven del trabajo 
deshonesto de las mujeres, los compadritos del 
suburbio, los alcoholistas y los pendencieros, for- 
man la gran masa democrática; y en ciertos mo- 
mentos dominan en las elecciones y suplantan 
al personal idóneo de la administración. 

Hombres que viven del trabajo deshonesto de las 
7niijeres tienen ahora lucrativos empleos; brindan- 



200 LUIS REYNA ALMANDOS 

selos y están amparados y fomentados por las 
autoridades, son la misma autoridad; muchos 
jueces los temen; forman parte de la policía y 
de las escuelas y ultrajan el honor de nuestras 
familias. 

Esa clase de tenebrosos tiene nombre en el 
caló del suburbio. Una de sus características 
más señaladas es la cobardía. Holgazanes na- 
tos, jamás han sabido de labor. El pudor para 
ellos es una palabra inexistente; la vergüenza 
un mito. Toda su alma está hecha de cinismo; 
su historia es una mentira. Lujuriosos, de las 
oficinas donde trabajan mujeres hacen sitios de 
escándalo y persecución; no distinguen a la 
mujer honesta, porque para ellos todas son fá- 
ciles y corrompidas. Dura verdad, pero verdad 
al fin. Si esos canallas no hubieran sido colo- 
cados en altos sitiales, estas palabras habrían 
muerto en los puntos de mi pluma; pero como 
han llegado a tener representación social y po- 
lítica, como algunos son maestros de la juven- 
tud, tienen representación parlamentaria, son 
periodistas protegidos y hacen de cortesanos, 
es menester distinguirlos para que el resto de 
dignidad que nos queda no se pierda del todo. 

Estos delincuentes viven del robo y llegada la 
ocasión son homicidas. Por lógico efecto del 
temor que invade el alma de los jueces, son fa- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 201 

v'orecidos por fallos absolutorios ofensivos de la 
moral social. Sátiros conocidos resultan así ho- 
nestos caballeros. 

Al reflexionar sobre tales sentencias agítase 
en nuestros corazones una viva inquietud: gra- 
duainos por la conducta del tribunal la corrup- 
ción de costumbres a que hemos llegado. No nos 
desazona tanto el delito ni el delincuente; nos 
inquieta más la sentencia y tememos al tribunal; 
un tribunal dominado por el terror, por la influen- 
cia política y por el odio de partido. No hubo 
censura: todos callaron y aceptaron que un vi- 
llano volviera al seno de una ciudad que lo 
despreciaba. Me refiero a un caso reciente. 

La justicia, creada para proteger el honor 
de los ciudadanos y para conservar la honra 
de la ciudadanía, despójase de sus atributos y 
se alza como una amenaza contra todos, y to- 
dos, sin embargo, ciegos al peligro, callan y 
aceptan hoy la afrenta y mañana la injuria. 
Una sociedad que se muestra de ese modo ti- 
morata o tolerante nada puede ya esperar sino 
una hecatombe; y no nos sorprenderemos desde 
ahora que se desencadene sobre nosotros la bo- 
rrasca de una proscripción, la miseria o la 
guerra; y no digo la tiranía, porque ya la so- 
portamos. 

Todo está preparado para la tragedia porque 



202 LUIS REYNA ALMANDOS 

cuando la mentira y la codicia son métodos de 
gobierno, el delito es protegido y los homici- 
das se tornan caballeros, los partidos modera- 
dos carecen de prestigio y prevalecen las fac- 
ciones. 

Los canallas que lucran con la deshonestidad 
de sus queridas y hasta de sus esposas son per- 
sonajes de la época. Sus biografías son más o 
menos públicas, pero nadie que esté algo ini- 
ciado en los secretos del comité desconoce la 
nauseabunda historia de los tenebrosos. Hacen 
su negocio, nunca soñado por ellos mismos an- 
tes del 12 de Octubre; no salían de la lúgubre 
callejuela o de los rincones de su tráfico clan- 
destino. Pero desde esa época alzaron la fren- 
te, los despachos públicos los acogen y llegan 
hasta las altas dignidades. 

Los ciudadanos honorables que por una u otra 
causa siguen actuando en la vida política y 
administrativa sufren el contacto de aquella 
hez pestilente, unos porque la ignoran, otros 
porque se sienten dominados por ella. Desde el 
momento que el tráfico indigno se transforma 
en figuración cortesana se propagan rápidamen- 
te los desórdenes más degrandantes entre hom- 
bres y mujeres; pues bajo las dictaduras que se 
inician blandamente el vicio se va infiltrando 
sin sentir, se hace costumbre y consigúese pron- 



LA DEMAGOGIA RADICAL' 203 

to cambiar por completo la conciencia del bien 
y del mal. 

Es así como los hogares bien constituidos y las 
familias que conservan hábitos tradicionales de 
respeto y honor, se sienten fuera de un orden 
normal de apenas disimulada licencia. Muchos 
dicen que esto es evolución, tránsito doloroso de 
un modo de ser a otro, cambio, metamorfosis- 
Sí, este es cambio realmente; pero no en el sen- 
tido del progreso sino en el contrario; verdadera 
derrota de los únicos principios sobre que pue- 
den edificarse sociedades orgánicas y dignas, 
y sin ios cuales los pueblos no son otra cosa 
que viles factorías. 



CAPITULO VI. 
Los filibusteros 



....Hé aquí los anatemas celestiales 
que han destruido estos muros en 
otro tiempo tan gloriosos y conver- 
tido el esplendor de una ciudad po- 
pulosa en soledad de luto y de rui- 
nas. 

Volney: Las ruinas de Palmira. 

La ambición de enriquecerse sin trabajo, pro- 
pia de toda época en que dominan los partidos 
populares, saca a flor de tierra a los traficantes 
de la coima, oficio de tahúres. El cohecho se 
convierte en costumbre. 

Para obtener una resolución cualquiera, media 
un espacio de tiempo normal que se acorta o se 
alarga según sea la influencia del cohechador: 
un asunto 'Vuela" o " duerme " a voluntad del 
intermediario entendido con el funcionario encar- 
gado de dictarla. En el primer caso aparece 
éste ante el público como un celoso protector del 
bien ajeno; en el segundo como un reflexivo es- 
tudioso y también protector del bien fiscal. Na- 
die puede sin riesgo enrostrarle ninguna manió- 



206 LUIS REYNA ALMANDOS 

bra de mala fe. Sólo la sabe quien la paga; y 
como el que la paga colabora en la falta, el de- 
lito queda en la conciencia, reservado a la san^ 
ción de la ley de Dios y libre de la intervención 
de los magistrados. 

Cierto empleado argumentaba diciendo que si 
no despachaba tales o cuales asuntos en que co- 
rrespondía hacer entrega de dinero a sus dueños 
era porque a éstos convenía no gastarlo: ins^ 
tituía así oficiosa y hasta paternalmente una 
caja de ahorros sin beneficio de intereses. En- 
tretanto, la pobre gente caía en manos de usu- 
reros. 

En poco tiempo ciertos pobres se han hecha 
ricos sin gran esfuerzo manejando espedientes^ 
aquellos "fósiles" de que antes he hablado, y 
de otras muchas maneras cuya mención sería 
demasiado prolija. Esos personajes gozan de 
inmunidades y han surgido a los clamorosos 
gritos de la "reparación institucional". Cada 
uno de los "postulados" de la causa ha sido un 
"fósil" reviviente, una tranformación fantástica 
de cosas muertas. 

El holgazán ha podido mezclarse a personas de 
categoría: él ha subido, aquéllas han bajado; pero 
la nivelación es forzosa, porque es un efecto na- 
tural de una época en que tan débil es el pár^ 
tido moderado como fuerte el popular. Cuando- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 207 

se mezclan el agua turbia y el agua clara es va- 
no buscar transparencia. 

Cuando los grandes negocios han aparecido, 
la prensa se ha escandalizado, pero el miedo de 
caer en calumnia cierra los labios a la acusa- 
ción; y cuando los autores son descubiertos, pasa 
lo siguiente: calla o se fuga el acusado, o se 
insolenta; encubre la policía, se excusa el juezr 
perdona al fin magnánimamente el que ahora, 
como Jehová, tiene en sus manos el rayo del 
anatema o el maná codiciado: un empleo, una 
canongía, ¡la talega de Judas! 

Estos modos de obrar, que ya no se disimu- 
lan, antes bien, que se ostentan provocativamente, 
y a los cuales el pueblo se va habituando, cual 
al ambiente del muladar los que viven en él, 
son la expresión de un característico cinismo. 

Olímpico desprecio es el escudo donde se cla- 
van los dardos certeros de las imputaciones jus- 
tificadas, desprecio que para el sectario signi- 
fica también resignación. 

Veamos algo de lo que constituye hoy el con- 
junto de cargos acumulados contra el Presidente 
Irigoyen por mala administración, y algunos más 
imputados a otros gobiernos radicales. 

A i6o.000.000 de pesos ascienden los gastos 
autorizados en acuerdo de Ministros para objetos, 
que nadie conoce. 



208 LUIS REYNA ALMANDOS 

A más de 6.000.000 se eleva el costo del tras- 
porte "Bahía Blanca ", comprado por orden per- 
sonal del Presidente con fondos no autorizados 

por el Congreso. 

Para cubrir el déficit del presupuesto de 

Marina se dispuso, en acuerdo de Ministros, de 

4.700.000 pesos, a pesar de estar el Corigreso en 

funciones. 

Este acuerdo es de 25 de Octubre del año 
corriente, y lo fué para cubrir el déficit produ- 
cido en razón de haberse echado mano de las re- 
servas que se tenían para caso de movilización. 
Además, por ese mismo acuerdo se ordenó la 
inversión de 300.OOO pesos para reparación de 
buques, ampliación de arsenales, etc., compren- 
didos en la partida I item 5 inciso 9 del pre- 
supuesto de 19 19, no uincionada por el Congreso. 
Así textualmente, se dice en el acuerdo. 

Para vencer en las elecciones de senadores 
y diputados por la Capital (Marzo de 1919) otro 
acuerdo clandestino dispuso de 3. 000. 000 para 
pagar advenedizos y pordioseros (electores) liasta 
el número suficiente de 3. 000, más o menos. 

El negocio del oro de las legaciones costó por 
comisiones pagadas a un solo intermediario par- 
ticular muy conocido, una suma que se calcula 
en 30.000.000 de pesos, perdiéndola, por consi- 
guiente, el Estado. 



LA DEMAGOCilA RADICAL 209 

La deuda del gobierno con el Banco de la 
Nación se hace ascender a 400. 000. 000 de pesos. 

Los negocios de la leña, del petróleo y la lo- 
tería; el azúcar, los metales de exportación pro- 
hibida, el despojo de miles y miles de poblado- 
res del sur; el despilfarro de 1 3. 000.000 del teso- 
ro de Córdoba en sólo tres años de gobierno 
radical absolutamente infecundo; las imputacio- 
nes ilimitadas del de Buenos Aires so pretexto de 
urgencia, a pesar de no haber en esta provincia 
ningún caso extraordinario ni apremiante, a no 
ser la avaricia de sus piratas; la bancarrota 
de la Provincia de Santa Fe; la inversión ile- 
gal de 3.000.000 de pesos para la compra, por 
el gobierno de Tucumán, de una casa de juego 
(Casino); los escándalos de Mendoza, en lo eco- 
nómico; la disposición de las rentas provincia- 
les por los empleados de las Intervenciones, cu- 
yos Interventores, con alguna excepción rara, se 
adjudican los sueldos y gastos de representa- 
ción de los gobernadores, y sus secretarios, ti- 
tulados Ministros, los de los Ministros legítimos 
(casos de malversación de caudales públicos: 
artículos 266 a 268 del Código Penal); constitu- 
yen en columnarios (^) a todos esos hombres arro- 



(1) Nombre que se daba entre los romanos a los esclavos, liber- 
tinos, bandoleros y malos pagadores, porque eran juzgados al lado 
de la columna Maenia de la basílica Porcia. Enciclopia. 

n 



210 LUIS REYXA ALMANDOS 

jados por la ola popular sobre el país para des- 
pojarlo ('), 

¿A qué mauos va ese dinero f Nadie puede sa- 
berlo. Sale clandestinamente de las arcas y su 
inversión nos es desconocida. 

I Porqué no conocemos su inversión ¡f Porque ni 
los acuerdos de Ministros han sido publicados 
jamás, ni hay cuentas rendidas. ¿Cómo habría 
de rendir cuentas una "probidad" enviada por 
la Divina Providencia para distribuir en el ce- 
náculo del misterio el pan y el vino de la re- 
generación.^ (■) 






Si los concusionarios tienen por teatro de sus 
maniobras las cercanías de las arcas .públicas. 



(1) Los hechos y cantidades del texto corresponden a publicacio- 
nes oficiales y a las informaciones de la prensa del país. El diario 
de Sesiones del Congreso, de Noviembre de 1919, es, a este respecto,, 
de suma importancia, y conviene que sea consultado para que el 
pueblo se convenza de lo que han hecho y hacen sus mandatarios 
en su perjuicio y para que los radicales sinceros se justifiquen. 

(2) Los acuerdos de Ministros se hacen en hojas de papel; en una 
se da la oiden de gastos; en la otra se extiende el decreto de in- 
sistencia. Ambas se comunican el mismo día a la repartición co- 
rrespondiente. Esta envía la primera hoja a la Contaduría, la cual 
observa el acuerdo por ser en violación de las leyes, y pues esto ha 
sido previsto, la repartición agrega al papel del acuerdo observado- 
el papel del decreto de insistencia, hecho, como se ve. de antemano 
para no perder tiempo. En esta maniobra se acumulan todas la? 
agravantes del delito. 



LA DExMAGOGIA RADICAL 211 

los prevaricadores rondan el palacio de la justicia. 
El radicalismo clamó contra semejantes mácu- 
las, y cuando trepó la altura salpicó más y más 
la toga. El porqué está ya dicho y explicado. 
La justicia, vacilante desde hacía ya tiempo en 
sus bases más firmes, ha seguido perdiendo en 
dignidad. Salvados los respetos de algunos ma- 
gistrados que la mantienen, no nos podemos 
enorgullecer de nuestros juzgadores. Togados 
eminentes por el cargo que desempeñaban se 
han enredado en los hilos de intrigas políticas 
haciendo de procónsules. Están juzgados por la 
opinión de los buenos, que se lamentan de la 
bancarrota de nuestras instituciones y de la 
indolencia nacional. Este fenómeno tiene ante- 
cedentes en la historia del mundo y poco se 
diferencian. El hombre, lleno de ambición, con^ 
funde el espejismo con la realidad y se pierde en 
éste como en un mar sin fin. No es, pues, extraño 
que comenzando el mal por los jueces cunda por 
todas partes, pues basta saber que los encarga- 
dos de juzgar merecen ser juzgados, para dejar 
de temerlos o para temerlos demasiado. Las sen- 
tencias se dictan desde entonces no mediante 
interpretaciones racionales y justas sino con 
arreglo a sombrías maquinaciones. 

Los anales de la corrupción antigua descri- 
ben este mal social, que parece sin remedio; pero 



212 LUIS REVN'A ALMANDOS 

ha de permitírseme recurrir a ellos porque con- 
viene que los recuerden quienes los han leído y 
los cono/can quienes no los han leído nunca. Es 
una cuestión de salvación pública; y tanto en 
este lugar como en los capítulos anteriores las 
dos citas siguientes son oportunas. 

Hé aquí la primera: 

"En dos días— dice Cicerón en una desús car- 
tas a Ático, refiriéndose a la manera cómo el pre- 
potente Clodio fué absuelto de una acusación— 
en dos días arregló el asunto por medio de un 
esclavo gladiador. Llamó a los jueces a su casa y 
les hizo promesas y dádivas. Y hasta, ¡dioses 
excelsos!, los favores de algunas damas romanas 
fueron como un suplemento de precio para algu- 
nos de los jueces. Así es que, retiradas del foro 
las personas honradas, e invadido aquel por los 
esclavos, no hubo masque veinticinco jueces bas- 
tante íntegros y animosos para arrostrar todos los 
peligros y exponerse a perecer antes que perder 
a la república. Pero treinta y uno se han dejado 
arrastrar por los impulsos de la codicia desoyendo 
la voz del honor. ¿Porqué, dijo Cátulo a uno de 
aquellos jueces, a quien encontró, porqué nos pe- 
dís guardias.^ ¿Es por temor que os roben el di- 
nero que habéis recibido por el juicio de Clodio.-*" 

Ahora la segunda cita: 

**Los cónsules se han cubierto de ignominia. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 213 

C* Memmius, candidato, ha leído en el Senado 
el convenio que han celebrado, que es el si- 
guiente: En caso de que los dos cónsules logren 
hacer que para el año próximo sean nombrados 
Memmius y su competidor, estos se comprometen 
a pagar a esos cónsules 400.OOO sextercios si no 
les suministran tres augures que afirmen haber 
visto hacer en su favor la ley curiata, aunque no 
haya habido semejante ley, y además, dos con- 
sulares que atestigüen haber firmado el decreto 
de reorganización de sus provincias aunque 
tal decreto no haya existido". (^) 

La invasión del foro por los esclavos y la fala- 
cia en el tráfico de los puestos consulares llevó al 
gobierno a Octavio César después de espantosas 
guerras civiles, y la república, a que quisieron 
salvar los Gracos, regada con su sangre, cayó en 
poder de los emperadores. 

Tal será nuestra suerte si no dignificamos la 
justicia. ♦ 

* 

Por arte singular los directores o ases de ese 
gobierno se inclinan marcadamente a elegir en- 
tre sus hombres no sólo a los inhábiles sino a 
los inmorales. Puede presumirse sin mucha pro- 



(1) Ortolan: /Y/Sí. de la Leg. Rom. 



214 LUIS REYNA AL.MAXÜOS 

babilidad de error que tanto en los puestos el^- 
tivos como en los de nombramiento directo, se sus- 
tituye a los instruidos por los analfabetos, a los 
honorables por los no honorables y a los conocidos 
por los ignorados. 

La demencia partidista rige en parte semejante 
extravío. El sinnúmero de empleados infieles que 
ha invadido la administración general del país, 
cometiendo defraudaciones del tesoro (^ están 
protegidos por su título de radicales. El basta 
para darles paso, autorización para todo y hasta 
inmunidades ante la justicia penal. 

Taine cita un caso característico, que conviene 
recordar ahora, tomado de las Memorias de Mei- 
llan. Es el siguiente: 

''Robespierre hacía una vez el elogio de un 
tal Desfieux, hombre conocido por su impro- 
bidad. — Pero vuestro Desfieux, le dije, es cono- 
cido por un píllete. — No importa, es un buen 
patriota. — Pero es un quebrado fraudulento. — Es 
un buen patriota. — Pero es un ladrón. — Es un 
buen patriota. — No le pude arrancar sino esas 
tres palabras". (La Co7iquista Jacobina, Cap- I). 

Con excepción de la prensa asalariada, que 
ahora, como durante el gobierno de Juárez, de- 



(1) ''El Argentino" de La Plata ^número del 28 de Noviembre de 
1919) califica de epidemia la frecuencia de tales delitos. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 213 

grada al periodismo argentino, los diarios están 
llenos de crónicas del delito oficial, denuncias 
de malversaciones, acusaciones más o menos de- 
finidas y referencias de hechos inmorales atri- 
buidos a empleados que el comité suministra. 

Por arte singular los nombramientos recaen 
frecuentemente en personas que si no están so- 
metidas a proceso, lo han estado, han sufrido 
pena o merecen la sanción de las leyes penales. 

Son conocidísimos algunos favoritos que ejer- 
cen el cargo extraoficial de hacer la distribución 
de los empleos entre ''los muchachos" del arrabal 
irigoyenista; ''muchachos" a lo Desfieux y a lo 
Leoni; "muchachos" a lo Parra y Badía; a esos 
buenos "muchachos" que bajo la mirada y el 
brazo protectores del San Pablo de la ''causa", 
insultan, golpean y hieren a los demócratas que 
en el Teatro Victoria van a invocar, corno Sar- 
miento, la sombra de Facundo. Esto pasó en No- 
viembre de 1919. 

Las personas decentes que pidan empleos, ciu- 
dadanos instruidos, padres necesitados, señoras 
y niñas pobres y de buena familia, harán largas 
e infructuosas antesalas; en cambio es absolu- 
tamente seguro que el "muchacho" será el pre- 
ferido. Se le da trabajo, o simplemente sueldo o 
salario, aliviándosele también del peso de la per- 
secución judicial, para armar con ellos el meca- 



2l6 LUIS REYNA ALNÍANDOS 

nismo de la política intimidatoria, practicada en 
todo el país contra las tendencias cultas de 
nuestra sociedad. 

Aparte de los que son ineptos para desempeñar 
regularmente cualquier función pública, grarLnú- 
mero pertenece a la legión de los ''incontami- 
nados", buenos patriotas, es decir, bitetws radicales. 

El mejor blasón de esa gente es decirse radica- 
les del Parque (ya sabemos que no los hubo enton- 
ces ni nunca), o haber de veras o de oídas andado 
en correrías revolucionarias o acogídose última- 
mente a los ''beneficios" déla "reparación insti- 
tucional". 

Estos arrivistas, expulsados de todas partes, 
recelados en el círculo de los negocios, repudia- 
dos en la ciudad, agobiados de deudas y enre- 
dados en trampas de todo género, hallaron y 
hallan asilo bajo la égida de esa tremenda y 
desvergonzada protección. A su amparo no hay 
fariseo que no se considere redentor. ¡Pero son 
buenos patriotas! 

En cierto cuerpos colegiados las comisiones 
de moralidad pública son presididas por perso- 
nas descalificadas, que se encargan, sin embar- 
go, en su nueva misión social, de fijar regias de 
conducta a sus convecinos, establecer la censu- 
ra teatral, llegar hasta la literaria, reglamentar 
la prostitución para disfundirla por todas par- 



LA DEMAGOG[A RADICAL 2\J 

tes. Como si siempre hubieran sido catones, los 
vemos arrogantemente predicar virtud. Moral- 
mente repulsivos, abundan los ejemplares donde 
el tipo físico condice con el tipo moral. Tienen 
la audacia de sentarse al lado de los otros re- 
presentantes honorables, y acaso es la primera 
vez que se confunden en este país, bajo la to- 
lerancia silenciosa de la nación, lo blanco y lo 
negro de la vida. Codéanse los infames con los 
buenos, comparten en la deliberación, contribu- 
yen juntos en la gestión pública. 

Los radicales de buen sentido protestan re- 
pugnados de semejante compañía; los domina- 
dos por el fervor irigoyenista guardan silencio: 
debe haber "algo" en los protegidos cuando tie- 
nen protector tan providente. Lo hizo EL; ¡sa- 
brá EL porqué lo hizo! 

El libro **E1 Hombre" del doctor Oyhanarte ha 
hecho más daño al pueblo que un charlatán que 
consigue introducirse en un hogar honesto o un 
mal sacerdote en la conciencia de un creyente. 

Ahora es más fácil quebrar el eje de la tie- 
rra (jue destruir aquel argumento. 



Junto al proxeneta moralizante, se sienta el 
sirviente crapuloso, dispuesto según su naturaleza 



2l8 LUIS REYNA ALMANDOS 

u oficio a prestarse a las maquinaciones más 
groseras para conseguir sacar provecho de su 
excepcional posición, no cuidando de respetar 
fama y derecho ajenos sino tratando de da- 
ñarlos. 

Gente que en otros tiempos prestaba servicios 
humildes en las reparticiones oficiales, llegaron 
sin mérito ni esfuerzo a compartir preeminen- 
cias con el que fué su superior. Es de ver en- 
tonces la íntima satisfacción de aquél al verse 
nivelado con éste y hasta rivalizar y vencer 
en discusión científica con profesores autoriza- 
dos. {') 

La sucesión de iniquidades no termina pronto: 
la fuente popular cuando sale de madre, enloda 
todo lo que toca. La democracia, cuya palabra 
vibra en los labios de la turba, cambia de na- 
turaleza porque la mala fe la arrastra en pos 
como una esclava. Vemos a abogados que para 
doctorarse dedicaron su tesis a Jesús y que 
desde el día del holocausto prostituyen el foro, 
engañan a sus clientes, corrompen a sus pupi- 
las y escarnecen la sociedad. La tolerancia los 



(1) En cierta cuestión técnica debatida en una Municipalidad uno 
de los más reputados doctores en Química con que cuenta nuestro 
país fué descalificado por un grupo de tres personas, un ex oficial 
de policía, un marmolero bestia y un abogado pleitista, buenos pa- 
triotas a lo Desfieux. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 219 

ensoberbece. Mientras la máquina electoral les 
es esquiva sus delitos no dañan socialmente, 
pero cuando los frenos de la ley se relajan la 
perversidad de sus instintos cae impunemente 
sobre todo. 

Semejantes corrompidos llegan hasta dirigir 
la educación del país y se hacen colegas de 
Estrada y rivales de Marcos Sastre. 

Todos esos ejemplares del desorden no tienen 
otra mira que el enriquecimiento personal y la 
insaciable satisfacción de sus instintos. La ten- 
dencia habitual de nuestra política a base de 
empleos es la única razón de la aparición y 
prepotencia de esta mafjia peligrosa que hoy 
pone en jaque cuantas ideas progresistas, ins- 
tituciones y leyes habían honrado el nombre 
de nuestro pueblo. En otras épocas los errores 
y las violencias degradaron la administración 
pública; pero entonces ningún plebeyo preten- 
dió imponerse a los demás; hoy en conjunto 
ejercen la tiranía colectiva, el despotismo del 
comité, insolente y engreído. 

La honra de la patria y su fortuna sufren el 
vilipendio de los codiciosos y el asalto de los 
rapaces. La codicia perturba la conciencia so- 
cial, y los hombres, ocupados de lecelarse mi- 
rándose al soslayo, desvían la mirada del cum- 
plimiento del deber. 



220 LUIS REYNA ALMANDOS 

También la envidia es vil consejera en este 
fatigoso afán de lucha, liza infecunda donde 
mueren todas las virtudes. No hay alma crea- 
dora y generosa que no' encuentre al punto la 
mano envidiosa para detenerla. Una palabra 
de orden es para la envidia un dogal destinado 
a ahogar la libertad, una mordaza para el pen- 
samiento, i Maldigámosla; odiémosla ! El odio- 
contra la envidia es sagrado. Si todos odiára- 
mos a los envidiosos, todos dejaríamos de odiar, 
porque dominados los hipócritas, que son hijos 
legítimos de la envidia, no habría vallas con- 
tra el pensamiento y la acción, y el progreso 
humano sería mayor. Mientras envidiemos, el 
traficante del honor de la familia preponde- 
rará y dictará lecciones de moral a sus con- 
ciudadanos; y el desorden y el escándalo es- 
cribirán en el nublado cielo de nuestro porve- 
nir la tremenda palabra: Vergüenza. 



TERCERA PARTE 

jmétodos del gobierno despótico 



CAPITULO I. 
Los métodos clásicos 



Aquí surge una cuestión: ¿Vale más 
ser amado que teinido, o bien, es pre- 
ferible hacerse temer a ser amado? Con- 
testaré que se debe ser ambas cosas a 
la vez, porque . . . vale más ser temido 
que amado. 

MaQuiavelo: El Principe, Cap. XVil. 



La tiranía, como método de gobierno, tiene 
dos sistemas principales de dominación: corrom- 
per a los hombres por la mentira y la codicia, 
y dominarlos por el terror. 

Tanto uno como otro fracasan cuando los ha- 
bitantes de una nación no sufren la influencia 
de una crisis moral, porque entonces todo des- 
potismo es imposible. 

Despotismo equivale necesariamente a inmo- 
ralidad social, y así, aquél puede explicarse por 



224 LUIS REYNA ALMAXDOS 

•el examen moral de un pueblo. Pueblo corrom- 
pido pueblo tiranizable. 

Casi siempre interviene en este proceso el ca- 
rácter individual del tirano, sea el dominado 
por la ambición, sea por la vanidad, por el odio, 
por cuíflquier pasión avasalladora. 

El factor personal siempre está presente; el 
mayor o menor mal de las tiranías depende a 
menudo del carácter del déspota. 

Hay el déspota bueno y el malo, el retrógra- 
do y el progresista, el destructor y el civili- 
zador. He comparado ya a Rosas con Augusto. 

La tiranía es siempre odiosa, pero lo es más 
en una república democrática: no debe soportar- 
se. La civilización en las repúblicas es obra de 
la acción social, no de la iniciativa patriarcal: 
los patriarcas son entes de la historia, figuras 
de la Biblia. Ahora vivimos bajo el imperio del 
libre albedrío, ahora queremos justicia igual de- 
cretada por la nación, no arbitrio de ancianos, 
ni de inspirados. 

La codicia y el temor son los dos espectros 
de la tiranía. Incitando la una se extiende el en- 
vilecimiento; provocando la otra se ahoga la 
dignidad: entonces una sola persona se hace 
dueño de todos. 

Desde el 12 de Octubre, y aún antes, la dic- 
tadura irigoyenista pone en práctica el primer 



LA DEMAGOGIA RADICAL 22$ 

sistema; poco a poco va moviendo las piezas 
de la otra máquina. 

Veamos de qué modo se incita desde antes 
de aquel día la codicia social, encubriéndose 
la dádiva bajo el antifaz de la beneficencia. 

Cuando el Señor Irigoyen, antes de su elec- 
ción, supo que sería Presidente de la República, 
ofreció sus sueldos a sociedades de caridad. 

Cuando el mismo, después de su elección, vio 
agrupados bajo los balcones de la Casa Rosada 
a una multitud de "desocupados", les obsequia 
con la ''olla popular": el Paseo de Julio de la 
orgullosa metrópoli tuvo entonces un amo gene- 
roso que arrojaba a los miserables el mendru- 
go de pan con que la demagogia suele obse- 
quiarlos. 

Limosnas degradantes y vanas que no inquie- 
taron. Pero el aplacar por un día el hambre de 
los pobres despertóla gratitud de las damas y la 
adhesión de los holgazanes ... y estos son el al- 
ma del sufragio universal. 

Cuando, pasado el tiempo, encareció el azú- 
car, se practicó la economía política, no de 
acuerdo con las leyes de la ciencia sino convir- 
tiendo al gobierno en mercader al menudeo. 
Otro espectáculo de manos y brazos que se 
extienden en adoración al misericordioso econo- 
mista. 

14 



226 LUIS REYNA ALMANDÓS 

Así SO catequiza al pueblo, así se le engaña 
con el sortilegio de la dádiva humillante. Da- 
mas de beneficencia que reciben los emolumen- 
tos presidenciales, corazones femeninos que la- 
ten de gratitud por aquel mago de la caridad, 
ignorando que todo gobierno caritativo en lo 
pequeño es una asechanza contra la justicia y 
la ley, y una mentira, porque no se mitiga la 
sed de los pobres con gotas de agua, ni el ham- 
bre con despojos. 

De la comida ofrecida a los desocupados de 
la ciudad, hecha a la luz del día, entre palacios 
y jardines, bajo la mirada incierta del calcu- 
lista, aparecería el irigoyenismo del populacho, 
cuyos frutos está recogiendo el pueblo ahora 
que el sistema del miedo va completando el 
sistema de la limosna. 

Estos pormenores parecerán sin valor, pero 
no son sino los primeros y vagos indicios de 
los métodos de todos los gobiernos arbitrarios. 
La codicia saciada por un día, la caridad cor- 
tejada una vez, son recursos del despotismo: 
aquélla espera más y se mantiene cerca del que 
la azuza; ésta se vuelve amor, pasión fanática, 
es decir, una garra dispuesta a ahogar el grito 
de la opinión disgustada. 

En posesión del gobierno, y en plena dispo- 
sición de los empleos, el sistema de despertar 



LA DEMAGOGIA RADICAL 22/ 

la codicia tiene dos fases: la una mantener a los 
empleados del "régimen" para darles esperanzas 
de posesión, y la otro prometer, al mismo tiehi- 
po, a los de la "causa" el empleo poseído por 
aquéllos. 

La aparente consideración al empleado anti- 
guo hacíale adicto del Presidente, y el esperar 
del postulante obligaba a éste a mantenerse 
fiel. Doble explotación de la codicia, doble jue- 
go con la necesidad o con la vanidad de la 
posición pública: fidelidad para conservar y re- 
celo de perder; fidelidad para conseguir y des- 
confianza de alcanzar. Todo esto, abyección. 

Hacerse amar y hacerse temer, cosa vieja y 
conocida, examinada por Maquiavelo. 

La explotación de la codicia o la ambición se 
ha hecho y se hace por medios conocidos: basta 
dejar en larga vacancia, so pretexto de econo- 
mías, toda clase de empleos, desde las embajadas 
hasta la modesta comisaría de campo. Hay para 
todos. El tesoro grande y el pequeño, la vanidad 
dorada y la ñaca necesidad. Manteniendo aque- 
llos en custodia, la avidez de la ambición que- 
da en acecho, y el que los guarda juega con 
los ambiciosos y los necesitados, como un juglar. 

Así se consiguen dos cosas: adictos y admi- 
radores, porque ¿quién no es adicto sabiendo que 
puede ser embajador, magistrado o comisario 



228 LUIS REYNA ALMAN'DOS 

de policía, y quién no admira a un jefe de es- 
tado que reduce, aunque en apariencia, los gas- 
tos públicos? 

La gratitud y la admiración del vulgo pro- 
fano se alcanzan también por otros medios. 

Cuando el Presidente se recibió del mando 
ordenó que los sueldos se pagaran dentro de 
los cinco primeros días de cada mes. El sabía 
que no cumpliría su propia orden, pero tenía 
que aparecer solícito con los empleados y al 
mismo tiempo escrupuloso administrador. El no 
pagó los sueldos con tan estricta regla, pero su 
decreto fué profusamente publicado, y el pue- 
blo, que vive de impresiones, siguió creyendo 
en la aparente estrictez de ese hombre genial 
que producía semejantes actos de justicia: ¡Pa- 
gar puntualmente! Pero el caso es que no se 
paga del primero al cinco de cada mes. 

Encontraba el Señor Presidente demasiado 
antidemocráticüL andar en automóvil. ¡Supríma- 
sele! ¡Derroche vano e inadecuado a la modes- 
tia y llaneza de un mandatario surgido del buen 
pueblo! Este gigante candoroso gustaría de ver 
ir y venir a pie al coloso de la regeneración y la 
humildad. Esto duró un día; pero la impresión 
vulgar de la llaneza democrática es todavía ar- 
tículo de fe en la masa de los candidos y los 
pobres de espíritu. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 229 

Para el pueblo la humildad aparente es de 
mucho más valor que la real. El hombre posi- 
tivamente humilde no medra jamás, aunque ten- 
ga talento: Cristo fué crucificado. En cambio^ 
el simulador de la humildad sube al Gólgota, 
no para ser crucificado sin para crucificar. 

Estos actos aparentemente nimios tienen, sin 
embargo, mucha importancia, tanta como las 
voces sibilinas del político **del llano" y las ame- 
nazas del patriarca del Sinaí. Parece sueño que 
un pueblo altivo y perspicaz haya creído en se- 
mejantes ensalmos y es doloroso saber que la 
prensa ilustrada y prestigiosa no haya aquila- 
tado en su justo valor esas pequeñas manifes- 
taciones de una simulación política que al cabo 
de tres años se quita del todo la máscara. 

Así han sido, sin embargo, los métodos de 
los tiranos en la historia; así comienzan las ti- 
ranías: por la mansedumbre, la dádiva y la si- 
mulación de virtudes que halagan y sorprenden. 

Veamos ahora cómo se engaña. Al fin vere- 
mos cómo se organiza el sistema del miedo. 



CAPITULO II. 
El sistema de mentir 



Mane, Thecel, Phares. 

No es habitual en política decir ^la verdad, 
antes bien esta es a menudo una valla tendida 
en medio del camino: para seguirlo hay dos 
cosas que hacer, saltarla o destruirla. 

El único político que no mintió nunca fué 
Jesús, y por eso la única doctrina política que 
permanece y domina en medio del derrumba- 
miento de todas las demás es la de aquel hom- 
bre divino, el más grande demócrata de la his- 
toria, porque fué el más colosal de los moralis- 
tas y el más sublime maestro de los pueblos. 

La verdad, siempre la verdad; no esa verdad 
rígida como la espada y ciega como la tempes- 
tad que nada mira cuando pasa y que todo lo 
sojuzga en su triunfo clamoroso, sino la que se 
detiene ante la suave palabra de la tolerancia, 



232 LUÍS REYNA ALMANDOS 

La justicia obligaba a lapidar a la mujer adúl- 
tera, pero la equidad, deteniendo a la multitud 
ajusticiadora, suavizaba la mano de los jueces. 

La verdad estricta es injusticia, y la injusticia 
engendra rencor, el rencor odio y el odio condu- 
ce a la anarquía, negación del gobierno. 

Cuando Jesús dijo a los lapidadores que arro- 
jaran la primera piedra los que estuvieran sin 
pecado, fundió en una las dos justicias: la divina 
y la humana, y señaló el camino de la justa 
verdad, no la inflexible, sino la que se adapta 
sin daño a las exigencias de la vida. Por eso 
he dicho que el más grande político de la his- 
toria fué aquel Nazareno humilde que surge del 
pueblo y es por eso demócrata, y que por ha- 
berlo adoctrinado es su maestro, su rey, su Dios, 
su gobernante. 

La verdad en la equidad, libre de subterfu- 
gios; la verdad sin la humillación del que yerra; 
la verdad encaminada al bien; la que transige 
sin claudicar; la verdad útil, en una palabra, hé 
ahí la base de la política racional y aceptable. 
La otra política, la usual, la observada general- 
mente por los partidos dirigidos por ambiciosos; 
la que tiene por sistema la inexactitud y la do- 
blez, hé ahí el extremo opuesto de aquella otra 
que evita las afrentas, el menosprecio del ad- 
yersiiirio y el castigo inútil, 



LA DEMAGOGIA RADICAL 233 

El no decir la verdad hace la desventura de 
los gobernados y la degradación de los gober- 
nantes. Un gobernante que obra contrariamente 
a lo que dice, es una amenaza social. ¿Quién 
le creerá? ¿quién se confiará de él? ¿qué justicia 
administrará? 

Hasta la misma intriga es preferible a la 
mentira, porque en aquélla resplandece el inge- 
nio, que es siempre excelsitud, y en ésta trabaja 
la mano de la torpeza, que es siempre indigni- 
dad. El político embustero es un tahúr cuyo 
oficio es lucrar con el engaño. Ese político del 
bajo fondo que tiene al embuste por sistema, 
estará en todo tiempo pronto a ser el tirano de 
su patria; porque para la consecución de sus 
planes no vacilará nunca en saltar o destruir la 
valla de las leyes. 



En otro lugar he hablado de los falsos virtuo- 
sos; ahora conviene ver la figura de los mentirosos 
y de los calumniadores. 

Desde hace tres años el cinismo de esta clase 
de personajes va dando la medida del abismo 
en que ha caído la conciencia pública, con dolor 
de los radicales de buena fe, que van compren- 



234 LUIS REYNA ALMANDOS 

diendo la tremenda trascendencia de la práctica 
de sus dogmas imprecisos. 

En los publicaciones de la prensa diaria y 
los diarios de sesiones de las legislaturas hay 
abundantes denuncias de sus obras. Desde la 
usurpación de títulos hasta la simulación de 
calidades, las malas artes de la deslealtad pre- 
ponderan en el gobierno y los comités. Estos 
predominaron por el falseamiento sistemático 
de la verdad. 

El ^Viejo régimen" fué el blanco donde se 
asestaron los golpes certeros de esa flecha en- 
venenada, arrojada por manos invisibles, unas 
veces, lanzada otras veces en la plena luz del día. 
Jamás la falsa acusación política determinó he- 
chos precisos, porque tomó la forma menos fran- 
ca, la encubierta, es decir, la que con más dificul- 
tad puede castigarse, ya porque no se descubre 
en ella la persona ofendida, ya porque la impu- 
tación es vaga. 

Los hombres de la ''causa" inventaron el "ré- 
gimen", o sea, el sistema de gobierno practicado 
constantemente en el país después de la Santa 
Federación, es a saber, desde Mitre hasta Sáenz 
Peña. Nunca dijeron: acusamos a éste porque 
cometió tal delito; dijeron solamente que el "ré- 
gin>en" era "oprobioso, falaz y descreído". 
También aseguraron que sus hombres eran 



LA DEMAGOGIA RADICAL 235 

usurpadores, n^endaces y delincuentes; que la 
administración era robo; que la ley se falseaba, 
que la libertad electoral no existía, y que, por lo 
tanto, la "soberanía de los pueblos", había sido 
usurpada desde el primer día de la República. 
Todos, buenos y malos, honorables y no honora- 
bles, caían bajo el ludibrio de los maldicientes, 
sin que hubiera un solo hombre que pudiera de- 
cirse directamente herido por la acusación, ni un 
solo gobierno llevado ante los Tribunales de jus- 
ticia. A dogmas vagos, acusaciones encubiertas. 

El hábito de calumniar fué el estandarte de 
la "santa causa de la reparación institucional", 
y no hubo un político del bando contrario que 
tuviera el valor de Jesús ante la turba lapida- 
dora; ni un solo ciudadano con ánimo bastante 
para desmentir. "La ola que avanza", como se 
decía, habría de abatir la debilidad de los in- 
juriados; el castigo de culpas reales o imagina- 
rias caía sobre todos con la violencia del turbión. 
La política-verdad estaba vencida por la política- 
mentira. 

Este acontecimiento podría ser considerado 
como la reproducción de costumbres universales, 
porque sabemos que en todo tiempo y país los 
partidos políticos vencen a menudo mediante re- 
cursos vedados a la verdad. Pero habría de es- 
perarse que el defecto del método, propio, de la 



236 tUIS REYNA ALMANDOS. 

colectividad, no lo sería de los individuos, ya 
que sabemos que el alma de la muchedumbre no 
es la misma que la de sus componentes. Así 
se pensaba, así se creía. 

El decir falsedades de los adversarios es un 
recurso conocido: aquel tribuno que atruena la 
plaza los fulmina con dicterios en nombre de 
sus correligionarios; él personalmente no piensa 
lo mismo. Mas ¿cómo sospechar que llegados al 
gobierno seguirían mintiendo como dueñas de 
aldea.-^ Nadie o muy pocos sufrieron la picadura 
de esta suspicacia durante el proceso electoral 
de T916; pero si hubieran comprendido bien cuál 
era la composición de la gran masa del partido 
habrían quizá cambiado de opinión. 

Las vagas imputaciones al "régimen" — pala- 
bra de menosprecio, recurso de toda tiranía su- 
balterna — llovieron por todas partes: grandes y 
pequeños se gozaron en ellas, sin reflexionar en 
las consecuencias posibles, es decir, en que for- 
marían al cabo del tiempo una opinión amena- 
zadora que se va condensando poco a poco. 

Fué un método de comité practicado en la ad- 
ministración: la inundación que domina las al- 
turas. 

Vencido el ^'régimen", en plena función admi- 
ministrativa el comité, y comenzada la labor an- 
helada durante un cuarto de siglo de *'retrai- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 237 

mientos ejemplarizadores", de exorcismos y i)a- 
ralogismos, llega el momento de cambiar la 
dirección de la mentira: antes ésta hería para 
vencer al contrario y encubrir el verdadero afán 
del mentiroso; después habría de servir para 
ocultar las propias malas acciones. Entonces 
aquélla toma dos formas: la forma positiva y la 
forma pasiva, la expresa y la tácita, la una es 
palabra, la otra silencio; la primera es presencia 
y la segunda ocultación. En ambos casos se 
escarnece la justicia. 

La forma positiva de la mentira es el cinismo 
en acción. 

Un hombre que adopta esa forma y desem- 
peña funciones de gobierno es muy peligroso; 
hay que temerle y tratar de apartarlo de nues- 
tro camino. 

La forma silenciosa de la mentira es el méto- 
do adoptado por ciertos culpables para dificultar 
la marcha del proceso, echando la sombra de la 
duda sobre el criterio del juzgador. La confe- 
sión del que calla nunca descubre bien el se- 
creto escondido; pone por lo menos en el ánimo 
del que juzga la incertidumbre de la vacilación, 
y el juicio, entonces, no se hace satisfactoria- 
mente. 

Esta forma pasiva de defender la falsedad es 
el recurso habitual de nuestros actuales gober- 



238 LUIS REYNA ALMANDOS 

nantcs; recurso empicado también por los que 
están obligados a justificarse. 

De una y otra forma abundan los ejemplos. 

Cuando se ordenó, por ejemplo, la intervención 
en Buenos Aires, el decreto supuso que la Pro- 
vincia era un país sometido a la depredación de 
siniestros bandoleros; sus campos de labranza 
eran, según en él se asegura, teatro de crímenes 
impunes y su cordillera una Sierra Morena. No 
otra cosa podrá decirse leyendo el texto oficial. 
Según éste, ^'había un proceso público abierto al 
gobierno por la opinión y demandas de amparo 
y justicia", "un estado de intranquilidad, con- 
culcamiento y falseamiento de las instituciones", 
''crisis extremas, avasallamiento de los pueblos 
por el gobierno, transgresiones en todo el orga 
nismo político, inquietudes y zozobras"; un poder 
judicial desprestigiado y una educación corrom- 
pida. O 

En realidad el gobierno del Estado interve- 
nido tenía la perfectibilidad relativa de su 
composición social, y si hubiera sido y era de- 
seable más perfección, no eran sus montañas una 
Sierra Morena ni sus campiñas teatro de bando- 
lerismo. 



(1) Con frases muy parecidas se trató de justificar la primera in- 
tervención en Mendoza y ahora las dos recientes intervenciones en 
San Juan y Santiago del Estero. (Octubre de 1919). 



t,A DEM.\(.Orr[A RAOíCAL 230 

Las ain|)iilosas frases del decreto están ahora 
definitivamente juzgadas: no era la opinión de 
la Provincia la que hacía el proceso público, 
sino los comités aleccionados por el propio 
gobierno de la Nación; no había demandas de am- 
paro y justicia sino falsas imputaciones de crí- 
menes políticos imaginarios, destinadas a encen- 
der la llama de la sedición en el populacho de 
las ciudades, a sembrar la alarma en los inge- 
nuos y en los tímidos, y a decidir a los inde- 
pendientes; no había más peligro de crisis ex- 
tremas sino en el propio partido, dispuesto a 
destrozarse por falta de satisfacción; ni tampoco 
más zozobra que el peligro del descontento, del 
cisma y de la anarquía entre los comités mismos. 
Sin embargo, no se vaciló en inventar situacio- 
ne semejantes para conquistar la situación polí- 
tica sin el esfuerzo persistente de una lid elec- 
toral. Con tales ardides se obtuvo la victoria, 
mejor dicho, se consumó la revolución desde el 
gobierno, es decir, una traición a la República. 

Cosas parecidas han pasado en cada caso de 
intervención : en ninguna provincia — para la 
"causa" — había ni había habido, gobiernos legí- 
timos; todos ellos "usurpaban la soberanía de 
los pueblos", y era urgente volar a su socorro. 
Aparecía la razón de estado bajo la máscara 
del puritanismo presidencial. 



240 LUIS REYNA ALMANDOS 

Y allá fueron jueces (|ue dejaban su toga en 
la sala de la audiencia para convertirse en re- 
dentores y volver después, algunos, como los pró- 
digos, contritos y humillados, después de haber 
convertido las provincias en feudos, la justicia 
en persecución, el tesoro en palanca de politi- 
castros, el derecho de las personas en blanco de 
sus intransigencias, las policías en delación, las 
escuelas en desorden y la Constitución en el 
"cuadernito" de don Juan Manuel. 

Todo esto se ha consumado en nombre de la 
Constitución, que habiendo sido verdad más o 
menos perfecta durante nuestra época antonina, 
ha servido de escala a los hombres de mala fe. 



•25- 
-X- * 



El sistema de mistificación empleado por el 
gobierno, despierta en el pueblo instintos servi- 
les porque corrompe sus costumbres republi- 
canas. 

Ahora es habitual dirigirse directamente al 
Presidente de la Nación como único arbitro de la 
justicia, dejando aparte toda autoridad interme- 
dia: los agentes naturales del gobierno nacional 
han dejado de serlo, pues vemos diariamente 
cómo de todas partes del país los ciudadanos 
aislados y los comités hacen peticiones, verda- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 24 1 

deras rogativas al Presidente. Todos acuden al 
santón de los argentinos, todos esperan de él, 
moralmente se arrastran a sus pies y le miran 
con embobamiento. El comité ignorante y el 
ilustrado, plebe pobre, universitarios (^) y clase 
media afiliada a la religión radical, no tienen 
otro punto de mira que ese moralizante ya nada 
misterioso que va preparando hora a hora ante 
la debilidad culpable de nuestros sentimientos 
y nuestra voluntad, el sometimiento de la patria 
a su desenfrenada omnipotencia. 

Las provincias celosas de su soberanía, y de 
su autonomía las municipalidades, han cedido 
ante la influencia autocrática, porque sus hombres 
más influyentes parece que han dejado de tener 
conciencia de sus obligaciones y derechos. En- 
torpecida la noción del propio respeto, la idea 



(\) El caso más reciente de pérdida de la conciencia republicana 
nos la acaba de ofrecer (Noviembre de 1919) la Federación Universi- 
taria de La Plata, yendo ante el Presidente de la Nación a hacerle 
manifestaciones ambiguas sobre el estado moral de la Universidad, 
de cuya estabilidad y orden aparecen disgustados. Aquél les habla 
de su aversión a las intervenciones en cuerpos autonómicos; ¡él, que 
ha hecho de ellas un sistema, impuesto contra la voluntad del Par- 
lamento!— y los estudiantes, sin embargo, a los pocos días provocan 
la acefalía de la institución y se apresuran a anunciarle que ésta se 
ha producido. El alma juvenil parece dominada, según se ve, hoy 
por la pasión de la indisciplina, mañana por el impulso del some- 
timiento. 

¿Cómo explicar este oscuro embolismo? 

15 



242 LUÍS REYNA ALMANDOS 

de ley se desvanece, oscureciéndose ante la 
magia de una personalidad nebulosa. 

Si el mal se mantuviera en el nivel donde el 
gobierno actúa, podríamos esperar una reacción, 
pero cuando, arrasando el campo de la política 
penetra en el de la moral individual, la esperan- 
za de mejoramiento se aleja y puede predecirse 
una época tempestuosa de degradación social. 

* 
* * 

El pequeño embuste, en labios de gobernantes, 
con ser tal, es acaso más dañoso y deprimente 
porque es más indigno; avergüenza más que la 
gran mentira, que tiene siquiera la excelencia 
de la magnitud. El gran mentiroso puede cau- 
sarnos asombro, pero el que miente nos inspira 
desprecio. 

La pequeña falsedad, la que mancha el labio 
del que la pronuncia, está hoy en todas partes: 
en los acuerdos de gobierno, en el recinto de los 
parlamentos, en el periodismo venal, en la es- 
cuela, en el foro, en las oficinas públicas; es la 
prostituta, es la tejedora de la intriga y de la 
delación con fines de lucro y de venganza. Men- 
tira por todas partes, ya torpe, ya cínica, casi 
siempre tolerada, disimulada por el miedo y, por 
tanto, activa, dueña de sí m\sma y de todos 



LA DEMAGOGi^A RADICAL 243 

como un imperativo categórico. Desde los mo- 
destos empleados hasta los grandes dignatarios, 
los unos para arrebatar el empleo a otros, éstos 
para ganar posiciones o conservarlas, no vacilan 
en entregarse a ese juego degradante que hace 
de la verdad un desecho y de la falsedad un 
monumento. 

Ya no nos admiramos ni nos inquietamos de 
(iue se disponga del tesoro por millones y que el 
destino de la inversión quede enteramente oculto, 
porque las publicaciones oficiales, según, decla- 
ración ministerial, no sirven sino para la inser- 
ción de avisos y no para dar cuenta al pueblo 
de lo que se hace con sus dineros. Tampoco 
nos asombramos de que tal o cual ministro guar- 
de persistente silencio cuando se le enrostran 
actos dolosos, encubiertos bajo la palabra ''irre- 
gularidades", irritante eufemismo. 

Una larga sucesión de acusaciones sobre gran- 
des "irregularidades" vibra en los labios, llena 
las columnas de la prensa diaria, se los trata en 
el Congreso y las Legislaturas, pero jamás son 
explicadas por los acusados, identificados con 
mayor o menor precisión por los acusadores. 
Mientras estos denuncian los hechos, aquellos 
guardan silencio o recurren a respuestas evasi- 
vas: saben, sin duda, que cuando los hombres 
(|ue acusan llevan en el alma la inhibición de 



244 LUIS REYNA ALMANDOS 

la desconfianza o la convicción de su impoten- 
cia, ellos pueden con plena libertad seguir con- 
sumando "irregularidades". 

Cuando los hombres que gozan de inmunida- 
des, es decir, de protección en la emisión de sus 
opiniones, no son capaces de llevar a juicio a 
los falsarios, cuando las legislaturas vacilan ante 
la inmoralidad y los denunciantes veraces se 
convierten en delatores; cuando, como ocurre en 
Mendoza, se expulsa por la violencia de un pro- 
ceso sin defensores a un mandatario sin culpa; 
cuando por todas partes — con excepción de algu- 
nos valerosos — se premia el abuso, la concusión 
y la malversación y se persigue el esfuerzo de 
los buenos sin distinción de edad y sexo; habre- 
mos de augurar para nuestro país días de an- 
gustia. 

Si los ciudadanos ilustrados y virtuosos; si los 
fuertes y los dignos no llegan a convenir en la 
necesidad de defender las instituciones y la 
moral social en el gobierno y en los individuos, 
la República será sometida a conmociones san- 
grientas, a la anarquía y a la guerra civil, y 
hasta podría suceder que la misma Constitución 
desapareciera 7io sólo como libro sino como senti- 
miento. 

Si la Constitución ha sido el programa y el 
pretexto del radicalismo, misal en el ara de la 



LA DEMAGOGIA RADICAL 245 

orgía política, y no hay en el pueblo sacerdotes 
capaces de protestar del sacrilegio, ¿cómo no 
convenir en que se cierne sobre la patria el pe- 
ligro de la disolución, la guerra fratricida o la 
anarquía desoladora? Si la mentira a cada pa- 
so invoca la ley para violarla, y no hay voces 
bastantes para castigarla, ¿cómo no predecir la 
catástrofe? 

Cuando hay una sociedad que se entrega pre- 
ferentemente a la especulación, al negocio y al 
vicio; cuando la juventud de las ciudades, por un 
vaso de alcohol o una inyección de morfina, 
deja en el olvido el agua lustral; cuando los 
ancianos no esperan de su palabra el éxito: 
cuando los soldados no consiguen conmover sus 
propios corazones y la memoria de los grandes 
guerreros ya no los inspira; cuando se ha inju- 
riado nuestra historia y ya no hay fe religiosa, 
desde la de Dios hasta la de la patria, desde la 
de la cruz hasta la de la bandera; entonces un 
reducido grupo de advenedizos puede apoderarse 
del mando, organizar fuerzas avasalladoras, do- 
minar, hacer y deshacer, castigar y vengar, 
hacer de "la iniquidad precepto y de la violen- 
cia régimen normal. 

Yo auguraría un derrumbamiento de las insti- 
tuciones republicanas si llegara a arraigarse defi- 
nitivamente en el pueblo la i^dea de que un hom- 



246 Í.IITS RRYNA AÍ.MANDOS 

brc todo lo puede, *quc puede más que las leyes 
y los magistrados, más que los tribunos en el 
parlamento, más que la opinión en la prensa. 

Pero después de tres años de radicalismo, el 
pueblo que siempre paga los errores y la mala 
fe de sus caudillos, de sus agitadores y sus 
mentores codiciosos, empieza a negarles su con- 
fianza; hoy, en efecto, el héroe del 12 de Octu- 
bre se acaba de convertir en el reo del 7 de 
Noviembre. 

¡Confiemos, pues, en la sanción de la opinión 
pública! 



CAPITULO III. 
La delación y la persecución 



Lady Macbeth.~¿Le habéis pedido 
que viniera? 

Macbeth.—No, pero sé que se niega 
a venir. En cada una de sus casas ten- 
go un espía. Mañana iré a hablar a 
las hermanas patéticas Necesito nue- 
vas explicaciones, porque estoy resuel- 
to a saber lo peor por los medios peo- 
res. Todo debe ceder a mi interés. 

Macbeth: Acto III, Escena IV. 

Al lado del que se hace caballero se agita el 
delator, tipo que surge abundantemente en 
tiempos de tiranía, es decir, cuando la crueldad 
y el odio toman las riendas del estado. 

Hasta ahora el delator ha servido para la or- 
ganización del personal burocrático con miras 
electorales pero ya comienza a sentirse su trabajo 
subrepticio en labores más amenazadoras. 

No es aventurado asegurar que tras de cada 
una de las intervenciones nacionales en las pro- 
vincias ha ido una legión de espías, consejeros de 



^48 LUIS reVnA alMañdoS 

titulados núnistros, cuyíi función suprema nc con- 
fesada fué la de sustituir a los empleados anti- 
guos, unas veces sin declaración de causa, otras 
con falsas declaraciones y otras también con pa- 
labras de justificación desmentidas por hechos 
(lue las contradijeron. No se ha tenido hasta hoy 
la franqueza brutal de declarar oficialmente que 
se les expulsaba por enemigos de la "regenera- 
ción institucional", como en 1840, año del terror, 
se les destituía por enemigos de la Santa Fede- 
ración. 

Los comités de la "causa" son los proveedores 
inagotables de estos personajes de la calumnia. 
Llenan los vestíbulos de las casas de gobierno, 
atisban en los corredores y los pasillos; son te- 
midos y detestados. La investigación policial, or- 
ganizada de antaño con tan siniestro elenco, se 
ha volcado por todas partes: guarda la puerta de 
los palacios, recoge aquí y allá la frase inocente 
para torcerla y servirse de ella como de una tram- 
pa; viértela en el oído del gobernante y produce 
catástrofes íntimas. 

La aparición de los delatores precede al despo- 
tismo: la aurora de la libertad, en cambio, borra 
las sombras de la delación. 

La delación fué una institución legal en otras 
épocas: en el Palacio Ducal de Venecia había 
un buzón de mármol, una faz de león cuyas 



LA DEMAGOGIA RADICAL 2^9 

fauces abiertas recibían cliariamcnte la denuncia 
fatal contra los supuestos o verdaderos enemigos 
de la República. En aciuel régimen tiránico, en 
aquel despotismo rodeado de estatuas, columnas 
y pinturas maravillosas, el espionaje tenía su tro- 
no, tan magnífico como terrible. Ahora la dela- 
ción ha sido proscripta por la reprobación uni- 
versal; pero como la ambición y la calumnia no 
pueden ser destruidas, si hoy no tienen su sala 
y su león, tienen, en cambio, por sitio de sus ma- 
quinaciones el comité y por teatro de sus obras 
los despachos oficiales. 

El comité dispone de los puestos públicos, es 
decir, del trabajo de los empleados, de su sed y 
de su hambre, mediante un sistema de persecu- 
ción en que las altas autoridades se complican, 
mejor dicho, organizado por elias. 

El gran mecanismo burocrático, base y fuerza 
de la política personalísima, es movido por el co- 
mité, cuya legión de denunciantes se mueve ac- 
tivamente. Este repugnante ejemplar humano, 
de que se han servido siempre todos los déspotas, 
es el mayor estigma del servilismo perverso, ins- 
trumento de la cobardía anónima. La policía se 
sirve de él; le abre el camino de las persecucio- 
nes y de las venganzas. Tras de su sombra viene 
el sayón, en pos de él la desolación y el espanto. 
Ahora en nuestro país se han sacado la máscara 



250 LUIS REYNA ALMANDOí; 

los unos y los otros, y algo de lo (jiie hacen con- 
viene dejar impreso en este libro. 

La policía persecutoria arma actualmente el 
brazo de los gobernantes con furor renovado. 
El alma bárbara del gaucho que hizo temblaría 
República durante nuestro Apocalipsis, torna a 
su furia con nuevos bríos sin respetar nada. 

En las gobernaciones nacionales la violación de 
las leyes está a cargo de desalmados protegidos 
encargados de aterrorizar a los habitantes y, por 
lo tanto, de arruinar y despoblar los territorios. 
La delación allá ha sido sustituida por el azote 
y el crimen. Pero allá es casi el desierto y podría 
decirse que donde sólo llega el reflejo de la cul- 
tura metropolitana no es posible exigir ni si- 
quiera un principio de libertad. Pero en ciudades 
florecientes la delación y la persecución sis- 
tematizadas son fenómenos inexplicables para 
la gran mayoría, que preocupada m.ucho de sus 
trabajos o por carecer de nociones claras de go- 
bierno descuida demasiado su libertad. 

Refiere Bret Hart en uno de sus cuentos: Los 
desterrados de Poker- Fiat, que en 1 850 fueron ex- 
pulsados de cierta ciudad de la entonces soli- 
taria California, con prohibición de regreso bajo 
pena de la vida, un jugador de oficio, un ladrón 
de filones, convicto borracho, y dos mujeres pú- 
blicas." Eran la escoria social de Poker-Flat, a que 



LA DEMAGOGIA RADICAL ají 

el comité secreto ele la población había resuelto 
expulsar por ser personas perniciosas. Halláronse 
a poco en medio de campos desamparados, que 
debían cruzar hasta conseguir otra población; pe- 
ro una súbita tempestad de nieve que borró todo 
vestigio de camino, sitiándolos, hizo lo que el co- 
mité secreto no había querido hacer: matarlos. 
La ciudad había obrado cuerdamente al desterrar 
a su hez miserable, pero no quiso ser cruel al se- 
ñalarles una senda de salvación. La ruda socie- 
dad californiana de hace setenta años aplicaba 
a la gentes corrompida la pena del destierro: que- 
ría ser digna y vivir en orden. 

El relato de la muerte bajo el sudario helado de 
la nieve, que va sepultando durante varios días 
a los infelices desterrados, suspende el ánimo y 
conmueve, pero la lástima de aquel castigo no 
causa indignación contra los juzgadores, pues no 
hicieron otra cosa que defenderse. 

En los días en que escribo nuestro país asiste a 
un espectáculo mucho más atroz: el destierro de 
un considerable grupo de personas perseguidas 
por crden personal del gobernador de Mendoza 
Doctor Néstor Lencinas, impuesto por la sola vo- 
luntad del Presidente de la República mediante 
decreto del último de los interventores. Doctor 
Perfecto Araya. ' 

Estos nombres deb^íu sernos conocidos. 



252 LUIS REVNA ALMANDOS 

En un telegrama publicado en "El Diario" de 
Buenos Aires, el 6 de Octubre, léese lo siguiente: 

"Nada se sabe de los ciudadanos desapareci- 
dos misteriosamente. La policía continúa negan- 
do haberlos deportado. 

'*Los autonomistas han designado comisiones 
para que se trasladen a esos puntos en automó- 
viles, llevando víveres abundantes para los de- 
portados, pues sin ese auxilio oportuno morirán 
de hambre". 

Al día siguiente el mismo diario publicaba 
nuevos despachos: 

"A las 2 p. m. de ayer salieron para Lava- 
lle el doctor Morey y el señor Picheto, Presi- 
dente y Secretario del partido socialista local, 
con el objeto de buscar a los correligionarios de- 
portados, al igual de lo que hicieron también los 
autonomistas con los suyos. 

"Anoche regresó Morey y nos manifestó que 
al llegar cerca de la frontera con San Juan en- 
contró un automóvil en el que viajaba la comi- 
sión autonomista formada por los doctores Au- 
reol, Arenas y Villanueva y el diputado nacio- 
nal señor Raffo de la Reta. Todos, a excepción 
de este último, eran traídos presos en su pro- 
pio automóvil y custodiados por un regular con- 
tingente de soldados armados a wínchester. 

"Al doctor Morey, esas mismas fuerzas lo de- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 253 

tuvieron y le notificaron cjue le prohibían conti- 
nuar el viaje. Ante tal intimación, adelantóse al 
regreso, siendo detenido al pasar por frente a la 
comisaría de Lavalle (única en el camino), donde 
fué registrado al igual que su compañero Pi- 
cheto. 

"Como no llevaban armas (las habían escon- 
dido preventivamente) se les permitió regresar a 
esta capital, sin haber logrado realizar su huma- 
nitaria misión. 

"Sq sabe que a los numerosos ciudadanos de- 
portados se les envía a la laguna de Guanaca- 
che, pues se les ha visto marchar a pie y ma- 
niatados con ese rumbo. 

**A la comisión detenida en Lavalle se la tuvo 
dos horas al sol, pasándola después a un cala- 
bozo. El Jefe de Policía había prometido a los 
que gestionaran la libertad de los doctores Au- 
reol, Arenas y Villanueva, que ordenaría tele- 
gráficamente al comisario de Lavalle que los en- 
viara a esta capital. Hasta anoche después de 
las doce dichos caballeros no fueron puestos en 
libertad. 

*'Las comisiones enviadas a San Luis y Chile 
en socorro de otros deportados con ese destino, 
aún no han sido detenidas, lo que hace suponer 
que tales contemplaciones obedecen a que aque- 
llos ya han traspuesto las fronteras. 



254 '->UIS REYNA ALMANDOS 

*'Han sido detenidos los obreros socialistas 
Campoy, Lotito, Mantuello, Fortes (Secretario 
del Partido Socialista), García (Tesorero de la Fe- 
deración Obrera Provincial) y dícese que cuaren- 
ta ciudadanos más. 

"Campoy recobró su libertad tras penosas ges- 
tiones. A Fortes lo trasladaron a Lavalle donde 
permanecerá detenido hasta que termine la 
huelga. 

*'Los demás asegúrase que han sido deporta- 
dos a la ''Siberia Mendocina", como se llama a 
la región desierta y desamparada de San Miguel, 
donde los deportados morirán indefectiblemente 
de hambre y de sed, pues el poblado más cerca- 
no está a cuarenta leguas. 

"La policía, con una audacia y cinismo inca- 
lificables, niega haberlos detenido, y así se ex- 
presa en cada recurso de hábcas cor pus que se 
interpone. 

"Las familias de los deportados ignoran su 
paradero. 

"Ante el miembro déla Corte doctor Aguirrc, 
entablóse aquel recurso, pero sin resultado algu- 
no, en virtud de que este mal magistrado acep- 
ta como buena la excusa de la policía y rechaza 
las pruebas en contrario. 

"A un amigo, el doctor Aguirre díjole, sonrien- 
do: ¡Se lian perdidol, refiriéndose a los deporta- 
dos por la policía". 



LA DEMAGOGIA RADICAL 255 

La sonrisa de este juez es el signo sarcástico 
habitual en el tirano satisfecho: paraliza más 
que el ceño adusto del sayón. Un juez que son- 
ríe de esa manera, un juez que dice de hombres 
perseguidos: ¡se ha?i perdido!, es engendro de 
pasiones infernales. 

Peor que los delatores porque obra con au- 
toridad; peor que los verdugos porque estos 
obedecen y aquel falla. Ese hombre estaba ocul- 
to acechando la presa: ha saltado, ha clavado 
su garra porque ha sonreído ante el dolor de 
sus conciudadanos. Llamado para proteger son- 
ríe a la proscripción; traído para ser justo azuza 
la jauría de los perseguidores. Sobre los códi- 
gos que ha jurado vuelca en su sonrisa el ve- 
neno de su perjurio. ¡Tipo de jueces moraliza- 
dores! ¡Espécimen definido de los violentos dis- 
frazados de bufones! ¡Qué sarcasmo tan hirien- 
te en los labios de un magistrado la burlesca 
frase: / se han perdido ! \ Reír ante el tormento, 
burlarse ante el crimen, así hicieron en nuestro 
país muchos hombres señalados por el índice 
de la indignación de dos generaciones! 

La crónica de la bárbara regresión gaucha de 
nuestros días se colma de iniquidad. Voy reco- 
giendo para nuestra afrenta muchas cosas que se 
publican a medida que analizo la obra de la reen- 
carnación del alma salvaje, y acjuí quedará es- 



256 LUIS REYNA ALMANDOS 

tampada la palabra de un representante del 
pueblo. 

El Diputado Nacional Doctor Augusto Bunge 
dirige, en efecto, desde Mendoza al Presidente 
de la República el telegrama que copio a con- 
tinuación: 

'^Está plenamente probada la deportación de 
numerosos trabajadores realizada en forma hipó- 
crita y salvaje por la policía mendocina, deján- 
dolos abandonados en el desierto, y no se tienen 
noticias de más de diez, después de seis días. 
Posiblemente han muerto. Semejante conducta 
equivale al asesinato premeditado. Además, otros 
trabajadores son perseguidos sin motivo. Solicito 
garantías nacionales y exploración de la zona 
donde han sido abandonadas las víctimas de 
esta tiranía". 

El telegrama no fué contestado. En "El Au- 
tonomista" de Mendoza, se publicó durante al- 
gún tiempo un ''permanente" que decía así: 

PERMANENTE 

Undiputado radical ha dicho en plena Cámara que 
el g'oblerno lencinista ha lleg-ado hasta el asesinato. 

La opinión pública exige'al Gobernador don José Nés> 
tor Lencínas> a su ministro don , Carlos' M. Puebla, 
digan^el número y nombre de las personas, asesinadas 
y el motivo por qué se les mandó asesinar. 

Los trabajadores que sufren en el desierto de 
arenas movedizas denominada Quebrada de Fio- 



LA DKMAGOGIA RADICAL 2$; 

res, como en las lagunas de Guanacache y en la 
desolada región de San Miguel, hicieron causa 
común con las maestras aprisionadas y vejadas 
por el gobierno mendocino, y ese es su delito. 
Si esos hombres se hubieran dado a asesinar 
enemigos de la causa en vez de protestar con- 
tra la vejación de las mujeres, habrían sido 
ensalzados. El pequeño Syla de Mendoza quiere 
imitarlo: tiene libertos a su disposición, porque 
hay un Syla más poderoso que lo impone en la 
República y que pretende doblegarnos. 

Deportación sin ley ni juez, el tormento del 
hambre, la privación de auxilio en el desamparo 
del desierto; la vejación inútil, el asesinato y los 
golpes; tal es la política impuesta por el Presi- 
dente Irigoyen a hombres y mujeres, y ciuda- 
danos y extranjeros, por el solo hecho de no 
querer pensar con arreglo a la regeneración y 
los postulados de la causa. 

Quien haya cruzado el arenal a donde son 
arrojados como fieras los ciudadanos mendoci- 
nos, puede medir toda la extensión de ese crimen. 
Pero quien piense que la señal de la muerte no 
ha sido hecha para aquéllos sino también para 
el país entero; no espere remisión. Se ha avan- 
zado ya mucho en el camino del desorden; disi- 
mulándose lo que no puede tolerarse, y tolerado 
lo que no puede perdonarse. 

16 



25.^ LUIS REYMA ALM ANDOS 



El furor profético del dictador recorre nues- 
tras comarcas. Ayer clamó en Corrientes, pero 
sus rayos fulminadores no pudieron abatir la vo- 
luntad de sus ciudadanos. En Corrientes fué 
vencido. Ahora clama en Catamarca, donde 
pretende — posiblemente sin éxito— organizar un 
gobierno a su hechura. 

La " libertad electoral " perseguida por él 
durante el curso de su vida misteriosa, se ha- 
ce efectiva para sus adictos por los procedi- 
mientos ya practicados: la persecución en toda 
forma. 

La Concentración Catamarqueña, en un mani- 
fiesto del 29 de Noviembre actual, resume los 
acontecmiientos diciendo así: 

"En la víspera de la elección, distante apenas 
breves horas del comicio, cree la Concentración 
Catamarqueña cumplir un gran deber al decla- 
rar, como lo hace con entera lealtad, que asistirá 
el día de mañana a depositar su voto en las urnas 
abiertas por la intervención nacional, a pesar de 
que la libertad electoral se halla burlada por la 
violenta presión y el manifiesto soborno que 
practica el oficialismo. 

"La Concentración Catamarqueña vieae lu- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 259 

chanclo más con las autoridades federales y los 
empleados traídos de diversos puntos de la repú- 
blica, que con el partido'radical de esta provincia, 
cuyos dirigentes principales, empleados a su vez, 
no desempeñan otro papel que el de secundar 
pasivamente la autoridad ejercida por personas 
extrañas de esta provincia, las que desparraman 
en nombre de las más altas autoridades de la 
nación la amenaza, la vía de hecho, la detención, 
la multa contra nuestros amigos y la pitanza de 
ambos presupuestos, como cebo para corromper 
el sentido honesto del electorado. 

''No es del caso, en este momento, documentar 
la verdad de nuestra afirmación, y menos cuando 
la pública notoriedad lo testimonia con todas las 
formas que tiene para expresar la opinión. 

''Sin embargo, la Concentración Catamarqueña, 
después de la cuarta convocatoria, va a librar 
la gran batalla, segura del triunfo, como testigo 
ñagelante para los que detentan el gobierno por 
medio del asalto y el abuso". 

Durante el largo proceso electoral de Cata- 
marca, destruida actualmente como Estado, 
se han consumado tantos abusos y delitos que 
con sólo enumerarlos se llenará un capítulo más 
extenso que el que se desarrolló en Corrientes 
bajo la dictadura de Giuffra y sus secuaces, en- 
tre otros. Agüero Vera. 



26o LUIS REYNA ALMANDOS 

"El Interventor Doctor Fabio López García ('), 
asumió todos los poderes, se atribuyó faculta- 
des legislativas, nombró ministros, decretó pre- 
supuestos, se apoderó délos recirsos y designó 
jueces. No anduvo con juegos de palabras, y en 
el decreto que dictó a su llegada con fecha 12 
de Mayo de 1918 — ya estando abierto el Congre- 
so — resolvió, textualmente lo dice, asumir el 
gobierno de la Provincia, esto es, todos los po- 
deres". (^) Las crónicas diarias, nunca desmen- 
tidas, dan cuenta de las variadas formas de 
opresión del irigoyenismo contra los ciudadanos 
libres, desde la multa injusta y la detención 
arbitraria hasta el homicidio perpetrado por 



(1) Este representante de la justicia percibe sueldos de magistrado 
y sueldos de interventor. Abandona su estrado durante largo tiem- 
po, pero no sus emolumentos, y oprime a la Provincia, teniendo bajo 
su mando a oficiales del ejército, que la recorren infundiendo el pá- 
nico por todas partes, haciendo de policías opresoras. 

Los tribunales del país han suministrado al Presidente de la Re- 
pública buen número de ejecutores de sus actos tiránicos, entre 
otros, el ex interventor en Salta, Doctor Emilio Jiménez Zapioia, 
que destruye en un día el poder judicial y neutraliza la libertad ci 
vil, haciendo ilusorio el hábeas corpas. Recientemente es designado 
interventor en San Juan el Presidente de la Suprema Corte de Jus- 
ticia de la Provincia de Buenos Aires, Doctor Manuel F. Escobar, 
previo derrocamiento del gobernador Isaza; asume todos los pode- 
res, y tiene el raro acierto de elegir para puestos elevados de !a 
administración a personas que por su historia pasada satisfacen 
grandemente a la clase de multitud que lo recibe dándose a sí m"'S- 
ma el título de democracia de alpargata. (Noviembre de 1919). 

(2) Discurso del Diputado Rodolfo Moreno. Diario de Sesiones, 4 
de Noviembre de 1919. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 26 1 

envenenamiento. La invocación al señor Iri- 
goyen está en los ejecutores de tales procedi- 
mientos. Los ''muchachos" del tráfico del per- 
dón desempeñan su oficio. 

Con motivo de estas elecciones ocurrió en la 
Capital Federal un hecho (lue "La Fronda" del 
30 de Noviembre califica de Efyisodio siigerente. 
Bajo este título aquel diario denuncia un delito 
de verdadero sabotage, perpetrado por manos 
ocultas con el objeto de impedir que los Dipu- 
tados concurrieran a las elecciones. La muerte 
de los viajeros, el piloto y el mecánico era muy 
probable, pero del tráfico del perdón puesto al 
servicio de la ''soberanía de los pueblos", eso y 
más puede esperarse. 

"La Fronda" dice: 

"Los diputados Moreno y Sánchez Sorondo 
pensaban ir a Catamarca en un vuelo. Los pre- 
parativos habían sido ultimados sin inconve- 
nientes. El mayor Kingsley, piloto reputado, 
estaba decidido a realizar la hazaña por la in- 
fluencia novedosa que la navegación aérea iba a 
tener en la política de tierra adentro. Y la pe- 
queña piedra puesta en el camino, con la prohi- 
bición de depositar sus aparatos en el hangar 
gubernativo, en virtud de transportar volantes 
conservadores, había pasado a In categoría de 
una minucia más de la tiranía irigoyenista. 



262 tUIS REYNA ALMANDOS 

"Cuando los referidos legisladores pensaban 
haber logrado salvar todos los escollos, recibie- 
ron una amable misiva del piloto inglés, en la 
cual les comunicaba que no podía realizar el 
raid a que se había comprometido, por haber 
encontrado, a último momento, fallas inexplica- 
bles en las maquinarias de su avión. Agrega 
la comunicación que los desperfectos comproba- 
dos son de naturaleza tan extraña que no puede 
creer hayan sido ocasionados por los pilotos a 
sus órdenes, en los vuelos reglamentarios de en- 
sayo". 

Esta denuncia no ha sido desmentida; y con 
esta cierro este capítulo. 



CAPITULO IV. 
t^l tráfico del perdón 



Porcia. -¿Qué le concede vuestra 
piedad, Antonio? 

Graciano.— Una cuerda gratis. Na- 
da más por amor del cielo. 

El Mercader de Venecia. 



El nombraníiento o elección de funcionario^ 
públicos recaídos en personas de mala conducta 
es, como sabemos, el sistema adoptado, en ge- 
neral, por el gobierno de los radicales. Pero no 
es todo el sistema. Hay un modo de comple- 
mentarlo, demostrativo de la tendencia a valerse 
de la gente baja, ya para halagar a la multitud, 
ya pcira valerse de ella a fin de infundir miedo. 
De ambas maneras se consigue durante las tira- 
nías humillar a las familias, a los hombres hon- 
rados, e inquietar a los pacíficos. * 

El modo de complementar el método es dar 
libertad a criminales de todo jaez a título de 
magnanimidad, abusando de la facultad consti- 
tucional de indulto y conmutación de penas, 



264 LUIS REYNA ALMANDOS 

El perdón ''magnánimo" significa muchas co- 
sas, ninguna de ellas buena en las repúblicas 
orgánicas. 

Ante todo, lo primero malo del sistema de 
perdón es el tener por magnánimo al que perdona, 
porque en realidad la magnanimidad no existe 
en quien ejerce una atribución legal. El acep- 
tarla en el gobernante importaría atribuir, por 
oposición, crueldad equivalente en el Juez que 
ha condenado. Tan generoso es el perdón como 
necesario el castigo, más simpático aquél que 
éste, sin duda, pero esenciales los dos, porque en 
ambos se cumplen dos deberes: el de hacer jus- 
ticia y el de ser equitativo. Pero ni cuando 
condena el juez ni cuando perdona el gober- 
nante debemos considerar al hombre sino al 
funcionario, porque lo que prevalece y actúa 
realmente es la ley, no la persona, la sociedad, 
no su representante. Esto debe suceder en los 
pueblos republicanos, a diferencia de los regidos 
por teocracias y autocracias, en los cuales la 
voluntad del emperador, del rey o del califa no 
obedece a más normas de conducta que la bon- 
dad, la crueldad o la justicia personalísima de 
aquéllos. 

• Consideramos, debemos necesariamente consi- 
derar, la magnanimidad de los presidentes y go- 
bernantes de América, cuíMido perd(jnan miseri- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 265 

cordiosamente, como uno de los más peligrosos 
grados de la transgresión legal, una verdadera 
traición a la sociedad que dirigen, porque alteran 
los principios en que se basa la república, 
aparte de la amenaza evidente a la libertad civil 
y a la paz social. 

El indultar sin tasa a criminales de todo géne- 
ro haciendo decir a los comités que el Presiden- 
te es un ser magnánimo, y consentir éste, con 
su silencio, en semejante razón de obrar, res- 
ponde a la idea de prepotencia personal en de- 
trimento de la Constitución y de las bases del 
sistema republicano. Desde que la magnanimi- 
dad personal prevalece el oscurecimiento y has- 
ta la pérdida de la conciencia republicana en 
el pueblo se producen inmediatamente; y desde 
ese momento la fuerza presidencial es tan enor- 
me como débil el imperio judicial. La existen- 
cia y eficacia de este imperio que tantas luchas 
ha costado, caen bajo el empuje avasallador de 
la falsa bondad y aparente caridad de un solo 
hombre; e inñuyendo en la masa popular deja 
de lado el ejercicio de la justicia, que por de- 
fectuosa que sea no ofrece el peligro de una 
invasión de bondad munificente en el que tiene 
desde entonces en sus manos el disponer a su 
antojo y por impresión o cálculo político, de la 
seguridad y libertad de los ciudadanos, 



266 LUIS REYNA ALMANDOS 

La grandeza del dispensador del perdón cre- 
ce en gran medida; el fanatismo que despierta 
en las multitudes ignorantes se convierte en re- 
ligión, y pues no hay religión sin dios, ídolos 
o fetiches, necesariamente se ofrece a la mira- 
da y al sentimiento popular un dios humano 
tan desleznable como peligroso y tan efímero 
como desleal. El magnánimo que perdona a los 
defraudadores y a los homicidas se hace sim- 
pático a la plebe, fronteriza del robo y del ho- 
micidio, torpe y cruel^en su entraña misma. 

La aparición del misericordioso es el índice 
de un sistema de engaño bastante parecido al 
que el General Rosas practicó durante mucho 
tiempo para combatir a los unitarios. El Padre 
Castañeda hablaba de los pensamientos magná- 
nimos de aquel tremendo gobernante, y hubo 
durante largos años una innumerable multitud 
que creyó en aquella superchería como én ar- 
tículo de fe. Rosas acostumbraba a premiar a 
sus sicarios con dinero, tierras y honores, con- 
siguiendo de este modo mantener firme su pres- 
tigio con dispensas que a él nada le costaban. 

Después de tanto tiempo, y deslindada ya la 
línea entre el perdón legal y la clemencia dic- 
tatorial, el sistema se repite con una amplitud 
desoladora, sin que indirectamente deje de ha- 
ber premios y recompensas consistentes en ho- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 26; 

Horarios por las gestiones administrativas ne- 
cesarias para obtener la gracia. A esto se ha 
dado el nombre de tráfico del perdón. Así, a la 
sombra de la prodigalidad de presidente y go- 
bernadores, se alimenta la codicia de ciertos 
protegidos. 

El tráfico del perdón, aparte de su inmora- 
lidad como medio de robustecer las fuerzas elec- 
torales y de alimentar a una multitud de pará- 
sitos, sin contar el desmedro de la autoridad de 
los jueces, produce el ensoberbecimiento de los 
delincuentes, que devueltos a la sociedad que los 
ha repudiado se lanzan al crimen con irresisti- 
ble procacidad. Los ciudadanos sienten desde 
entonces la amenaza perpetua e incierta de gen- 
tes de mal vivir, que hacen peligrosos los ca- 
minos y temibles las ciudades. Todos sabemos 
ciue existe una deliberación superior en devol- 
verles loque aquellos expulsaron, y que la ley del 
castigo, ejercida para protegerlos, ha sido arbi- 
trariamente transgredida para atacarlos. La se- 
guridad pública disminuye no solamente porque 
criminales temibles andan sueltos sino porque 
se sabe que la justicia represiva es desconocida 
precisamente por quienes están encargados de 
acatarla y fortalecerla. 

La libertad en todos sus aspectos disminuye 
por el tráfico del perdón, tanto más si se tiene 



268 LUIS REYNAALMANDOS 

en cuenta que los bandoleros perdonados se ha- 
cen electores, guardianes de policía, funciona- 
rios de todo orden y caudillejos más o menos 
visibles, señores del comité y, por lo tanto, tipos 
de categoría en barrios externos y poblaciones 
de segundo orden. Son ellos los más rabiosos 
fanáticos del que los ha perdonado, de manera 
que a su temibilidad normal se agrega la agre- 
sividad de su fanatismo. 

El hecho de que numerosos indultados hayan 
sido agraciados con empleos nacionales o pro- 
vinciales, o colocados al frente de elementos de 
comité, se ha repetido en estos últimos tiempos 
sin que haya sido posible, no obstante las de- 
nuncias públicas, paralizar los efectos del sis- 
tema. El Presidente de la República no presta 
oídos a las advertencias de nadie porque su al- 
ma "infinitamente bondadosa" para los encarce- 
lados no puede detenerse a escuchar las quejas 
de los que temen por su libertad y seguridad; 
siendo para él más interesante poner la mano 
paternal sobre la cabeza de un presidiario que 
calcular las consecuencias de su perdón. 

Cuando la Constitución puso en manos del 
Presidente de la República la facultad de con- 
mutar penas y conceder indultos lo hizo con el 
elevado fin de suavizar el rigor de las leyes 
llénales y corregir los defectos de los procesos, 



LA DEMAGOGIA RADICAL 269 

porque ni la ley ni los jueces llegan a la jus- 
ticia perfecta. Pero no estuvo en el pensamien- 
to del legislador hacer del presidente un bur- 
lador de la justicia, algo así como un juez de 
jueces mediante cuya voluntad los pronuncia- 
mientos llegarían a ser revocados en orden a 
sentimentalismos más o menos sinceros. 

Pero ahora la irresistible necesidad de 'Vol- 
tear" los gobiernos del "oprobio" ha encontra- 
do en la Constitución misma, abusivamente in- 
terpretada, uno de los medios de coartar la liber- 
tad del electorado. 

* 
* * 

En los días que corren el indulto es objeto 
de temor en el pueblo. 

No son conocidos todos los casos de perdón 
porque en gran parte se ha tratado de ocultar- 
los, pero hay estadísticas parciales y hechos co- 
nocidos de reincidencia de indultados que han 
producido honda inquietud. 

De un documento irrecusable digno de análi- 
sis se infiere que en el corto espacio de ocho 
meses el interventor en Buenos Aires señor Jo- 
sé Luis Cantilo, mero ejecutor de las órdenes 
del Presidente, puso en libertad a 576 condena- 
dos, de los cuales sólo diez eran mujeres. Esto en 
la Provincia de Buenos Aires durante un gobier- 



270 LUIS REYNA ALMANDOS 

no de hecho, sin causas que pudieran legitimar 
tan extremas resoluciones y contrariando las dis- 
posiciones de la ley reglamentaria de la constitu- 
ción provincial que autoriza las conmutaciones. 

Las mujeres favorecidas fueron, como he di- 
cho, únicamente diez y los hombres 566. 

Estas cifras demuestran que la clemencia presi- 
dencial es una invención, pues siendo cierto 
que las delincuentes son menos, no lo son en una 
proporción tan mínima como las indultadas. 

El secreto consiste en que las mujeres no 
son electoras, de modo que el sentimentalismo 
no les alcanza. Es un caso igual a la hazaña del 
Quijote cuando cortó la cuerda de los que iban 
a galeras, porque entre los galeotes libertados y 
que concluyeron apaleando al caballero y al es- 
cudero no había ninguna mujer. Basta esta ob- 
servación para tener por superchería la mag- 
nanimidad en el perdón: cuidémonos del engaño 
para evitar que nuestras ciudades sean refugio 
de asesinos y nuestros caminos encrucijadas de 
asaltantes amparados por la fuerza pública. 

Desde pocos días después de iniciada la nue- 
va era de la moralización institucional, el alma 
paternal del Presidente comenzó a mostrarse sin 
franqueza: el proxeneta Ernst, asesino de un 
compinche, fué condenado a muerte en última 
instancia y favorecido con la conmutación de la 



T,A DEMAGOGIA RADICAL 271 

pena inmediata inferior por el Presidente. Hubo 
en el incidente algunas circunstancias que paten- 
tizaron la tortuosidad de la conducta del Minis- 
tro de Justicia en su trato con el Tribunal de 
sentencia; y si se tiene en cuenta que el homi- 
cida era un cobarde de profesión afrentosa, no 
se alcanza a comprender como en un país aboca- 
do a una moralización tan declamada se comen- 
zaba la tarea menospreciando la majestad de 
los tribunales. 

La prensa diaria ha dado a conocer atenta- 
dos numerosos cometidos en plena calle por los 
indultados del Presidente, incorporados unos a 
la sociedad sin ocupar cargos públicos, otros un- 
gidos funcionarios }' verosímilmente los más con- 
vertidos en gestores eficaces en las elecciones: así, 
en esto último, puede pensarse porque en Buenos 
Aires, donde el Interventor vació los presidios 
con tanto ahinco, éste no tenía otra misión que 
organizar comicios. ¿A qué, pues, desplegar la 
bandera de la protección a cientos de defrauda- 
dores, violadores y homicidas, al mismo tiempo 
que favorecía la delincuencia rompiendo las va- 
llas establecidas legalmente contra ella.^ Si esta 
sospecha careciera de fundamento, siempre ha- 
brá tiempo para las justificaciones, pero el pue- 
blo no las obtendrá nunca. 



2; 2 LUIS REYNA ALMANDOS 



Los casos de presidiarios que salen libres con- 
tra la ley expresa han inquietado a nuestros re- 
presentantes legislativos y dado origen a adver- 
tencias severas por parte de algún magistrado, 
sin que por eso haya cesado el tráfico del perdón. 

Con motivo de la conmutación de pena solici- 
tada ante el P. E. de la Provincia de Buenos 
Aires por un procesado que aún no había sido 
condenado, el Procurador General de la Supre- 
ma Corte de Justicia doctor Washington Ocam- 
po decía que el prevenido no podía solicitar gra- 
cia porque ni siquiera había sido constituido en 
prisión, y se creía en el deber de hacer notar a la 
Corte "el inquietante acrecimiento de solicitu- 
des de conmutación de pena que diariamente se 
formulan por postulantes evidentemente coloca- 
dos al margen de toda pretensión honesta, hu- 
mana y legal. Caso patente de cuanto dejo di- 
cho, prosigue, lo constituye el presente pedido de 
'gracia, al que, según resulta, se ha dado el cur- 
so normal, no obstante surgir de los mismos au- 
tos que el procesado se encuentra prófugo. Se- 
mejante proceder, aparte de la falta de serie- 
dad y el poco respeto que por el imperio de la 
ley supone, llega hasta el margen de una complici- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 2/3 

dad delictuosa sobre la que llamo la atención de la 
Suprema Corte^' (^). 

Estas severas palabras cayeron en el vacío: 
tanto la Corte como el Gobernador guardaron 
silencio. Sólo dos meses después, el 22 de Julio, 
el Senador doctor Luis Grisolía presenta y fun- 
da un proyecto de ley por el cual se limita la 
prerrogativa del gobernador de conmutar penas 
por cielitos sujetos a la jurisdicción provincial. 
El 25 de ese mes el diputado Nicolás A. Avella- 
neda proyecta en la Cámara de Diputados de la 
Nación una reglamentación de la facultad de in- 
dultar. 

Ni el Senado en La Plata ni la Cámara en 
Buenos Aires han sancionado los proyectos; 
y con harta frecuencia siguen los gobernantes 
compasivos poniendo indirectamente en peligro 
la libertad civil y la vida de los habitantes sea 
por reincidencia de los perdonados del presidio 
ya por su sola libertad y cargos públicos con que 
algunos son favorecidos. 

El proyecto del Senador Provincial lo fué po- 
cos días después de ser públicamente conocido 
el indulto del uxoricida Vanoli, el cual asesina 
a su esposa en 1915» es condenado a presidio 
por 16 años, agraciado con la conmutación de 



(1) Diciamen del 24 de Junio de 1919. 

17 



274 LUIS REYNA ALMANDOS 

la pena en 1917 y puesto en libertad pocos meses 
después. Este perdón inaudito dio lugar a un de- 
bate en la Cámara de Diputados, del cual se in- 
fiere que el Presidente de la República tenía co- 
nocimiento de circunstancias que hubieran enfria 
do sus sentimientos munificentes si en vez de 
sentirse imbuido de prepotencia plebiscitaria lo 
estuviera desanas ideas de gobierno. 

El indulto deVanoli fué una afrenta pública: 
conmovió a nuestra sociedad por muchos días, hi- 
zo pensar, acaso por primera vez, en la frecuen- 
cia del perdón y el peligro social del crimen tan 
libre como alentado por el signo imperial. Con- 
tra el anhelo público se indultaba y se indulta; 
contra la ley aquel ¡yo quiero! terminante que 
choca contra la opinión y que triunfa porque 
parece más fuerte que la voluntad nacional. Po- 
co, muy poco significa para el ¡yo quiero! presi- 
dencial el clamor de la familia ofendida que se 
dirige al Presidente para advertirle que su pro- 
tegido **es un malvado colocado al margen de la 
sociedad por su crimen atroz", y poco le inquie- 
ta asimismo el rumor de la censura pública. 

Al indulto de Vanoli se suman miles; de modo 
que es presumible y aún real que la opinión en 
favor del Presidente reside en el ámbito hermé- 
tico de las cárceles, si es que en el alma som- 
bría de los criminales puede albergarse la grati- 



LA DEMAGOGÍA RADICAL 2/5 

tLid. A decir verdad, el radicalismo tenía gran opi- 
nión entre los presidiarios y acusados por toda 
clase de delitos; como que al advenimiento de 
cada gobernador los presidios fueron teatro de 
alzamientos plebiscitarios. Los blasones del ra- 
dicalismo han sido así deslucidos por manifes- 
tacioLes de la hez humana, y se juntan en la his- 
toria tormentosa los motines del revolucionario 
y los alzamientos clamorosos de las prisiones. 

Nunca se trazaron signos tan elocuentes en las 
páginas de la incorruptibilidad política argenti- 
na, ni guardan más exacta correspondencia que 
ahora las explosiones de la amoralidad cautiva 
con el misticismo autoritario. Y para que los fe- 
nómenos de psicología política sean una vez más 
confirmados observaremos cómo rondan en torno 
del místico y al rededor de las cárceles chaca- 
les y lobos en afán de saciar su avarismo inex- 
tinguible. 



La intromisión de delincuentes indultados en 
la vida social y en la administración es uno de 
los síntomas reveladores de un mal agudo en la 
política gubernativa, cuya tendencia ostensible 
es encerrar la libertad política y civil en un 
círculo de terror. ¡Pretensión funesta v casi in- 



2/6 LUIS REYNA ALMANDOS 

concebible ante una sociedad acostumbrada a 
una libertad bien cimentada sobre las piedras li- 
minares de una vasta construcción institucional; 
ante una sociedad rica y activa, relacionada con 
naciones ilustres! 

Cuando pensamos que hombres que mata- 
ron y robaron reciben el premio de sus cul- 
pas en forma de cargos públicos distinguidos, 
y vemos cómo ocupan sitiales antes reservados a 
la ilustración senatorial, a la experiencia tribu- 
nicia y a la virtud patricia personas que han su- 
frido el peso de sentencias condenatorias; sen- 
timos el estupor del asombro y la sensación de 
un riesgo inminente. Es tan monstruosa la invo- 
cación a la de democracia, declamada a cada paso 
por el radicalismo extraviado; tan honda la dife- 
rencia entre la severidad de nuestra era anto- 
nina y la longanimidad de la era místicopolítica 
en plena acción, que tenemos derecho de pensar 
en la organización a plena luz, en nombre de idea- 
les aparentemente generosos, de una verdadera 
conjuración de fuerzas disolventes del orden so- 
cial para producir en el ánimo de la colectivi- 
dad las impresiones inhibitorias del terror. 

Ante el desprecio desembozado de los senti- 
mientos básicos de la familia y la decidida vo- 
cación a fortalecer los instintos de los hombres 
de presa, debemos rechazar sin más juicio la de- 



T.A DEMAGOGIA RADICAL 27/ 

cantada moralización institucional para poner en 
descubierto el atentado contra la paz de nuestro 
pueblo. No se indulta a los criminales por bene- 
volencia y lástima sino con un fin político, es 
decir, electoral, más exactamente aún, con el 
propósito de poner en conflicto la libertad civil 
de los habitantes, pues no se comprende porqué 
se elige entre los presidiarios a los incorregibles 
para conferirles cargos oficiales aun con la pro- 
babilidad próxima de reincidencia. Téngase en 
cuenta que cuando un pueblo sufre sin protesta 
semejante método de gobierno está amenazado 
en sus más caros derechos, y que todas las ga- 
rantías aseguradas por la Constitución son meras 
expresiones literarias, como asimismo que cuando 
la Constitución se convierte en literatura la única 
y efectiva realidad es el ejercicio de la fuerza 
como suprema ley y la tiranía como suprema 
expresión de gobierno. 



Cuando un pueblo sufre indiferente y resignado 
el tráfico del perdón y no se conmueve o exas- 
pera porque su gobierno atente contra su segu- 
ridad y dignidad en la forma ante dicha, ha- 
bremos de sospechar en él un grado de inmora- 



2/8 LUIS RRYNA ALMANDOS 

lidad bastante elevada para no mirar con descon- 
fianza el porvenir que le espera. 

Recordemos las palabras de Sighele cuando 
estudia la intervención directa de los ciudadanos 
en la aplicación de la pena. 

''El lynchamiento — dice — es-a veces un síntoma 
consolador de la moralidad de un país. A la in- 
dolencia y a la indiferencia de algunas de nuestras 
poblaciones que miran los delitos como simples 
hechos de crónica, yo prefiero en ciertos casos 
una ciudad que se conmueva tan fuertemente 
por un asesinato, que se levante toda ella en 
armas para castigar inmediatamente a sus autores. 

La ley de Lynch sólo es bárbara en la for- 
ma, pero revela la existencia de un sentimiento 
altamente moral, mientras que, por el contrario, 
nosotros que no protestamos al presenciar la im- 
punidad de los malhechores, somos acaso cultos 
por nuestro respeto a las formas de la justicia, 
pero somos seguramente inmorales en cuanto no 
sabemos comprender su valor sustancial". 

''Entre un pueblo que tiene — dice Dorado y 
Montero— tan alto y profundo sentimiento de la 
Justicia y el de la propia conservación, que si los 
órganos encargados de mantenerla no responden 
a su fin, él mismo en masa se constituye en su 
defensor; y otro pueblo que presencia impasible 
los mayores atentados contra las leyes y las ma- 



La demagogia radical 279 

yores iniquidades por parte de los administra- 
dores de la justicia, aún cuando tales iniquidades 
están revestidas con las apariencias jurídicas, la 
elección no puede ser dudosa. En ese sentido la 
ley de Lynch es defendible porque revela la exis- 
tencia de un sentimiento altamente moral y por- 
que es un síntoma consolador de la moralidad 
de un país" (')• 

Hay, como se ve, ilustres defensores de la jus- 
ticia popular inmediata; y no hay quien no mire 
con honda emoción la defensa social ejercida 
por ciertas asociaciones populares organizadas 
para defensa de poblaciones y ciudades y cas- 
tigo de delincuentes temibles en ocasiones de 
levantamientos demagógicos, lucha de clases o 
conflicto de razas. 

Por ahora, entre nosotros, las hazañas de los 
indultados apenas nos ha conmovido: hemos visto 
"como crónica" lo que es un peligro social por- 
que es un sistema de justicia, desde que los crí- 
menes de aquellos son consecuencia directa pero 
prevista de la indulgencia de los primeros man- 
datarios. Contra este sistema de justicia que en 
vez de castigar y prevenir provoca y favorece 
la consumación de infames atentados contra la 
seguridad social — ya no solamente contra la se- 



(1) Enciclopedia Espasa, Art. Lynch. 



28o LUIS RKYNA ALMANDOS 

guridad personal, — no se registra sino una sola 
protesta colectiva: la del gremio de chauffeurs 
con motivo del asesinato del chauffeur Máximo 
A. Romero, cometido por un viresidario te- 
mible favorecido por el perdón del Presi- 
dente de la República. En el acto del sepelio de 
Romero el Presidente del centro de chauffeurs sin- 
tetizó en la oración fúnebre el pensamiento de 
la ciudad de La Plata. 

"Nuestras conciencias — dijo -han señalado ya 
al culpable: Aquel que no reparó en desatar 
contra la sociedad a las fieras humanas, que la 
justicia sabia y merecidamente había enjaulado". 
(Agosto de 1919). 

Después de esta indignación, el silencio, la 
aparente indiferencia ('). 



Digna de maduras reflexiones es aquella indi- 
ferencia, que califico de aparente, porque, en mi 
entender, ni el individuo aislado ni el conjunto 
social son indiferentes ante los ataques repeti- 
dos de homicidas y demás criminales cuando 



(1) En prensa este libro, el Diputado Doctor Rodolfo Moreno soli- 
cita de la Suprema Corte Nacional y demás tribunales del país las 
informaciones necesarias para acumularlas a los cargos del juicio 
pplítico abierto al Presidente Irigoyen. Nota dirigida el /■ de Di- 
ciembre a la Comisión de investigación judicial de la C. de Diputados. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 28 1 

se sabe ó se siente que obran bajo el amparo 
(le las autoridades públicas y ante la impoten- 
cia de los jueces. 

La seguridad de la vida, la fortuna y el ho- 
nor carece desde hace tres años de las necesa- 
rias y antes efectivas garantías en ciudades y 
campos, en estos ante todo, pues la defensa so- 
cial, encomendada a la policía, se ha trocado 
en amparo de bandidos. La soledad del campo 
y su enorme extensión, de suyo favorable a la 
libre acción de los delincuentes, da origen en 
épocas como la actual a la organización de ban- 
das criminales que asaltan estancias, asesinan 
y roban. La luz del día no es obstáculo para 
sus atentados, ni la presencia de la policía las 
intimida. 

Ahora los estancieros que sufren los daños 
del robo organizado; la familia de los pueste- 
ros y los labradores en sus faenas, sienten 
la necesidad de defenderse por sus propias ma- 
nos. Esto no es "fantasmagoría", según la expre- 
sión del Gobernador de Mendoza. 

Son infructuosas las denuncias ante la auto- 
ridad policial, vanas las quejas, inútiles en su 
mayoría los procesos: el robo y la depredación 
quedan impunes, el daño sin indemnización; la 
policía impotente en apariencia. Crece la so- 
berbia de los criminales y disminuye la acción 



2^2 UiIS REYNA ALM.NNDOS 

tuitiva de la justicia. Con razón dijo el actual Go- 
bernador de Buenos Aires que aunque sabía que 
cierto número de comisarios eran gente de pre- 
sidio, los mantenía en sus empleos porque los 
necesitaba. 

La gran conquista de la seguridad pública 
en el campo, mediante la cual nuestro país ha- 
bía conseguido fama de pacífico y hospitalario, 
se ha perdido en parte. Nació la desconfianza; 
se transforma pronto en recelo y temor; y así 
la indiferencia aparente no es otra cosa que 
miedo. 

El miedo entra en el campo desde que la 
demagogia radical se hace gobierno. La policía 
no es ya policía sino persecución de fortunas 
y honra. Hasta encumbrados personajes, como 
ha ocurrido en Entre Ríos, se valen de ella 
para penetrar en las estancia y arrebatar ha- 
ciendas enteras a mano armada, invocando ór- 
denes de gobierno. 

Es público y notorio que ocupan cargos de alta 
responsabilidad en la policía personajes some- 
tidos al juicio de los jueces del crimen, y que 
sinnúmero de agentes del orden público son de- 
lincuentes prófugos e indultados. 

Ante la acción disolvente de esta fuerza agre- 
siva y protegida por los poderes públicos, sen- 
tidos el temor y el recelo, la libertad pierde 



LA DEMAGOGIA RADICAL 283 

SUS fueros, la hospitalidad disminuye y, en una 
palabra, al mismo tiempo que se pierde el con- 
cepto de la ley, freno del delito, crece la emo- 
ción del desamparo y la sensación enervante 
de la amenaza. Perdida la confianza en la efi- 
cacia de las leyes por falta de justicia segura, 
la voz de protesta se hace rumor y así, el ca- 
llar y el no agitarse es degradante manse- 
dumbre. 

A la mansedumbre temerosa que embarga el 
ánimo de los habitantes del campo se une la 
pasividad de los de la ciudad, cuyo origen 
no es el temor sino el sibaritismo. 

Los sibaritas cuya seguridad personal y eco- 
nómica no depende de' la justicia del campo por- 
que su domicilio y bienes están en las grandes 
ciudades, especialmente en la metrópoli, pasan 
su vida muelle y fácil sin preocuparse poco ni 
mucho de las declamaciones demagógicas de los 
comités y de las transgresiones gubernativas 
cometidas a diario por el poder público. En los 
clubs no se lee la Constitución ni es la carpeta 
un parlamento. El dinero no tiene opinión polí- 
tica, ni se espanta cuando abunda. 

El sibarita contribuye con sus placeres a for- 
mar la indiferencia sumándola a la pasividad del 
campesino desamparado. Si el indiferente de la 
ciudad advierte alguna vez (¡ue los indultados 



284 LUIS RRYNA ALMANDOS 

vuelven a consumar hechos afrentosos; si se per- 
catan de los abusos del gobierno, piensan que 
el mal es transitorio, y que si han pasado tres 
años de desquicio, pasarán otros tantos, para 
tornar al buen camino con otros hombres. 

El vicio de los ricos que no estudian y de los 
aventureros resta fuerza a la reacción contra las 
violaciones constitucionales y el miedo invasor 
de los campos paraliza la acción de los partidos 
dispuestos a defender la paz social. La inhibi- 
ción por miedo y la inhibición por indolencia 
son, pues, dos de las causas que contribuyen 
actualmente ai desarrollo de la delincuencia en 
todo el país; siendo la causa primera de esta 
regresión temible el abuso del derecho de gra- 
cia en detrimento de la acción tuitiva de los 
jueces. 



CAPITULO V. 
Los Jueces 



— Oü se trouve le palais de Jusiice, 
s'il vous plaít? 

— Monsieur, la Justice n'a point de pa- 
lais ici. 

Lenotre: Le Tribunal Révolutionnaire. 



La demagogia en el gobierno deja de serlo 
para convertirse en tiranía: es su consecuencia 
necesaria. Organiza rápidamente la policía per- 
secutoria con elementos sociales peligrosos y 
debilita el poder judicial hasta hacerlo, a su vez, 
perseguidor. Quebrado el prestigio de este po- 
der, compuesto en su mayoría, desde entonces, 
de letrados sin conciencia que anulan por com- 
pleto a los que permanecen fieles a los dictados 
de la verdad, desaparecen los últimos obstácu- 
los, y todo, a contar desde ese instante, cae bajo 
el capricho de los dictadores. 



286 LUIS REYNA ALMANDOS 

Nunca fué nuestra justicia dechado de perfec- 
ción, pero bajo el imperio del autoritarismo y 
del desorden, en pleno delirio desde el 12 de 
Octubre de 1916, no son muchos los jueces que 
lo resisten. 

De todos los males sociales que sufrimos, el 
más grave es el de la corrupción judicial, porque 
a los defectos morales añádese ahora la dismi- 
nución de su imperiiim. 

La barrera más poderosa contra la demagogia 
es la justicia, como que aquélla es de ésta el 
reverso. No prosperan los moralizadores políti- 
cos ante una corte de severos magistrados Los 
revoltosos, los sediciosos y los autoritarios se 
detienen ante los estrados en toda época normal; 
pero cuando las cortes dan en respetar más a 
los gobernadores que a las leyes, comienza rá- 
pidameíite la agonía de la libertad civil y crece 
desmesuradamente la perversión del sentimiento 
de la dignidad y de la verdad. 

El grande y el pequeño robo, la grande y la 
pequeña culpa hacen profunda impresión en el 
juez corrompido y débil, mas no se crea que es 
la impresión que inclina la vara contra el la- 
drón sino contra el despojado. En el ánimo del 
juez de la tiranía dominan el miedo y la criel- 
dad, y pues los atributos del buen juez son el 
valor moral y la benevolencia, hé ahí de qué 



LA DEMAGOGIA RADICAL 287 

modo la mano del juez, temblorosa o perversa, 
da carta blanca al bandolero y pone hierros al 
inocente. 

No tienen entrada los violentos en la sala de 
los jueces, ni los concusionarios y malversadores 
medran durante el ejercicio regular y legal de la 
acción pública. 

Contra la violencia del brazo está la mano 
que detiene el golpe; pero cuando esta tiembla 
de miedo, los violentos y los arbitrarios se entre- 
gan a la justicia en que sueñan: la del golpe que 
hiere, la de la humillación que degrada. 

Durante el proceso que precede a toda tiranía 
mansa obsérvanse fenómenos muy singulares, 
parecidos a los de la podredumbre que aparece 
en un punto, luego en otro, en pequeñas pústulas, 
que luego se agrandan hasta invadir el cuerpo 
entero. El conjunto de jueces, en un tiempo 
obedientes a los principios del derecho, temero- 
sos de caer en injusticias y de ser censurados, 
comienza por aceptar hoy un error, otro mañana; 
hoy una culpa, otra después. Las Cortes toleran 
más tarde la actuación irregular de tal o cual 
magistrado; los ciudadanos empiezan a ser vícti- 
mas de cohechos y prevaricatos, de sentencias 
injustas y mal estudiadas. El juez ya no teme 
al juicio público, porque sabe (lue hay algo que 
detiene la acusación, algo (|ue convierte en de- 



288 LUIS RÉYNA ALMANDOS 

fensor de sus desmanes al propio jurado de en- 
juiciamiento. 

La impunidad le ampara y bajo tal protección 
el desenfreno de las pasiones, la avaricia y el 
dolo inspira los pronunciamientos. 

La defensa de la libertad civil, de esa libertad 
base de toda sociedad progresista, del estado 
culto, mejor dicho, se debilita entonces extraordi- 
nariamente, pues todos sabemos que fatalmente 
habremos de caer un día ú otro bajo la tremenda 
realidad de que en el juzgamiento de nuestras 
acciones y en la distribución de nuestros bienes 
intervendrá el arbitro de la ley, no obediente a 
una conciencia honrada sino dispuesto a satis- 
facer sus apetitos. 

En mayor o menor medida el mal combatía 
nuestra justicia en todo el territorio cuando la 
demagogia radical clamaba contra ella y fundaba 
su prédica virulenta contra el régimen. Nadie 
podía sentirse satisfecho de verse obligado a 
pedir justicia. Flotaba en el aire el germen de- 
letéreo de la desconfianza. Echábase de menos 
la edad de oro de los tribunales. Sin embargo, 
antes de 191Ó, *'día venturoso en que fué exaltado 
a la Presidencia de la República Don Hipólito 
Irigoyen", — según el dicho de un miembro de la 
Cámara de Representantes del Uruguay, — si el 
alma de los jueces se pervertía sin miras políti- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 289 

cas, pasado ese ''día venturoso" esa alma se 
inclina ante una fuerza renaciente, ciega y cruel 
que asesta sus golpes contra la libertad y los 
bienes de las personas. 

El comité de la sedición y la insolencia co- 
mienza el asalto. Es hoy un magistrado mordido 
por la sospecha de ser molestado por los elemen- 
tos políticos: si es honorable teme por sus fueros; 
si es pobre teme por su sueldo; si es simplemente 
tímido tiembla sólo por su subsistencia, pues 
sus fueros poco le importan. Ese hombre ya no 
es un juez; ese ciudadano todopoderoso dentro 
de sus atribuciones es tanto una brizna de paja 
como una masa dispuesta a aplastar lo que le 
señale el comité. Atemorizado, será siempre un 
valor despreciable o un siniestro verdugo. Lle- 
gada la tiranía a su algidez se hará perseguidor. 
Como el estado orgánico es fuente del orden, 
sus jueces son tipos acabados de cultura social 
y jurídica. Viciado aquél por la violencia y la 
incultura, el juez debe optar por seguir tres ca- 
minos: quedarse para resistir, permanecer para 
violentar, o desaparecer. No hay remisión. El 
primero está sembrado de peligros; el segundo 
de crímenes, el tercero conduce a la elevación o 
a la miseria. Sin embargo, es menester optar, 
porque los gobiernos despóticos no sufren a los 
jueces que les resisten. Roto el dilema, la fuerza 

18 



^90 LUIS revna alMando^ 

tiránica ya no tiene freno, y la sociedad desam- 
parada desciende por el plano de la decadencia. 

Signo infalible de perversión social es la or- 
ganización de una justicia sometida al mando de 
unos cuantos; como que ya no es el criterio de 
la ley el que rige la suerte de los hombres sino 
únicamente el capricho del voluntarioso, la cruel- 
dad del perverso y la humillante bondad del 
purpurado. 

Minados lentamente por los males que siempre 
preceden a la tiranía, los jueces son por ella 
sorprendidos, siendo los primeros que la sufren, 
por ser ellos los directos custodios de lo que ante 
todo abaten los déspotas: la libertad civil, porque 
es lo que más odian y lo que más temen. De 
estas circunstancias nacen héroes y criminales, 
adalides más gloriosos que los de la batalla y 
criminales más feroces que los que habitualmente 
conmueven las poblaciones. 

El magistrado que resiste la presión tiránica, 
el que niega al tirano sus arrogancias de omni- 
potente y hasta llega a enrostrarle sus traicio- 
nes, es un héroe; en cada plaza de las ciudades 
libres debería ser venerado y su nombre servir 
de invocación a la libertad. Pero esos hombres 
en cuya mirada no acostumbra a brillar la chispa 
de la ira ni pueden por su investidura hablar al 
pueblo con palabra de trueno, sólo son héroes 



LA DEMAGOGIA RADICAL 291 

para la conciencia de los hombres probos, no 
para la conciencia de las muchedumbres. Una 
república realmente ilustre habría de conmoverse 
más ante un juez capaz de romper el dilema que 
le opone el despotismo que ante un soldado que 
opuso su pecho a las armas enemigas, pues de los 
dos valores aquel es más útil y seguramente 
más grande. Pero no ocurre, sin embargo, así: 
la virtud serena vive siempre en silencio. 

Pocos son los héroes de esta clase porque el 
valor moral no fortalece todos los corazones: tal 
vez por eso tenga tanto precio. En cambio, los 
que optan por permanecer para servir a los ar- 
bitrarios y a los que sustituyen a los que optan, 
por desaparecer o a los que son expulsados, or- 
ganizan la temible justicia del absolutismo. 

En este caso millones de ciudadanos están a 
merced de un reducido número de personas en- 
cargadas de mover la máquina destructora de 
todos los valores de la República. Derechos e 
intereses, grandes o pequeños, hasta la más insig- 
nificante reclamación, dan pie a los jueces de la 
tiranía para hacerla sentir. La libertad, que 
como un río caudaloso ha podido fecundar el 
alma y el cuerpo del Estado, pierde su dirección 
porque la máquina de tiranizar revuelve los cau- 
ces, ciega las fuentes bajo los golpes de su bar- 
barie. 



292 LUIS REYNA ALMANDOS 

Es tanto más seguro el éxito de este sistema de 
agostar en el corazón de los ciudadanos el amor 
a la libertad cuanto con más mansedumbre se 
inicia el proceso del despotismo: acostúmbcanse 
aquellos a sufrirlo, y a medida que la costumbre 
toma vuelo, vase perdiendo el concepto del al- 
beldrío y la honradez. La violencia del dolor 
despierta inmediatamente la necesidad de com- 
batirlo; en cambio, el dolor que apenas se insi- 
núa y que responde, sin embargo, a una enfer- 
medad de muerte, neutraliza al fin esa protesta 
de la naturaleza, que estalla en convulsiones 
cuando el dolor es intolerable. 

En presencia de los acontecimientos sucedidos 
desde el "venturoso día" a que se refiere el repre- 
sentante del pueblo uruguayo C), es evidente la 
regresión de la libertad a la sujeción en el vas- 
to país argentino. 



(i) Discurso pronunciado en la Cámara de Representantes de la Re- 
pública Oriental del Uruguay (Octubre de 1919), por el diputado 
doctor José Luis Espalter, con motivo del fallecimiento del ex Pre- 
sidente argentino doctor Victorino de la Plaza. — Para que el lector 
americano comprenda de qué manera la demagogia radical ha ten- 
dido sus redes hasta fuera de las fronteras del país y de qué modo 
influyen sus resultados en el espíritu de los pueblos limítrofes, copio 
enseguida parte del discurso. Es conveniente que cuando suene la 
hora del escarmiento, la sombra errante de un segundo Presidente 
Castro sirva de advertencia a las generaciones del porvenir en nues- 
tra tierra y en todas las naciones, para que sepan de una vez para 
siempre que jamás florecerá la planta de la civilización en pueblos 
donde las leyes se desprecian porque hay representantes de nació- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 293 

Lo primero que se ha perdido es la línea de 
deslinde de los poderes del gobierno; hoy los jue- 
ces son valores negativos. La justicia se pide al 
Presidente desde todas parte?. Las manos ya no 
se tienden pidiendo justicia a cada juez; álzan- 
se implorándola al Presidente. El que pide 
ejerce un derecho, quien implora confiesa su hu- 



nes libres que llaman "venturoso" el advenimiento de la arbitrarie- 
dad después del reinado de la buena fe republicana. 

Hé aquí lo que dice el doctor Espalter. 

"Como es notorio, Señor Presidente, acaba de fallecer en Buenos 
Aires el Doctor Victorino de la Plaza, ex Presidente de la Nación 
Argentina. 

'•Aunque el Doctor de la Plaza fué un político del régimen que 
gobernó al país hermano hasta el día venturoso en que fué exalta- 
do a la Presidencia de la República Don Hipólito Irigoyen, no hay 
duda, Seiior Presidente, de que el Doctor de la Plaza merece el res- 
peto y el homenaje de todos los pueblos que han inscripto el sufra- 
gio libre como base de la grandeza material y moral de las demo- 
cracias americanas. Porque no hay duda, Señor Presidente, que si 
el Doctor Victorino de la Plaza, accediendo a las mil solicitudes de 
los lazos de afecto que vinculaban a las viejas oligarquías argenti- 
nas, se hubiera decidido a arrojar todo el peso de su influencia mo- 
ral en uno de los platillos de la balanza, no' hay duda alguna, repi- 
to, que si el Doctor de la Plaza no hubiera sido tan patriota, resol- 
viendo no sólo ser un Presidente con divisa, sino el Presidente de 
todos los argentinos, en este momento Hipólito Irigoyen no esta- 
ría como Presidente de la Nación Argentina; y esto que digo, Señor 
Presidente, no va en mengua de la Unión Cívica Radical, de este 
gran partido, cuyo empuje aplaudo y admiro, "admiro y aplaudo sus 
puras finalidades, sus prácticas republicanas y hermosas, sus triun- 
fos inauditos, su gran fuerza popular; ese partido radical que fundara 
aquel viejo de la barba blanca, aquel Leandro Alem, que en día acia- 
go, al quitarse la vida, le dijo a la juventud: "adelante los que que- 
dan", enseñándoles que el alma de los hombres de honor se rompe 
pero no se dobla". 



294 LUIS REYNA ALMANDOS 

millación: es la limosna de una parte de justicia, 
es el gemido de los necesitados ante la insolen- 
cia del señor. Nada más degradante que el im- 
plorar una cosa que nos pertenece: ello significa 
haberla perdido sin causa, y pedirla con miedo 
al que ilegítimamente la detenta. La idea de re- 
pública se ha oscurecido en la frente del que 
pierde el camino del tribunal y reclama lo pro- 
pio al procónsul autoritario. Es un principio de 
muerte, pues hay algo de muerte en el alma de 
un ciudadano cuando deja de creer en la justicia 
de sus tribunales. 

Lo que se ha ganado, en cambio, no dignifi- 
ca: el hábito de mostrarse sumiso, con esa sumi- 
sión vergonzosa del que gozó de libertad en la 
democracia republicana verdadera y tiene que 
sufrir al punto el desmedro de una monarquía de 
hecho amasada por las manos del populacho. 

La tendencia actual de centralizar el poder 
público en una sola persona ha sugestionado el 
espíritu de muchos tribunales: los de Mendoza son 
acabado ejemplo de esa corrupción, porque se han 
convertido en poder agresivo de la libertad indi- 
vidual para robustecer el poder tiránico. La li- 
bertad personal carece de garantías; los jueces 
niegan el hábeas corpiis, valiéndose de subterfu- 
gios. La policía prevalece sobre la voluntad del 
magistrado y le impone su fuerza. La ley des- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 295 

aparece, es una barrera volcada, y pasan sobre 
ella las turbas brutales. 

Una conquista magna que costó sangre está 
perdida porque la barbarie gaucha resurge del 
''fondo tenebroso de la historia", tal cual lo di- 
jo un senador argentino refiriéndose a esa misma 
barbarie mendocina. La policía delincuente se 
ha convertido en tribunal. La jauría que pudo 
ser dominada durante setenta años échase otra 
vez sobre nuestras heredades; y ya no hay en ellas 
la paz sagrada desde que hasta el honor de la 
mujer sirve de blanco a la procacidad de los asal- 
tantes. Si estos atentados no obedecieran a las 
inspiraciones del gobierno el desconocimiento 
del hábeas corpas sólo sería abuso o error de ig- 
norantes; pero convertido en sistema las cosas 
han de mirarse con prevención. 

La inclinación notoria a fortalecer el absolutis- 
mo ofrécenos, entre muchos casos, uno reciente: 
el fallo del Tribunal de Cuentas de la Provincia 
de Buenos Aires mediante el cual declara que 
las cuentas de gastos de la administración efec- 
tuados por la Intervención Nacional de 1917 no 
pueden ser examinadas por él. Al declarar su in- 
competencia para examinar cuentas de gastos de 
dineros provinciales, el tribunal se despoja delibe- 
radamente de sus fueros y declara implícitamente 
que si una autoridad extraña dispone del tesoro 



296 LUIS REYNA ALMANDOS 

público sin derecho ni ley, está a cubierto de toda 
censura: ¡puede echar mano de los fondos pro- 
vinciales, hacer y deshacer según su capricho, 
robar y malversar! 

Por cuatro votos contra uno, el Interventor 
fué relevado de la obligación de rendir cuentas: 
el 'tribunal, en efecto, declara implícitamente que 
los millones de Buenos Aires, porque fueron 
gastados por una persona extraña, no pertenecen 
a Buenos Aires, pues no otra cosa significa el 
fallo. Véase de qué manera los jueces provincia- 
les, en su afán de oficiar en el altar de la uni- 
dad tiránica, niegan su propio fuero y dan carta 
blanca a un cúmulo de funestas teorías. 

El delirio sectario ciega todo raciocinio: no 
han visto aquellos jueces de la inversión políti- 
ca que aportaban a la traición contra la patria 
una declaración prestigiosa, pues si apenas es 
perdonable en un ciudadano cualquiera el invo- 
car los manes del Presidente, tal invocación en 
boca de magistrados es un crimen castigado por 
la voluntad de la Constitución con una pena in- 
famante. 

Se han hecho merecedores de esa misma pena 
todos los jueces de la República que olvidando 
por temor o pasión política los principios en que 
aquella se basa, dictaron sentencias por las cua- 
les la soberanía provincial resulta desconocí- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 297 

da. Cuando la Suprema Corte de la Provincia 
de Buenos Aires toma juramento a los jueces 
nombrados el 4 de Mayo de 1918 aceptando tá- 
citamente la vigencia de disposiciones tomadas 
por el Interventor Nacional que no sólo carecían 
de fuerza legal sino que habían caducado cuatro 
días antes; cuando, en su consecuencia, aquel 
Tribunal desconoce su ley suprema y da paso 
a los usurpadores, sella con mano perjura un car- 
tel de desafío de la paz pública, una sentencia 
bajo cuyo peso cae destruida la forma republica- 
na de gobierno. 

Los tribunales competentes de la Capital Fe- 
deral no han vuelto por sus fueros cuando el Pre- 
sidente de la República indulta a un procesado, 
dándole libertad antes del pronunciamiento. No 
creo que en los fastos de nuestra República go- 
bernante alguno haya cometido una violación tan 
grave. Esa violación ha anulado por completóla 
jurisdicción de los Tribunales, haciendo de Pre- 
sidente el supremo juez, porque dispone por sí y 
ante sí, como tal, suplantando la autoridad del 
Tribunal por la suya. Los desmanes electorales 
de Catamarca, Corrientes y La Rioja, cometidos 
por el Ejecutivo Nacional mediante la acción de 
sus empleados y oficiales del Ejército destaca- 
dos en aquellas provincias tienen, no obstante su 
gravedad, menos trascendencia que la suplanta- 



298 LUÍS REYNA ALMAN DOS 

ción del Poder Judicial por el Ejecutivo. Nadie 
en el país podrá ya tener certeza de ser juzgado 
por los jueces de la ley, porque podrá serlo por 
el Presidente cuando a este le plazca; nadie ten- 
drá segura su fortuna porque en cualquier mo- 
mento aquél dictará sentencia si también le cua- 
dra, pues tanto da sentenciar para perdonar 
como para castigar. Es la muerte de la justicia, 
es la anulación del Estado. 

Un país organizado en el cual los jueces con- 
sienten en atentados semejantes no puede espe- 
rar ni paz ni justicia. 

Frutos amargos de una siembra constante de 
falsedades, las sentencias de los malos jueces 
destruyen el concepto de república en la concien- 
cia general; disponiéndose el país entero, en los 
momentos en que escribo, a echar sobre su vasto 
suelo la sombra terrible de la guerra civil. 



CAPITULO VI. 
El sistema del terror 



M acbet h.— fA\sterios,as brujas, negros 
fantasmas de la media noche, ¿que es- 
táis haciendo? 

Todas. -Una obra sin nombre. 

Shakespeare; Macbeth. 

Los acontecimientos que han ido producién- 
dose durante el curso de este trabajo me obli- 
gan a decir alguna cosa sobre el sistema de 
gobernar por el terror. 

Si no hubiera aparecido la siniestra cabeza 
de ese monstruo conocido hubiera guardado si- 
lencio, porque no he de escribir sobre asuntos 
dudosos sino sobre temas absolutamente proba- 
dos. Quien habla o escribe dirigiéndose a los 
ciudadanos no puede ser demagogo si en algo 
aprecia su suerte; pues ¿qué autoridad puede in- 
vocar el que fustiga a los mentirosos si para 
el plan que se ha trazado echa mano de re- 
cursos prohibidos.'* 



300 LUIS REYNA ALMANDOS 

Porque no creo que las publicaciones de toda 
la prensa libre del país se inspiren en senti- 
mientos vedados; porque no dudo que las cár- 
celes mendocinas albergan inocentes y las tra- 
vesías estériles de las provincias de Cuyo se 
han convertido en lugares de tormento para los 
que no quieren ser esclavos; completaré este li- 
bro, inspirado en el odio contra la injusticia y 
en el amor a mi país, con algunas páginas de- 
dicadas al sistema del terror. 

Yo deseo que los hombres jóvenes reflexionen 
un momento en la grave responsabilidad que 
les puede tocar en el resultado final de ia de- 
magogia, a fin de que, inspirándose en los prin- 
cipios definidos de nuestras leyes se abstengan 
de cantar aleluyas a los audaces para evitar 
el miserere de la tiranía. 



* 
* * 



En nuestros días el sistema de predominar 
por el miedo ha vuelto a ser puesto en práctica 
ampliamente en algunas provincias y se orga- 
niza hasta en la Capital Federal. 

La pasión de dominar por la violencia nece- 
sita satisfacción. Ahora, por desgracia, halla 
campo libre porque la oposición es débil, están 
hombres y mujeres cegados por el velo de sus 



LA DEMAGOGIA RADICAL 3OI 

propias pasiones, entregados a sus intereses 
particulares; en los pueblos alejados de las ca- 
pitales predomina la preocupación mercantil o 
la industria de la tierra; no llegan hasta ellos 
profusamente 'las noticias del desarrollo de los 
sucesos. 

El terror dominante en Mendoza no tendría 
explicación si no meditáramos en el pasado, 
mejor dicho, si no supiéramos que. como lo he 
dicho en el Capítulo inicial de esta obra, el 
espíritu gaucho no ha desaparecido, a pesar 
de medio siglo de cultura y de experiencia 
legal. 

Ese terror ha sido personalmente impuesto 
por el gobierno central después de las dos in- 
tervenciones sucesivas que este llevó a la Pro- 
vincia, la de Loza primero y la de x\raya des- 
pués, con el interregno del gobierno constitu- 
cional de Lencinas y la intervención efímera 
de Veyga, perseguido por éste al poco tiempo 
de intervenir. 

En Mendoza domina el mal genio del gober- 
nador. Este mal genio, contra el cual las gene- 
raciones pasadas quisieron oponer el dique de 
las instituciones escritas, ha sido más fuerte 
que éste; lo ha destruido y pasa libremente so- 
bre el pobre país sin detenerse ante ningún 
derecho ni ningún escrúpulo. 



302 LUIS REYNA ALMANDOS 

Alzar la mano para ordenar, ordenar para ser 
obedecido; decir: 'Usted me incomoda" y obte- 
ner la retirada del incómodo; mandar apedrear 
los edificios de la prensa; provocar la huelga 
de los maestros y cerrar las escuelas públicas; 
aprisionar a las maestras sin orden judicial, 
mantenerlas en incomunicación y hacer de ellas 
lo que puede suponerse; expulsar a la segunda 
autoridad del Estado privándole de la defensa; 
alzarse contra las sentencias de los Tribunales 
y echar sobre los habitantes la horda de los 
hombres de presa; negar la ley, torcerla a su 
placer y hacer entender, en fin, al país entero 
que de todo ese escándalo saldrá para la Repú- 
blica el segundo tirano radical; he ahí el cuadro 
casi completo de los resultados de la reencarna- 
ción del alma gaucha en los personajes de la 
"Santa causa de la regeneración institucional" 
argentina. 

La provincia de Mendoza cayó desde el pri- 
mer día bajo el peso de ese azote inexorable: 
la regeneración para ella fué cumplidamente lo 
que esta era y fué siempre en realidad, la más- 
cara de la traición contra las instituciones y la 
moral social. 

En Mendoza, como en las demás provincias, 
los pueblos eran gobernados con la relativa jus- 
ticia de una nación no formada definitivamente. 



La demagogia radical 303 

pero que cultivaba las industrias, las ciencias 
y las artes, y respetaba las leyes. 

Los gobernadores no habían sido los hom- 
bres de mal genio que antaño hicieron ge- 
mir a los ciudadanos por el insulto y el 
tormento. La espantosa memoria de Aldao 
había sido olvidada, sus crímenes y sus vicios 
eran casi leyenda. Teníasele como producto de 
una época definitivamente pasada, cual si la 
redención de aquel tremendo mal hubiera caute- 
rizado para siempre la dolorosa herida del brutal 
despotismo. El látigo, la prisión, el estaquea- 
miento y el puñal, la borrachera y la impudente 
blasfemia; tod^ esa sucesión de horrores se ha- 
bía ido con el cuerpo de aquel fraile protervo. 

La paz bendita después de la guerra y la anar- 
quía, fecunda cuando encamina la conducta por 
las sendas del trabajo honorable, enervante al 
fin y corruptora de las virtudes que sustentan el 
carácter, había alejado a los ambiciosos de mal 
genio, en espera, éstos, sin embargo, de ese mo- 
mento en que la paz, demasiado fatigada de ser 
paz, halla en su propia fatiga lOs gérmenes de la 
disolución. 

Cuanto el partido radical sintió que se rompían 
los lazos que lo ataban, la turba anónima puso en 
juego las armas de la calumnia; dijo que en Men- 
doza todo era crimen. De esto fué heraldo el go- 



304 LUIS REYNA ALMANDOS 

bierno federal: anunció al país que era su obli- 
gación acudir en auxilio de un pueblo desesperado, 
y obedeciendo a falsos gritos de socorro — que él 
mismo provoca disimuladamente — envía un comi- 
sionado para que informe sobre el estado de la 
provincia. El tiempo pasa; el informe se hace, 
pero jamás es publicado: nadie supo a ciencia 
cierta lo que aquél informó, pero todos saben que 
el Doctor Diego Saavedra, veedor consciente, no 
halló crimen en ninguna parte. Pero lo primero 
estaba cumplido: habíase echado la red y 
en ella habían de caer al poco tiempos los 
que necesitaban el cauterio de la regenera- 
ción. Así fué como el gobierno federal toma un 
día posesión del mando en la provincia por la 
mano del ex gobernador de Córdoba Doctor Loza, 
y este prepara con sus desafueros la resurrección 
de la tiranía m.endocina bajo el amparo ostensible 
y hasta por orden del gobierno central. 

No es este un libro de crónica, ni de historia 
siquiera, y no he de referir circunstanciadamente 
los hechos ocurridos; basta saber que en la tie- 
rra de Aldao vive otra vez Aldao, y que los 
hombres fuertes no tienen, en la encrucijada en 
que se encuentran, sino dos caminos: el que con- 
duce a la mazmorra en donde gimió olvidado el 
Presidente del Congreso de l8l6, o el que lleva 
a la emigración. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 305 

Desde que el gobernador Lencinas gobierna 
vibra la palabra áspera del autoritario. 

La justicia mendocina, que se opuso a los actos 
arbitrarios del nuevo gobierno, fué desconocida. 
Algún juez, semejante a aquellos veinticinco a que 
alude Cicerón en su carta a Ático, fué objeto de 
provocaciones policiales, descendiendo por un 
momento de su estrado para asumir el papel de 
reo. Los periodistas son agredidos y amena- 
zados, los partidos se agitan, comienzan a ser 
objeto de castigos los corresponsales de la prensa 
de la Capital, aprisionados so pretexto de tener 
que ser protegidos de enemigos ilusorios, y tam- 
bién apaleados y luego desterrados. 

El Vice Gobernador Alvarez es acusado por sus 
propios amigos de la Legislatura; se le tiene por 
loco porque vetó una ley perjudicial para el te- 
soro y de provecho para ellos. Se le expulsa y 
destierra: el amigo de ayer es el enemigo de hoy, 
el peor enemigo. Ha querido ser honrado, ha visto 
que el hambre de los inmorales es la deshonra 
y la miseria de su país; opone su brazo a la irrup- 
ción y se le afrenta y después se le expulsa. 

Los ciudadanos no aciertan a defender con 
eficacia ni las leyes ni sus intereses priva- 
dos: el comité se entrega al desenfreno; y 
pues no hay Corte de Justicia con imperio, ni 
policía protectora, ni periodismo libre y escu- 

19 



306 LUIS REYNA ALMANDOS 

chado, la fatalidad obliga a recurrir en demanda 
de auxilio a la misma fuente de tantos y tantos 
males. 

Entonces se pide la intervención federal, re- 
curso corriente desde que la Constitución es so- 
metida al tormento de la interpretación plebeya. 

Vuelve entonces a imperar con la segunda in- 
tervención el gobierno federal: el Interventor 
aparenta ser persona de buena fe. Escucha el cla- 
mor público; devuelve a los jueces expulsados 
su investidura, da garantías a los ciudadanos; 
cesa la persecución contra la libertad de pensa- 
miento; suspende al gobernador y no se muestra 
dispuesto a reponerlo, porque si lo hiciera habría 
desmentido sus obras. Entonces la facción ofi- 
cialista abre contra aquél su campaña de difa- 
mación y el Doctor Veyga se retira vencido. 

El tiempo pasa; el Presidente nombra Inter- 
ventora! Señor Elpidio González, aquel San Pablo 
de Gómez Carrillo; pero estallan en Buenos Aires 
las nunca bien explicadas revueltas de Enero y 
''San Pablo'' es nombrado Jefe de Policía de la 
Capital. 

Al cabo del tiempo es sustituido por el Doctor 
Perfecto Araya: vuelve Lencinas a ocupar su pues- 
to en el gobierno, y desde entonces hasta ahora 
(Noviembre de 1919) Mendoza siente en carne vi- 
va lo que vale la libertad cuando se pierde. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 30/ 

La acción destructora de la libertad civil y po- 
lítica en Mendoza, inspirada por el Presidente 
Irigoyen, acaba de dar lugar a un acontecimiento 
grave: el alzamiento del gobernador Lencinas 
contra el Congreso Nacional, cuya Cámara de 
Diputados es desconocida por aquél en sus fa- 
cultades de investigación en los Estados Fede- 
rales. Contra la investigación decretada para ave- 
riguar los hechos que se resumen en este capí- 
tulo el Gobernador se opone en el decreto de des- 
conocimiento de fecha 2/ de Noviembre. 

Aunque el que puede lo más puede lo menos, 
la Cámara, sin embargo, se muestra vacilante en 
hacer cumplir sus órdenes, y en los momentos en 
que escribo, las miradas del país entero están 
fijas tanto en su Parlamento como en el gober- 
nador. 

¿Qué podrá resultar de este entredicho? 

Porque se sospecha de una coincidencia secreta 
entre aquél y el Presidente — desde que lo que a 
ojos vistas se persigue es aplastar de una vez el 
poder del Congreso, — témese con razón aconteci- 
mientos extraños en todo el país. Es dable sos- 
pechar, dados los términos atrevidos del gober- 
nador y los antecedentes que lo señalan como pre- 
tendientea la Presidencia, es dable sospechar — di- 
go que se aproveche la coyuntura que les ofrece, 
a él y al Presidente, la iniciativa de la diputación 



308 LUIS REYNA ALMANDOS 

radical para decidirse a consumar la revolución 
desde la altura, ellos que la hicieron desde "el 
llano". 

El Congreso, convertido en acusador del Presi- 
dente desde el 7 de Noviembre por la apertura 
del juicio político, 3'^ en juez de instrucción del 
gobernador, es una amenaza contra ambos, siendo 
lógico suponer que quien vive bajo la amenaza 
trate de evitarla; y en este caso, el evitarla es 
provocar el aniquilamiento del Congreso Na- 
cional. 

Y lo expuesto es cuanto puede decirse y augu- 
rarse por ahora. 



Nuestra historia ha tenido su terror como la ha 
tenido el Paraguay en nuestra América, Fran- 
cia durante el imperio del jacobinismo y aho- 
ra Rusia bajo el azote del maximalismo. Los 
métodos son todos parecidos. 

Nada más lúgubre que el trágico silencio del 
miedo colectivo: bajo su garra inexorable el 
pueblo paraguayo vivió angustiado ante la mi- 
rada taciturna de su primer tirano, cuya influen- 
cia enervante hizo que varias generaciones ha- 
blaran en secreto porque el miedo las ahogaba 



LA DEMAGOGIA RADICAL 309 

cuando el dictador vivía, y la costumbre de ca- 
llar hizo que las almas altivas siguieran callando. 

Es casi inexplicable un estado social en que 
un pueblo entero sienta la necesidad de sellar los 
labios por temor y tiemble como un niño ante los 
fantasmas de la noche. Sin embargo, los ejemplos 
de la historia son tantos y tan conocidos, que la 
realidad, aunque sorprendente, es absoluta. Ti- 
ranos y demagogos conocen demasiado bien el 
valor formidable de los recursos del terror en 
momentos determinados, y aunque la historia 
enseña que este no edifica nada estable, satis- 
facen, aquéllos, sin embargo, los instintos de su 
malignidad característica. 

De cómo entra el miedo en ün pueblo es cosa 
averiguada, y porqué puede apoderarse de él es 
cuestión digna de examen. 

Para que el miedo penetre en un pueblo es 
necesario un estado social que lo permita; en 
una república verdadera jamás puede infiltrar- 
se ese activo disolvente del carácter. No se 
concibe que donde gobiernen el saber y la pru- 
dencia y, por lo tanto, donde las instituciones 
de justicia estén bien cimentadas, se presente 
el miedo colectivo. 

Con excepción de la reacción de Syla, no 
hubo terror en Roma durante la República; lo 
hubo cuando, muerto César, en pos de Augus- 



310 LUIS REYNA ALMANDOS 

to vino Tiberio y la prolongada serie de em- 
peradores sanguinarios. 

Para juzgar de la calidad de la democra- 
cia, sin detenerse en el examen individual 
de los gobernantes, basta observar la actitud 
de los ciudadanos: si hablan de la cosa pública 
recatándose y recelándose mutuamente, es por- 
que las garantías de la libertad de pensar y de- 
cir han disminuido, y mermado, por consiguien- 
te, las virtudes justicieras en los encargados 
de ejercerlas. Podemos decir que cuando callan 
los ciudadanos es porque los jueces han perdi- 
do sus fueros, abandonándolos en manos extrañas, 
pues no se concibe que, en estado normal, la ma- 
yoría tengan miedo de decir lo que piensa te- 
niendo jueces dispuestos a cumplir con su deber. 

Cuando los hombres dan en disimular las 
faltas ajenas, individuales, políticas o colecti- 
vas; cuando toleran los abusos, los daños y las 
exacciones; cuando no son capaces de poner en 
juego la defensa propia y dejan que el con- 
ciudadano sufra ataques en sus derechos sin 
prestarle ayuda; entonces podemos asegurar que 
el pueblo cava la fosa de su libertad porque ha 
vendido su carácter en el mercado de la co- 
bardía. 

No hay ni puede haber opresión en un pue- 
blo viril. Un pueblo fuerte, regido por ins- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 31 1 

tituciones republicanas y que cae en despotis- 
mo es porque ha perdido en un momento dado 
la virtud del propio respeto. Si se muestra, por 
ejemplo, afligido por la pérdida de sus cosechas 
e indiferente por la de sus libertades, podemos 
asegurar que ese pueblo no tiene más concien- 
cia de sí mismo que el mercader preocupado 
únicamente del cuidado de sus arcas y de la 
urdimbre de sus negocios. Todo cuanto diga 
de sus glorias y de sus leyes serán palabras, 
exterioridad liviana que le servirá un día para 
encubrir su indigencia moral y al día siguien- 
te para mostrar sus claudicaciones. 

Para que venga el miedo es también necesa- 
rio un estado de crisis moral y que exista al 
mismo tiempo un hombre o un grupo de hom- 
bres dispuestos a dominar el conjunto con me- 
nosprecio de las leyes y del derecho. 

Mientras hay revolución el miedo colectivo no 
se presenta sino cuando actúa la fuerza armada, 
y aún así no puede decirse que el miedo sea el 
único dominador porque durante la revolución 
se despiertan los mayores valores morales: la 
valentía personal, la abnegación, la virilidad. 
Pero cuando hay revolución por cambio de va- 
lores morales y tras de ella se organiza la ti- 
ranía unipersonal o la asociación despótica, el 
miedo se apodera de todos con suma rapidez. 



312 LUIS REYNA ALMANDOS 

El terror vino con la revolución de 1789 sólo 
cuando en 1793 la Convención organizó el Tri- 
bunal revolucionario, porque desaparecido el 
orden judicial regular, los jueces de la ley fue- 
ron sustituidos por acusadores y verdugos, cuya 
consigna era atemorizar, encarcelar y mataren 
nombre de la libertad y la república. La perse- 
cusión se hizo crimen sagrado, la delación 
sistema y el cadalso pedestal de gloria man- 
chado con sangre de mártires. Se habían apo- 
derado del alma popular los hombres violentos, 
los ambiciosos y los fanáticos, que organizaron 
con gentes feroces aquellos horribles tribunales 
que llenaron de inocentes las prisiones y de 
horror las plazas públicas. 

La máquina del terror es movida por un hom- 
bre o por un grupo, y sus resortes, sus ruedas, 
sus engranajes y sus brazos son complicados y 
numerosos. En 1793 el grupo era el jacobino, el 
hombre Robespierre, y lo demás el Tribunal re- 
volucionario, los célebres comités y el popula- 
cho criminal. Fué una de las conjuraciones más 
espantosas de la historia, y su recuerdo ha con- 
movido y conmueve tanto, que una de las lite- 
raturas más ricas es la que ha edificado sus 
tristes y grandes monumentos con los episo- 
dios de esa época de desventura. ¡Todo se hizo 
en nombre de la diosa Razón y del dios patrio- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 3l3 

tismo; en nombre de la *'caiisa" de la repú- 
blical 

El miedo entró en París el día mismo que 
el tribunal de Fouquier Tainville atravesó la 
ciudad para trasladarse en corporación a la 
Convención con el fin de manifestarle sus sen- 
timientos. "En un hermoso tiempo, claro y sua- 
ve, bajo un cielo de primavera, ese cortejo de 
mantos negros, dominados por negros penachos, 
atravesó la ciudad asombrada con la incesante 
sucesión de instituciones nuevas destinadas a 
asegurar su dicha" ('). 

Le Courrier Républicain decía el 14 de Marzo del 
93: "París está tranquilo; pero es la tranquilidad 
del estupor, es la calma del asombro y del mie- 
do. Miramos con horror en torno nuestro; esta- 
mos rodeados de monstruos y de abismos" ("). 

Bastó, pues, que una procesión de mantos ne- 
gros se mostrara en la ciudad yendo a jurar por 
la patria^ para que entrara la angustia en ella. 
Todos vieron desde ese instante aparecer por 
donde quiera los delatores y los espías; ya no 
se tuvo fe ni en la propia discreción, porque has- 
ta de sí mismo se tuvo miedo. ¿No es uno mismo 
su propio delator cuando se sabe que hasta una 
mirada de sosla3^o puede herir la sospecha y 



(1) G. Lenotre: Le Tribunal Révolutlonnaire, pág. 78. 

(2) (Id. id). 



314 LUIS REYNA ALMANDOS 

desencadenar la tempestad? Los hombres se 
asustan entonces de su sombra y la vida en to- 
das partes es una tortura. Si la existencia indi- 
vidual es una congoja la vida de familia es con- 
tinuo recelo; recelo que se extiende por todas 
partes, rápidamente, como las epidemias. Cada 
uno, al pensar en su propia conducta, al explo- 
rar el fondo de sus pensamientos lleva consigo 
un espía. Cada cual, dentro de su casa, ve en 
ella enemigos, y tiembla, sin embargo, por ellos. 
Los lazos del amor se gastan inmediatamente. 
La amistad se debilita con mayor razón, porque 
es un afecto menos fuerte que el amor. El miedo 
ha destruido el cariño y, enseñoreado del al- 
ma social, deja en libertad todas las pasiones 
violentas, todas las crueldades y todas las ba- 
jezas. 

Un hombre solo hace el terror, un terror no de 
un día sino de años y años, cuando el pueblo 
carece de reacción. Clásico ejemplo de terror so- 
cial continuado nos lo ofrece el pueblo paragua- 
yo durante su primera y larga dictadura. Sin ser 
tan violentamente trágico como el de París, es 
sin duda más horrible porque fué más denigran- 
te y de consecuencias más profundas. Dependió 
esto, tal vez, de los designios de la suerte, por- 
que el 9 Thermidor de la Asunción tardó más 
de veinte años en llegar. Robespierre arresta- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 315 

do, el terror cesa; Francia no fué arrestado nunca, 
y la Asunción, silenciosa como un sepulcro, tu- 
vo que someterse al mutismo del taciturno hasta 
que lo quiso la Muerte. 

Asombra el terror colectivo a los que vivimos 
en épocas tranquilas; no acertamos a compren- 
der de qué manera millones de seres acostum- 
brados a decir lo que piensan pueden en un mo- 
mento dado pensar que el decir es un delito, o, 
por lo menos, un acto peligroso. Sin embargo, 
llega ese momento, y con él la más cruel y de- 
primente de las angustias. Unos piensan en la 
huida, otros en el escondite; aquéllos en defen- 
derse, estos en atacar. Cobardes y valerosos, 
débiles y altivos, todos los hombres se aprestan 
a librar uno de los combates menos honrosos de 
la vida, porque saben de antemano que serán 
vencidos por la fuerza de los arbitrarios y de 
los perversos. En esos momentos las palabras 
más sagradas, Dios, libertad, república, suenan 
repetidamente como gritos atormentadores, co- 
mo campanadas continuas que crispan los ner- 
vios y despiertan en el alma los sentimientos y 
las sensaciones de la pesadilla. Los ciudadanos 
más pacíficos son para sus conciudadanos gen- 
tes sospechosas, espías y delatores; y nace así 
el odio de unos contra otros, porque basta él 
sospechar para empezar a odiar. En la imagina- 



3l6 LUIS REYNA ALMANDOS 

ción atormentada del perseguido aparecen las 
ideas más extremas, por el ansia de librarse de 
los opresores: de ahí los motines, las revolucio- 
nes, los extremecimientos políticos de todo or- 
den en los pueblos donde el sistema del terror 
ha sido impuesto por políticos criminales y por 
fanáticos siniestros. 

En tiempos de terror los pueblos descienden 
a más triste condición que la de esclavos, por- 
que la esclavitud a causa de haber sido una ins- 
titución permanente no ofrecía ni podía ofrecer 
el espectáculo de la degradación súbita y fu- 
nesta, contraria a toda moral y a todo derecho. 
El esclavo nacía esclavo y como tal aceptaba 
su suerte; mientras que el descenso de la ciuda- 
danía a la esclavitud es un derrumbamiento 
desolador. Nada más despreciable que este cam- 
bio de calidades morales en la ciudadanía, na- 
da más degradante que la pérdida de la digni- 
dad por la pérdida de la libertad cuando viene 
el miedo y se apodera de los pueblos. Hasta el 
mismo tirano que lo sistematiza para la realiza- 
ción de sus planes desprecia a esa muchedum- 
bre enervada, trémula e indigna, que ha comen- 
zado un día por tolerar un abuso, que ha seguido 
otro más por disimular un atropello y que termi- 
na al fin por aceptar las afrentas más omino- 
sas. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 317 

¡Cuánta vergüenza, cuánta inmoralidad, cuán- 
ta degradación cuando el sistema del miedo lle- 
ga a imponerse en una sociedad cualquiera! 
Hasta los soldados que desafiaron a la muerte 
en los campos de batalla tiemblan de espanto. 
Los mismos que arengaron a los valientes bal- 
bucen excusas ante el malvado que gobierna. 

Esos héroes valen menos que un niño sorpren- 
dido en falta: el león se ha hecho liebre. ¡De- 
gradante y lastimosa transformación que no 
arranca lágrimas sino que incita al desprecio! 

Nerón debería despreciar a los romanos, como 
Napoleón a los franceses, como Rosas a los ar- 
gentinos, como Francia a los paraguayos, al 
verlos arrastrarse a sus pies como siervos. En 
el alma de los tiranos debe anidar el despre- 
cio junto con la crueldad. Porque si observa- 
mos bien los acontecimientos de la historia ve- 
remos que muchos actos de aquellos señores del 
mal son antes burlas que castigos. Sin embargo, 
la mano que mueve el sistema del miedo tiem- 
bla también de miedo, porque nadie, absoluta- 
mente nadie puede librarse de él. La Convención 
que monta la máquina del terror obraba ella 
misma por terror, y los que hoy mandaban ma- 
tar sufrían al día siguiente la misma justicia. 

La violencia tiene más de un motor, pero uno 
de eHJps es fl miedo, porque no solamente por 



3l8 LUIS REYNA ALMANDOS 

perversidad son crueles las tiranías: tienen mie- 
do de ser vencidas, temen la venganza de los 
oprimidos, ven enemigos por todas partes, es- 
peran hora a hora el fin de sus iniquidades. La 
violencia contra la violencia: ley necesaria, con- 
secuencia ineludible más o menos tardía de to- 
do aquello que contraría las leyes sociales. 



La violencia vencida por la violencia tenía en 
la antigüedad un modo de anunciarse: el prodi- 
gio; ya la mano desconocida que al día siguien- 
te de la muerte de Agripina ata al brazo de la 
estatua de Nerón el saco de cuero de los parrici- 
das; ya el recién nacido encontrado en las ca- 
lles de Roma con esta inscripción vengadora: 
"Niño abandonado, de miedo de que él venga 
a matar a su madre!" Un eclipse de sol, una mu- 
jer que da a luz a una serpiente; el rayo que 
cae en los catorce cuarteles de Roma como pa- 
ra purificarla por el fuego ('). 

Ahora no creemos ni en la venganza del cielo, 
ni en la ira de la tierra, ni en signos cabalísticos, 
ni en monstruosidades; ahora sólo esperamos en 



(1) Paul de Saint-Víctor: fiomni^s et Dieux. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 319 

cosas más positivas; esperamos en el despertar 
de la virtud por el despertar de la conciencia, en 
el despertar de la dignidad ante el perjuicio de 
nuestros intereses. Había tal vez en la antigüedad 
más ingenuidad pero más belleza; ahora hay me- 
nos belleza y más egoísmo; y no sabemos si aho- 
ra el mundo es mejor que antes, a pesar de sus 
dos mil años de marcha por el camino del infinito. 






El miedo entró en nuestro país un cierto día 
del año 1840, después de abortada la conjura- 
ción de Junio. Ese día fué asesinado el Doctor 
Maza, Presidente de la Cámara de Representan- 
' tes, en el propio recinto de las sesiones, y a la 
madrugada el Coronel Maza, su hijo. Los ca- 
dáveres de ambos habían sido arrojados al osario 
común, sin ceremonia. 

"La fisonomía del pueblo de Buenos Aires — di- 
ce el General Paz — había cambiado enteramen- 
te. Sus calles estaban casi desiertas: los sem- 
blantes no indicaban sino duelo y malestar; las 
damas mismas parecían haber depuesto sus gra- 
cias. El comercio había caído en completa in- 
actividad; la elegancia de los trajes había des- 
aparecido y todo se resentía del acerbo pesar 
que devoraba a la mayor y la mejor parte de 



320 LUÍS REYNA ALMANDOS 

aquel pueblo que yo había conocido tan ri- 
sueño, tan activo, tan feliz en otra época; la 
tranformación era cumplida. ¡Y qué lejos es- 
tábamos de pensar que aquéllos no eran más 
que los ensayos de la tiranía y que llegaría tiem- 
po en que los males llegarían a una altura que no 
preveíamos! Pronto vimos esta triste convicción". 
El asesinato de personas distinguidas y el 
trato que se dio a sus cadáveres, fué bastante 
para que la sociedad de aquel pueblo sintiera 
el escalofrío del espanto. Si esa sociedad no 
hubiera estado convulsionada, la tragedia no 
hubiera influido hondamente en el sentimiento 
público; pero todos sabían que ella no era un 
acto aislado sino el primer movimiento del sis- 
tema de represión que se insinuaba desde hacía 
varios años. Este consistía en la humilla- 
ción metódica de los hombres honorables y 
familias más distinguidas y en la prepotencia 
de la gente baja. Contra el ardor político de 
los unitarios Rosas oponía la violencia de sus 
sayones, la brutalidad de la Mazorca, asociación 
de degüello, de vejación y de tormento que arrasó 
la ciudad y se abatió también sobre el triste 
país con saña memorable. La huida hizo la 
emigración, es decir, la despoblación de las ciu- 
dades y el abandono de los campos; la insegu- 
ridad hizo la tristeza de muchos y la imbecilidad 



La demagogia radical 321 

de otros tantos; cerróse la escuela, degradóse el 
templo, y una larga miseria moral y económica 
fué el resultado de la victoria de los bárbaros 
sobre los cultos. 

El brazo pavoroso del terror fué la poli- 
cía. Mientras actúa se trata de allanar todo 
obstáculo: por eso la Universidad es cerrada 
como también la escuela primaria. El culto, 
entonces profundamente arraigado en la concien- 
cia, se profana mediante ceremonias afrentosas 
y por sacerdotes indignos, como aquel siniestro 
cura Gaete que **en medio de su asquerosa em- 
briaguez brindaba por lastres santas: la Santa 
Federación, la santa verga y la santa cuchi- 
lla"! O 

Degradada la iglesia y convertida la policía 
de seguridad en arma de persecución, vino el 
terror y tras de él la guerra civil, cuyo furor 
homicida no cesó hasta después de largo tiempo. 

A tales extremos condujeron a nuestro país las 
ambiciones, los extravíos y la corrupción de una 
sociedad que, sin embargo, había sido capaz de 
la magna epopeya americana. El valor caballe- 
resco, la abnegación, la generosidad, desapare- 
cieron en la contienda por la independencia: 
unos héroes murieron, muchos emigraron: volvie- 



(1) Ramos Mejía: Las Neurosis de las Hombres Célebres. 

21 



322 LtlIS REYNA ALMANDOS 

ron otros llenos de fatiga y decepciones; algu- 
nos más viéronse envueltos en las discordias 
políticas. Tal fué nuestro destino, semejante al 
de casi todas las naciones que se formaron en 
lá América Hispana. 






¿De dónde viene el miedo? ¿Porqué el alma 
tiembla hoy como no temblaba ayer? ¿Qué hay 
de amenazador para que haya hombres que se 
conviertan en niños y en esclavos? 

¿Hay, acaso, alguien que los domine hasta 
producir en ellos esa fascinación que se atribuye 
a la mirada del tigre, a la presencia de la ser- 
piente y al ceño de los tiranos? 

Dicen que delante de Napoleón temblaban 
hasta los generales que habían dado prueba de 
temeridad en los campos de batalla, y es cierto 
que ante la mirada de Rosas desfallecían los 
empleados y sentían el escalofrío del terror los 
soldados más valerosos. Rosas, demonio de la 
sátira, aplastaba el ánimo con sus burlas, Qui- 
roga con sus furores, Aldao con sus blasfemias. 
Otros lo aniquilan con su silencio: de éstos era 
Francia. 

Los grandes hombres causan casi siempre mie- 
do, y rara vez son amados: los más buenos in- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 323 

funden por lo menos desconfianza a las per- 
sonas obligadas a tratar con ellos. "Para amar 
a alguien, decía el escritor Frontón a Marco 
Aurelio, hay que poder acercársele con confian- 
za y tener con él. un trato agradable. No me 
ocurría eso con Adriano. Me faltaba confianza, 
y el respeto mismo que me inspiraba aminoraba 
el afecto" ('). 

El miedo viene, pues, cuando en el gobierno 
domina un hombre injusto, siempre que en el 
concepto general haya perdido la justicia el 
prestigio que jamás debe perder para ser eficaz; 
vale decir, cuando en tal cual momento la ley 
desciende y el personalismo sube. 

Los hombres colocados en condición de mando 
nunca atemorizarán a sus subordinados ni a 
ciudadano alguno mientras la sociedad tenga 
confianza en ser protegida en su honor y liber- 
tad. Los gobernantes en esas condiciones serán 
respetados pero no temidos; pero bastará que la 
custodia de la justicia se debilite para que el 
gobernante de cierto temple fascine con su mi- 
rada o haga temblar con su mutismo. 

El miedo, por lo tanto, viene de dos puntos 
distintos: de una fuente social y de una fuente 



(1) Boissier: Paseos Arqueológicos. 



324 LUIS REYNA ALMANDOS 

individual; de un conjunto de hechos y de una 
actitud personal. 

Unos hombres, en esas circunstancias, temen 
ser humillados, otros ser defraudados en sus 
pretensiones. Para ciertos caracteres la humi- 
llación es una afrenta que se trata siempre de 
eludir, y el arrostrar el peligro de sufrirla hace 
que ante el gobernante sientan el escozor del 
recelo, desagradable sensación que daña los 
afectos y mata la amistad. 

Cuando el que manda tiene por condición 
acceder o negar según su capricho, los hombres 
obligados a pedir se someten a la tortura de una 
posible negativa en lo más justo, y tanto temen 
la humillación de la arbitrariedad como el per- 
juicio de la denegación. 

Cuando aquél tiene mal genio, el miedo es el 
gran protector del déspota, su gran escudo, su 
égida, porque el grande sabe qua delante de él 
no valen una brizna de paja ni el guerrero ni el 
sabio. En su sala todos son lacayos, entes su- 
misos que mendigan hasta el pan que ganan. 

La historia de los imperios absolutos es la del 
miedo a los emperadores, como también la de 
las repúblicas en gestación, donde predominan 
los caudillos tiránicos. En éstas, las leyendas 
de sus escudos fueron mentira; eran repúblicas 
de nombre, democracias falsas, porque en las 



LA DEMAGOGIA RADICAL 32$ 

democracias verdaderas no concebimos que haya 
hombres que quiebren el carácter a sus conciu- 
dadanos, guerreros que tiemblen y sabios que 
empalidezcan en presencia de los gobernadores. 

Los hombres iracundos y arbitrarios, dueños 
del poder, atemorizan porque todos saben que 
se apoyan en policías mercenarias y en ejércitos 
que pierden el concepto de su verdadera mi- 
sión en la república. 

Abandonados por un solo instante de semejan- 
tes amigos, viene la reacción, y es esta la que 
ha libertado a los pueblos de execrables ca- 
nallas. 

* 

* * 

El temor desorienta al hombre de ley y en- 
soberbece al ignorante. 

Durante el escandaloso proceso electoral de 
Catamarca, calificado de robo en despoblado 
por la prensa libre del país, se ofrece a la 
consideración del estudioso uno de los casos 
más característicos del miedo judicial, diré así, 
para significar el desconcierto moral de los 
jueces. 

Hace pocos días (última quincena de Diciembre 
de 1919), en las postrimerías de aquel proceso, 
se iniciaron ante uno de los jueces nombrados 



32b LUIS REYNA ALMANDOS 

por el Interventor López García dos recursos 
de háheas corpus en favor de otros tantos dete- 
nidos por los sayones irigoyenistas. El juez, aun- 
que nombrado por la Intervención, tuvo, al pa- 
recer, el pudor de oponer a la fuerza de la 
arbitrariedad la fuerza de la ley, y ordenó la 
libertad de los detenidos. El Interventor resiste 
el mandato judicial y los mantiene en prisión 
hasta que termina el sufragio. 

El Juez tenía bien señalado el camino que 
debía seguir ante el delincuente que se alzaba 
contra su fallo: ordenar su prisión, castigarlo 
por su desacato. Pero el juez sabía que seme- 
jante procedimiento no produciría efecto, y en 
lugar de ordenar el castigo, solicitar luego el 
amparo de las fuerzas nacionales para que sus 
órdenes fuesen acatadas y, en último trance, 
recurrir al Congreso en demanda de interven- 
ción; renuncia su cargo, como una protesta con- 
tra la violencia, y, soldado cobarde, huye tur- 
bado y miedoso, perdida por completo la con- 
ciencia de sus deberes. 

Ese juez, como tantos otros que desde hace 
tres años corrompen y destruyen el poder de 
la justicia, base y sustento de la libertad, de 
la dignidad y de la fortuna de las personas, 
es un hombre sometido a la tortura del miedo, 
no de ese miedo individual que convierte en 



LA DEMAGOGIA RADICAL 32/ 

entes ridículos o en figuras lastimosas a los que 
io sufren, sino de ese otro miedo que se di- 
funde como una miasma deletérea por todo un 
pueblo cuando hay en él tiranía, porque hay 
ignorancia, desconcierto y miseria moral. 

Un juez, potentado de la ley, que abandona 
sus insignias ante la aparición de los fantasmas 
de la tiranía, es el signo funesto de una deca- 
dencia desoladora. 

Cuando un soldado deserta de las filas sus 
propios compañeros tienen derecho de fusilarlo; 
y si tiene la fortuna de ocultarse, la sociedad lo 
fulmina bajo la fría mirada de su desprecio. 
Sin embargo, fisiológicamente es explicable y 
natural el huir de un campo donde el heroís- 
mos y el espanto, el valor y el miedo se mez- 
clan extremeciéndose entre el fragor de la pelea. 
La muerte se muestra en ésta a cada paso, 
y el instinto de conservación no puede ser siem- 
pre dominado por la disciplina y el pundonor. 

Pero un desertor de la ley, un juez protegido 
por su propia investidura, fuerte sin hierros, po- 
deroso sin armas; un juez que no ve la muerte 
sobre sí, cercándolo, y que, sin embargo, per- 
mite con su deserción que sufran pena los ino- 
centes, prisión los inculpables, desmedro los de- 
rechos de un compatriota en aras de una causa 
indigna; un juez que tal hace no merece las* 



328 LUIS REYNA ALMANDOS 

-tima sino baldón: ¡ merece la suerte de los de- 
sertores ! 

El caso del juez de Catamaroa, repetido en 
Mendoza, en Tucumán, en Salta, en San Juan, 
desde el I2 de Octubre de 1916, puede tomarse 
como caso característico de ese miedo que in- 
vade el alma de los pueblos cuando aparecen 
los tiranos. 

Si en lugar de un magistrado que deserta, 
y cohonesta su conducta bajo el pretexto de 
no estar conforme con el Interventor, hubiera 
habido un hombre, un verdadero juez, en la no- 
ble acepción de la palabra, las iniquidades de 
aquel proceso no se habrían, tal vez, consu- 
mado. 

Pero el linaje de los jueces conscientes y se- 
veros, que no conocen la tentación del preva- 
ricato ni el favor de la arbitrariedad ha per- 
dido sus calidades, porque el pueblo en que 
actúan no tiene por director ni custodio a 
un hombre viril, capaz de ser héroe y ser már- 
tir, como aquel sublime Aberastain que marcha 
al sacrificio seguido de la nobilísima juventud 
sanjuanina en la jornada trágica del Pocito. 

Es posible que entre las dos civilizaciones, 
la del heroísmo que lleva al combate y la del 
miedo que conduce a la deserción, la inmensa 
mayoría de los argentinos dé sus votos por esta 



LA DEMAGOGIA RADICAL 329 

Última. No están los tiempos, según parece, 
para esas aventuras quijotescas, esas justas de 
antaño que han hecho de nuestra historia una 
Ilíada estupenda; más están, sin duda, para 
sufrir la afrenta de los soberbios 3^ el insulto 
de los procaces; pero el pueblo argentino debe 
saber que no es suerte envidiable la de una 
nación que deja pasar a los jueces desertores 
y acoge en su seno a los instrumentos del des- 
potismo. 



• CUARTA PARTE 

ADVENIMIENTO DE LA DICTADURA 



CAPITULO I. 
La Dictadura 



¡Oh! ¡Ya está delante del público ! . . 
La serpiente ha engañado al león. 
¡Aplaste el león a la serpiente! 

Tamayo y Baus: Un drama nuevo. 

El punto a que ha llegado nuestro país después 
de tres años de gobierno popular se le denomina 
en lenguaje corriente dictadura. 

Es una dictadura innoble por su origen y por 
sus hechos. 

Lo es también por su absoluta falta de jus- 
tificación. 

Es innoble por su origen porque nace de la 
hipocresía, la deslealtad y la violencia. 

Es innoble por sus hechos en razón de que todos 
los actos consumados por ella desde el I2 de Oc- 
tubre de 1916 tienden a la humillación de la 
dignidad, al despojo de la fortuna, a la suspen- 



334 LUIS REYNA ALMANDOS 

sión de las leyes, a la tergiversación del sentido 
recto de las ideas. Es innoble porque para crear la 
aureola de un prestigio falaz ha negado a los 
constructores de la nación su trabajo, su afán, su 
patriotismo. Aquélla, hecha de ingratitud, es una 
afrenta nacional y será un castigo. 

Es innoble, además, porque la República Ar- 
gentina es un pueblo laborioso, una tierra que se 
ofrece al mundo como amiga, estado libérrimo y 
orgánico, colectividad que ha jurado la ley de la 
civilización desde su primer día de libertad y que 
jamás, ni aún en los momentos más amargos de 
su historia, quiso sufrir la injuria de ningún va- 
sallaje. Sin embargo, el Presidente de la Repú- 
blica, porque así lo ha querido, pone la mano so- 
bre el libro sagrado de aquel juramento para vili- 
pendiarlo. 

El camino trazado hasta hoy es definido, y na- 
die que no tenga interés en medrar a costa de la 
verdad y de la patria podrá cerrar los ojos a la 
evidencia. 

La Nación Argentina, por la voluntad de su Pre- 
sidente, no existe como República, porque la Consti- 
tución por la cual se rige ha dejado de ser cum- 
plida, más propiamente dicho, es violada con es- 
tudiada y desembozada deliberación. Las enfá- 
ticas prédicas de los demagogos y revolucionarios 
de treinta años que, como sus iguales de todos los 



LA DEMAGOGIA RADICAL 335 

tiempos, ofrecieron al pueblo un ara republicana, 
hoy hacen de ella una pira, cuyas llamaradas ti- 
fien de rojo el horizonte del porvenir. La Repú- 
blica, bien común, ya no nos pertenece: hay hom- 
bres en ella que han dividido a los ciudadanos 
en dos clases, los elegidos y los reprobos. La 
República, justicia común, dejó de ser el 12 de , 
Octubre de 1916, porque desde ese día la jus- 
ticia de los jueces es la justicia presidencial, el 
pensamiento de los magistrados es paralizado por 
las órdenes supremas, y hombres hay que surgen 
de antros misteriosos para hacerlas cumplir. 

Lo que entendemos por república no es aho- 
ra sino un pueblo que se deja engañar: hace 
tres afios sus ciudadanos pudieron ser engañados, 
¡hoy nadie tiene derecho de seguir engañándose! 

La Nación Argentina no existe tampoco como fe- 
deración. Las Provincias han sufrido desmedro 
en su soberanía, pues han sido juguete de los 
comités sediciosos y se han doblegado a la 
voluntad del que se presume omnipotente. A ellas 
han ido, con menosprecio del Parlamento, hom- 
bres dispuestos a someterlas a la férula de la 
voluntad personalísima del Presidente de la Re- 
pública. Esos hombres han olvidado sus respon- 
sabilidades porque jamás las han sentido. 

La federación era una valla altísima donde ha- 
brían de estrellarse las ambiciones dictatoriales. 



336 LUIS REYNA ALMANDOS 

Era el obstáculo más formidable opuesto a la 
supremacía individual. Pues bien, esa muralla 
ha sido destrozada y abatida. Han pasado por 
sobre ella los revolucionarios de ayer convertidos 
en los señores de hoy. 

La Nación Argentina, que ya no es ni repú- 
blica ni federación, no tiene sino en el nombre 
gobierno representativo. Es verdad que hay un 
Congreso, pero éste ha permitido, no obstante sus 
fueros y prerrogativas, la sustitución violenta de 
los gobiernos provinciales por Interventores. 
La fuerza prevalece sobre la ley, pues un In- 
terventor es la representación del déspota que 
vence a la representación del pueblo. El Con- 
greso ha sido y es menospreciado por el Pre- 
sidente, y lo mismo los gobiernos de provincia. 

Con excepción de un grupo de legisladores 
nacionales que han sabido resistir los atentados 
dictatoriales desde el 12 de Octubre, la mayoría 
del Congreso, al mismo tiempo que esteriliza la 
acción parlamentaria durante tres años, ha ren- 
dido pleito homenaje al dictador. 

Tampoco hay gobierno representativo en las 
provincias intervenidas, y las que lo tienen 
viven bajóla amenaza perpetua de caer bajo la 
unidad del mando, o sienten el trabajo subterrá- 
neo de intrigas ominosas. 

Esto en cuanto a lo fundamental. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 337 

En cuanto a la práctica de lo que se llama 
democracia — palabra de orden en estos momen- 
tos — ¿qué decir? Todo puede ser democracia 
menos nuestra vida política. 

Democracia es elevación, y ahora prevalece la 
sumisión. 

Democracia es conciencia del propio valer, y 
hoy no sólo domina el que no vale, sino que se 
deprime al que vale. 

Democracia es respeto de lo que tiene algo de 
superior dentro de lo bueno y lo justo, y ya he- 
mos visto que lo que no se respeta es precisa- 
mente lo que debe respetarse. 

Democracia es igualdad en el concurso de 
todos en el gobierno; hoy esa igualdad ha des- 
aparecido; hoy ya ni siquiera tienen participación 
en aquél los radicales, porque no lo son los que 
disponen del país. El radicalismo se ha hecho 
pedazos contra la roca de la avaricia, de la in- 
tolerancia, de la sumisión y de la injusticia. 
Ahora son ellos también reprobos, como lo fue- 
ron antes los antiguos. 

¡Sin embargo, se vocea, se clama democracia 
por todas partes! 

¿Acaso puede haber democracia en un pueblo 
donde magistrados, legisladores y maestros ca- 
llan ante las imposiciones de los poderes ejecu- 
tivos.'* ¿La hay donde la fuerza material pone 



338 LUIS REYNA ALMANDOS 

miedo en el alma de los jueces y pugna por 
ahogar la libre palabra de los ciudadanos? 



* 
* * 



He de dar mi parecer sobre estos aspectos de 
nuestra vida, buscando el despertar de los inte- 
ligentes, el recelo de los incautos y la indigna- 
ción de los generosos. 

La historia se repite: hace sesenta años pasa- 
ban como ahora cosas parecidas. El cuadro 
social es semejante: el bajo pueblo servía de 
sostén al dictador; éste invocaba la sombra de 
Dorrego. Ahora el comité también es lo que fué 
entonces: invoca la sombra de Alem, que muere 
por su mano, como un vecino decepcionado. Do- 
rrego fué un mártir y un héroe. ¡En esto hay 
una enorme diferencia! Pero poco da: tras de 
Alem, mejor dicho, sobre él, hay un letrero que 
dice: ¡Regeneración! como sobre el patíbulo de 
Dorrego escribió Rosas la fatídica palabra ¡Fe- 
deración/ .. . ¡En esto ya no hay diferencia! 

Para vengar la muerte de Dorrego se encendió 
el odio en las masas bárbaras, que tuvieron su 
jefe natural: ahora, para vengarse de la histo- 
ria— ¡demencia sin nombre! — se enciende tam- 
bién el mismo odio. 

Entonces azotaba al país el vendaval de la 



LA DEMAGOGIA RADICAL 339 

anarquía; hoy el desorden preside el gobierno y 
disgrega los partidos. 

De aquella anarquía surgió un déspota; de cada 
provincia un caudillo. El primero mandó como 
dueño en Buenos Aires desde que la cabeza de 
Castelli sirvió de monumento funerario en la 
plaza de Dolores, y en el resto del país desde 
que, una mañana, la bala de un soldado erran- 
te quiebra la vida romancesca de Lavalle. 

Cada provincia fué un campo de desolación. 
Los Llanos de La Rioja despiertan al terror de 
Quiroga; los campos de Santa Fe al de López; 
los caudillos entrerrianos a la saña de Ramírez; 
en Santiago surge un Ibarra inventor de diabóli- 
cos tormentos; en Mendoza, tierra del vino, el 
demonio de la borrachera se hace omnipotente. 
Cada una de estas regiones es teatro de intesti- 
nas luchas: unitarios y federales libran largo 
combate. 

Como un círculo de hierro aquellos hombres 
crueles y semibárbaros tienden sus líneas de lan- 
zas en torno de Córdoba, conservadora y culta, 
y se libran batallas. Vaivén sangriento, presi- 
dido desde Buenos Aires. 

Tal cual la siniestra selva de Birnam se mue- 
ve hacia la colina de Dunsinane, así las figu- 
ras de nuestra historia se alzan de la tiniebla 
reuniéndose al conjuro de temibles ensalmos y 



340 LUIS REYNA AL MANDOS 

avanzan sobre campiñas y ciudades, no ya como 
los árboles del presagio para abatir el poder 
del déspota ambicioso, sino para caer sobre el 
trabajo y el pensamiento para destruirlos! 

Tenemos ese cuadro ante los ojos, y vemos 
que sus figuras, antes extáticas, se mueven como 
si una vara mágica les diera nueva vida. 

Veamos con atención esta resurrección de lo 
que parecía muerto. Si los adelantos materiales 
y legales de nuestro tiempo cambian el ambien- 
te, no por eso deja de sorprendernos la seme- 
janza de los hombres. 

A cada uno de los caudillos que representa- 
ron después del año 20 la idea del mando con 
absoluto desprecio de la ley, corresponden hoy 
otros tantos gobernantes impuestos a la Nación 
por el Presidente Irigoyen, y, por lo tanto, crea- 
dos con violación de las leyes. 

En efecto, manda a su antojo, en Mendoza, 
el doctor José Néstor Lencinas, de cuyos actos 
dictatoriales he hecho mención anteriormente. 

Manda en Tucumán el Sr. Bascary, que en el 
primer período de su gobierno disuelve el poder 
legislativo, se constituye en juez y decreta des- 
tierros, prisiones y otras penas sin forma de jui- 
cio y por su sola voluntad. La intervención de 
Garro termina y aquel hombre vuelve a gobernar 
en la forma de los primitivos caudillos. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 341 

Domina en Salta el doctor Joaquín Castella- 
nos, literato, periodista y diputado. Su acto ini- 
cial de gobierno es una zalema musulmana, una 
genuflexión profunda al Presidente. Surge de una 
intervención renovada cuya historia responde al 
principio de sumisión anatematizado por el ar- 
tículo 29 de la Constitución Nacional, como to- 
das las demás. 

Ese literato y abogado proyecta amordazar la 
prensa mediante una ley de censura. Su gobierno 
tiene una singularidad extraña: el ausentismo. 

Gobierna en Santa Fe el Señor Rodolfo Leh- 
mann. Este es producto de aquella política de 
pequeño círculo que, a pesar de su insignifi- 
cancia numérica, moral, social y mental, pudo, 
por aberración de las cosas y extravío de la 
conciencia de los hombres, poner en trance de 
victoria al ''plebiscitado" del I2 de Octubre. Los 
llamados ''disidentes" de Santa Fe, que hacen 
un Presidente inepto, hacen también un gober- 
nador impotente. Sobre ese círculo de nueve 
politicastros que un día tejió corona de roble 
para la frente del tirano, estuvieron fijas, en 
1916, las miradas ansiosas de la República, 
con tanto afán, con tanta inquietud, con tanta 
avidez como en torno del tapete verde la mul- 
titud de los jugadores. Como que, en realidad; 
la República jugaba entonces la tremenda par- 



342 LUIS REYNA ALMANDOS 

tida de su libertad y de su honra de pueblo 
culto. ¡Y perdió la partida! De esa partida con- 
movedora salió el triunfador para todo el país 
y para Santa Fe el señor Lehmann, bajo cuyo 
mando la inercia y la ignorancia plantan sus 
banderas negras, símbolos de oscurantismo y 
de miseria. Durante su gobierno la educación 
del pueblo es abandonada: los maestros sufren 
hambre, o lo que es lo mismo, persecución, por- 
que el maestro hambriento es un perseguido y 
la maestra un juguete para el placer de los 
caciques. 

La inercia del mandatario y la ineptitud de 
los legisladores se completa con la blandura 
de los jueces. 

Santa Fe fue la primer tierra conquistada por 
la funesta demagogia. Sáenz Peña, el aristó- 
crata en decadencia, la entregó en una ceremo- 
nia farisaica a los "incontaminados". Sáenz 
Peña la ofrece para campo de experimentación 
al misérrimo grupo de los impotentes que ha- 
bían murmurado su eterna envidia en la som- 
bra de las conspiraciones. 

Los resultados fueron bien pronto palp*ados 
por el pueblo, y hoy llegan a su punto álgido. 
Este punto de ascenso de la degradación mo- 
ral en el gobierno marca el extremo de descen- 
so en las virtudes cívicas del país, porque la 



LA DEMAGOGIA RADICAL 343 

entrega de la Provincia al Presidente no ha su- 
cedido por medios velados sino expresa y pú- 
blicamente por el propio gobierno provincial. 
En los últimos días de Diciembre el gobernador 
Lehmann se ausenta de Santa Fe y el Vice se- 
ñor Cepeda, profesional de la política, viene a 
la Capital para pedir al Presidente de la Na- 
ción la provisión del cargo de jefe político del 
Rosario. Aquél elige inmediatamente al general 
Broquen; y desde ese momento el gobierno 
constitucional de Santa Fe queda en manos de 
las autoridades nacionales. Ya no hay necesi- 
dad de conmover al Parlamento Nacional con 
intervenciones, ni a la opinión pública con 
procedimientos violentos, como en Catamarca. 
La dictadura presidencial se ejerce a cara des- 
cubierta. El hecho es lógico, pues si el desig- 
nio presidencial fué siempre destruir el sistema 
federal de gobierno, ¿cómo había de repudiar 
el presente que le ofrece el propio gobernador.'* 

Jujuy es hechura presidencial; pero por su 
pobreza y lejanía significa poco. En ella los ra- 
dicales se llaman "negros", palabra que en Cór- 
doba, por tradición, es una injuria, y en cual- 
quier parte una preocupación social. 

Buenos Aires es una perpetua sedición. Las 
leyes son deslealmente aplicadas. El vendaval 
de las "reorganizaciones" ha destruido todos los 



344 LUIS REYNA ALMANDOS 

principios de orden y de respeto de la adminis- 
tración. El comité indisciplinado y soberbio dis- 
pone como de cosa propia de la persona del go- 
bernador; lo descalifica, lo excomulga, lo asedia, 
lo maldice. Pero se arrojaría a sus pies si un 
día lo ordenara así el Presidente de la Nación. 
El tesoro público tiene abierta una espita por 
la cual se vuelca sin cesar el abundante manan- 
tial, a cuya conquista se agolpa la legión de los 
corsarios. Se llega hasta la conspiración contra 
alguien o contra algo que nadie puede determi- 
nar: trátase de la fabricación de esas armas ex- 
terminadoras de que gustan los conspiradores 
anarquistas. El eterno afán de herir, ofender 
y revolucionar extremece el alma de estos hom- 
bres violentos. Los jueces, bajo esta epilepsia del 
desorden, sufren sus efectos: los unos permane- 
cen serenos ante el espectáculo; otros ponen cru- 
ces de honor en el pecho de los rufianes; otros 
más tiemblan de miedo y algunos buscan afano- 
samente acercarse al Presidente de la Repúbli- 
ca para servir a la causa de la Santa Regene- 
ración. Todo esto sucede bajo el mando del Doc- 
tor José Camilo Crotto, obra de la Intervención 
del año 17, es decir, de una de las violaciones 
constitucionales más reprobables y más injustas. 
En los días que corren, los intereses generales 
sufren la influencia de intrigas de comité, cu- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 345 

yos hilos ocultos están en manos del Presidente. 
Sólo se trata de fortalecer el mando con miras de 
perpetuidad, sea por el sometimiento del gober- 
nador, sea por la discordia definitiva: por ambos 
caminos se presume llegar al mismo fin. El go- 
bernador Crotto, surgido de una maniobra ile- 
gal — la Intervención — no ha podido ni podía ser, 
en sus obras de gobernante, sino el resultado 
lógico de aquélla: rara vez del mal nace el bien. 
Amigo del Presidente, compañero de conspira- 
ciones y revueltas, su distanciamiento de aquél 
a los pocos días de gobernar no merece crédito 
bastante, aunque, de acuerdo con el espíritu de la 
secta, no hemos de dar mayor valor a la lealtad 
y a la gratitud. 

Tales son los hombres que en aquellas Provin- 
cias disponen ahora de la fortuna, el honor y la 
libertad de los argentinos, bajo formas constitu- 
cionales externas, y que responden a la influen- 
cia personalísima del Presidente. 

En los momentos actuales, con excepción de 
Córdoba y Corrientes, las demás no tienen go- 
bierno legal. 

Domina en San Luis el Presidente por inter- 
medio del Doctor Celesia desde el 8 de Mayo 
de 1919- una simple investigación de legalidad 
de diplomas senatoriales se convierte en un pro- 
consulado permanente. 



340 LiJIS REYNA ALMANDOS 

Desde el 1/ de Octubre los gobiernos de San 
Juan y Santiago del Estero desaparecen: el uno 
ha tocado en suerte como interventor al Doc- 
tor Manuel F. Escobar, Presidente de la Su- 
prema Corte de Justicia de la Provincia de Bue- 
nos Aires; el otro al Doctor Rodríguez Galisteo. 

El primero es recibido por el pueblo de San 
Juan por la misma clase de gente que victorea 
al Interventor de Buenos Aires en Abril de 1917; 
pero los monumentos de la ciudad amanecieron 
envueltos en crespones. 

En 1861 las cosas pasaron de muy diverso 
modo: el gobernador Aberastain sale a defen- 
der su patria chica y muere en el Pocito, pero 
salva a su patria grande de una nueva y odio- 
sa tiranía. ¡Cuánto han cambiado los hombres 
en sesenta años! El gobernador Isaza que, en 
San Juan, hasta ayer, gobernaba esta provincia, 
como Aberastain en aquel año, limita su re- 
sistencia a una protesta verbal y actuada; ¡po- 
lítico ^'práctico", al fin, y hombre prudente, te- 
meroso de ver morir a sus conciudadanos, ciego 
a los esplendores trágicos de su antecesor y 
desdeñoso sin duda de aquella para él incom- 
prensible sublimidad, locura o delirio digno de 
otras épocas, de otros hombres y de otra patria! 
El, como todos los gobernadores que no han sa- 
bido defender la soberanía de sus provincias; 



LA DEMAGOGIA RADICAL 347 

él, como todos los ciudadanos que no han sabi- 
do dar aliento a sus gobernadores, transforme 
las armas de la dignidad de un pueblo §n un ale- 
gato favorable a los derechos de que es despojada 
su provincia, pero permite que esta pierda sus 
atributos, que sus tesoros caigan en manos ex- 
trañas, que su justicia sea humillada y destruida, 
que sus intereses pasen a ser manejados por in- 
trusos. ¡Pero el país, a costa de sus instituciones, 
se ha ahorrado, sin duda, por ahora, el espectácu- 
lo de un combate, acaso de un martirio sangrien- 
to, sin sospechar, acaso, que más tarde, cuando 
contra la sombra de Facundo se alce la sombra 
de Aberastain, la tierra tranquila bajo la paz 
del miedo se apreste a renegar de su inercia. 
y su olvido! 

Desde hace dos años Catamarca no existe 
como provincia soberana: bajo el mando del 
Interventor López García se han consumado en 
ella todas cuantas arbitrariedades son capaces 
de cometer los gobernantes que, como el señor 
Irigoyen, invocan la razón de estado para des- 
truir las Universidades y su i.ntangibilidad de 
puritano para seguir impunemente cumpliendo 
su ''gobierno ejemplar". Catamarca es ya la 
tumba del radicalismo, porque ningún ciudada- 
no que no esté ebrio o dormido puede negar lo 
que es evidente. En Catamarca no había radi- 



348 LUIS REYNA ALMANDOS 

cales, porque ella no es tierra propicia para 
ningún radicalismo. Pero Catamarca debía pro- 
ducir dos senadores radicales, y para obtener- 
los fué menester roturar ese campo ingrato a 
fuerza de arbitrariedad. Oficiales del ejército 
se constituyen en agentes electorales; policías 
venales y bárbaras atentan contra la libertad 
individual; gentes llevadas de todas partes in- 
vaden el territorio; los empleados de la Nación 
cometen exacciones de todo género para poder 
arrancar a los ciudadanos el voto que niegan. 
Por eso Catamarca es la sepultura del radica- 
lismo, porque su pueblo ha demostrado que só- 
lo puede ser vencido por la fuerza y el frau- 
de. En Catamarca ha concluido de brillar la 
falsa estrella del ungido del 12 de Octubre. 
De allá vendrá la reacción o se afianzará la 
tiranía. Pero por ahora, de ese triste pfoceso 
vemos claramente una cosa: una ambición ple- 
namente descubierta en pugna definitivamente 
declarada contra los derechos del pueblo. 

En La Rioja no hay gobierno porque el Pre- 
sidente no lo ha querido. A la miseria econó- 
mica se une en aquella la miseria cívica. 

Las piezas de este ajedrez temible están, pues 
colocadas en sus casilleros. Sólo hay dos que 
no responden a la voluntad que mueve las otras: 
Córdoba y Corrientes, porque en Entre Ríos 



LA DEMAGOGIA RADICAL 349 

gobiernan hombres surgidos de comicios sospe- 
chosos de regeneración, y ya la conciencia hon- 
rada repudia semejante origen. 

Córdoba y Corrientes son, pues, los dos úni- 
cos reductos enemigos que será necesario tomar 
para que la violencia dictatorial se satisfaga 
por un día. 

Digo por un día, porque la violencia no gus- 
ta del descanso, ni puede tampoco esperarlo. 

El Presidente de la República, al colocar en 
las Provincias a aquellos hombres en calidad 
de tenientes, no cuenta, sin duda, con la vo- 
luntad de los ciudadanos libres de un país don- 
de a pesar de la bastardía de su composición 
social actual, no carece, afortunadamente, de 
conciencia legal o siquiera sea de egoísmo. 

Poco se invoca hoy el nombre de patria, con- 
fundido en su antigua y grandiosa sonoridad por 
el clamoreo de los demagogos que la invocan 
para escarnecerla. Dejemos, pues, por un mo- 
mento, de invocar esa palabra suprema, pero 
sin olvidarla. 

El Presidente de los argentinos al cercar el país 
con destacamentos políticos, sueña con la aquies- 
cencia absoluta de todos los habitantes, conse- 
guida al cabo de un período de desmanes des- 
tinados a infundir miedo. Pero esto no será po- 
sible, a no ser que d sentimiento de dignidad y 



350 . LUIS REYNA ALMANDOS 

el concepto de patria hayan caído definitivamen- 
te en agonía. 

Hay en el país una opinión bien definida que 
se opone a la absorción de todos los poderes, 
es decir, a la destrucción de la República co- 
mo tal y a la unidad en la federación. En 
la Capital y los Estados las fracciones conser- 
vadoras bajo diferentes nombres no han sufrido 
en su tendencia opositora modificación desfa- 
vorable. El radicalismo de 1916, a su vez, se 
ha disgregado; ya no es la fuerza poderosa de 
entonces. El "plebiscito" de aquel año no po- 
drá repetirse; los arcos de triunfo han venido 
al suelo. Queda solamente de aquel ''plebiscito" 
la ralea popular, la policía mercenaria, los go- 
bernadores e interventores y todos los corsarios, 
menos preocupados de la política que de la 
bolsa. 

Del seno del radicalismo se han separado 
numerosos elementos de representación que en 
actos públicos se han declarado engañados y 
disconformes. Todas estas opiniones, todos 
los desengañados, los ofendidos, los perjudica- 
dos; todos los que confundieron demagogia con 
democracia, los que creyeron en símbolos, dog- 
mas y postulados, lamentan ahora no haber 
creído en la palabra clarividente del Doctor 
Pedro C. Molina, que hace justamente diez años 



LA DEMAGOGIA RADICAL 35 1 

quitó la máscara al entonces jefe perpetuo del 
radicalismo y lo exhibió a plena luz ante el 
país entero, sin ser entonces creído, para des- 
gracia de la Nación (^). 

Pero la opinión que repudia las supremacías 
está aún trabajada por recelos perjudiciales, 
por ambiciones y cavilosidades que la mantienen 
fuera de la órbita necesaria. Todas esas fuer- 
zas salvadoras pugnan por encontrar un cauce 
suficientemente amplio donde correr con liber- 
tad. La decisión final de unión y de armonía 
no ha sido aún pronunciada, pero en cada pen- 
samiento clama una advertencia, en cada cora- 
zón palpita un anhelo: defender la República, 
salvarla de una menguada decadencia. 



(1) Carta al señor Hipólito Irigoyen, 27 de Noviembre de 1909 
publicada en "La Nación". 



CAPITULO II. 
Cómo debemos defender la República 



Pons (leyendo).— «ítem: Jerez: (dos 
galones) 5 chelines 3 peniques. ítem: 
Anchoas y Jerez para después de co- 
mer, 2 chelines 6 peniques. ítem: 
Pan, medio penique. 

El Principe Enrique.— [Qué mons- 
truo! ¡Sólo medio penique de pan 
para tan intolerable cantidad de vino! 

Enrique IV, Acto II, Esc. IV. 

Examinado el estado político y social del país 
y visto que los demagogos radicales y sus dés- 
potas engreídos han consumado en tres años la 
destrucción de las instituciones y, por conse- 
cuencia natural, ponen en peligro sus construc- 
ciones materiales; corresponde ahora dar idea 
del sistema contrario, es decir, el sistema de 
defensa contra aquéllos, para salvar la República 
como tal y el país como pueblo civilizado. 



354 LUIS REYNA ALMANDOS 

Terminado el estudio de los hombres, o sea, 
de los caracteres y trazado el cuadro de sus he- 
chos y métodos de mando, dentro del cual apare- 
cen los resultados o ejectos de estos últimos; llega 
el momento de pensar en los medios que pare- 
cen más adecuados para impedir el entroniza- 
miento de la plebe y su consecuencia: la tiranía. 

El problema es complejo, de orden moral ante 
todo; problema de costumbres, de conducta social, 
y, al propio tiempo, asunto que atañe a la cons- 
titución política y a las leyes que reglamentan 
el sufragio. 

El problema moral no se resuelve por medio 
de leyes escritas ni por reglamentos, por la mis- 
ma razón de que no puede realizarse el mila- 
gro de Josué; detener la marcha del sol. La 
conciencia del deber cumplido en todos los órde- 
nes de la vida, la convicción de que para vivir 
regularmente es necesario saber ser justos y 
obrar como justos, no necesita otra cosa que 
querer practicar los mandamientos del Decálogo. 
Pero como los hombres no pueden desprenderse 
de sus pasiones ni libertarse de sus vicios, el 
problema moral eterno y casi irresoluble ha me- 
nester de soluciones legales, siquiera sea para 
mitigarlos. 

Así pues, a la educación de la conducta dada 
en el hogar y las escuelas debe corresponder la 



LA DEMAGOGIA RADICAL 355 

educación cívica, legal y política, haciendo prác- 
tica y verdad de las teorías y las predicaciones. 

La inspiración de este libro no es otra que 
enseñar a mis compatriotas a distinguir la ver- 
dad de la mentira y la justicia de la violencia, 
dando a conocer lo que son la demagogia y la 
tiranía, poniendo al descubierto su naturaleza 
y enseñando por la sola descripción de sus hom- 
bres y sus hechos la falsedad y peligro de sus 
doctrinas. Será loco quien al llegar al borde de 
un precipicio se arroje en él, o se lanze al mar 
en un débil esquife en momentos de borrasca. 
Mirar la sima, ver el mar, basta para evitarlos. 

Este libro no es, por lo tanto, otra cosa que 
una advertencia a los incautos, a los crédulos 
y a los hombres sin lectura para que compren- 
dan su error, y al mismo tiempo un castigo de 
los ambiciosos y falsarios que los engañaron. 

Pero no sería completo si no terminara con 
un consejo. 

Este consejo es para los hombres que por sus 
condiciones están en el deber de salvar la pa- 
tria. Hablo, pues a los ciudadanos ilustrados y 
honorables, a maestros y publicistas, a perio- 
distas y tribunos, y hablo a los jefes de par- 
tido, porque a todos corresponde la defensa de 
las instituciones de la República, es decir, la 
defensa y dirección del pueblo y del Estado. 



156 LUIS REYNA ALMAXDOS 



Las causas que, en mi concepto, han origi- 
nado los males políticos del presente — aparte 
de la influencia personal del caudillo — son dos 
principales: la primera, el decaimiento de la 
moral en las clases directivas; la segunda, el 
voto secreto en el sufragio universal. 

No creo que sean otras las causas inmediatas 
y concurrentes de la demagogia radical en el go- 
bierno porque solamente la falencia del criterio 
moral de aquellas ha podido dar al pueblo, mal 
educado para las funciones del gobierno, una li- 
bertad tan amplia que necesariamente debería 
caer en licencia. 

Los ciudadanos que fortalecieron esa libertad 
por el secreto tal vez fueron generosos; pero la 
generosidad que los inspiró cayó en el extravío 
de la imprudencia: no comprendieron las ver- 
daderas condiciones de su pueblo, o se decidie- 
ron a favorecer los planes del señor Irigoyen, 
para que de dictador del partido se hiciera dic- 
tador de la República. 

Ha de juzgar la historia, en deñnitiva, a los 
autores de la ley del secreto del voto; pero por 
el momento, el juicio de los acontecimientos suce- 
didos desde su vigencia no puede serles favorable. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 357 

Se dice, sin embargo, que asistimos a una 
transición de costumbres cívicas, políticas y re- 
publicanas; y este argumento suspende por un 
instante el juicio y mucho más el anatema; pero 
ante el cuadro sombrío de las provincias ataca- 
das en su soberanía; ante el desquicio de las finan- 
zas nacionales y provinciales y en conocimiento 
de la calidad de los hombres que se atribuyen por 
el voto de los pueblos la intervención providen- 
cial; la pluma se resiste a detenerse en la cen- 
sura y la mente no acierta a apartarse de la idea 
de que de las urnas electorales ha salido la 
expresión de una voluntad resuelta a poner 
freno a la libertad argentina. 

El voto secreto, adoptado para evitar a cada 
ciudadano la burla del engaño y la violencia de 
los llamados "gobiernos electores", no ha podi- 
do ni destruir el engaño ni paralizar la violencia: 
en esto ha fracasado. El engaño ya no se con- 
suma en el atrio sino en la tribuna pública, antes 
del comicio, y la violencia se ejercita no ya sobre 
el ciudadano que aisladamente vota sino sobre 
pueblos enteros, sobre las Provincias soberanas, 
pjorque para elegir va el gobierno de la Nación 
con sus empleados y sus tropas armadas a cada 
una de ellas a derrocar gobernadores, expulsar 
magistrados y poner en manos de secuaces ins- 
trumentos oficiales de intimidación. 



358 LUIS REYNA ALMANDOS 

Las intervenciones a tocias las Provincias, la 
dilación indefinida de cada proceso electoral en 
ellas; el apoderamiento descarado de todos los em- 
pleos provinciales por los interventores; la expul- 
sión de los buenos funcionarios y su sustitución 
por elementos actuantes del comité y el bajo 
fondo, obedientes a las órdenes directas del Pre- 
sidente de la República y sus lugartenientes; la 
presencia del ejército en las regiones sometidas 
a aquél por medio de sus enviados; el ensoberbe- 
cimiento de las policías; el amordazamiento de 
la prensa; las arbitrariedades de todo género 
cometidas por empleados federales perseguidores 
y delatores; los miles de presidiarios indultados, 
al mismo tiempo que innumerables jueces son 
despojados de sus investiduras — ¡contraste pa- 
voroso! — y cuantos recursos de fuerza y de frau- 
de que se vienen empleando en todo el país por 
los agentes irigoyenistas contra los adversarios, 
corresponden al sistema de intimidación prac- 
ticado desde el mes de Enero de 1917 (^). 

¿De qué ha valido, pues, el voto secreto? Ha va- 
lido para levantar la losa que cubría la sepultura 



(1) Intervención armada en !a Provincia de San Juan, tentativa 
frustrada del sistema opresivo iniciado desde entonces contra la 
organización federal argentina, con violación de los preceptos bási- 
cos de los artículos 1, 5, 6. 8, 104, 105 y 106 de la Constitución. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 359 

de los viejos caudillos. Ha valido también para 
que la sombra de Facundo nos visite y nos ame- 
nace. Esto bastaría para derogar la ley que lo 
ha autorizado. 

Si una ley de libertad tiene por efecto inme- 
diato, pero continuo, destruir la libertad, ¿de qué 
modo habremos de juzgarla? Habremos de juz- 
garla como un instrumento de opresión, en un 
país donde mucho más de la mitad de los elec- 
tores no tienen capacidad suficiente para elegir. 

Mientras el pueblo argentino no sea instruido 
intensamente, en tanto no se civilice por comple- 
to y su nacionalidad no adquiera un carácter 
definitivo por la fusión de los elementos socia- 
les que actualmente viven disociados, el voto se- 
creto será constante peligro de sus instituciones. 

En teoría a las urnas libérrimas se acerca la li- 
bertad, pero de ellas sale transformada, defor- 
mada y monstruosa. Porque mientras el espíritu 
de la multitud esté agitado por rudos instintos 
y carezca de homogeneidad y educación, será 
muy difícil que del voto secreto surja una opinión 
esclarecida. 

La democracia como forma de gobierno es justa, 
pero peligrosa; es menester hacerla verdadera y 
útil, no falsa y destructora. 

El voto secreto debe ser abolido, y el sufragio 
universal calificado: lo primero para que todos los 



36o LUIS REYNA ALMANDOS 

ciudadanos se habitúen a pensar y decir libre- 
mente sin recelo ni temor; lo segundo para evi- 
tar en lo posible que los ignorantes y los ineptos 
preponderen en la administración general. 

La vida libre huye del misterio. Pensar que es 
necesario evitar la presión de los gobiernos y 
garantir, por lo tanto, la emisión del voto por el 
secreto, es negar la república, es corromperla y 
amenazarla. 

No puede ser la voluntad del pueblo consentir 
en hundirse en el abismo de la deslealtad y de la 
corrupción cívica; la voluntad del pueblo ha de 
ser otra muy diferente. 

Nuestros publicistas y legisladores deberán 
organizar un sistema electivo a cara descubierta, 
circunscripto a todos los que sepan leer, a los que 
trabajen y piensen iitilmente, con tácita declara- 
ción de que no pueden organizar gobiernos quie- 
nes no son aptos para gobernarse a sí mismos. 

El pueblo debe actuar, el populacho obedecer; 
y los gobernantes dirigir, no con arreglo a lo 
que quiere el populacho sino a lo que pida con 
justicia el pueblo. 

Las naciones cultas, las naciones- pueblo, no 
han de preocuparse tanto de la forma del vo- 
to como las naciones-plebe: aquellas tienen en 
gran parte resuelto el problema, estas no lo pue- 
den resolver por sistemas de formas ideales. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 36I 

por mecanismos teóricamente perfectos. Hay que 
rendirse a la evidencia y apartarse del peligro de 
los grandes aluviones plebeyos. Es más justo ex- 
cluir del ejercicio del voto a los analfabetos y 
demás incapaces, que nivelar a todos los hombres 
dándoles el mismo valor (^). 

Esta nivelación injusta e imprudente, este 
amparo funesto de la ignorancia, que es barbarie 
quichua en el norte y barbarie bastarda en las 
ciudades; este pérfido halago de las masas po- 
pulares por impostores y profetas, no conduce 
sino a dos términos: al del despotismo de la 
multitud o al del despotismo del profeta: el caos 
de un lado, Jehová fulminador del otro. 

Todo pueblo que aspire a ser culto ha de huir 
del caos y de Jehová, de la anarquía y de la tiranía. 

Mientras la multitud tenga en sus manos el 
destino de la República, esta no será tal sino en 
el nombre, porque será regida hoy por un dés- 
pota, mañana por un comité de salvación pú- 
blica; y aunque después vuelva a serlo que fué 



(1) El sufragio es un acto escrito, absolutamente escrito. Toda ma- 
nifestación • oral está prohibida: hablar de candidatos y opiniones 
en el momento de votar es causa de nulidad, puesto que el secre- 
to cierra los labios. ¿Cómo puede, por lo tanto, un hombre que no 
sabe leer asegurar que los nombres impresos en la boleta son los 
de su simpatía o, por lo menos, los de la simpatía de su patrón? 
Mayor aberración es imposible, ni tampoco materia más apta para 
quitar al sufragio el prestigio de la verdad y de la lógica. 



362 LUIS REYNA ALMANDOS 

hasta el 12 de Octubre de 1916, no dejará de 
sentir el peso de un ensayo democrático dema- 
siado caro. 



* 
* * 



El ideal del voto es que sea libre y al mis- 
mo tiempo público. 

La libertad no se consigue mediante el secre- 
to del voto, ni la obligación legal de votdr realiza 
el milagro de formar una conciencia cívica en 
pueblos que no la poseen. ¿Qué conciencia cí- 
vica ha de pretenderse en esas multitudes semi • 
salvajes esparcidas en los campos ocupados en 
gran parte por extranjeros — los de labor — y 
en las extensiones incultas de la pampa y las 
montañas, pobladas mezquinamente por perso- 
nas sin luces.'' 

Las multitudes diseminadas, que constituyen 
el gran electorado numérico — vanagloria del ra- 
dicalismo — son pasto de patrones, desde el es- 
tanciero enriquecido y el propietario de inge- 
nio hasta el comerciante de campaña, caudillo y 
tirano. 

Querer con la obligación de votar hacer la con- 
ciencia cívica es, acaso, un propósito útil y no- 
ble, si se quiere, pero, como es sabido, no se 



LA DEMAGOGIA RADICAL 363 

impregna de moral un cuerpo social donde fal- 
ta la sustancia, donde falta la inspiración. 

Por otra parte, la práctica de la obligación ha 
sido un fracaso total, pues los medios empleados 
por la legislación para conseguir la presencia del 
elector en el comicio se han estrellado contra el 
imposible; habiéndose apenas conseguido asegu- 
rarla en el gremio de los empleados públicos, 
eternas víctimas de la "severidad" de los gobier- 
nos, blanda cera en manos injustas y codiciosas. 

No se educa a los pueblos, ni se les morali- 
za, ni se les infunde sentimientos de patria, dic- 
tándoseles leyes coercitivas, o empujándolos por 
caminos determinados como si fueran rebaños. 
Todo eso es vano. Se les educa por medio de 
ejemplos edificantes, por prédicas confirmadas 
en los hechos; no de otra manera. La máquina 
más admirable en manos inexpertas es un ins- 
trumento inútil y hasta peligroso: un avión di- 
rigido por un carretero es un instrumento de 
muerte. 

Las leyes electorales en vigor aseguran la li- 
bertad del sufragante por medio del comicio di- 
seminado: este es el único lugar en que aquéllas 
han conseguido hacer tranquilo el sufragio. Ya 
los electores no tienen miedo de votar; ya no 
hay matones en el atrio — permítaseme la clási- 
ca palabra. Los antiguos grupos hostiles que 



364 LUIS REYNA ALMANDOS 

iban con la boleta en una mano y la daga en la 
otra han desaparecido de nuestras costumbres 
electorales; y en estola ley es previsora. 

Las leyes también han adoptado el sistema 
de hacer imposible la sustitución dolosa de un 
elector por otro: la aplicación de la dactilosco- 
pia de Vucetich fué una conquista. Infortunada- 
mente ese delicado mecanismo por el cual se 
obtiene inatemáticameíite la identidad individual, 
ha dado lugar a un extraordinario falseamiento 
délos padrones porque el gobierno nacional en- 
tregó la práctica regional de la identificación a 
personas que no tenían preparación técnica del 
sistema: conscriptos que, muchos de ellos, no 
sabían escribir corrientemente hacían de opera- 
dores. Eso al principio. Ahora los casos de falsa 
identificación son innumerables, por la mala fe 
y la ignorancia de los que hacen de identificado- 
res (^). 

En resumen, del sistema electoral vigente res- 
ta sólo un recurso útil: el profuso fraccionamien- 



(1) Vucetich fué designado, en 1912, para organizar el gran regis- 
tro nacional de identificación, después del fracaso inicial de la pri- 
mera dirección. Lo instala, lo organiza y dirige a perfección duran- 
te un año; luego lo deja para realizar un viaje de estudio y propa- 
ganda alrededor del mundo. Desde entonces las autoridades dan 
poco a poco al abandono ese gran registro; de suerte que actual- 
mente la identidad del votante es ilusoria y hasta peligrosa. 



I A DEMAGOGIA RADICAL 365 

to del comicio, pues ni la identidad se ha conse- 
guido por ignorancia y mala fe, ni la conciencia 
cívica por la obligación, ni la libertad por el 
secreto. 

Aparte de eso, las artimañas del fraude gu- 
bernativo desbaratan la acción de los partidos, de 
todos los partidos, porque los que detentan el poder 
se extravían por su propia corrupción y los que lo 
persiguen se pierden por falta de garantías. 



Hay otros problemas fundamentales que re- 
solver, además del problema moral y electoral, 
tan arduo en nuestro país y en esta época de 
profundas conmociones. 

En mi concepto, aquéllos se relacionan con 
los siguientes puntos: 

l^ La reforma de la Constitución; 

2° La organización burocrática; 

3° La acción fiscalizadora de la justicia. 

Es verdad que no basta para la organización 
más perfecta de nuestra República abordar es- 
tos tres aspectos de la vida política y guber- 
namental, pues sería menester tratar también 
del problema de la asimilación del extranjero, 
de la distribución equitativa de la riqueza, de 
la educación del carácter y de la disciplina es- 



366 LUIS REYNA ALMANDOS 

colar; pero estos asuntos no corresponden esen- 
cialmente a esta obra (^). 



(1) La disciplina escolar está ahora destruida: el alumno manda^ 
el maestro obedece. El Gobierno Nacional, con su decreto de Mar- 
zo de 1919, por el cual "democratiza" la Universidad, ha destruido 
las bases sin las cuales es imposible la vida y el movimiento regu- 
gular de las grandes casas de estudios. La ola anárquica ha invadi- 
do la Universidad de Córdoba, primero, luego la de Buenos Aires y 
ahora la de La Plata, cerrada esta última por tiempo indefinido. El 
espíritu de indisciplina anima a los estudiantes, y la consiguiente 
desorientación del criterio los extravía. El profesorado vacila y se 
deja abatir. Ni ancianos ni jóvenes se entienden, aquéllos porque 
temen, éstos porque les han perdido todo respeto. En medio de es- 
te caos hay ansias codiciosas, aspiraciones disimuladas, anhelos 
imprecisos de mejoramiento docente, de perfección moral, que los 
estudiantes no determinan y que los maestros no aclaran. Para 
llegar a un fin desconocido las masas estudiantiles "solidarias" se 
dan a la huelga por imitación de los obreros. La sedición y el mo- 
tín son ahora los visitantes del aula estudiantil. Es título de glo- 
ria el asaltarlas, convertir los edificios en nuevas Bastillas, y los 14 
de Julio se han repetido tres veces. La fantasía del pueblo pari- 
siense que hizo de aquella fortaleza casi abandonada un símbolo 
de libertad, y de cuatro locos y tres bandoleros otros tantos márti- 
res de un despotismo mil veces excedido por la brutalidad de la 
turba furibunda, pero "libertadora", llena de ideas destructoras la 
imaginación de la juventud extraviada sin sospechar tal vez que 
ella paga ante todo la audacia de sus propios agitadores y la con- 
cupiscencia de mentores que ocultan su ambición bajo aparien- 
cias de sacerdocio. El espíritu de indisciplina, que ya no respe- 
ta ni al padre en el hogar, está plasmando un modo de ser que 
hará la desgracia de la nación, porque las falsas doctrinas demagó- 
gicas, que en el alma juvenil son hoy creídas con sinceridad, lleva- 
rán con el tiempo al gobierno de los pueblos ciudadanos violentos 
y soberbios, irrespetuosos de la historia y despreciadores de las le- 
yes. La indisciplina escolar, como un monstruoso substractum de 
tendencias funestas, hará forzosamente la indisciplina social; y pues 
ya no hay maestros que sepan dominarla, no habrá después ni pa- 
dres severos en la familia, ni mentores en las escuelas, ni gober- 
nantes en el Estado. ¡Ojalá estos vaticinios, sugeridos por la simple 
observación de los hechos, resulten desmentidos! 



LA DEMAGOGIA RADICAL 367 

La Constitución que, al decir de González (O, 
nos convierte en fortaleza inaccesible a la anarquía 
y al despotismo, no ha impedido, sin embargo, 
que en pleno florecimiento hayan penetrado en 
ella el despotismo y la anarquía. 

La Constitución jurada en l86o, mejor dicho 
quizá, en 1853, fué impuesta a un pueblo que 
acababa de gemir bajo la horda salvaje y los 
sacudimientos de la guerra civil. Necesitábase 
un poder fuerte, y sea porque este era esencial, 
sea por otras causas, la verdad es que ese po- 
der, casi dictatorial, fué creado por ella hasta 
el grado de dársele el título de Supremo) y si 
no fué tiránico ello no obedeció sino a la 
clarividencia nobilísima de los Presidentes ar- 
gentinos, que no surgieron de la penumbra 
del misterio sino de la lucha franca de los par- 
tidos, haya o no habido en éstos defectos 
errores y arbitrariedades. 

Mas el poder fuerte, el ** supremo " poder, 
creado por nuestros antecesores para poder or- 
ganizar la nación, mantenerla y civilizarla, ha 
hecho su obra y debe ahora ser despojado de 

su peligrosa supremacía. 

Mientras la plebe clama hoy: ¡queremos un hom- 
bre que nos mande!, el pueblo inteligente dice: 



(1) Manual de la Constitución Argentina. Prefacio. 



368 LUIS REYNA ALMANDOS 

\ queremos un mandatario; un ejecutor, no un 
arbitro de la ley, un ciudadano, no un inspi- 
rado ! 

Los poderes débiles, en el sentido '* popular ", 
los poderes legislativo y judicial, deben ser los 
poderes fuertes, los poderes deseados y respe- 
tados, el uno porque es la expresión de la so- 
beranía y de la opinión ilustrada, el otro por- 
que debe ser el amparo de la justicia. 

Según el criterio de los herederos de Facun- 
do, por desgracia muy generalizado, el gobierno 
es el Presidente, el gobierno es el policía, el 
caudillo de aldea. Para ellos Facundo el terri- 
ble es el ideal, porque en la mente popular no 
ha penetrado o se ha desvanecido, la concep- 
ción civilizadora de la ley. Esta pérdida dolo- 
rosa hace que el poder legislativo sea conside- 
rado antes como obstáculo que como expresión 
de gobierno. Gran suma de pueblo, y hasta ciu- 
dadanos de renombre, caen envueltos en la nie- 
bla de ese criterio extraviado y regresivo, cu- 
yas consecuencias palpamos y sufrimos ahora 
visiblemente. 

Los futuros reconstructores de las instituciones 
argentinas, destrozadas bajo los golpes de la 
arbitrariedad ancestral, hallarán seguramente 
la forma práctica de encauzar la corriente des- 
viada, y a ellos corresponde la obra. 



LA DEMAGOGIA RADICAL 369 

La organización burocrática actual es la ten- 
tación de los escribas: busquemos, pues, el modo 
de que no haya más escribas quitándoles la 
tentación. 

El radicalismo fustigó sin piedad la costum- 
bre de exonerar sin causa a los empleados, 
costumbre que se había ido perdiendo poco a 
poco, a medida que la cultura iba puliendo las 
asperezas del arbitrio gubernamental. 

Pues bien, llegados al gobierno, la codicia 
famélica de los " sacrificados " inventa las ** re- 
organizaciones ", dando con estas un ejemplo 
más de la desvergüenza política erigida en nor- 
ma constante de gobierno. 

Mientras gobiernos y políticos de mayor y 
menor cuantía dispongan de los empleos como 
de cosa propia, de nada valdrá la elección libre, 
pública y calificada. Es menester sancionar una 
ley severa que asegure al empleado la posesión 
del cargo, reglamentándola con justicia. 

Y para dar fin a este esbozo de .defensa so- 
cial y política^ para levantar el plano de las re- 
formas que exige hoy '*la fortaleza inaccesible 
a la anarquía y al despotismo ", diré que tam- 
poco será eficaz el sufragio de los que saben 
leer, trabajar y pensar, mientras no haya Jisca- 
les conscientes de su misión y jueces bien elegidos, 
en toda la escala de jerarquía, desde los que 

24 



37Ó LUIS kÉYNA ÁLÍMANDOS 

acusan y penan el hurto de una moneda hasta 
los que acusan y castigan los atentados contra 
la patria. 

La debilidad de los jueces y fiscales es el 
amparo de la mala conducta por la impunidad. 
La impunidad es el fermento del delito, una de 
las causas del desorden social, la autorización 
tácita para despojar hoy a un hombre y ma- 
ñana para esquilmar al pueblo. 

Un juez que no castiga por lástima se hace 
encubridor del delincuente; el que no castiga 
por precio es un prevaricador, y el que no cas- 
tiga por parcialidad es un perjuro. 

La impunidad se opone ahora a la austeri- 
dad que llegó un día a rodear de prestigio a 
nuestros jueces. Estos se encuentran a menudo 
frente a problemas a que no estaban acostum- 
brados, vacilan y temen. El pueblo de nuestros 
días delibera y gobierna por medio de multitudes 
exigentes e irritadas que piden justicia con ame- 
nazas, huelgas y sedición, invocando la *' soli- 
daridad " social y humana, sin saber que esa 
'^solidaridad" encierra un terrible secreto. Por- 
que esa palabra que parece significar amor, unión 
de unos hombres con otros, no conduce sino a 
un campo de destrucción y de odio. Los jueces 
débiles, ante las exigencias ** solidarias " délas 
multitudes destructoras dejan impunes sus aten- 



LA DEMAGOGIA RADICAL 371 

tados, olvidando que el castigo de uno basta o 
puede bastar para el escarmiento de los demás. 
Hay que afianzar ¡a justicia cuidando c^elosa- 
mente del nombramiento de los jueces: esta es 
la base más firme de la felicidad social. Sin 
ella no es posible organizar el Estado. Mire- 
mos mucho al hombre que pide ser juez antes 
de conferirle el poder de juzgar: en sus manos 
está el bien o el mal, en sus fallos la honra, 
la libertad o la vida. Midamos por su conducta 
privada la probable conducta pública para no 
tener que arrepentimos de sus errores, de sus 
desaciertos o de sus delitos. 






Y para dar fin a este sin duda impreciso 
plan de defensa contra la. anarquía social y el 
despotismo, he de decir muy pocas palabras a 
los jefes de partido, de todo color y jerarquía. 
Aparentemente vanas las considero trascenden- 
tales. 

Los jefes de partido tiene por misión esen- 
cial dirigir las multitudes hacia un fin útil: las 
traiciona aquel que las encamina al vicio. 

Las encamina al vicio quien para obtener 
sufragios las embriaga en orgías campestres o 
suburbanas, o halaga sus groseras pasiones. 



372 LUIS REYNA ALMANDOS 

Un representante del pueblo que surge de 
una cuba no surge de una urna; ni tampoco de 
una carpeta ni de una taba. t 

Hay la creencia de que sólo bebiendo y ju- 
gando se atrae a los electores. 

Pues bien, tal creencia es indigna de un pue- 
blo civilizado. Es necesario hacer pedazos la 
cuba y enterrar la taba. La ley electoral de 
una nación culta debe tener por fraude la inci- 
tación al juego y al beberaje y castigarla con 
la pena mayor. No se tema perder por falta de 
tahúres y borrachos; témase ganar por medio 
del tonel y de la taba. 

Esto, que, como he dicho, parece cosa baladí, 
puede llegar a ser una institución fundamental. 

Los jefes y caudillos, grandes y pequeños, 
que utilizan medios tan reprobados para con- 
quistar posiciones, frecuentemente sufren en sí 
mismos las consecuencias de su felonía y mala 
fe para con el pueblo. El pueblo que los en- 
cumbra los suele precipitar después en la sima 
de su desprecio. 

Un jefe popularísimo del partido socialista 
extrañábase de verse abandonado de " sus pro- 
tegidos ", él, que se consideraba "su protector". 
¡ Ingrato pueblo ! i No ! el pueblo se había hecho 
justicia, negando a aquél, hoy, lo que ayer le 

había confiado; porque el jefe de la multitud lo 



LA DEMAGOGIA RADICAL 373 

había corrompido por el vino y el juego, extra- 
viándolo, además, con mentidos discursos. 

El destino de los caudillos codiciosos es mo- 
rir como los avaros: sobre el tesoro mal habido. 

El fin de los mentirosos es ahogarse en sus 
propias falsedades. 

El hado de los déspotas es sufrir el anatema 
de su patria y la maldición de la historia. 

¡Invoquémoslo ahora que de la apoteosis de 
1916 se ha pasado a la acusación de 1919 ! 

La Plata, Enero de 1920.